Vídeo Navideño

Después de la polémica levantada en torno al vídeo de Lotería de Navidad Española de 2014, he encontrado este maravilloso producto audiovisual de la empresa Sainsbury.

No puedo dejar de compartirlo y contar la emoción que hube de contener para no sentirme tonto en casa…

Pero al mismo tiempo, una idea no dejaba de rondarme la cabeza: ¿seguirían disparándose después de aquello? ¿cómo alguien anula su empatía para estar dispuesto a matar por una causa (país, injusticias, religión, etc…)? ¿matar a un semejante?

Supongo que el primer paso es dejar de pensar que ese ser es semejante a ti. Pero, ¿y después de esto? ¿se vuelve a hacer?

Parece ser que está basado en una historia más o menos real que ocurrió en diciembre de 1914 en el frente occidental de la Gran Guerra.


Soldados

Muertos: 4 386 000
Heridos: 8 388 000

Desaparecidos: 3 629 000

Total: 16.403.000 bajas

Soldados

Muertos: 5 520 000
Heridos: 12 831 000

Desaparecidos: 4 121 000

Total: 22.477.500 bajas


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De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Soldados de la 4ª División de Artillería australiana el 29 de octubre de 1917, durante la Tercera Batalla de Ypres. Memorial del osario de Douaumont, donde descansan los restos de soldados muertos durante la Batalla de Verdún. Aviones alemanes Albatros D.III estacionados en Francia en marzo de 1917. Soldados revolucionarios rusos en la Avenida Foundry de Petrogrado durante la Revolución de Febrero. Dos soldados británicos equipados con máscaras antigas y una ametralladora Vickers en junio de 1916, durante la Batalla del Somme. Trinchera alemana conquistada por soldados aliados en el transcurso de la Batalla del Somme.

GPGP

Hace unos días, viendo la serie Orange is the new black, acuñé el término, atribuible a una de las protagonistas, GPGP, imitando el término MILF ( haciendo uso intensivo de él) inventado en otra serie de la misma autora, la interesante Jenji Kohan, Weeds.

Así como MILF significaba Mother I’d Like to Fuck, GPGP es un simple y sencillo GuaPa GafaPasta (por supuesto, también tiene versión masculina sin modificaciones).

Un ejemplo perfecto de este atributo sería el que podría darle a mi amiga querida Aída B. como se puede ver en esta foto junto a su hermanito.

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A continuación, la chica que inspiró la sigla, la actriz Laura Prepon en el papel de Alex Vause.

Me recuerda a un par de chicas que, en algún momento de mi vida me han gustado. Curiosamente, más con gafas que sin ellas. El primer caso que recuerdo fue el de mi querida Patricia, cuya naricita apenas sujetaba la pasta de las mismas. Su risa cuando se le resbalaban era tan pícara como, al mismo tiempo, divertida y naïf.

Star Trek

Es extraño que no haya llegado a esta serie (universo) antes de este mes pasado. Es sorprendente por lo de «frikki» que tiene, hasta podríamos decir que el origen. También por la innumerable cantidad de referencias que le hacen en tantas películas como series que me han gustado o me gustan.

Pero finalmente estoy en ella. Y el descubrimiento del Klingon, del que aún sé demasiado poco, me ha abierto el apetito. Aquí están hablando un rato en Vulcaniano, manteniendo un diálogo tan divertido como inteligente.

Día de piscina

No soy muy «de piscinas», pero volver a Madrid sabiendo que no tiene playa implica ciertos sacrificios… y si son como este, pues bienvenidos sean. La piscina municipal de Lago nos tuvo ayer contentos y entretenidos durante casi más de 5 horas por tan solo 5 euros. Y eso que el precio no me pareció baladí, teniendo en cuenta que es una piscina municipal, supuestamente dedicada a los menos favorecidos puesto que los más favorecidos viven en comunidades con comodidades.

La comida, una riquísima ensalada de pasta que hice en casa el día anterior. Completamente dominguero con toques de landismo (habría sido más propia una tortilla de patatas con pimiento).

El camino de vuelta lo hicimos, tras la aparición de unas nubes malhalagüeñas, caminando junto al lago que da nombre a la estación de metro, por el paseo del embarcadero, atravesando el costoso parque de Madrid-Río, bonito, si no se tiene en cuenta la deuda asociada y si no se piensa en lo que se podría haber hecho con el dinero gastado en esa faraónica infraestructura.

El centro de la ciudad nos esperaba con casi cinco grados más de temperatura en los termómetros, una densidad de población creciente tras el periodo vacacional y una película a precio de día de espectador. Vimos la amable cinta titulada Belle, sobre el precio de un ser humano en una sociedad cuantitativa, clasista más que racista que bien podría recordar a las elecciones en las que Obama resultó vencedor.

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Newsroom

Newsroom imgHoy he encontrado un artículo que mi amigo Juan Carlos Etxeberría ha escrito sobre esta obra maestra de las series de televisión contemporáneas y no he podido evitar (ni querido) responderle a su comentario con unas palabras de las que quiero dejar constancia en este diario.

Tenía claro que tarde o temprano tendrías que escribir sobre esta serie. Te recomiendo, tras el final de la tercera, que no olvides a su creador (Aaron Sorkin) y sus obras: El ala oeste de la casa blanca, Studio 60. Por supuesto que es ideologizante. Es parte de su encanto, no un motivo de rechazo: es prodemócrata, pero sin ser excesivamente cruel con un republicanismo al que intentar conducir a senderos menos espeluznantes que los que puede llegar a seguir.

Y, tras Sorkin, lánzate a las series de David Simon (también cargadas de “mensaje” social-político, sin por ello desmerecer) que son de tan alta calidad que dejan a cualquiera de las demás series de televisión en una especie de segundo nivel. No es que sean “series” buenas, es que son “otra cosa.

Recomendable: The Corner, The Wire, Tremé e, incluso, la bélica The Kill Generation.

Con respecto a la secuencia impactante con la que la serie arranca, no pude evitar contestarme a esa pregunta tan interesante: ¿Por qué es Madrid (elije la que te corresponda, ya sea país, ciudad…) la mejor ciudad del mundo?

De lo más interesante, desde mi perspectiva, es que Mr Sorkin no solo se limita a hacer una serie buena para un sector profesional, sino para cualquiera que quiera verla, es entretenida, inteligente, profunda, compleja… lo necesario cada vez más en este mundo del siglo XXI del que tontería simplista es decir que es un cambalache, problemático y febril.

Querido amigo, como de costumbre, gracias por tus palabras y por un texto tan interesante.

Candadian THE NEWSROOMHoy he descubierto que es un remake de la serie homónima canadiense del 1996, que no conozco. Pero no creo que sea importante para lo que Sorkin logra con ésta, amén de diferente actualidad político-social en la que ubica la misma.

The Corner

Otra maravilla de la narrativa contemporánea norteamericana filmada, de nuevo escrita y producida por David Simon. The Corner es el equivalente a The Sound and the Fury, de William Faulkner, pero en pleno arranque del siglo XXI. Cada pequeña secuencia tiene la intensidad de un cuento de Bukowski, pero la actualidad postmoderna de Don Delillo.

Mana realismo sucio por sus cuatro costados, pero también cierta contención narrativa, al más puro estilo Carver.

Dicen en El País, 11 años después de su realización, sin haber sido mostrada en televisión en España, lo siguiente:

Con The Wire, David Simon y Ed Burns retrataron de la manera más real posible las calles del Baltimore más crudo. […]

The Corner se centra en una familia destrozada por la droga que vive en uno de estos barrios. Durante seis episodios sigue, a modo de falso documental por momentos, las vidas de Gary y Fran y su hijo adolescente DeAndre. El libro contaba historias reales y de hecho, los verdaderos protagonistas hacen cameos en la serie y aparecen fotografías suyas en los títulos de créditos del final de cada capítulo.

Y, como The Wire, tiene esa mirada caleidoscópica y compleja (casi completa) sobre la ciudad y su deterioro de manera que muestra «el sistema«, en sí, sin hacer concesiones para un público que necesite evasión o empatizar con actores/personajes más o menos guapos, más o menos agradables, más o menos malvados, más o menos… tópicos.

Nada de esto en The Corner. Tan solo una desoladora historia humana, demasiado humana, de miseria y dolor, de degradación y abandono, de abstracción a partir de lo más despiadadamente concreto, del detalle sin morbo, del minimalismo audiovisual y narrativo, como si no se preocupase por crear una audiencia masiva. Es una pieza de arte y cultura, de verdadero cine, aunque sea un producto preparado para la televisión, financiado por la poderosa HBO, que acabará convertida en una serie de culto para cuatro gafapastas como yo que la adoraremos hasta la saciedad.

The Corner es una de las más logradas tragedias realizadas para la televisión, son 380 minutos de gloria dramática, de auténtico despliegue discursivo, interpretativo, sin dejar de lado la belleza de una maquinaria audiovisual que concuerda con la forma de componer poemas o novelas en el albar del milenio entrante.

Es un tanto lamentable que el trailer intente «venderla» como una serie de policías y ladrones, de acción, de efectos y efectista, cuando lo verdaderamente mágico de esta serie o miniserie o lo que sea es justo lo contrario, su ausencia de trucos de magia o saltos de trampolín cada vez más altos.

Quien ve una de estas series con el disfrute emocional y, al mismo tiempo, intelectual que produce, encuentra en todas las demás un vacío, una hoquedad, una trivialidad que las hace completamente previsibles, banales, aburridas, por no hablar del golpe de gracia que el cine que está llegando a las pantallas recibe.

Después de ver The Corner, The Wire, Tremé… ¿quién soporta la tontería de Mad Men? ¿quién aguanta el saltimbanquismo de Homeland? ¿o incluso la bonachería inverosímil de Toni Soprano?

Es como probar un buen vino: al mismo tiempo un placer y un castigo. Ya nada vuelve a ser igual.

Comentarios sobre Her

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Tras ver la película Her quedé algo decepcionado por el tratamiento que le habían dado al hecho de que un humano se enamorase de un sistema operativo. (No nos dicen si es un sistema operativo de código abierto o propietario, pero eso quizá no era relevante)

Llegué a compararla con el amor que sintió en Blade Runner mi querido Harrison Ford, como Rick Deckard, dudando de la humanidad o no de su pareja Sean Young, como Rachael, esa replicante de perfecta ternura y belleza futurista. Y la obra de Spike Jonze palidecía indudablemente, obsoleta y obsolescente en tecnología según iba avanzando el metraje. ¡Eso comparándola con una película de 1982! Pero está claro que Her no es una de esas películas que harán historia en la Historia del Cine.

Allí donde Ridley Scott creó una obra maestra, icono de la cinematografía e influyente estética del postmodernismo, esta peliculita se queda en un entretenimiento con pretensiones con look neo-hipster e ínfulas filosóficas sin mucha chicha ni limonada.

Dicho esto, queda por añadir que no había visto una posible lectura que ayer me llegó así como en una epifanía: pretende ser más bien una película pionera en una dirección insospechada (quizá) en el mundo audiovisual cinematográfico de la industria norteamericana, la dirección de darle prioridad a lo sonoro sobre lo visual.

No es tan importante lo cibernético, sino en realidad darle preeminencia a lo acústico. De hecho, así resulta aún más acertado el haber elegido a la más conocida actriz del momento para interpretar la voz de ese «sistema operativo» del que se enamora el visible protagonista. Aunque esta elección garantizase que éramos capaces de ponerle rostro a esa voz y, de hecho, un rostro deseable desde todos los ángulos posibles.

Es una película sonora y que augura la llegada de un cine más sonoro que visual, un cine sin imágenes, un cine casi radiofónico, que hace un llamamiento a cerrar los ojos y descansar de la sobrecarga que supone el sobreestímulo visual permamente al que estamos sometidos.

El protagonista, un sosísimo Joaquin Phoenix, no se enamora de su ordenador ni de un ordenador ni nada semejante, sino de la voz del mismo.

El antagonista romántico (aunque casi merecería haber sido completamente el papel principal) es invisible en todo momento. Pero no inaudible. Y las relaciones que este hombrecillo patético tenía eran principalmente sonoras, a través de su teléfono móvil (aparatejo que no superará un par de lustros antes de verse claramente anticuado, haciendo que la película resulte anacrónica).

Sobre cómo esta relación (humano-máquina) es algo desequilibrada, asimétrica y, por supuesto, egoísta, ya lo deja claro la pequeña charla con su exmujer, pero resulta interesante también como retrato (o autorretrato) de la sociedad selfist en la que estamos viviendo.

El previsible final es tan torpe y precipitado que ni merece la pena mencionarlo. Lo único interesante acaba siendo ese pequeño toque de atención sobre la sobrecarga visual y su posible paliativo mediante sonidos desposeídos de acompañamiento figurativo. ¿Le ha llegado al cine (comercial) la posibilidad de explorar la abstracción?

Me gusta / No me gusta

A partir del texto
Me gusta / No me gusta
de Luis Buñuel (en el libro Mi último suspiro)

En la época del surrealismo, era costumbre entre nosotros decidir definitivamente acerca del bien y del mal, de la justo y de la injusto, de la bello y de la feo. Existían libros que había que leer, otros que no había que leer, cosas que se debían hacer, otras que se debían evitar. Inspirándome en estos antiguos juegos, he reunido en este capítulo, dejándome llevar por el azar de la pluma, que es un azar como otro cualquiera, cierto número de mis aversiones y mis simpatías. Aconsejo a todo el mundo que haga lo mismo algún día.

Me gusta pedir en mis talleres que hagan el ejercicio del «me gusta/no me gusta». La primera vez que lo hice fue en Fuentetaja, de hecho, en un taller al que asistí. La profesora, Graciela Baquero, era una mujer menuda que creía en la forma de impartir talleres que yo iba buscando y estuve tanto tiempo en su taller que, al final, me quedé solo y tuvieron que clausurarlo.

Era algo comprensible, pero me sentó bastante mal y prometí (o me prometí) que yo nunca lo haría. Aún no he clausurado nunca un taller regular de escritura ni siquiera con una sola alumna y lejos, bastante lejos, de mi casa.

Graciela, no obstante, sirvió de llave a todo un universo que pude conocer, pues me invitó a participar en un curso de formación para coordinadores de talleres de creatividad que impartía con Jaime Vallaure y con otro cuyo nombre no recuerdo (Miguel Navas, recuerdo hoy.

Jaime pasó a ser «mi faro» y él, a su vez, me abrió nuevas ventanas a otros mundos que yo ni siquiera había imaginado.

Me gustan los días de lluvia, aunque también los días de sol y los de nieve o viento; en realidad, lo que no podría soportar son los climas «perfectos», no variables, suaves, casi programados. Carmen, sin embargo, los adora y este es uno de los pequeños problemas de mi vida: Si alguna vez pensamos seriamente en el exilio no nos podríamos de acuerdo de ninguna manera.

Me encanta el cine. Todo el cine. Siempre cuento que decidí el lugar en el que vivo en función de la cercanía a la mayor cantidad de salas del centro de Madrid. Lamentablemente, con el pasar de los años, los cines me han ido abandonando y me siento un poco huérfano de salas.

El mayor de los traumas lo sufrí con los cines Luna, en los que proyectaban películas comerciales pero en versión original subtituladas, como más me gustan, ahora convertidos en un gimnasio «fashion» al que me apunté. Ha sido un error de los mayores de mi vida. Todo el mundo me decía que era esperable que lo dejase, y así fue. Algo que no todos saben es que yo mientras hacía ejercicio recordaba y tarareaba una canción de Serrat titulada Los fantasmas del Roxy, que habla de un cine que es demolido para construir una sucursal bancaria y los fantasmas de los actores comienzan a aparecerse en ella.

Antes me gustaban los cantautores y me podía llegar a aprender, de memoria, un sinfín de canciones por su letra, pero con el paso de los años he acabado por aburrirme.

Cada vez más me gusta la música instrumental.

Esto fue especialmente así desde que oigo Tangos. La mayor parte de las letras de tango, por muy orgullosos que muchos fanáticos porteños puedan estar, me parecen simplonas, cutres, sin fondo y repetitivas y tópicas hasta decir ¡basta!

Sin embargo, la música distorsionada y sensual de Piazzolla o la armónica de Hugo Díaz me ponen la piel de gallina y me hacen sentir unas ganas enormes de bailar y (a veces) llorar al mismo tiempo.

No me sorprende que Piazzolla fuese un admirador del Jazz, pues con los años, he descubierto en esta música una variedad y una libertad creativa al mismo tiempo que un cromatismo y una intensidad inigualable.

Me gusta la libertad creativa en todas sus formas. Adoro las búsquedas de John Cage, Brossa o Duchamp (Marcel). Para mí, sin búsqueda intelectual, un ser humano es poco diferente de un cordero.

Me gusta mucho cocinar. Tanto es así que cada día lo hago mejor y algunos amigos y familiares (poco objetivos) han empezado a sugerirme que me lo plantee en serio profesionalmente. De hecho, volviendo al tema del exilio, veo en esto una posible salida laboral.

No puedo soportar que alguien diga de la comida «esto no me gusta». Me llevan los demonios. A veces tengo que contenerme para no desear que fallezcan, en ese momento, de inanición espontánea.

Mis sobrinos (y su madre) lo hacen con frecuencia y es una de las principales razones por las que no voy más a Daimiel. Es más, le he dicho a Carmen varias veces que no pienso quedarme nunca con ellos a nuestro cargo mientras no cambien esa actitud.

Me gusta ser tajante. Sí. Pero ¡oh, contradicción! no siempre estoy seguro.

El escepticismo no es que sea algo que me gusta sino, más bien, algo en lo que creo (si es que se puede creer en no creer).

No me gustan los adoctrinamientos ni los adoctrinadores ni las doctrinas. Creo que ni siquiera me gusta la palabra doctrina.

Me gusta agotarme de escribir y sentir que no acabaría nunca.

Poesía visual en una serie de televisión (en la cabecera)

[youtube_sc url=http://youtu.be/cTunFLo_TG4]

Estoy absolutamente cautivado con este pedacito de vídeo, que apenas dura 5 segundos. Pero fotograma a fotograma, se puede apreciar la belleza visual de esta composición que se utiliza como cabecera en una serie de televisión relativamente convencional narrativamente hablando.

Una maravilla fotograma a fotograma. Está claro que el sueño de los surrealistas de hacer un cine-poesía, está empezando a fraguarse, ni más ni menos, que en televisión. Aunque de una manera un tanto insospechada.

Dejo una colección de imágenes que contiene el vídeo para que se pueda apreciar a lo que me refiero.

Esto no es una broma