Imagen sugerente de programación sobre todas las cosas

Me encontré esta imagen en una publicidad de una estación del metro e inicialmente pensé que se trataba de un error, pero luego me di cuenta de que estaba bien, que era una campaña o anuncio de una academia de programación.

Pero me encantó la imagen y pensé que sería sugerente pensar o imaginar códigos de diversos lenguajes que haya aprendido a lo largo de mi vida superpuestos a imágenes de mi vida o fotografías más o menos intrascendentes y ver qué ocurre.

Lo investigaré.

El tren de la memoria

Llevo años jugueteando con estas cuatro placas de memoria de (¡Atención!) 1 Mb RAM cada una. Son viejas tarjetas de 30 pines que ya no valen para nada más que para hacer chistes de palabras visuales.

Para mí, son una doble referencia a la memoria, en tanto algo obsoleto y por la obviedad de lo literal: tarjetas de memoria, tarjetas de recuerdos, tarjetas de algo que ha sido olvidado y superado, tarjetas del pasado, tarjetas del tiempo que no volverá, tarjetas de ayer, tarjetas de paraísos perdidos, tarjetas de reminiscencias, tarjetas de recuerdos, tarjetas de semimetales sobreimpresos, tarjetas de vida al fin y al cabo.

Todas mis amistades cumplen años todos los años

A modo de «orlas» universitarias o estudiantiles, que por cierto es como surgió la idea de esta red social llamada «FaceBook», los celebérrimos anuarios de los institutos estadounidenses que tantas apariciones han tenido en películas diversas, he creado estas 12 composiciones capturando pantallas y editando mínimamente para eliminar algunos nombres con las «caritas» de mis amistades actuales en esta aplicación.

Me gusta pensar que le dedicaría un segundo de mi vida, al menos, a cada una de las personas que hay detrás de esos «perfiles».

Al terminar la frase de que todas mis amistades cumplen años todos los años, he recordado a alguna que ya ha fallecido y a quien no quiero eliminar de mis «contactos». ¿Sigue cumpliendo años? ¿Estoy en contacto con mi amiga muerta?

Y me ha quedado un extraño sabor agridulce en la punta de la lengua.

EGB

Simpáticas las dos ventanas casi puertas de un local de Segovia. Recordé mis tiempos preadolescentes cuando estudié la Educación General Básica, que no era tan básica. La fraccioné en dos periodos completamente diferentes:

1.- Madrid, en el colegio Legado Crespo que estaba situado (y sigue allí) en la Glorieta de Embajadores, en concreto en la Avenida de las Acacias, número dos.

2.- Colmenar Viejo, a partir de los 11 años, en el colegio San Andrés en una pequeña colina de lo que entonces eran las afueras de aquel pueblo que no para de crecer.

Esto no es una broma