
Detalles
Las ciudades invisibles, de Italo Calvino

Este libro lo tenía pendiente, así que acabé por comprarlo y darle una lectura, pero se me hizo pesadísimo, algo aburrido, un ejercicio de estilo con muchas posibilidades en una edición (Siruela) abigarrada y barroca.
En general me entusiasma OuLIPO, pero la pertenencia de Calvino a este grupo siempre la pongo entre comillas, porque no acabo de ver que sea lo mismo su lectura que la de George Perec, por ejemplo.

Alguna que otra ciudad me resultó interesante, pero casi lo único que me gustó (y no todo el rato) eran las, por supuesto inventadas, conversaciones entre el Kan y Marco Polo. Puede servirme para algún taller, por supuesto, pero no creo que guarde un recuerdo agradable de este libro ni lo recomiende masivamente.



Contadas frases, no obstante, me encantaron:
Sin piedras no hay arco (arquitectónico, se entiende).
El olor del bosque, de Hélene Gestern

Ya en agosto me metí a leer esta novela de 800 páginas que pensé que me iba a llevar más de 3 días leer, pero mre resultó muy entretenida, aunque no muy profunda, lo que simplificó la tarea (¿tarea?).
No obstante, me gustó la interesante mezcla de voces narrativas y, sobre todo, la cuidada edición que hace la editorial Periférica & Errata naturae. Esto, para mí, no es poco, porque cada día más me importa encontrarme ediciones delicadas, que no dejen líneas huérfanas o viudas sin parar y cuya tipografía reme a favor de la legibilidad.

Comparte algo del intento de narrar historia colectiva e individual, al estilo de Lea Ypi o Emmanuele Carrere. No alcanza a profundizar en la primera y la segunda no parece tan interesante como para indagar en su biografía y ver si se corresponde con lo narrado. Estoy demasiado acostumbrado a autobiografías magistrales.

Pensé, y parece ser que acerté, que le podría gustar a mi hermana, así que se lo regalé cuando llegamos a Colmenar Viejo, aligerando considerablemente nuestro equipaje. Lo había comprado de segunda mano en MenosDiez, mi librería de confianza en Madrid, bien aconsejado por Andrés. Me gusta regalar las novelas que leo pensando en a quién pueden gustarle, para que sigan su camino en busca de la lectora o el lector ideal.
El aniversario, de Andrea Bajani

No conocía de nada a este escritor italiano que me puso en el mapa mi estimado Jaime Vallaure con quien comparto conversaciones sobre libros y autores interesantes. Me habló de Emmanuele Carrere a quien tampoco tenía en el radar, pero me comentó que me podría gustar Bajani. Y así ha sido.

Este desgarrador relato de una familia disfuncional bajo el poder autocrático del padre, pero por extensión de toda la sociedad en la que se inscribe, me golpeaba el estómago del recuerdo de otra familia mucho más cercana donde gran parte de las cosas que se mencionan en estos textos también las he observado. Sí, solo observado. En ningún momento me precipité a denunciar una situación que, claramente, era maltrato.

Más sutil que muchos otros textos sobre este tema, deja un regusto tan amargo como parcialmente esperanzador, pues Andrea Bajani, alejándose, consigue sobrevivir aunque sea con un sentido de culpabilidad eterno.
¡Qué grandes descripciones de la tensión hace en esta novela breve, pero sin desperdicio!
Puerca tierra, de John Berger

A pesar de que no ha sido mi libro preferido del verano y ni tan siquiera de John Berger, de quien me encantaron otros trabajos y otros libros mucho más que este, ha sido muy curioso leerlo en plena montaña asturiana, tan cerca del campo como me consta que Berger decidió vivir. Me llevó a la reflexión de si yo viviría así, pero tengo muy claro que soy una persona muy muy urbana, aunque pueda pasar maravillosos periodos de «retiro» vacacional en mitad de las montañas.

Rural en lo rural. Ideal.

No me han quedado ganas especiales de leer el resto de los libros de la trilogía de la que Puerca tierra es el primero. Quizá, si tengo tiempo y ganas (y dinero), el segundo sea una de las lecturas que me lleve a Taramundi al año que viene. Si algún lugar hay idóneo para leer estas novelas, parece ser este.
Libre, de Lea Ypi

Esta autora, de quien dicen que es una de las pensadoras más influyentes del siglo XXI, no para de sorprenderme. Leí con verdadera delectación su libro Indignidad en el que aprendí historia de Albania, de los albaneses, pero también de todas las peripecias que vivieron los países balcánicos tras el desmembramiento del Imperio Otomano.
Lo que he dado en llamar literatura vertical y horizontal, en el sentido de que narra los devenires de una familia, pero a su lado, horizontalmente, la historia de la sociedad en la que se enmarca, el contexto y su evolución, haciendo un barrido absoluto de historia de historias, aspirando a una literatura total que cubra lo individual y lo colectivo.
Más adelante lo encontré en Koljós, de Emmanuelle Carrere y este último lo atribuye a Annie Ernaux, así que (por si aún no lo sabíamos) sabemos que no es invento de Lea Ypi, pero su aproximación es muy interesante, vinculándolo con la investigación personal, con el ensayo filosófico… haciendo que leer a Ypi sea una inmersión en la cultura casi de manera global.


Este meditación sobre qué es ser libre, Lea Ypi nos lanza preguntas incómodas en las que sentirnos identificados como aquellas personas que no siempre saben si son libres o, sencillamente, herederas de un contexto o una cultura que empuja o condiciona nuestras decisiones. ¡Qué tiempos de contraste con la flamante declaración de «estar obligado a ser libre» de aquel Jean-Paul Sartre!

Hilos de Chantal Maillard

Este libro, que me regaló Javier Jiménez, ha sido una preciosidad de poesía que tenía a medias cuando comencé mi periodo vacacional y que terminé casi al llegar. La generosidad de Javier ha hecho que quisiese apostar por una coedición de un poemario suyo de haikus que escribió a raíz de apuntarse a un temático sobre poesía japonesa que impartí este curso pasado 2025-2026.


Andrea Aguirre y el fin del mundo

Había leído algo en Madrid y, sobre todo, había escuchado la musicalización que hicieron de sus poemas Rafa Mora y Moncho Otero en el Café Libertad 8 unos días antes del verano. No obstante el libro no lo había podido leer, así que me llevé algo de poesía sencilla, pero muy valiente y con una temática sobrecogedora: el proceso del aborto que tuvo y cómo encaró ese duelo.
Manual para sobrellevar el fin del mundo, libro de Andrea Aguirre, con un título muy bien elegido, tiene poemas como este que dejo a continuación:

Me quedo con que «solo quedan las palabras» a modo de resistencia para poder seguir viviendo, afrontando pérdidas que pueden parecer inasumibles.

