Ayer Mateo me enterneció

Mateo es un alumno al que doy clases desde hace años y a quien cada día tengo más cariño. Es una pena, me encariño con los alumnos sabiendo que si hago bien el trabajo, dejarán de ser mis alumnos. Pero es más penoso no encariñarse, así que opto por lo primero sin pensarlo dos veces. Y además, si se trata de gente a quien querría tener entre mis mejores amigos desde su más tierna infancia, mejor aún.

Ayer, después de decirme la semana pasada que lo iba a hacer, me presentó el trabajo que estaba preparando para su clase de audiovisuales: iba a hacer una presentación de la historia del cine en blanco y negro. Podía elegir cualquier tema: fútbol, la playstation, el skate… y ¡eligió el cine! ¡Y juro que yo no le influí en lo más mínimo!

Le puse de tareas encargarse de ver las siguientes películas para documentarse durante el fin de semana:

Llegada de un Tren a la Ciudad, de los hermanos Lumiere, 1895.

[youtube_sc url=http://youtu.be/tz_l8JDYXmc]

La primera película de ficción: Viaje a la Luna, de Georges Mélies, 1902.

[youtube_sc url=http://youtu.be/dxB2x9QzXb0]

El surrealista y sorprendente Perro Andalúz, de Buñuel, 1929.

[youtube_sc url=http://youtu.be/DREePfBA_ik]

Nosferatu, por el expresionismo, de Murnau, 1922.

[youtube_sc url=http://youtu.be/rcyzubFvBsA]

La lista no era exhaustiva, pero sí bastante representativa de un comienzo que quedaría truncado por la irrupción de la prosa prosaica… Quizá fui algo tendencioso, pero es inevitable en todo educador, así que es mejor asumirlo.

Y, después de vistas todas, lo que hizo como un buen amigo que es, casi diría, le pedí que viese también y para ayudarse a preparar el enfoque de lo que quería presentar, las películas más actuales sobre el tema:

Y también las vio.

Pero lo que realmente me enterneció, más allá de su presentación, que hizo en tres minutos delante de un cuadro del salón de su padre, con muchas ganas por mi parte de grabarle, fue lo que sucedió cuando seguimos estudiando estadística.

Leyendo sobre un tabla de pesos de bebés al nacer, le pregunté por la clase modal y me respondió que qué era eso y que si él había estado en la clase modal, es decir, la más «normal», aunque no es lo mismo, pero sin entrar en detalles de medidas de dispersión, me dijo: ¡No! ¡Yo no quiero ser normal!

Le habría abrazado en ese preciso instante. ¡Lo juro! Y no juro en vano.

Solo le respondí que no, que no se preocupase, que él era cualquier cosa, pero que nunca era ni sería normal… y que se lo tomase como un verdadero cumplido.

¡Cuánta empatía pude sentir!

Y pensar que mi sobrino y tantos otros, quieren ser normales como máxima aspiración de sus vidas… ¡ay!

Si como máxima es la media, esa función es casi constante… casi como la curva de un encefalograma plano… hummm… casi como si oliese a muerte.

¡Viva Mateo y los padres que le han parido/educado!

Es todo lo que puedo decir.

Ayer fue mi cumple

Este año no pensaba celebrarlo, pero Carmen me animó, me recordó que luego me gusta aprovechar el momento y ver a mis amigas (en femenino porque la estadística es apabullante) y encontrarme con gente a la que, en muchas ocasiones, veo menos de lo que deseo ver.

Es un día como otro cualquiera, me empeño en decir, es un día que no merece especial atención… pero al final acabo dedicándole especial atención siempre. Es un día en el que, si no hago nada de nada, acabo sintiéndome mal… o sea que no es verdad y no consigo convencerme. Para mí no es un día como otro cualquiera.

El sábado acabó siendo un día divertido en el que disfruté de Aída, María, Raúl, Fani, Lilian, Ayelén, Marta, Vera, Ana e Igor, algún acompañante… y la siempre adorable Carmen, mi Carmen que no es mía ni de dios ni de nadie… ni suya siquiera!

Lo pasé genial. Estuvimos en un bar de la calle tintoreros, en pleno barrio de La Latina, en el que por unos míseros 5 euros consigues 5 botellines presentados en un cubo con hielo con una ración a elegir. Comí mucho, bebí bastante, pero sobre todo reí y conversé en un entorno adorable. Espero repetir, pero también espero hacer encuentros con mis amigas más frecuentemente de lo que ahora lo hago.

Pero eso era el día 2… y ayer, día 3, fue mi cumpleaños.

En parte, lo que más me apetecía era estar absolutamente desconectado, aprovechando que era domingo, para unirme a Carmen en un día de caricias en el alma… también, pero al final estuvo siendo un día de conexiones a intervalos irregulares. Hummm…

Sí tengo claro que prefiero que mi cumpleaños caiga en día laborable… es algo más… ¿proletario? Ja! No. Pero me gusta pensar que es un día tan normal como para no parar de trabajar y vivir haciendo lo que tanto me gusta.

Por otro lado estaba facebook. Hoy he estado revisando los cientos de mensajes de amigos y conocidos que me han felicitado por ese medio, aparentemente frío, pero que también tiene su lado cálido. Sé que es casi protocolario, pero me gusta hacerme la ilusión de que es personal, de que hay un verdadero deseo de que sea más feliz… y esa «energía positiva» me llega, me hace ilusión… y si quieres, por ello, puedes llamarme iluso.

En resumen: ayer fue mi cumpleaños e intenté que no fuese más que un día normal, un día más… y llevo varios días pensando en ese día… o sea, cualquier cosa menos un día más.

Muchas gracias a quienes estuvieron. Muchas gracias a quienes quisieron estar y no pudieron. Muchas gracias a quienes me han felicitado por facebook, por sms, por email, por teléfono, por carta, por persona… Muchas gracias, en especial, a Carmen por animarme cuando estaba desanimado.

Os kiero!!!!

Hambre

El hambre en el mundo

Hoy Iñaki Gabilondo centraba su comentario del día en torno al Hambre en el Mundo. Da cifras (y letras). Es descorazonador, desgarrador, pero preclaro. Conecta esta situación con la que vivimos en la famosa crisis financiera, habla de la posibilidad de resolver este problema y de que está, por primera vez en la historia de la humanidad, a nuestro alcance.

Y sigue pareciéndome tan lúcido como cuando veía sus entrevistas políticas en CNN+. Antes de que el canal fuese sustituido por la emisión ininterrumpida del programa El gran hermano. Y no pasó nada. Entonces no pasó nada y ahora tampoco.

Me canso de los códigos del Tango y dejo de ir a las milongas; es algo que puedo hacer, porque nadie me obliga a vivir en ellas, pero ¿qué ocurre cuando me canso de vivir en un mundo con unos códigos, unas prioridades que, como dice Iñaki, parecen locura absoluta? ¿qué lugar hay para poder evadirse?

Mientras, cada día me horroriza más esta frivolidad con la que tratamos el tema manido de esta década: la crisis, una crisis que ni mucho menos es de subsistencia, sino más bien de niños pijos acostumbrados a tener de todo. Hemos luchado para conseguirlo, pero también cabría comenzar a recordar a base de qué lo mantenemos. ¿No es cierto que, en parte, este sistema necesita la desigualdad para generar incentivos? Es la bandera que se enarbola contra comunismos aparentemente trasnochados constantemente, como si fuesen el infierno de lo posible… Mientras, cada día vemos que este sistema (¿capitalista?) es un sistema diabólico, perverso, que se alimenta de nuestra sangre y nos obliga a alimentarnos de las sangres de otros, como si de una película de zombies se tratase o una de vampiros.

Siempre me dieron mucho miedo las películas de vampiros. Mi amiga Aída se ríe de mí cuando le cuento que no soy capaz de ver la película dirigida por Coppola sobre el más famoso de ellos. Pero lo que más me aterraba era que me pudiesen morder y, así, convertirme en uno de ellos, en un vampiro que necesitaría alimentarse de la sangre de los demás, convirtiéndolos a su vez en otros vampiros que se alimentasen de las sangres de otros… y así hasta ocupar el planeta completamente.

No me di cuenta de que yo ya era un vampiro, de que ya había sido mordido por otros que a su vez lo habían sido por otros… y que llevaba dentro de mí la necesidad de seguir perpetuando este sistema perverso para poder vivir, para poder pervivir.

Cuando leí Los Cantos de Maldoror, ese libro apasionante del Conde de Lautreamont, no pude evitar sentirme identificado, en lo más profundo de mi ser, con ese Maldoror vampiresco, pero con una angustia existencial y un sentimiento de soledad tan profundo como consciente de su carácter perverso irremediablemente. (Hoy día es posible que ese libro fuese censurado por la iglesia católica, pero esto y Krahe no vienen al caso en esta ocasión)

Ser antisistema dentro del sistema es tan absurdo…

alergia

alegría y alergia tienen las mismas letras
salvo por la pequeña diferencia de una tilde
y no se parecen en nada.

estoy harto de despertarme
como dijo mi amigo xabi
que ocurre después de los 40
preguntándome
¿qué me duele hoy?

hoy ha sido la alergia
ayer la tendinitis en el hombro
anteayer tuve la sensación de que sangraba el ano
y hace unos días
no podía caminar.

pero también estoy harto de quejarme
de estar harto…
como ya escribí hace unos días
y me parece tan aburrido este sentimiento
que no quiero compartirlo
aunque lo esté haciendo
justo ahora
ahora mismo
cuando he dejado de estornudar
y me he podido sentar delante del portátil
a escribir un rato en este blog absurdo
que no tiene más sentido
que hablar de lo que no tiene sentido
para nadie salvo
de cuando en cuando en cuando
para mí.

quizá por eso lo bauticé como diario
casi habría tenido que añadir
íntimo
al modo de aquellos viejos manuscritos
de autores que me encantan
como mi buen kierkegaard.

hoy voy a ver si consigo avanzar
con mi querido subgrupo ilirio
al que he desplazado de ser una rama
propia…

casi porque me ha dado la gana.

La teoría del abrigo

Hoy tenemos lavadora nueva porque se había estropeado la otra que ha tenido un tiempo de vida suficiente para una lavadora, algo así como 15 años… que son los años que llevo viviendo en esta casa.

Hoy tenemos horno microondas combinado con horno de convección convencional también, porque el otro estaba a punto de dejar rotundamente de funcionar, dando múltiples señales de deterioro: el plato no giraba, algún día ha saludo humo de un ventilador que, posiblemente, está estropeado… y hemos decidido hacer el cambio al mismo tiempo.

A punto hemos estado de tener que comprarnos una lámpara nueva (pero pudimos limpiar/arreglar la que tenemos) y de comprarnos una cocina de inducción, que son esas parecidas a las vitrocerámicas, pero rápidas y más eficaces, aunque peor para el tema de cacharros compatibles. Menos mal que no las fabrica Apple, que solo admitiría cazuelas con manzana.

Y ¿por qué todo a la vez? ¿Nos ha tocado la lotería?

La respuesta está en la Teoría del Abrigo.

Según una amiga que tuve, de quien no viene al caso hablar ahora, lo mejor cuando se tiene poco dinero o cuando se va a tener menos del que se tiene es comprarse un buen abrigo si se puede, porque es posible que después, cuando haga falta, no se pueda.

Es un consejo que ya seguí hace años, cuando dejé mi trabajo con nómina y seguridad económica, comprándome todo lo que creí que podía ir a hacerme falta en los próximos años y he vivido durante muchos de ellos agradecido a seguir en su día aquel consejo que me pertrechó para lo que estaba por venir.

Ahora vivimos un momento en el que lo que está por venir no es solo elección propia, sino coyuntural, pero eso no es óbice para que la teoría del abrigo siga teniendo vigencia: las cosas se van a poner peor que ahora, seguro, especialmente trabajando en el sector en el que Carmen y yo nos empeñamos en continuar, así que es buena idea hacer acopio de bienes que disminuyan la necesidad de adquirirlos en un futuro más inadecuado.

Así que sigo agradeciendo la enseñanza de la teoría y, estos próximos días, disfrutando de una sensación de opulencia palaciega inhabitual en nuestras vidas.

Fútbol, fútbol, fútbol

Entiendo el escape que puede resultar ser el gritar en un partido o que sentirse parte de un todo fabrica la fantasía de la tribu, recuerdo atávico.

Entiendo también la evasión que proporciona pensar en algo tan intrascendente como si fuera importante sustituyendo, por momentos, los miedos habituales.

Pero no puedo entender que tanta frustración no se analice
no se canalice
hacia algo más constructivo, algo creativo, que ayude a salir de la frustración de manera permanente y de la solidad en la que muchos parecen regodearse hasta el punto de dejar que domine sus vidas y se asumen esclavos incapaces de dirigir sus propios destinos.

fútbol y toros…

Pan Europeo

Pan Europeo

No sé si se refiere a un pan hecho en Europa, o un pan realizado por alguna deidad de ancestros inciertos o un pan con una vocación europeísta.

Cuando lo vi, lo primero que pensé fue en paneuropeísmo, que, según la wikipedia es «El nacionalismo europeo (también llamado europatriotismo o patriotismo europeo) es el nombre con el cual se define el movimiento político y la corriente de pensamiento que quiere una Europa unida en un solo estado.»

Pero me parecía exótico que un pan se usase a modo de panfleto político, afiche comestible, llamamiento a intentar definir una Europa unida y nacional… no sé si excluyente o incluyente, y, desde luego, pretendiendo ser influyente… aunque poco fluyente, seguramente.

Después, me di cuenta de que de un tiempo a esta parte es más común encontrar las etiquetas nacionalistas tras los productos de consumo, como si eso fuese un valor positivo en el producto: ¿es mejor el pan por ser europeo? ¿tiene los papeles en regla? ¿de qué parte de Europa, que no es ni una ni grande ni libre, es?

Y me sorprendí pensando en lo poco que «vende» el atributo global o mundial… salvo para hablar de males como esa crisis que ya nadie (con dos dedos de frente) tacha de española, europea, estadounidense, para hablar de ella como global.

Aunque, bien pensado, no están bien definidos los límites ni de esa globalidad pretendida, ni mucho menos Europa… y España se desdibuja, quiera quien quiera o no quiera quien no quiera… difuminándose las fronteras en un mar de interconexiones que me llevarían a pensar que la presentación de la información es cada día más compleja, más similar a la neuronal, reticular, pero además menos geométrica, menos simétrica, de mayor valor entrópico… y aquí me pierdo en elucubraciones que no vienen al caso, a partir de este pan cuya miga estaba en la bolsa que lo contenía.

Esto no es una broma