La utilidad de lo inútil, de Nuccio Ordine

Este manifiesto, que leí en formato físico durante mis vacaciones de verano, creí que estaba escrito por y para mí. Lo tenía que haber leído hace más de 4 décadas, pues pareciera que mi vida entera se rige por lo que está escrito en este pequeño librito de menos de 200 páginas llenas de sabiduría.

Las citas eran tan maravillosas como el texto que acompañaban, como esta de Montaigne, a quien he querido conocer más en profundidad a raíz de este libro.

Humilde, Ordine no deja de mostrar que no es el primero en pensar así, refiriéndonos a los clásicos pensadores griegos, entre otros, como en el caso de Aristóteles, padre de la lógica:

ARISTÓTELES: EL SABER CARECE DE UTILIDAD PRACTICA

También la cultura debe ser preservada de la fuerza corrosiva del dinero y el beneficio. Aristóteles ha escrito páginas importantes sobre el valor intrínseco del saber en su Metafísica. Es mérito suyo haber formulado con claridad la idea de que el conocimiento en los grados más altos no constituye «una ciencia productiva». Y que los seres humanos «comienzan y comenzaron siempre a filosofar movidos por la admiración». Precisamente el estupor ante aquellos «fenómenos sorprendentes más comunes» los estimuló a emprender la quête. Y por lo tanto si es cierto que los hombres «filosofaron para huir de la ignorancia, es claro que buscaban el saber en vista del conocimiento, y no por alguna utilidad»:

«Es, pues, evidente que no la buscamos [esta ciencia] por ninguna otra utilidad sino que, así como llamamos hombre libre al que es para sí mismo y no para otro, así consideramos a ésta como la única ciencia libre, pues esta sola es para sí misma».

En esta libertad de la filosofía, caracterizada por el rechazo a ser esclava de lo útil, se funda la divinitas de los seres humanos («Por eso también su posesión podría con justicia ser considerada impropia del hombre»).

Alza la voz el manifiesto contra los utilitaristas, los pragmáticos, los eficaces, reivindicando la literatura más ambiciosa, esa que no persigue fama o dinero, esa que no alimenta el ego.

«EL CONOCIMIENTO ES UNA RIQUEZA QUE SE PUEDE TRANSMITIR SIN EMPOBRECERSE»

En los próximos años habrá que esforzarse para salvar de esta deriva utilitarista no sólo la ciencia, la escuela y la universidad, sino también todo lo que llamamos cultura. Habrá que resistir a la disolución programada de la enseñanza, de la investigación científica, de los clásicos y de los bienes culturales. Porque sabotear la cultura y la enseñanza significa sabotear el futuro de la humanidad. Hace algún tiempo tuve ocasión de leer una frase simple, pero muy significativa, inscrita en el tablón de anuncios de una biblioteca de manuscritos en un perdido oasis del Sahara: «El conocimiento es una riqueza que se puede transmitir sin empobrecerse». Sólo el saber —poniendo en cuestión los paradigmas dominantes del beneficio— puede ser compartido sin empobrecer. Al contrario, enriqueciendo a quien lo transmite y a quien lo recibe.

Son todo joyas. Cualquier fragmento del libro es digno de ser subrayado, apuntado, memorizado. Cada día más. En estos tiempos algo estultos donde la IA ha acabado de poner el último clavo en un ataúd que venía preparándose desde hace décadas.

Hoy mi optimismo no está por las nubes.

¡Qué maravilla de libro! ¡Qué ganas de compartirlo!

Tantas personas queridas con quienes comparto este manifiesto como si fuesen parte de mi ser, como si me ayudasen a conformarme, no en el sentido de Reducirse, sujetarse voluntariamente a hacer o sufrir algo por lo cual se siente alguna repugnancia, sino en el de Dar forma a algo o a alguien.

Hay esperanza…

¡Claro que sí! Rotunda y paradójicamente:

Lo más útil es lo inútil.

Los dramas de tener un coche

Estas vacaciones nos dejaron prestado mis padres su preciado coche para que pudiésemos llegar a Taramundi, que es un lugar maravilloso al que resulta casi imposible llegar sin vehículo propio. Seguramente esta es una de las razones por las que ese lugar se mantiene maravilloso, aunque sus ciudadanos, escasos, lo puedan echar de menos alguna vez.

Yo casi nunca conduzco y mi único interés en un coche es que tenga cuatro ruedas y un volante. No sé absolutamente nada (muy poco) de motores, salvo lo que pueda haber estudiado en torno a la combustión de octanos… o sea, que no sé cambiar una rueda.

Vaya esto por delante del drama que se nos avecinó a raíz de unos indicadores que comenzaron a asustarnos en nuestro viaje, prácticamente desde el tercer día de nuestra llegada y que Carmen tuvo a bien ir documentando para que pudiésemos enterarnos de lo que nos estaban diciendo las sucesivas personas que revisaron el estado del vehículo.

Nuestra peripecia fue apuntada de la siguiente manera:

El coche resulta ser un HYUNDAI TUCSON. Sinceramente, no sabía ni la marca, ni el modelo y la matrícula la fotografío cada vez que cojo el coche porque se me olvida siempre. Sé que es blanco.

Hacemos el trayecto desde colmenar Viejo a Gijón y de ahí a Taramundi sin ningún problema el lunes 20 de julio. El martes 21 por la tarde vamos a Bres, que está a 5 km, con el coche, sin problemas.

Pero ya el miércoles 23 vamos de Taramundi a Ribadeo y, a la altura de Vegadeo, a tan solo 12 km de Taramundi nos da un aviso (en forma de indicador anaranjado en el panel principal del coche) de COMPRUEBE EL SISTEMA DE ESCAPE que permanece también en la vuelta.

Dejo el coche en «cuarentena» esperando que se pase solo el problema, pues no quiero afrontarlo, pero el martes 28 vamos hacia la playa de Peñarronda y, una vez pasado Vegadeo, vuelve a dar el aviso de FALLO en el sistema de escape. Algo va mal y no sé qué es. Yo entro en pánico y le digo a Carmen que se suspende nuestra excursión playera.

Pasamos al TALLER SINDO en Castropol, donde nos dicen que el coche necesita una REGENERACIÓN DEL FILTRO DE PARTÍCULAS. (Yo entiendo degeneración pero no se lo digo para que no se ría de mí). Para ello nos aconseja ir a Navia, a unos 30 km de distancia por la autopista A8, conduciendo en cuarta o quinta marcha para que el motor alcance y mantenga unas 3000 revoluciones. El objetivo es que el filtro de partículas se limpie solo.

Lo hacemos. En Navia vamos al TALLER SUSO en el que nos dicen que si el coche va bien normalmente es algo menor y que lo aconsejable puede ser ponerle un líquido en el depósito del combustible que ayude a quemar la carbonilla y por lo tanto a limpiar el filtro de partículas. Nos cuenta que él podría hacer una regeneración forzada del filtro pero puede ser que, incluso haciéndola, siga dando el mismo problema. Y que él tiene una furgoneta que alquila con ese problema y que no pasa nada. Aconseja llevar el coche al taller cuando hayamos vuelto a Madrid.

Aquello no me deja muy tranquilo, pero volvemos hacia Ribadeo sin parar con el mismo aviso en el coche. Paramos en Ribadeo y estamos ahí (al menos disfrutando un poco de una comida rica aunque más nervioso que otra cosa) desde las 13:00 hasta las 18:00 horas.

Cogemos el coche y vamos al Taller de Vegadeo EO MOTOR. En ese trayecto el coche no da ningún aviso. En el taller le pasan un scanner y dice que todo está bien, según parece.

La explicación que nos da es que, seguramente, en el recorrido a Navia que se ha hecho se ha llevado a cabo y completado toda la regeneración del filtro de partículas (que es lo que el coche hace normalmente de forma automática). Nos dice que si vuelve a pasar que vayamos de nuevo a su taller.

El jueves 30 vamos a Vegadeo por la mañana y vuelve a dar el aviso de «Compruebe el sistema de escape». Así que ya no me atrevo a mover más el coche y, después de comer, lo llevamos al TALLER EO MOTOR y pasan el scanner y sale lo siguiente:

**Filtro de partículas por debajo del umbral de banco 2
El sensor de presión está mal. El diferencial.**

Puede ser que sólo esté mal eso, el sensor, así que nos proponen que van a buscar un sensor para este coche o uno compatible y que nos llamarán, pero que si no han llamado el martes, les llamemos.

El mismo jueves, al volver a Taramundi desde EO MOTOR, se enciende de forma permanente un nuevo icono ámbar de «fallo de motor».

A partir de entonces, el coche queda (por mi parte) odiado y desheredado, pero no creo que le afecte. No obstante, cuando días después conseguimos llevarlo de vuelta al taller de Vegadeo donde nos habían propuesto cambiar el sensor, para lo que habían adquirido uno ex-profeso, lo tienen la mañana haciéndole pruebas y determinan que no era un fallo en el sensor sino que algo, que ya no saben determinar con precisión, no anda bien en el coche, pero que lo que nos recomiendan es «cerrar los ojos y volver a Madrid» con el coche en este estado y confiar en que no pase nada.

Esto ha sido algo fastidioso que me ha tenido preocupado casi todo el tiempo, sintiéndome un inútil por no saber resolver nada de estas cosas, además de altamente dependiente de una herramienta (el coche) que ni siquiera querría haber tenido que tener en mis manos.

Ya cuento los días para volver a Colmenar Viejo y librarme del coche, dejarlo en manos de quien me lo prestó y no volver a necesitar un vehículo de mi responsabilidad hasta el día del juicio final… o las próximas vacaciones motorizadas, si no queda más remedio.

Aniversario

Ayer fue nuestro 27 aniversario como pareja. Lo celebramos no solo anualmente, sino casi mesiversariamente (cada día 6), o, en ocasiones, semanalmente.

Celebramos el amor que nos tenemos y que descubrimos nuevo cada día que pasa. Es un descubrirse increíble, paralelo, evolucionando juntos en sintonía con diferencias, para aportar melodías que deshagan la prevista monotonía.

Planteamos un día de «experiencias» en Madrid, de pequeños placeres en los que caminamos, desayunamos, fuimos al cine, caminamos, comimos, caminamos, tomamos té de especialidad, caminamos, vimos las estrellas y volvimos en autobús a nuestra casa.

En todo camino, no podía dejar de mirar a Carmen y preguntarme ¿Cómo puedo tener tanta suerte?

Caminamos unos ocho kilómetros entre unas cosas y otras.

Los lugares estaban escogidos para que nos gustasen pero para que fuesen buenas paradas en nuestra excursión a casi 37 grados celsius que había ayer en esta ciudad sofocada.

Nos encantó desayunar en una terracita cercana a los Cines Embajadores, donde reímos intensamente con el inteligente humor de Ernest Lubitch y su celebérrima «Ser o no ser».

De camino al restaurante, descubrimos calles y barrios que no conocíamos, que, sin embargo, están en la misma puerta de Legazpi, como quien dice. Ese callejeo nos obsequió con algo de sombra y jolgorio de niños y niñas en parques infantiles. Parece absurdo mencionarlo, pero casi no hay menores de edad en esta capital.

Nos maravilló la comida en el restaurante japonés Kujira, incluso ante la difícil elección de platos debido a la abundancia de opciones sugerentes. Un lugar para repetir, sin duda.

No quisimos probar los postres del menú y fuimos rumbo a una tetería/cafetería altamente hipster o de especialidad o lo que sea que se llame a un espacio en el que deciden que no te atienden en la mesa, no tienen opciones que consideras habituales, los precios son elevados y presumen de que todo lo que hacen es orgánico (como el metano, sin ir más lejos) y las paredes están desprovistas de encalado o estucados, con los ladrillos a la vista o aparentar (esta es la palabra clave de estos sitios) ambiente industrial, plagado de imágenes que te remitan subconscientemente a algo envejecido, tradicional, afectivo… sin serlo.

El té estaba rico. A Carmen le chiflan estos nuevos cafés que invaden los centros de las ciudades para postureos varios, así que lo había elegido por los dulces caseros que, todo sea dicho, también estaban ricos.

El último paseo nos condujo desde ahí al Planetario de Madrid, para el que teníamos entradas con intención de ver una proyección titulada «Postales de otros mundos», que fue un precioso broche final a un día de ensueño.

Tras terminar la proyección, a menos de 5 minutos, teníamos una parada de autobús de la línea 148 que nos condujo, fresquitos, a la Plaza de Callao, a menos de 5 minutos de nuestra casa.

No necesitamos grandes fastos para ser tan felices como somos juntos. Es un auténtico lujo disfrutar cada día de su sonrisa al despertar, de nuestras risas compartidas, del amor que nos tenemos.

Así, la vida es bella.

Cianotipias de Taramundi

Realicé 14 cianotipias de 14 fotografías digitales tomadas entre los años 2022 y 2025 en el Concejo de Taramundi a lo largo de nuestras vacaciones estivales en esa localidad.

A sugerencia de Carmen de la Rosa, cada fotografía fue acompañada o inspiró un haiku escrito entre el 8 y el 9 de julio de 2026.

Generé negativos utilizando la herramienta de software libre GIMP 2.10.36. Una vez convertidas las imágenes a blanco y negro, en casi todos los casos, utilicé un aumento de contraste de 70 (o menos), con un aumento de brillo para no perder detalles. Posteriormente, invertí la fotografía para «negativizarla».

Utilicé exclusivamente imágenes apaisadas para su posterior montaje junto a un haiku cada una, en un archivo de tipo vectorial (SVG) guardado como PDF utilizando Inkscape 1.4.4 sobre Linux Mint 22.1 xia. Los archivos PDF obtenidos, contenían, horizontalmente y de arriba a abajo un negativo de una de las fotografías y un haiku siempre situados en la misma posición. La unión de todos los PDF en uno solo para su más cómodo manejo la realicé con PdfUnite v. 24.02.0.

La impresión de los negativos digitales así obtenidos la llevé a cabo la segunda semana de julio de 2026 sobre transparencias específicas para impresoras caseras de inyección de tinta de marca AVERY Zweckform. El material fotosensible había sido adquirido en Manuel Riesgo y fotosensibilicé dos pliegos de 100x70cm de Papel Guarro para acuarela de 350gsm de grano grueso adquiridos en La Riva Papeles Especiales.

Cada cianotipia tiene unas medidas de 25x20cm dejando un marco blanco aproximado de 1cm en los cuatro lados.

Aun vacía, nuestra casa está llena de amor

Le envío esta fotografía a Carmen para que vea que dejo los armarios cerrados y veo en su reflejo todo el amor que nos construye:

Esa cama dividida y compartida, donde Carmen duerme parcialmente sobre un edredón y yo a pierna suelta, pero siempre juntos. Una vez intentamos tener dos almohadas y lo pasé tan mal que pensé que era el principio del fin de nuestra relación: una pareja que no puede llegar a consensos es una pareja condenada al fracaso, sin que ello sea ningún drama. Al fin y al cabo lo que fracasa es la pareja, no las personas que la componían. Tuve la sensación de que nos acercábamos a eso si no éramos capaces de encontrar una almohada que, más o menos, nos agradase a ambos. Sé que esta es una línea roja tan arbitraria como cualquier otra, pero no deja de ser una línea roja que casi toda pareja pone en algún lugar, aunque sea, por ejemplo más habitual, la infidelidad «conyugal».

Un humidificador para cuando lo necesito en época de alergia y para cuando lo necesita con la sequedad del aire debido al climatizador. Es otro síntoma de que nos cuidamos ambos mutuamente. Está casi al lado de una fotografía que ha ido perdiendo el color de una de nuestras primeras escapadas a Donosti, realizada desde Urgul, creo recordar, con lo que nuestro amor salta de lugar para llegar a mi tierra preferida, mi tierra elegida. Cuando empezamos a salir, allá por el milenio pasado, le dije que tenía que conocer a mi cuadrilla de amigos vascos (el masculino es intencionado, porque aunque hay amigas allá, es de los pocos lugares en el mundo donde tengo amigos hombres). Por supuesto, ella les encantó y a ella le encantaron ellos. Ahora es amiga tanto de mis amigos, como de alguna de sus parejas, a quienes conoció al mismo tiempo que yo. Nuestra querida Verena, a quien visitamos casi más que a mi querido Xabi, es otra puerta de entrada a ese país que tanto amo.

El espejo con marco de colores del que apenas se ve un remanente es una pieza artesanal hecha para mí por mi queridísima amiga Sylvia hace casi 30 años. Justo encima, un poema visual enmarcado, del que tan solo puede verse una esquinita, que me regaló Carmen y un vaso con dos tipos de arena con las letras T y K formando siglas de Te Kiero que nos decimos a cada rato… y lo sentimos en todo momento.

En la estantería (balda, sí, tengo baldas, hermanix), a la derecha del retrato donostiarra, tenemos una delicada pieza de artesanía que prácticamente, dada su forma, sólo se ve si se mira desde arriba, que compramos a una alfarera encantadora en el Centro de Artesanía de Bres, en Taramundi, Asturias, donde nuestro corazoncito va a reponerse del rigor laboral (y climatológico), además de haberse convertido en una especie de segunda residencia y sentirnos acogidos o adoptados por casi todo el pueblo.

El candelabro sostiene un huevo dado que con las temperaturas de nuestra casa, las velas se derretían, especialmente las estrechas y largas, dando unas formas divertidas, pero poco funcionales, donde la mecha quedaba completamente hacia abajo haciendo que, si se encendiesen se derritiesen a sí mismas, en un suicidio cerúleo goteante. Es un regalo del hermano de Carmen. Algún otro regalo ocupa el resto de los estantes, incluso aquellos que no salen reflejados en el espejo del armario diseñado a medida para que la ropa de Carmen tenga dónde habitar.

Quizá no sea un regalo la pila de libros que tengo pendientes de leer al lado de mi lado de la cama, pero son los que he comprado gracias, en parte, a la generosidad de mis padres que me transfirieron 300€ para mi cumpleaños. Obviamente, los gasté (y algo más) en los libros que voy a leer este verano. A continuación, muchos de ellos los cederé a amistades, entre otras a mi querida Aída, con quien tengo un intercambio lector de lo más estimulante. Otros a Jaime Vallaure, con quien tengo el lujo de compartir espacio desde hace ya una década, y a quien debo tanto que no sé explicarle, sin ir más lejos, las conversaciones sobre libros y autores (y autoras) que llevamos manteniendo los últimos meses.

Por cierto, todo ese armario (el reflejado, junto con las baldas) se lo debo a la maña, las herramientas y el buen hacer de mi padre, a quien ayudé mínimamente cuando lo necesitamos montar hará ahora un cuarto de siglo. Lo único que aporté fue el diseño y la idea… pero creo recordar que tampoco toda.

A las mujeres no nos gustan los cobardes

Con esta «lujosa» frase, mi querida amiga Lilian Flores, me animó hace ya casi 27 años, a lanzarme a confirmar el amor que le tenía a Carmen.

Carmen estaba pasando unos días en Mojácar (donde después estuvimos tantas y tantas veces juntos) y me había escrito una amorosa postal. Yo no me decidía a dar ningún otro paso que el de esperar a que volviese. Entonces le pregunté a Lilian quien me dijo esta frase «A las mujeres no nos gustan los cobardes».

Finalmente, no me lancé a ir a donde veraneaba Carmen porque en teoría estaba a punto de volverse cuando yo recibí la misiva, además de que la dirección del remitente estaba mal escrita (había escrito en ella su dirección postal de Madrid). Frente a la idea de estar paseándome por el pueblo buscándola al más puro estilo peliculero, decidí esperar un día y ver si ella volvía.

Recuerdo valorar aquella frase como un secreto que yo no había conocido a lo largo de toda mi vida (especialmente adolescente) y explicativa de mis escasas dotes ligando.

Con el paso de los años, no obstante, la sentencia me parece que ha envejecido como esas películas machistas de los años noventa que ahora dan algo de grima ver: ¿Las mujeres? ¿Los cobardes?

De alguna manera, me parece, amén de estereotipada, también cargada de un binarismo simplista, de un sexismo evidente (Las/Los), atribuyendo cualidades intrínseca e inevitablemente asociadas a géneros. ¿Podía afirmarse, de la misma manera y significando lo mismo «A los hombres no nos gustan las cobardes»? (siguiendo con el binarismo).

Yo siempre me había declarado «cobarde» y a mucha honra, pero también porque cada vez que se hablaba de valentía solía asociarse a actitudes violentas camufladas de conductoras de voluntad, en casi toda ocasión, valentía era masculina. La voluntad era la de él, cualquier él, no de ella.

Hoy yo no diría esa frase de esa manera y me está empezando a pasar algo relativamente parecido con la palabra «consentimiento»:

Aunque defiendo que es una de las más importantes palabras del siglo XXI, mi reflexión es la siguiente: ¿Consentir no forma parte de lo que lleva a cabo un ser pasivo? Se consiente o no se consiente lo que otra persona propone. ¿No sería necesaria una actitud más activa?

Hay que buscar más allá del consentimiento en un lugar en el que este ya se dé por necesario y descontado (que no por obtenido). Pocas veces, cuando pienso en esta palabra, imagino a un hombre siendo quien «otorga» su consentimiento. ¿Por qué?

Kintsugi

Después de proteger este juego de jarrón y dos vasos que adquirimos por un elevado precio en el Centro de Artesanía de Bres el año pasado, acabo de romper uno de los vasos y la jarra central debido a los nervios de la semana, que me tienen correteando como pollo sin cabeza.

Yo no tengo especial problema en desapegarme de objetos, hasta el punto de que siempre defiendo que «lo importante son las personas y no las cosas», pero sé que Carmen lo sufrirá mucho.

Por momentos, recordé esta técnica japonesa de reparación con oro de cerámica y me lo llegué a plantear, pero la verdad es que me resulta casi imposible pensar en arreglar algo que no sé manejar. (¡Si fuese software…!)

Este pequeño drama ha tenido la osadía de hacerme parar en este día, al menos, para recoger los pedazos con cuidado de no dañarme yo ni dejar nada potencialmente dañino por el suelo, guardarlos en la caja de zapatos de las deportivas que compré el miércoles por la mañana para mis pies planos y recordarme que conviene respirar un poco más despacio.

Mi profe prefe

Mi profe prefe, obviamente sin parcialidad. 😉

Maravillosa Carmen De La Rosa en sus clases con clase, con simpatía y con buen hacer. Lleva más de 25 años formándose y no se detiene: Para ella, el Tango es una carrera de fondo, o sin fondo, una carrera de vida. Es increíble que siempre se esté reinventando y dando lo mejor de sí en cada clase.

Este julio del 2026 tienes estas cuatro propuestas para distintos niveles. Pregunta en su teléfono 635514576 o carmen@carmendelarosa.com

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El gozo estético

Carmen me regaló por mi 59 cumpleaños que cumplo hoy mismo unas entradas para un concierto de Jazz en el «reubicado» café Central, ahora denominado «Ateneo Central«.

Fue muy emocionante escuchar el mítico Victor Jones Trio en directo, en unas sillas casi en el escenario, desde donde se podía apreciar el manejo divertido de las baquetas del increíble baterista Victor Jones.

Yo lloraba de emoción ante tanta belleza. Belleza analógica, cálida, sin intervención alguna de instrumentos electrónicos, ni siquiera para las partituras en esta época cada día más dependiente de la electricidad.

Un momento álgido fue cuando invitaron a unirse a tocar un tema de John Coltrane al camarero que hasta ese momento nos había atendido y que se lanzó con saxofón en mano a interpretar el delicioso tema con una compañía increíble. ¡Qué sensación! (Lo que llamarían ahora mismo experiencia).

Fue una tarde maravillosa que culminamos cenando en un restaurante vegetariano llamado Artemisa recordando los preciosos momentos que habíamos, otra vez, compartido.

Queríamos olvidar el mal inicio de la tarde en el que Carmen se había pisado sus propios pantalones produciéndose una aparatosa caída que le ha dejado una rodilla muy magullada e hinchada. Ojalá que recordemos pasados unos meses tan solo esa emoción por el gozo estético y hayamos olvidado esa lesión, el susto y la sensación de indefensión profesional que siempre tenemos ante algo así.

Poema-ceta?

Llevaba tiempo queriendo «tapar» el desaguisado que dejaron en una caja de luces en una de las paredes de mi estudio, pero por otro lado, no quería literalmente taparla, sino que no se viera.

Así que tenía pendiente hacer algún tipo de intervención que no acababa de decidir. Hace unos días pensé en la posibilidad de convertir el cable que asciende por la pared en un tallo de una planta que sale de un tiesto y, a partir de ahí, Carmen y yo hemos hecho hoy esta pequeña preciosidad que, obviamente, sigue dejando a la vista el cableado, pero lo resignifica, lo recalifica, lo redefine, lo convierte, tal como resulta evidente, en el centro de una flor electrificante.

Usar cartón y otros materiales de desecho me encanta porque si algo sale mal tienes la absoluta tranquilidad de tirarlos y olvidarte de un error. El error libre fomenta la creatividad y permite esa ligereza que a veces es necesaria para adornar una pared sin adornarla.

Carmen tuvo la brillante idea de escribir letras sobre hojas que rodearían el pistilo-cajadecables, así que las realizamos con cartulina de tapas de cuadernos que tenía reservadas para ocasiones como esta y las pintamos (sobre unas letras de cartón recortadas) con espray azul de Prusia.

Queda fantástico ese tiesto de flores azules que no he de regar sobre los libros que voy editando:

Esto no es una broma