Kintsugi

Después de proteger este juego de jarrón y dos vasos que adquirimos por un elevado precio en el Centro de Artesanía de Bres el año pasado, acabo de romper uno de los vasos y la jarra central debido a los nervios de la semana, que me tienen correteando como pollo sin cabeza.

Yo no tengo especial problema en desapegarme de objetos, hasta el punto de que siempre defiendo que «lo importante son las personas y no las cosas», pero sé que Carmen lo sufrirá mucho.

Por momentos, recordé esta técnica japonesa de reparación con oro de cerámica y me lo llegué a plantear, pero la verdad es que me resulta casi imposible pensar en arreglar algo que no sé manejar. (¡Si fuese software…!)

Este pequeño drama ha tenido la osadía de hacerme parar en este día, al menos, para recoger los pedazos con cuidado de no dañarme yo ni dejar nada potencialmente dañino por el suelo, guardarlos en la caja de zapatos de las deportivas que compré el miércoles por la mañana para mis pies planos y recordarme que conviene respirar un poco más despacio.

Las restricciones al tráfico

«Trabaja en Madrid a pesar de… las restricciones al Tráfico»

Hay restricciones a multitud de cosas, lo que no parece ser un problema cuando se anuncia por todas partes las campañas de antiocupación como si fuese lo más grave y frecuente que ocurre en el mundo. La propiedad privada es tan sagrada que a nadie le parece razonable escribir «Trabaja desde una casa a pesar de… que no sea de tu propiedad».

Pero la restricción del tráfico, es decir, el respeto por la calidad del aire, no se promociona más que de manera negativa: mediante prohibiciones, así no el caso de la casa que te dicen que adquieras y cierres. Pero eso no supone aparentemente ninguna restricción.

Hay algo en el mensaje de esta furgoneta que me molesta mucho, pero no acabo de aclarar mi discurso y parece que estoy haciendo apología de la ocupación. No es esa la cuestión, sino saber reconocer que hay restricciones en multitud de otros asuntos y no se hace publicidad de servicios para evitar o a pesar de las mismas restricciones.

Trabaja en Madrid a pesar de… las restricciones en la ocupación de la vivienda.
Trabaja en Madrid a pesar de… las restricciones en el uso indiscriminado del suelo.
Trabaja en Madrid a pesar de… las restricciones en el ruido.
Trabaja en Madrid a pesar de… las restricciones en el decoro.
Trabaja en Madrid a pesar de… las restricciones en la libertad de expresión.
Trabaja en Madrid a pesar de… las restricciones en …

Mi reino por una toalla

He vendido mi alma (en este caso unos datos al rellenar una encuesta absurda) por un regalo que resulta ser una de esas toallas hiperabsorbentes que no sé si utilizaré. Ocupa una cantidad de espacio ridículamente baja para lo que presuntamente hace.

Esta mañana (escribo esto el martes pasado), me llegó una propuesta que decía que si rellenaba un pequeño formulario, que me llevaría unos 10 minutos cumplimentar, me darían este «regalo», con la condición, además, de ser una de las primeras 300 personas en hacerlo.

Me había despertado pronto y el mensaje parecía recibido hacía no más de 20 minutos, así que vi plausible que aún no lo hubieran intentado ese cupo de población ávido por obtener más objetos innecesarios. Además, el martes es el día que suelo ir a la piscina a hacer algo de ejercicio, aunque no tenga muy claro que me esté sirviendo de mucho más allá de tranquilizar mi conciencia y permitir que a la salida me otorgue un desayuno opíparo y grasiento.

El formulario comenzaba preguntando el género y permitía la opción de decir «prefiero no decirlo» que suele ser la que yo elijo. Pero al finalizar el mismo pedían el nombre completo y una dirección de correo electrónico. Entonces comprendí que había vendido mi alma (en este caso unos datos) por obtener una recompensa de dudoso interés.

Yo seguramente seguiré prefiriendo mi toalla de lunares verde y grande, acolchadita, sobre la que sentarme a cambiarme de ropa en el vestuario. Me perturba tener que tener tanta equipación específica para cada una de las tareas que se realizan: ropa de piscina, ropa de gimnasio, ropa de montaña, ropa de ciudad, ropa de entierros, ropa de bodas, ropa de cenas, ropa de desayuno, ropa de andar por casa, ropa de presentaciones, ropa de poeta, ropa de acostarse, ropa de performance, ropa de pintura… y así voy reduciendo mis personalidades a ropa de mí mismo y poco más.

Pequeños errores causan grandes angustias

10 milímetros
en la solapa de un libro
son capaces
de hacerme temblar
cervatillo
en Hiroshima

10 milímetros
a cada lado
o 2 milímetros
en un lomo
me dobla el lomo

10 milímetros
y una coma mal puesta
un punto final
no puntuado
un punto y seguido
minúsculo
puntos y puntos
suspensivos

10 milímitros
hoy
hacen que mi día
sea lluvioso
dentro de mi mente
en algún lugar
que no puedo ubicar

pero seguro que ocupa
menos de 10 milímetros
menos de 1000 micrómetros
menos de…

La ventana

No es una ventana.

Se trata de un balcón acristalado
con puertas de hojas de vidrio
y amplios marcos de madera pintada de blanco.

Los marcos centrales de ambas
se besan
dotando de una extravagante asimetría
a la composición
que veo a través suyo.

El lado izquierdo
desde mi punto de vista
muestra una pared de bloques de piedra
horizontalmente apilados
de un tenue color marrón grisáceo.

El lado derecho
desde mi punto de vista
me presenta una fachada
pintada de beige o color crema.

Las dos partes
cuentan con una oquedad
que
en el caso izquierdo
desde mi punto de vista
se trata de un balcón
con contraventanas de metal
lacadas en blanco
y
en el caso derecho
desde mi punto de vista
se trata de una ventana
con marcos de aluminio marrón.

Me embeleso
mirando al otro lado
desde mi punto de vista
preguntándome
si desde otro punto de vista
se romperá la terrible simetría
del tigre de William Blake.

Apenas dejo pasar el tiempo.

Miro otra vez hacia el interior
de esta bestia
y escribo esta reflexión
con forma de poema.

Entrada sin opinión

Opino.

Siempre opino más de lo necesario.

Opino como si mi opinión fuese importante.

Opino por encima de todos los demás pinos que opinan.

Opino que la palabra pino y la opinión no sin ni siquiera primas hermanas.

Opino un pino y una pinada o pinaleda o incluso una piñata de piñas hambrientas.

Opino siendo un pino que piensa que los pinos deberían opinar tanto como las opináceas.

Opino que si no existe la palabra opinácea seguramente se deba a la necesidad de guardar las opiniones en cajas blancas.

Cajas blancas adornadas de tinta invisible.

Cajas blancas bordadas de silencios tristes.

Cajas blancas en medio de una Siberia accidentada.

Cajas blancas y sangre, mucha sangre.

Opino que esa coma era más que necesaria.

Opino que la necesidad no es virtud.

Opino siempre. Siempre opino.

Y opino.

Yo, pino.

Problemas

Tengo problemas
para quedar contigo
y tengo problemas
para ir a este sitio
y tengo problemas
para este horario
y tengo problemas
para esta música
y tengo problemas
para este vecindario
y tengo problemas
para esta temperatura
y tengo problemas
para esta alimentación
y tengo problemas
para estos precios
y tengo problemas
para esta televisión
y tengo problemas
para esta programación
y tengo problemas
para este volumen
y tengo problemas
para esta mesa de al lado
y tengo problemas
para estas conversaciones
y tengo problemas
para estas muestras de cariño
y tengo problemas
para esta indiferencia
y tengo problemas
para este postureo
y tengo problemas
para esta estas alturas
y tengo problemas
para quedar contigo
que tienes problemas
para ir a ese sitio
y tienes problemas
para ese horario
y tienes problemas
para esa música
y tienes problemas
para ese vecindario
y tienes problemas
para esa temperatura
y tienes problemas
para esa alimentación
y tienes problemas
para esos precios
y tienes problemas
para esa televisión
y tienes problemas
para esa programación
y tienes problemas
para ese volumen
y tienes problemas
para esa mesa de al lado
y tienes problemas
para esas conversaciones
y tienes problemas
para esas muestras de cariño
y tienes problemas
para esa indiferencia
y tienes problemas
para ese postureo
y tienes problemas
para esas alturas
y tienes problemas
para quedar contigo.

Una de dos:
O tenemos problemas compatibles.
O tenemos problemas incompatibles.

Una de dos:
Quizá no queremos vernos.
Quizá no tenemos problemas.
Quizá ambas afirmaciones sean ciertas.

Esto no es una broma