Factura de correos

Conseguir una factura de correos
me está suponiendo una fatiga
monumental
para lo poco que me aporta
así que he terminado por asumir
que muy probablemente
no voy a conseguirla
y que no pasa nada
dado que para lo único que me serviría
es para justificar unos 75 euros
pues el impuesto
sobre el valor añadido
no puedo recuperarlo
y sigue acumulándose en la tesorería
de la seguridad social
que lleva reteniéndome
año tras año
una cantidad que yo no cargo
debido a que mi actividad principal
está exenta de ese impuesto
lo que
por otro lado
debería alegrarme.

Este poema prosaico
hasta la burocracia
no pretende sino
dar fe
de lo agotador
que pueden ser
las pequeñas tareas
cotidianas
y su insignificancia
en el nuevo orden mundial.

Desganado

las manos
apenas
desean tocar el teclado
para escribir
este mísero
(misérrimo)
poema
y olvidar
una oleada de violencia
en la pantalla
que
detenidas a pensarlo
no les afecta

las manos
se sitúan
sobre las letras blancas
sobre fondo negro
y golpean
más frecuentemente que otras veces
la gran tecla de la derecha
dividiendo
en vectores verbales
esta cuerda infinita
que no alcanza
ni a ser segmento
de signos

segmento cuántico
permite saltar
de caracter en caracter
una escalera de caracol
que desciende a los infiernos
de la desidia

las manos
animan a la mente
descerebrada
descerebradas
y orbitan una galaxia
de grisura

grisura
es una bella palabra
denotando concepto
no tan bello

las manos
ignoran por qué
los significados
y
los significantes
han decidido
divorciarse
sin consumación
marital
previa

consumación
consumista
de comunista
prediluviano

las manos
abandonan
todo intento
por
avanzar
en esta
denostable
pirueta
de nadería

y descansan
sabiéndose
importantes

Soy el Creador

Facebook por fin me ha descubierto.
Soy el Creador.
Soy Dios.
Soy el único Dios Verdadero.
Al fin se ha dado cuenta.
Todo
lo creado
lo ha sido en tanto en cuanto
lo he creado yo.
¡YO!

Soy el Creador.
Ya no el croador
como hace tiempo,
ya no el criador
que nunca he sido.
El Creador.

Creo, Creo, Creo.
Hasta cuando creo que no creo.

Soy tan grande…
Todo yo debería escribirse
en mayúsculas.

Soy el GRAN Creador
de la toda la red de redes
y puedo explorar mis dominios
en busca de otros creadores
que no serán como YO
porque serán como ellos o ellas
unas minúsculas criaturas
o creaturas
que creen que crean
y tan solo croan, croan, croan…

¡Cuánto beneficio!

Desde que lo descubrí
no quepo en mí de gozo.

Ser el Creador y que lo sepa
incluso la vieja red 2.0
en estos tiempos en los que pareciera
que dios está en la ia.

Pero no.
Yo, yo, yo, yo…
Soy el Creador.

Y creo esta tamaña tontería
en una tarde cualquiera
que he creado
sin imperfecciones aparentes
más allá de algún fallecimiento
alejado
del centro del universo.

Chapuzas

Ya nada importa.
La chapuza se ha impuesto por defecto.
Las traducciones automáticas
hechas por inteligencias artificiales
no es que sean mejores que las humanas
es que simplemente
permiten prescindir de humanos
remunerados
que difícilmente
podrían haber hecho una publicación
a modo de resumen
más disparatada que esta
automática
que ha generado una aplicación
automáticamente
y que automáticamente
ignoramos
porque ya nada importa.
La chapuza se ha impuesto por defecto.
De facto: defecto.

Voy a seguir maquetando… una traducción de la que me avergüenzo (ahora un poco menos).

Calles con 3 nombres

Ser cartero en Madrid o sencillamente turista que busca una calle… y encontrar tres por el precio de una, como en esta calle que bien podría quedarse con uno de los más de 4 nombres que tiene a lo largo de su longitud:

Marqués de Urquijo da un mínimo giro y sigue en Alberto Aguilera para convertirse en Calle Carranza, que pasa a ser Calle Sagasta y luego Calle Génova, pero si no tenemos en cuenta cruces con grandes avenidas, podría seguir siendo una enorme Calle de Goya…

Sé que es por motivos históricos y hasta me resulta gracioso que una sola calle pueda contener cinco calles o más, pero siempre me pregunto si no llegará algún día alguien que tenga la osadía (a quien Correos odiará) de renombrar este batiburrillo de nombres en simples calles de longitud mayor, simplificando (o no) la nomenclatura del callejero madrileño.

Ahora volveré a mi casa subiendo la Calle Conchas que se convierte en la Calle Navas de Tolosa, así, sin avisar. Pero es que esta ciudad es así: confusa, sorprendente, rara, absurda… y quizá, sólo quizá, por eso me gusta a pesar de los pesares (y no quiero hablar de política).

Creer en la navidad

Encuentro esta publicidad algo perturbadora, como todo lo que rodea este periodo tóxico denominado «navidades», que comprende del 24 de diciembre al 6 de enero, ambos incluidos.

Navidad procede de «natividad», de nacimiento, en homenaje obvio al nacimiento de un tal jesusito… que hará un par de milenios que vino al mundo a instaurar una religión sobre una piedra. Dicen.

Por lo que esta afirmación hace que yo sea de quienes no creemos en la navidad, al menos en ese sentido (ni en ninguno, en última instancia), pero sí que creo en las personas, que no son materia de creencia, sino de existencia, independientemente de mis creencias u opiniones.

Que tras esa afirmación, por tanto, huera, se venda una especie de bocadillo y el aniversario del 50 años de una empresa de consumo que ni siquiera intentan ocultarlo en su nombre, me parece ridículo.

Por otro lado, lo prefiero a la frase contraria:

«Creer en las personas es creer en la navidad».

si asumimos que el «es» es un «implica» y no una igualdad, lo que no necesariamente es cierto.

No sé si en estas fechas me vuelvo algo más observador o si los mensajes son tan llamativos que me es imposible no verlos. ¡Todo es grito! ¡Todo delirio!

Y así… hasta el próximo año.

Alfabeto Griego

Tener a mano un alfabeto griego siempre es de utilidad cuando se dan clases particulares de matemáticas, física o química, porque acaban teniendo que explicar que eso que están usando para la longitud de onda, o como parámetro en la definición de una recta en geometría afín, o esa densidad o coeficiente de rozamiento o… ese número que relaciona una longitud con una distancia dentro de una circunferencia es una letra griega, cuando hablas de sigma y asumes que entenderán que se refiere a sumatorio (por lo de la S de Sumar/Sigma) o tantas y tantas otras cosas… pero no, no se conecta. No se relaciona. Casi nadie se da cuenta de que los signos son útiles porque contienen, parcialmente, significado, no son meras expresiones significantes vacuas. O sí. Quizá todo es vacuo e insignificante (siendo solo mero significante sin significado).

¡Que semiótico me estoy poniendo! Que no semítico, pero sí semiológico y poco semántico.

Sobre los champiñones y su evocación

Si los champiñones se desordenan me pongo nervioso. Sí, ya sé que es algo banal, pero es cierto. Procuro, dado el espacio disponible, minimizar el número de cortes sin que ello tenga el más mínimo sentido. Seguramente, sólo por alinearlos, estoy perdiendo tiempo y energía, pero me gusta que estén, al menos durante unos instantes, con un mínimo entrópico que me hace sentir que el universo no conspira contra la vida como parece indicar el segundo principio de la termodinámica. Es una batalla perdida. Sé que todo acabará en un máximo desorden. La muerte no es ordenada, por mucho que nos empeñemos en archivar cadáveres en tumbas alineadas como mis portobello, tumbas que en ocasiones han sido usadas como abrevadero de caballos, como bancos para sentarse, como suelos de iglesia donde bailar. Si los champiñones se desordenan, mi lugar en el mundo se tambalea y tiemblo, sí, tiemblo… además de temer cortarme accidentalmente con un cuchillo largo sin noche, un cuchillo poco afilado, de sierra, que me recuerda y evoca mis montañas de Colmenar, cuando escapaba en la adolescencia (que en mi vida duró una quincena desde la quincena) a la soledad fría de una nava cerrada. Malditos hongos que evocan tristeza siendo una alegría deleitarse con su melosa carne sacrificada sin sistema nervioso central sufriente. Malditos y desobedientes. Ese díscolo champi que saltimbanquea sobre sus compañeros juguetando a ser distinto como si pudiese evitar su destino inapelable (y sin pelar). La tabla no es glamurosa y de repente quiero tener una de madera de haya que he visto en un vídeo de sabiduría infinita que es más higiénico y menos dañino para mis mal cuidados cortadores que una de plástico o una de titanio respectivamente. Si los champiñones se desordenan tengo que contárselo al mundo, por si acaso alguien más ha sentido ese movimiento sísmico, esa perturbación en la calma, por si alguien más ha sentido o siente empatía con esos pequeños seres que van a morir y han muerto, a mis manos, para alimentarme, para dar de comer a unas células que mueren a razón de varias por minuto, desordenadamente, sin avisar, traidoras células que me abandonan y pueblan el mar de los sargazos del aire que respiro. Mientras tanto, para simplificar, porque siempre hay que simplificar, que diría Perec, sé que la comida estará lista en menos de media hora y que mi amiga disfrutará de mi cariño hecho receta, mucho más de lo que yo lo haría en una franquicia recalcitrante que me eduque a comer con la ética oportunista y de postureo que se lleva en esta ciudad acartonada, desordenada como champiñones mal alineados.

Pero esta última frase no resulta en absoluto simple ni simplificada, sino más bien lo contrario pues remite a la conflictividad socio-política que emerge en este siglo XXI en el que se abandona el afán por perseguir utopías en aras de una imagen que llene o rellene el tiempo y el espacio de una red social, producto de consumo dopamínimo oligopólico y esdrújulo en grado máximo.

Desisto de intentar simplificar lo que me pasa por la cabeza cuando corto unas setas redondeadas pues hierve mi mente en constante desestructuración, en constante decaimiento a un estado de mínima energía irreversiblemente. ¡Qué inefable me resulta todo (y nada)!

¡Gloria al silencio!
Dije a los gritos.

Esto no es una broma