Los dramas de tener un coche

Estas vacaciones nos dejaron prestado mis padres su preciado coche para que pudiésemos llegar a Taramundi, que es un lugar maravilloso al que resulta casi imposible llegar sin vehículo propio. Seguramente esta es una de las razones por las que ese lugar se mantiene maravilloso, aunque sus ciudadanos, escasos, lo puedan echar de menos alguna vez.

Yo casi nunca conduzco y mi único interés en un coche es que tenga cuatro ruedas y un volante. No sé absolutamente nada (muy poco) de motores, salvo lo que pueda haber estudiado en torno a la combustión de octanos… o sea, que no sé cambiar una rueda.

Vaya esto por delante del drama que se nos avecinó a raíz de unos indicadores que comenzaron a asustarnos en nuestro viaje, prácticamente desde el tercer día de nuestra llegada y que Carmen tuvo a bien ir documentando para que pudiésemos enterarnos de lo que nos estaban diciendo las sucesivas personas que revisaron el estado del vehículo.

Nuestra peripecia fue apuntada de la siguiente manera:

El coche resulta ser un HYUNDAI TUCSON. Sinceramente, no sabía ni la marca, ni el modelo y la matrícula la fotografío cada vez que cojo el coche porque se me olvida siempre. Sé que es blanco.

Hacemos el trayecto desde colmenar Viejo a Gijón y de ahí a Taramundi sin ningún problema el lunes 20 de julio. El martes 21 por la tarde vamos a Bres, que está a 5 km, con el coche, sin problemas.

Pero ya el miércoles 23 vamos de Taramundi a Ribadeo y, a la altura de Vegadeo, a tan solo 12 km de Taramundi nos da un aviso (en forma de indicador anaranjado en el panel principal del coche) de COMPRUEBE EL SISTEMA DE ESCAPE que permanece también en la vuelta.

Dejo el coche en «cuarentena» esperando que se pase solo el problema, pues no quiero afrontarlo, pero el martes 28 vamos hacia la playa de Peñarronda y, una vez pasado Vegadeo, vuelve a dar el aviso de FALLO en el sistema de escape. Algo va mal y no sé qué es. Yo entro en pánico y le digo a Carmen que se suspende nuestra excursión playera.

Pasamos al TALLER SINDO en Castropol, donde nos dicen que el coche necesita una REGENERACIÓN DEL FILTRO DE PARTÍCULAS. (Yo entiendo degeneración pero no se lo digo para que no se ría de mí). Para ello nos aconseja ir a Navia, a unos 30 km de distancia por la autopista A8, conduciendo en cuarta o quinta marcha para que el motor alcance y mantenga unas 3000 revoluciones. El objetivo es que el filtro de partículas se limpie solo.

Lo hacemos. En Navia vamos al TALLER SUSO en el que nos dicen que si el coche va bien normalmente es algo menor y que lo aconsejable puede ser ponerle un líquido en el depósito del combustible que ayude a quemar la carbonilla y por lo tanto a limpiar el filtro de partículas. Nos cuenta que él podría hacer una regeneración forzada del filtro pero puede ser que, incluso haciéndola, siga dando el mismo problema. Y que él tiene una furgoneta que alquila con ese problema y que no pasa nada. Aconseja llevar el coche al taller cuando hayamos vuelto a Madrid.

Aquello no me deja muy tranquilo, pero volvemos hacia Ribadeo sin parar con el mismo aviso en el coche. Paramos en Ribadeo y estamos ahí (al menos disfrutando un poco de una comida rica aunque más nervioso que otra cosa) desde las 13:00 hasta las 18:00 horas.

Cogemos el coche y vamos al Taller de Vegadeo EO MOTOR. En ese trayecto el coche no da ningún aviso. En el taller le pasan un scanner y dice que todo está bien, según parece.

La explicación que nos da es que, seguramente, en el recorrido a Navia que se ha hecho se ha llevado a cabo y completado toda la regeneración del filtro de partículas (que es lo que el coche hace normalmente de forma automática). Nos dice que si vuelve a pasar que vayamos de nuevo a su taller.

El jueves 30 vamos a Vegadeo por la mañana y vuelve a dar el aviso de «Compruebe el sistema de escape». Así que ya no me atrevo a mover más el coche y, después de comer, lo llevamos al TALLER EO MOTOR y pasan el scanner y sale lo siguiente:

**Filtro de partículas por debajo del umbral de banco 2
El sensor de presión está mal. El diferencial.**

Puede ser que sólo esté mal eso, el sensor, así que nos proponen que van a buscar un sensor para este coche o uno compatible y que nos llamarán, pero que si no han llamado el martes, les llamemos.

El mismo jueves, al volver a Taramundi desde EO MOTOR, se enciende de forma permanente un nuevo icono ámbar de «fallo de motor».

A partir de entonces, el coche queda (por mi parte) odiado y desheredado, pero no creo que le afecte. No obstante, cuando días después conseguimos llevarlo de vuelta al taller de Vegadeo donde nos habían propuesto cambiar el sensor, para lo que habían adquirido uno ex-profeso, lo tienen la mañana haciéndole pruebas y determinan que no era un fallo en el sensor sino que algo, que ya no saben determinar con precisión, no anda bien en el coche, pero que lo que nos recomiendan es «cerrar los ojos y volver a Madrid» con el coche en este estado y confiar en que no pase nada.

Esto ha sido algo fastidioso que me ha tenido preocupado casi todo el tiempo, sintiéndome un inútil por no saber resolver nada de estas cosas, además de altamente dependiente de una herramienta (el coche) que ni siquiera querría haber tenido que tener en mis manos.

Ya cuento los días para volver a Colmenar Viejo y librarme del coche, dejarlo en manos de quien me lo prestó y no volver a necesitar un vehículo de mi responsabilidad hasta el día del juicio final… o las próximas vacaciones motorizadas, si no queda más remedio.

Aniversario

Ayer fue nuestro 27 aniversario como pareja. Lo celebramos no solo anualmente, sino casi mesiversariamente (cada día 6), o, en ocasiones, semanalmente.

Celebramos el amor que nos tenemos y que descubrimos nuevo cada día que pasa. Es un descubrirse increíble, paralelo, evolucionando juntos en sintonía con diferencias, para aportar melodías que deshagan la prevista monotonía.

Planteamos un día de «experiencias» en Madrid, de pequeños placeres en los que caminamos, desayunamos, fuimos al cine, caminamos, comimos, caminamos, tomamos té de especialidad, caminamos, vimos las estrellas y volvimos en autobús a nuestra casa.

En todo camino, no podía dejar de mirar a Carmen y preguntarme ¿Cómo puedo tener tanta suerte?

Caminamos unos ocho kilómetros entre unas cosas y otras.

Los lugares estaban escogidos para que nos gustasen pero para que fuesen buenas paradas en nuestra excursión a casi 37 grados celsius que había ayer en esta ciudad sofocada.

Nos encantó desayunar en una terracita cercana a los Cines Embajadores, donde reímos intensamente con el inteligente humor de Ernest Lubitch y su celebérrima «Ser o no ser».

De camino al restaurante, descubrimos calles y barrios que no conocíamos, que, sin embargo, están en la misma puerta de Legazpi, como quien dice. Ese callejeo nos obsequió con algo de sombra y jolgorio de niños y niñas en parques infantiles. Parece absurdo mencionarlo, pero casi no hay menores de edad en esta capital.

Nos maravilló la comida en el restaurante japonés Kujira, incluso ante la difícil elección de platos debido a la abundancia de opciones sugerentes. Un lugar para repetir, sin duda.

No quisimos probar los postres del menú y fuimos rumbo a una tetería/cafetería altamente hipster o de especialidad o lo que sea que se llame a un espacio en el que deciden que no te atienden en la mesa, no tienen opciones que consideras habituales, los precios son elevados y presumen de que todo lo que hacen es orgánico (como el metano, sin ir más lejos) y las paredes están desprovistas de encalado o estucados, con los ladrillos a la vista o aparentar (esta es la palabra clave de estos sitios) ambiente industrial, plagado de imágenes que te remitan subconscientemente a algo envejecido, tradicional, afectivo… sin serlo.

El té estaba rico. A Carmen le chiflan estos nuevos cafés que invaden los centros de las ciudades para postureos varios, así que lo había elegido por los dulces caseros que, todo sea dicho, también estaban ricos.

El último paseo nos condujo desde ahí al Planetario de Madrid, para el que teníamos entradas con intención de ver una proyección titulada «Postales de otros mundos», que fue un precioso broche final a un día de ensueño.

Tras terminar la proyección, a menos de 5 minutos, teníamos una parada de autobús de la línea 148 que nos condujo, fresquitos, a la Plaza de Callao, a menos de 5 minutos de nuestra casa.

No necesitamos grandes fastos para ser tan felices como somos juntos. Es un auténtico lujo disfrutar cada día de su sonrisa al despertar, de nuestras risas compartidas, del amor que nos tenemos.

Así, la vida es bella.

Aun vacía, nuestra casa está llena de amor

Le envío esta fotografía a Carmen para que vea que dejo los armarios cerrados y veo en su reflejo todo el amor que nos construye:

Esa cama dividida y compartida, donde Carmen duerme parcialmente sobre un edredón y yo a pierna suelta, pero siempre juntos. Una vez intentamos tener dos almohadas y lo pasé tan mal que pensé que era el principio del fin de nuestra relación: una pareja que no puede llegar a consensos es una pareja condenada al fracaso, sin que ello sea ningún drama. Al fin y al cabo lo que fracasa es la pareja, no las personas que la componían. Tuve la sensación de que nos acercábamos a eso si no éramos capaces de encontrar una almohada que, más o menos, nos agradase a ambos. Sé que esta es una línea roja tan arbitraria como cualquier otra, pero no deja de ser una línea roja que casi toda pareja pone en algún lugar, aunque sea, por ejemplo más habitual, la infidelidad «conyugal».

Un humidificador para cuando lo necesito en época de alergia y para cuando lo necesita con la sequedad del aire debido al climatizador. Es otro síntoma de que nos cuidamos ambos mutuamente. Está casi al lado de una fotografía que ha ido perdiendo el color de una de nuestras primeras escapadas a Donosti, realizada desde Urgul, creo recordar, con lo que nuestro amor salta de lugar para llegar a mi tierra preferida, mi tierra elegida. Cuando empezamos a salir, allá por el milenio pasado, le dije que tenía que conocer a mi cuadrilla de amigos vascos (el masculino es intencionado, porque aunque hay amigas allá, es de los pocos lugares en el mundo donde tengo amigos hombres). Por supuesto, ella les encantó y a ella le encantaron ellos. Ahora es amiga tanto de mis amigos, como de alguna de sus parejas, a quienes conoció al mismo tiempo que yo. Nuestra querida Verena, a quien visitamos casi más que a mi querido Xabi, es otra puerta de entrada a ese país que tanto amo.

El espejo con marco de colores del que apenas se ve un remanente es una pieza artesanal hecha para mí por mi queridísima amiga Sylvia hace casi 30 años. Justo encima, un poema visual enmarcado, del que tan solo puede verse una esquinita, que me regaló Carmen y un vaso con dos tipos de arena con las letras T y K formando siglas de Te Kiero que nos decimos a cada rato… y lo sentimos en todo momento.

En la estantería (balda, sí, tengo baldas, hermanix), a la derecha del retrato donostiarra, tenemos una delicada pieza de artesanía que prácticamente, dada su forma, sólo se ve si se mira desde arriba, que compramos a una alfarera encantadora en el Centro de Artesanía de Bres, en Taramundi, Asturias, donde nuestro corazoncito va a reponerse del rigor laboral (y climatológico), además de haberse convertido en una especie de segunda residencia y sentirnos acogidos o adoptados por casi todo el pueblo.

El candelabro sostiene un huevo dado que con las temperaturas de nuestra casa, las velas se derretían, especialmente las estrechas y largas, dando unas formas divertidas, pero poco funcionales, donde la mecha quedaba completamente hacia abajo haciendo que, si se encendiesen se derritiesen a sí mismas, en un suicidio cerúleo goteante. Es un regalo del hermano de Carmen. Algún otro regalo ocupa el resto de los estantes, incluso aquellos que no salen reflejados en el espejo del armario diseñado a medida para que la ropa de Carmen tenga dónde habitar.

Quizá no sea un regalo la pila de libros que tengo pendientes de leer al lado de mi lado de la cama, pero son los que he comprado gracias, en parte, a la generosidad de mis padres que me transfirieron 300€ para mi cumpleaños. Obviamente, los gasté (y algo más) en los libros que voy a leer este verano. A continuación, muchos de ellos los cederé a amistades, entre otras a mi querida Aída, con quien tengo un intercambio lector de lo más estimulante. Otros a Jaime Vallaure, con quien tengo el lujo de compartir espacio desde hace ya una década, y a quien debo tanto que no sé explicarle, sin ir más lejos, las conversaciones sobre libros y autores (y autoras) que llevamos manteniendo los últimos meses.

Por cierto, todo ese armario (el reflejado, junto con las baldas) se lo debo a la maña, las herramientas y el buen hacer de mi padre, a quien ayudé mínimamente cuando lo necesitamos montar hará ahora un cuarto de siglo. Lo único que aporté fue el diseño y la idea… pero creo recordar que tampoco toda.

Volviendo a la carga con las cianotipias

Por fin he retomado las cianotipias y su proceso de revelado, secado, etc… pero lo que casi no tengo porque a lo largo de estos últimos años no he estado muy activo en este campo son poemas visuales que convertir en negativos con los que hacerlas.

Porque en realidad, la cianotipia me interesa como técnica para hacer poemas visuales, no tanto por su capacidad de re-producir una fotografía en este formato, aunque siempre quiero alguna de Carmen o son un regalo perfecto para enmarcar (incluso con su propio negativo contrastando, lo que he hecho alguna que otra vez).

Tengo pendiente desde hace ya 5 años un proyecto titulado «Año Añil», basado en un verso de Paula Izu, que consiste en cianotipar poemas visuales basados en 81 temas sobre los que tuve alguna conversación a lo largo de ese año 2021.

Por cada tema, elijo imágenes o textos que quiero que se combinen en 2 composiciones, de modo que cada DinA4 (recortable en dos piezas de 14x17cm y márgenes sobrantes), contiene 2 poemas visuales relacionados con ese tema del que he hablado. La idea era ir escribiendo palabras o frases relacionadas en un cuaderno para luego, a partir del mismo, obtener ese material con el que generar esas composiciones.

Pero tan solo tenía terminadas las piezas correspondientes a 8 temas (y además ya las tenía cianotipadas). Con lo que ahora tengo que «perder tiempo» solar haciendo algo que podría haber estado haciendo en invierno. Y no fue así.

El retraso me produce parálisis, así que todavía es peor… pero por quejarse, que no quede.

kaos

Cuesta, tras terminar el curso, retomar otra de las actividades para las que uso este espacio: cianotipar y otras creaciones varias, como envíos masivos de correo postal con propuestas de intervención creativa… para lo que es necesario transformar el estudio en un lugar más cómodo para este menester, menos «ordenado» y que soporte el embate de pinturas, aguas, etc… que podrían dañar el equipo que uso para los Talleres de Poesía Contemporánea.

Termina el curso

Cada vez que termina un curso
tengo una sensación de vacío
e incertidumbre
que nada tiene con el celebérrimo
principio.

Parece que termina
no ya el curso
sino
una fase completa de mi vida
en la que dejar atrás
personas a las que amaré siempre
personas a las que recordaré
personas.

Cada vez que termina un curso
hago acopio de valor
para creer
que hay un futuro mejorable
que hay un futuro
en el que la poesía siga siendo
espacio de libertad
en el que la poesía siga siendo
verdad
hasta en la mentira.

Parece que termina
una forma de entender el mundo
una carrera espacial
por las páginas de mil libros
un paseo por las nubes
de un millón de versos.

¿Cuántos?
¿Cuántos versos llevo leídos
en toda mi vida?
¿Cuántas palabras?
¿Cuántas letras?

Esos números me impresionarían
curso tras curso
y sigo creciendo
y sigo creyendo
en la posible confrontación
de la poesía con la prosa
en el mejor y en el peor
de los sentidos
respectivamente.

Ordeno cuadernos.
Cierro ciclos.
Apunto horas.
Anoto temas.
Escribo nombres.
Barajo futuro.

Pero
¿habrá futuro?

Kintsugi

Después de proteger este juego de jarrón y dos vasos que adquirimos por un elevado precio en el Centro de Artesanía de Bres el año pasado, acabo de romper uno de los vasos y la jarra central debido a los nervios de la semana, que me tienen correteando como pollo sin cabeza.

Yo no tengo especial problema en desapegarme de objetos, hasta el punto de que siempre defiendo que «lo importante son las personas y no las cosas», pero sé que Carmen lo sufrirá mucho.

Por momentos, recordé esta técnica japonesa de reparación con oro de cerámica y me lo llegué a plantear, pero la verdad es que me resulta casi imposible pensar en arreglar algo que no sé manejar. (¡Si fuese software…!)

Este pequeño drama ha tenido la osadía de hacerme parar en este día, al menos, para recoger los pedazos con cuidado de no dañarme yo ni dejar nada potencialmente dañino por el suelo, guardarlos en la caja de zapatos de las deportivas que compré el miércoles por la mañana para mis pies planos y recordarme que conviene respirar un poco más despacio.

PRESENTACIÓN de LA FURIA DE LAS PERCHAS

Este sábado tengo el placer, el orgullo, el gusto, de presentar un libro nuevo escrito por las casi 50 personas que asisten a los Talleres de Poesía Contemporánea que coordino desde hace casi un cuarto de siglo.

Son cifras que asustan, si no fuesen por algo tan precioso: Pensar que he pasado casi media vida ayudando a que haya más poesía en el mundo es una sensación inefable (paradójicamente).

Y ahí seguimos, haciéndolo poesible.

PRESENTACIÓN de LA FURIA DE LAS PERCHAS

*Sábado 20 de junio a las 12:00* en Escuela Progreso Musical presentación del libro escrito por casi 50 poetas asistentes a los Talleres de Poesía y Escritura Creativa de Clave 53

*C/Tutor, 52* (Argüelles), Madrid

Tras la presentación y el recital, nos tomaremos algo en un barcito cercano que hemos reservado para este evento.

Entrada completamente gratuita hasta completar aforo.

En época de furias épicas hace falta la lírica sin lirios que con poética sin hípica cause furor con su furia de faros que sean parche de perchas. Mentes colgadas de lunas, perdidas en laberintos, habitan un mundo converso en su feria particular de esperanza, denuncia, grito invitando al silencio.

Gracias a las personas que lo han hecho posible y han contribuido con su poesía a hacer del mundo un lugar mejor.

© Alejandra Dieste, Mónica Rubio Jara, Lauri Moyano, Adriana Calvo, Carmen Garrido García, Kay Woo, Pepa Delgado, Alejandro Gallego, Ginés Nadal, Alberto Modesti, Javier Jiménez, Ángel Nevado Pérez, Susana Recover, Isabel Jiménez Moreno, Manuel Rufo, Armando Silles McLaney, Anita Ges, Susana Olalla Serra, Ernesto Pentón Cuza, Sol Gómez Ruiz, Tanja Ulbrich, Laura Cañete, Avocado Andrew, Axlin, Marta Germán, Aloy Gasal, Sandra Cuenca Villanueva, Andrea Perissinotto, Melody Weitz, Manuel Fernández, María Jesús Orella, María Eugenia Soblechero Migueláñez, Sara Mansouri Bellido, Angelillo Sanz Sánchez, Francisco Domínguez Agudelo, Liliana Marcos, Salvador Gámez Casado, Ricardo García Fernández, Alejandro Iñarra Navarro, JMariano Velázquez, Raquel Gómez, Caro De Arana, Andrés E. Ycaza, Esther López, Lola Vallejo, Lili Gallegos

Mi profe prefe

Mi profe prefe, obviamente sin parcialidad. 😉

Maravillosa Carmen De La Rosa en sus clases con clase, con simpatía y con buen hacer. Lleva más de 25 años formándose y no se detiene: Para ella, el Tango es una carrera de fondo, o sin fondo, una carrera de vida. Es increíble que siempre se esté reinventando y dando lo mejor de sí en cada clase.

Este julio del 2026 tienes estas cuatro propuestas para distintos niveles. Pregunta en su teléfono 635514576 o carmen@carmendelarosa.com

¡Si quieres seguir aprendiendo Tango, no te los pierdas!

Esto no es una broma