Una bonita luz iluminaba las paredes de nuestra habitación.
Los colores filtrados caldeaban miradas.
Faltaba Carmen para apreciar la belleza.

Diario
Una bonita luz iluminaba las paredes de nuestra habitación.
Los colores filtrados caldeaban miradas.
Faltaba Carmen para apreciar la belleza.

Una terraza impresionante a la vuelta de la esquina de mi casa. Y llevan bastante tiempo allí, pero el portal es casi inapreciable. Una vez dentro no parece que se tenga acceso a una terraza «cool» sino a una especie de bloque al borde del desahucio: suciedad en las paredes y en el suelo, descuido de los ascensores… aunque se ve un cartel (tímido) que anuncia Sky44 en el ascensor del fondo o del interior.
En una de las láminas laterales del equipo que te asciende hasta el noveno piso, un letrero reza que se trata de unas instalaciones del Grupo Gran Vía 44 (el número del portal en el que estamos).
Ni siquiera al subir al noveno vemos a simple vista la terraza prometida. Aunque… damos unos pasos y aparece una agradable pared adornada con un simulacro de jardín vertical. Y la sorpresa es mayor de la esperada: unas vistas impresionantes desde la décima planta de un edificio de la Gran Vía que es una de las zonas más altas de Madrid, con lo que se potencia la visibilidad en sus 360 grados de visión.

Ambiente distendido antes de las 19:00 y unos precios que no son mucho mayores que los que se encuentran en la planta baja.
Carmen y yo disfrutamos un par de cervezas a poco más de tres euros cada una.
Y unas panorámicas mucho más que agradables. Pero no pude evitar mirar al fondo de un patio interior desde las escaleras que no descendimos. Y tampoco fueron menos espectaculares, salvando las enormes diferencias.


Sería simpático realizar una serie de fotografías con comida donde cada composición sea una bandera. En realidad, algunas están casi hechas, como estos picatostes para el gazpacho que hice el doce de julio, o el gazpacho… con un poquito de yema de huevo, que nos regala una buena aproximación a la bandera china.

Objeto encontrado fruto del Packaging… Me encantan las cajas que tienen formas curiosas para almacenar cosas simples, ordinarias… pero en las que se ha buscado una optimización de recursos, posiblemente económicos y alguna vez medioambientales.
Esta curiosa máscara no recuerdo qué guardaba, pero al final me interesa más el contenedor que el contenido. Es extraño.

Una de las asistentes al Taller de Poesía y Escritura Creativa de Clave 53 del grupo de los martes tuvo el detalle de traer (no solo para mí) unas cuantas rosas rojas que nos regaló en honor al día del libro. Fue un precioso detalle de alguien que suele tenerlos.
Hice esta fotografía en casa por la noche, después de que Carmen la despositase en un recipiente para ello, una pequeña botellita azul pálido contra el contraluz (valga la redundancia) de la translúcida ventana que nos separa de la cocina donde una botella de vino ya oxidado deja adivinar su presencia.
El viernes publiqué esta pequeña composición, una tontería, a la que llamo Pornografía, pero en Instagram me censuré a mí mismo (ya me censuro muy bien, sin ayuda de nadie, cada día más y mejor) y la titulé «Erotismo»
Aún así, tuve mis dudas de si abriría un debate acerca de si era excesivamente binaria, no incluyendo, por ejemplo, dos botones con el mismo título o dos ojales… y por qué no uno solo, botón u ojal, o tres o cuatro… quizá si sigo publicando una pequeña serie de ellas, una camisa podría titularse, felizmente, orgía.
No quise con ese título, ni con el de Pornografía, decir que toda la pornografía o todo el erotismo fuese procreativo… ni falocéntrico, ni genital… especialmente el erotismo. Así que pensé que podía ser malinterpretado, pero aún así osé publicarla.
Pero cada día doy más vueltas a todo lo que publico en redes sociales por su posible malinterpretación hasta el punto de haber llegado a desarrollar una paranoia bastante considerable que, no obstante, no está a la altura de declaraciones de políticos de la oposición, ni de cuñadismo extendido. Es decir, envidio (solo en una remota parte de mi reptiliano cerebro) la simpleza de quienes hacen afirmaciones rotundas e irreflexivas sin pensar en nadie más que en su persona, sin empatizar ni remotamente con las diferencias, considerando toda salida de lo normativo como maligno, satánico casi.
Al final, mi voz y la de otras personas como yo nos vamos acallando dejando más sonido a quienes no tienen tantos miramientos.
Pero a mí me resulta tan cansado…