Aun vacía, nuestra casa está llena de amor

Le envío esta fotografía a Carmen para que vea que dejo los armarios cerrados y veo en su reflejo todo el amor que nos construye:

Esa cama dividida y compartida, donde Carmen duerme parcialmente sobre un edredón y yo a pierna suelta, pero siempre juntos. Una vez intentamos tener dos almohadas y lo pasé tan mal que pensé que era el principio del fin de nuestra relación: una pareja que no puede llegar a consensos es una pareja condenada al fracaso, sin que ello sea ningún drama. Al fin y al cabo lo que fracasa es la pareja, no las personas que la componían. Tuve la sensación de que nos acercábamos a eso si no éramos capaces de encontrar una almohada que, más o menos, nos agradase a ambos. Sé que esta es una línea roja tan arbitraria como cualquier otra, pero no deja de ser una línea roja que casi toda pareja pone en algún lugar, aunque sea, por ejemplo más habitual, la infidelidad «conyugal».

Un humidificador para cuando lo necesito en época de alergia y para cuando lo necesita con la sequedad del aire debido al climatizador. Es otro síntoma de que nos cuidamos ambos mutuamente. Está casi al lado de una fotografía que ha ido perdiendo el color de una de nuestras primeras escapadas a Donosti, realizada desde Urgul, creo recordar, con lo que nuestro amor salta de lugar para llegar a mi tierra preferida, mi tierra elegida. Cuando empezamos a salir, allá por el milenio pasado, le dije que tenía que conocer a mi cuadrilla de amigos vascos (el masculino es intencionado, porque aunque hay amigas allá, es de los pocos lugares en el mundo donde tengo amigos hombres). Por supuesto, ella les encantó y a ella le encantaron ellos. Ahora es amiga tanto de mis amigos, como de alguna de sus parejas, a quienes conoció al mismo tiempo que yo. Nuestra querida Verena, a quien visitamos casi más que a mi querido Xabi, es otra puerta de entrada a ese país que tanto amo.

El espejo con marco de colores del que apenas se ve un remanente es una pieza artesanal hecha para mí por mi queridísima amiga Sylvia hace casi 30 años. Justo encima, un poema visual enmarcado, del que tan solo puede verse una esquinita, que me regaló Carmen y un vaso con dos tipos de arena con las letras T y K formando siglas de Te Kiero que nos decimos a cada rato… y lo sentimos en todo momento.

En la estantería (balda, sí, tengo baldas, hermanix), a la derecha del retrato donostiarra, tenemos una delicada pieza de artesanía que prácticamente, dada su forma, sólo se ve si se mira desde arriba, que compramos a una alfarera encantadora en el Centro de Artesanía de Bres, en Taramundi, Asturias, donde nuestro corazoncito va a reponerse del rigor laboral (y climatológico), además de haberse convertido en una especie de segunda residencia y sentirnos acogidos o adoptados por casi todo el pueblo.

El candelabro sostiene un huevo dado que con las temperaturas de nuestra casa, las velas se derretían, especialmente las estrechas y largas, dando unas formas divertidas, pero poco funcionales, donde la mecha quedaba completamente hacia abajo haciendo que, si se encendiesen se derritiesen a sí mismas, en un suicidio cerúleo goteante. Es un regalo del hermano de Carmen. Algún otro regalo ocupa el resto de los estantes, incluso aquellos que no salen reflejados en el espejo del armario diseñado a medida para que la ropa de Carmen tenga dónde habitar.

Quizá no sea un regalo la pila de libros que tengo pendientes de leer al lado de mi lado de la cama, pero son los que he comprado gracias, en parte, a la generosidad de mis padres que me transfirieron 300€ para mi cumpleaños. Obviamente, los gasté (y algo más) en los libros que voy a leer este verano. A continuación, muchos de ellos los cederé a amistades, entre otras a mi querida Aída, con quien tengo un intercambio lector de lo más estimulante. Otros a Jaime Vallaure, con quien tengo el lujo de compartir espacio desde hace ya una década, y a quien debo tanto que no sé explicarle, sin ir más lejos, las conversaciones sobre libros y autores (y autoras) que llevamos manteniendo los últimos meses.

Por cierto, todo ese armario (el reflejado, junto con las baldas) se lo debo a la maña, las herramientas y el buen hacer de mi padre, a quien ayudé mínimamente cuando lo necesitamos montar hará ahora un cuarto de siglo. Lo único que aporté fue el diseño y la idea… pero creo recordar que tampoco toda.

Carta a Elisa del 2 de septiembre de 1999

Una vieja carta a una vieja amiga en la que mostraba tan poca confianza en mí, a cuatro días de comenzar a salir con Carmen, que creía que sería mejor no empezar. ¡Qué equivocado estaba!

Ahora ya todo es viejo, la carta, el papel, la tinta, la forma de escribirla, la amiga, yo, la relación, mi relación con Carmen… todo es viejo, pero bello. Vello, que dirían en gallego.

Cumpleaños

Carmen hoy cumple años.
Es hoy pero es mayo.
Cumple años pero cumple días.
Es Carmen y además mi amor.
Cumple años pero cumple inciertos.
Es hoy pero será mañana.
Cumple celebra como fiesta pagana.
Es Carmen con la ilusión de siempre.
Cumple sus protocolos de la felicidad.
Es hoy 9 de mayo de 2025.
Cumple años mientras cumple sueños.
Es Carmen con la vida por delante.
Cumple años de futuro y de pasado.
Es hoy cuando abraza la vida con su risa.
Cumple años sin parar de amar.

Amar
Amarlo todo
Amarlo siempre
Amarlo fuerte
Amarlo intenso
Amar la vida
Amar la risa
Amar la alegría
Amar la esperanza
Amar la pereza, incluso la pereza
Amarlo todo
Amar hasta la nada
Amar hasta la nausea
Amar su compañía
Amar su ausencia
Amar su cuerpo
Amar su generosidad
Amar su simpatía
Amar
Amarla
Amar el tiempo
Amar el espacio
Amar la entropía y la entalpía
Amar físicamente y también químicamente
Amar hasta la médula
Amar hasta la noche
Amar hasta la luna
Amar hasta la pena
Amar
Amarlo todo
Amarlo siempre
Amarlo fuerte
Amar
Amarlo
Amarla
Amar
Amar.

Aniversario

Hoy, Carmen y yo, estaremos (este futuro es bastante extraño) en Donosti celebrando nuestro 25 aniversario.

No sé exactamente dónde nos pillará (hoy 6 de septiembre de 2024) a las 21:00, hora en la que, oficialmente (jijiji) comenzamos a salir desde aquel encuentro en el Achuri.

Calculando en alguna de estas páginas web que saben hacer estas cosas sin reflexionar sobre el sentido de un año, de un día, de un segundo… obtengo los siguientes resultados de la diferencia entre esos dos momentos de mi vida:

789004800 segundos
13150080 minutos
219168 horas
9132 días
1304 semanas, 4 días
300 meses
25 años

Y me encantaría llegar a multiplicar todas estas cantidades por 2, pero teniendo en cuenta el calendario gregoriano en vigor, es poco probable que ocurra, pues 50 años no serán 2609 semanas y 1 día, sino tan sólo 2609 semanas.

24 años y sumando

Hoy hemos estado explorando una zona de Madrid que apenas habíamos pisado, allá por donde termina casi la línea 44 de autobús, que desde Callao nos ha llevado al parque Dehesa de la Villa.

Hemos desayunado en una cafetería deliciosa (el nombre lo indicaba, pero no me lo acababa de creer) llamada Madridelicia Bakery & Cafe.

Cierto es que hemos llegado bastante tarde porque esta noche hemos dormido poco y mal por culpa de las inclemencias del tiempo y el golpeteo pertinaz de la lluvia en la chapa que hace las veces de tejado en nuestro ático.

Después hemos recorrido el parque mencionado entre pinares o semejantes arbolitos de hoja acicular y encontrado este bello lugar en el que fotografiarnos bajo una placa que parecía hecha para nosotros: locos de amor y locos por la vida.

Hoy hemos cumplido (a las 21:00) 24 años juntos. Y he imaginado lo feliz que sería si pudiésemos seguir otros 24 años más.

ChatGPT y el deseo

Se habla de que chatgpt va a quitar puestos de trabajo y me preguntan, en casi cualquier evento de poesía que organizo, que si me siento amenazado y yo contesto que lo que hago esta relacionado con el deseo, no con la habilidad.

Nadie le pide a chatgpt que haga algo que desee hacer, sino aquellas tareas que no desea hacer. Como en el caso de la inmigración, en general no conozco a gente que quiera ir a limpiar casas o recoger uvas o… Salvo que sean inmigrantes que lo hacen por estricta necesidad.

Chatgpt nos obliga a ver nuestra realidad y asumir nuestras decisiones. También nos hará pensar en a qué llamamos creatividad (no orientada en el resultado, sino en la búsqueda, en el fracaso, más que en el éxito).

Incluso una persona bromeó con que le pediría a una IA que entretuviese a su pareja cuando ella esté deprimida… A lo que no puede evitar responder que yo jamás haría eso con mi pareja o me plantearía si deseo que sea mi pareja.

Quizá por eso aún no he probado las «inconmensurables» capacidades de las IA conversacionales o procesadoras del lenguaje humano: yo adoro hablar, adoro escribir… No quiero que lo hagan por mí, aunque lo haga «mejor». Yo no quiero perderme el acto de escribir, el proceso de pensar, de aprender, más que de saber.

No acabo de ver la utilidad a que me digan, mediante un algoritmo que por supuesto puede ser bienintencionado o cuando menos no malintencionado, qué música me apetece oír, cuando lo que me gusta es tener acceso a discografías, poder elegir un disco en concreto (que quien lo compuso por algo lo quiso así, aunque sólo fuese por cronología), perdiendo el tiempo en esa búsqueda más o menos inútil. Pero es que lo útil está sobrevalorado.

Puede que sea algo generacional. Estoy obsoleto. Lo sé. Quizá por eso mis últimos trabajos tratan sobre la impermanencia.

23 años juntos y felices

El martes pasado fue uno de esos día bonitos bonitos… aniversario con Carmen. Felices y contentos.

Aproveché que quería presentar una obra al Concurso VII Edición del Premio Libro de Artista Ciudad de Móstoles. Era la primera vez que presentaba algo a un concurso de estas características y creía que la pieza que he presentado es, al menos, premiable, gane o no gane nada.

Así que decidimos hacer una excursión a Móstoles para hacer algo ilusionante muy bien acompañado.

Una vez allí nos fuimos de visita a un museo (CA2M) a ver una expo de vídeodanza muy interesante y muy sugerente (me ha surgido una idea de nuevo proyecto a raíz de verla).

Tras darnos cuenta de las ventajas de vivir en el centro de Madrid (nos gusta la variedad a la hora de elegir un restaurante donde comer), nos decantamos por una terracita agradable de comida tradicional o convencional donde, eso sí, había un muy económico menú, un ambiente relajado y un trato estupendo.

Volvimos a Madrid-Principe Pío en autobús, que parece más turismo todavía ;-), para adentrarnos en el curioso mundo de los centros comerciales (a 26ºC) del que salimos sin hacer nada más.

Luego caminada y pijerío en otra terracita del Parque de Atenas, tomando un «aperolo» de esos naranjas que me hacen gracia por el color… y por último excursión oriental por la calle Leganitos disfrutando de descubrimientos magníficos como nuevos restaurantes chinos por conocer, o supermercados donde comprar cosas que no sabemos usar, pero que remiten a viajes exóticos (y a globalización).

Descubrir que al llegar a casa éramos tan felices como hace 23 años y que estábamos tan bien juntos como entonces (o más aún) fue el culmen de un día bonito bonito… de los que, por suerte, tengo varios al año.

Auriculares inalámbricos en todo lugar y en todo momento

En casa estamos (principalmente yo) con los auriculares puestos casi en todo momento, ya sea viendo algún programa de alguna plataforma de streaming, o viendo algún vídeo-tutorial de alguna herramienta tecnológica por conocer, o de divulgación científica o de historia, o incluso recetas de cocina.

Es una forma de no molestar en la convivencia a la pareja, pero extensivo a no incordiar al vecindario con alguna película de más o menos acción y ruidos extremos (que hace mucho que no veo).

Así que adquirí hace casi 2 años un soporte para colocar debajo de las mesas o debajo de alguna estantería y lo uso para sujetar ordenadamente los auriculares que están en el área del estudio de casa, donde tenemos Carmen y yo los ordenadores con los que hemos estado trabajando online este periodo confinado reciente.

Pero en el salón, al lado del sofá, quería tener un soporte semejante, pero hacérmelo yo, pues no es mucho más que un par de tablitas de contrachapado o madera fina, como es el caso, pintados con spray negro, unidos por un taco de madera de un par de centímetros. Todo ello encolado y con cinta de doble cara adherida a la estantería bajo la que se asienta.

Fue muy sencillito hacerlo y da cierto placer poder hacerse cosas como si fuese capaz de organizar mi propio autoconsumo.

Es de una ingenuidad desmedida creer que es así, pues hube de adquirir la cinta de doble cara, la cola blanca, el spray negro… y los auriculares. 😉

Otra de esas cositas de mi postureo ecologista.

¿Mansplaining?

Carmen expuso su primera conferencia el sábado pasado, 5 de junio de 2021 y lo hizo con soltura, en la Casa de Castilla La Mancha, un lugar con el que ella está bastante más emparentada de lo que le gusta admitir y sobre un tema que le interesó desde el primer momento: «La evolución del papel de la mujer en el Tango».

Yo estoy ayudándola con el formato y la estructura del contenido, pues ella no sabía ni por dónde empezar, lo que resulta bastante normal para alguien que no ha presentado algo así en su vida.

Y he de reconocer que se me colaban opiniones en el contenido, haciéndola, la presentación, algo más combativa, algo más feminista… y también me planteaba la cuestión permanente de si era yo quien debía intervenir en su aproximación o callarme aunque la presentación fuese menos feminista, pero estrictamente realizada por una mujer.

Al final es poco importante pues Carmen me agradeció mi ayuda y no sintió que mi intervención (por supuesto en la sombra) fuese impuesta. Espero que esto no se entienda como mansplainig…

Valquiria

Valquiria sin armazón
rota como la nocturna luz apagada,
tus labios morados hablan sin voz.

Mis labios mudos liban tus palabras
con ansia para abrazar un oblicuo hallazgo mutuo
y luchan por unas migajas saladas bajo tus ojos.

Nos abrazamos
y soy tu armazón por un minuto
duración aproximada para nudo carnal
optimista grito amoroso.

Somos una infusión pacífica
con ramas lindas
nadando una capa tras otra
arrimando los poros a los poros
hasta hundirnos uno
con otra.

Valquiria sin armazón
toda corazón
rima barata
copla bajo la manta
almohadas blandas
sin un final próximo a la vista.

Maravilla.
Amor infinito.
O casi.

Esto no es una broma