Educación Pública en Huelga

Estoy harto de hablar de educación pública y de sanidad pública.

Ahí radica el problema de fondo del porqué se dejan deteriorar, se comercializa con ellas, se desprestigian, etc.

¿Cuál sería el panorama si no existiese otra que la pública?

Para mí hay algo con lo que no se debería comercializar, que no debería ser manejado por un sector oportunista como lo es por naturaleza el mercadeo capitalista. Fue un avance social ingente lograr que la educación cubriese a la totalidad de la población de un país o que la educación tuviese una cobertura también completa, salvo algunos sectores nunca considerados de extrema necesidad, como la oftalmología o el cuidado dental.

Vale, asumamos unas limitaciones… vale, aceptemos que todo lo demás se compre y se venda… casi hasta los políticos… pero la educación y la sanidad deberían ser siempre públicos y exclusivamente públicos.

Aquí está el quid de la cuestión, la base del problema: mientras exista cohabitación entre lo público y lo privado, entre el bien público y el bien personal derivado del enriquecimiento de unos pocos a costa de algo que no debería ser rentable, sino beneficioso, estas prestaciones serán, como todas las demás, puestas en el juego peligroso de la especulación derivada de la adquisición y explotación de estos servicios básicos para el funcionamiento de una sociedad pretendidamente igualitaria

Mientras fomente la división de la sociedad en dos clases sociales de pudientes y no pudientes, lo que hará será fomentar una brecha que acabará generando conflictos inevitables y catastróficos, odios intrasociales, fragmentando a la población en los dueños y los adueñados, los amos y los esclavos, patricios y plebeyos, las castas que siglos de revoluciones sociales habían conseguido ir paliando seguirán siendo irreconciliables.

Está claro que se aducirá que la igualdad no es natural, que los seres humanos nunca han logrado la igualdad plena de oportunidades, pero lo que viene siendo habitual es que nos olvidemos, para lo que nos da la real gana, de que el ser humano vive de espaldas a lo natural en todo lo demás. También en esto, y no es necesariamente malo, tan solo es una prueba de que es un animal que genera un entorno demasiado sofisticado alrededor suyo como para dejarlo al libre fluir de su naturaleza: nos vestimos, viajamos en coches, llamamos con teléfonos, como si fuese natural… pero en lo referente a lo social, defendemos volver a una naturaleza, pretendidamente cruel y de la que nos libramos en cuanto nos hace la vida más incómoda.

Es mentira: no es natural al ser humano no buscar reducir la desigualdad social dentro de sus sociedades más o menos artificiales o culturales, es algo que se elige, que se elige como sociedad, pues estas se comportan como individuos más o menos conformados por células humanas más o menos unidas entre sí y que han ido encontrando su lugar especializado en estos cuerpos complejos que requieren un enmarañado manojo de relaciones intrasociales para mantenerse en pie.

Sí, se puede elegir otro modelo; sí, se puede apostar por una sociedad dividida en castas, sí, se puede fragmentar la sociedad en pudientes y no pudientes, en amos y esclavos…

Pero esta es la voluntad de los recortes en educación, en sanidad, no es ni más ni menos que la de privilegiar a los pudientes y desprivilegiar a los no pudientes. Se miente diciendo que de una casta se podrá pasar a otra, que después habrá igualdad de oportunidades, pero eso es una auténtica falacia que se cae por su propio peso en cuanto es analizada… por quien puede, y no quiere, claro.

Hay voraces tiburones a la espera de comerse el negocio que hemos pagado y puesto en pie a lo largo de décadas de pagos de impuestos que no serán devueltos, puesto que no es gratis, la educación y la sanidad públicas no son gratuitas, cuestan mucho dinero y se mantiene de tasas que, presuntamente, se reparten de manera solidaria y equitativa, pagándose proporcionalmente a la renta de cada cual (idealmente).

Se aduce que es necesario el efectivo que ahora mismo cuesta mantener esas prestaciones, pero se olvida que es dinero que se logra mediante impuestos directos que podrían incrementarse para lograr esa mayor cobertura, reduciendo lo que tendrían que pagar las clases pudientes por mantener segregados a sus hijos en caros colegios, pero se perdería la ventaja que obtienen de la propia segregación. Es un modelo que apostaría por reducir la brecha social… pero no se quiere hacer!

¿Qué pasaría si la educación privada y la sanidad privada no existiesen?

Si estuviese prohibido especular con estas materias, movimiento social que no se acabó de dar correctamente, nadie desearía que se desprestigiaran, nadie en absoluto. Si los hijos de los políticos, de los banqueros, de los monarcas, de los curas… se sentasen en las mismas aulas que los hijos de los informáticos, de los teleoperadores, de los obreros de la construcción, de los camareros (y todas sus correspondientes formas femeninas), todos desearían que fuesen de la más alta calidad.

Y aún así no existiría igualdad plena de oportunidades: yo doy clases particulares a pudientes, claro está que esto ya hace diferencias, pero además, sus puestos de trabajo serían más accesibles por los contactos de sus ancestros, pues el nepotismo es, casi, inevitable (al menos en un sistema económico que la necesita para su funcionamiento)… pero la brecha se reduciría, se potenciaría la solidaridad, como si fuese un valor no solo de salón, no solo para desgravar en la declaración de la renta…

E igualmente en sanidad, si el más alto mandatario tuviese que seguir los trámites que todos tenemos que seguir para ser tratados en la asistencia pública, desearía que fuesen los más livianos posibles y trataría de mejorarlos y jamás en reducir su calidad ni en desprestigiarla para que fuese materia deseada por los buitres carroñeros (con todo mi respeto para los buitres) de los especuladores que, una vez dirigiendo la prestación correspondiente (sanitaria o educacional), tienen como único interés su enriquecimiento personal.

No lo olvidemos: no es una cuestión de público o privado, sino de modelo igualitarista frente a modelo segregador.

Noticias

Leer las noticias
me causa una desazón
negra

siento un dolor de múltiples frentes
en la frente
en el hígado
en el estómago
en las manos
en las plantas de los pies
en el ano
en la nariz
en la cuenca de los ojos
en la punta de la polla
en las uñas
en la vagina que no tengo
en el abanico de almamentos
que no vendí
creyendo que vendía

leer noticias
no es bueno
no es muy bueno
no es malo
no es muy malo
pero me hace daño
y sentir
que estoy en una guerra con tantos frentes
que pierdo la perspectiva y disparo
disparo sin pararme a pensar
si lo que veo
es más o menos importante
que lo que no veo
y disparo
y disparo
y soy disparado
y salgo disparado
y dis
parado
parado
quedo
quedo
que
do
do
va

Unidades de medida

El abrazo: Unidad de la superficie que se transforma en volumen.

Un parpadeo: Mínima unidad de información desiderativa.

La llaga: Cantidad de dolor que puede quemar el olvido.

El semiverso:
Semiverso consonante, aquel subconjunto de consonantes del conjunto de letras que conforma el verso.
Semiverso vocal, aquel subconjunto de vocales del conjunto de letras que conforma el verso.

b-barra (con una barra tachando el rabito): espacio entre versos de un poema circular. Se mide en pausitas.

Ventana, M-20040216

Frente al Frío. Un silencio. Un estómago. La música de mis internas cañerías llora pidiendo justicia. ¿Os acordáis de aquellos que protagonizaron la historia?

Algunas veces gimo por carecer de una palabra que diga algo. Algo con sentido. Con un sentido para mi vida. Me obligo a escribir letras y letras una detrás de otra como si no pudiese hacer otra cosa cuando podría lanzarme a la cama a su lado y lamer su piel cálida con mis dedos a punto de estallar.

Este fin de semana, Mª Luisa salió 2 horas a la calle. Estuvo haciendo la compra y se encontró con su vieja amiga de la infancia. Agustina, que ahora es gorda (aunque siempre fue tendente a ello) y sin encanto, aunque en su risa o sonrisa aún perdure un resto ajado de coquetería…

Mueren los oligarcas de la tinta en la noche. ¿Crees que tiene algún sentido que escriba de esta manera?

Este texto será arrojado al fuego: me creeré, incluso, maldito o irreverente… cuando lo que soy sería tan triste revelarlo…

Ventana, M-20040212

Cada día se muestra distinto al anterior y al siguiente en algún detalle que nos permite comprender el significado del tiempo, de la vida, del arte, del hombre.

Podría fotografiar esa terraza cada mañana a la misma hora para llegar a la conclusión de que envejezco y moriré. Pero ¿por qué? ¿por qué moriré? No hay indicios y, sin embargo, lo creo. Otros han muerto, pero yo no, yo nunca he muerto. Morí es una de esas palabras que suenan fatal a costa de no haber sido oídas casi nunca, salvo que en relatos más o menos literarios.

Y es que, de la observación continuada de algo vivo, uno jamás llegaría a semejante conclusión (excepto dejando indefinidamente de observar, cosa que quizá propele adelante en este acto que, por tanto, guía mi vida, me vive, me devora el tiempo.

Mientras no compre
un cuaderno,
esto será una sucesión (absurda
de hojas sueltas

inconexas.

¿Compre? ¿He dicho «compre»? hummmm…. ¿qué me está pasando? Estoy relajando los músculos de la convicción.

17 prendas de tonos ocres, una rosa fondo en la hilera segunda, algunas azueles claras como la parte superior del cielo, del que son pobre reflejo.

Ventana, M-20040210

Vinieron de visita 3 amigos de Juan que acampan en cualquier parte. El sueño dejó un reguero de diamantes tras el que no poder dormir.

Sacaron a la luz a la cigüeña que habitaba en la cornisa y un grito espantó el alacrán que suele pastar como si fuese un herbívoro.

Las paredes están frías. Blancas y frías como lápidas. Dentro, han pasado una buena noche al calor de la leña convertida en agua. Sus mantas aún conservan el pelaje intacto de cuando las compraron en su viaje a Perú. Los altiplanos les parecieron de ensueño tanto por la población, encantadora, como por el abuso desmesurado de la naturaleza. En mitad de la noche, a las 3 de la madrugada, Juan se despertó y Maria Luisa estaba en la cocina preparándose un té que había comprado por la mañana en una tienda especializada. La dependienta era una niña prácticamente de menos de quince años. Rubia de pelo liso y largo, parecía de una suavidad que la venta de té era su mejor ocupación aparte de cuidar enfermes. No es de extrañar que quiera, de mayor, ser enfermera. El único problema es que habrá millares de personas deseando dejar su salud para encontrar ese sol en filamentos.

El problema del abusón

Sé que he escrito sobre este tema hace algún tiempo en el blog, pero no consigo encontrar la entrada en la que lo menciono. Hoy, hablando con mi querida amiga Susana, de quien valoro enormemente su opinión, le comentaba que tenía un tema no resuelto y que me abocaba a pensamientos que justificaban o, cuando menos, se mostraban comprensivos con la violencia y la resolución de problemas de violencia mediante el empleo de la misma.

Hablábamos de política, de cómo unos cuantos parecen estar imponiendo a los demás su dictado por la fuerza. Hablábamos de una posible élite de dirigentes del mundo en la sombra que hacen y deshacen a voluntad y de si había o no forma de evitarlo, revertirlo… Pero, de una manera simple, podía verse como lo que yo llamo «el problema del abusón»:

Una persona se cuela en una fila delante del lugar que ocupo y no está dispuesta a dialogar.

(Si estuviese dispuesta a dialogar, la cuestión sería argumental, casi incluso retórica. No entro en ese caso en esta ocasión: No está dispuesta a dialogar).

Opciones que veo como reacción a esa acción:

1.- Ponerse delante de esa persona. (Sin entrar a valorar que quizá con ello también me esté poniendo delante de otros que no habían vulnerado los derechos asumidos por mi ubicación). Sitúa el problema en:
1.1.- Vuelve a colarse (y entro en un bucle).
1.2.- No vuelve a colarse. ¿Se habría resuelto el problema?

2.- Recurrir a una autoridad que organice filas. Depositando en un tercero la capacidad para dirimir conflictos, algo en lo que se basa el contrato social, la fundación de estados de derecho y que, usado en demasía, lleva a eliminar la capacidad de los seres humanos para fomentar el diálogo (y la tolerancia) para afrontar la resolución de conflictos. En ausencia de esa autoridad reconocida por ambas partes, el problema permanece inalterado y volvemos a empezar.

3.- Dejar que lo resuelva la violencia.
3.1.- Suponer que soy más fuerte. Obligando a someterse a mis dictados. No me gusta someter.
3.2.- Suponer que no soy más fuerte. Someterse. No me gusta someterme.

(Los puntos 3.1 y 3.2, en principio, me parecen absolutamente equivalentes, simétricos, simplemente son las 2 caras de una misma moneda: resolverlo a ostias, donde gana el más fuerte físicamente… En resumen: una animalada incivilizada).

4.- Abandonar la fila y desistir de aquello que anhelaba lograr. Responsabilizando, en parte, a los organizadores de la fila de su falta de autoridad para dirimir problemas derivados de su estructura.

Aunque parezca increíble, no se me ocurren muchos más puntos. Como decía Susana, esto no es un indicativo de que no haya más soluciones, sino de que no las vemos. Estoy de acuerdo. Pero por más que las pienso, no se me ocurren y me angustia no tener una solución para un problema que parece estar bien definido.

Lanzaría un cuestionario en FaceBook a ver si alguien tiene alguna idea, pero tener que responder a todos los que responderán, así como temer que muchas de esas respuestas me puedan parecer tan desagradables como para romper alguna que otra relación, me desaniman de intentarlo.

Se lo preguntaré (enviando este texto por email) a algunos allegados…

Se cree que los elefantes sienten pena

¿Qué mejora evolutiva ha llevado a algunos animales, entro otros, los humanos, a sentir pena?

Hoy estaba viendo un documental sobre la fauna africana, en la que hablaban de la eterna historia de la supervivencia, en la que los depredadores depredan y los depredados sirven de alimento. Como humano, siento estar más cerca de los depredadores que de los depredados, pero es incorrecto, no soy ni uno ni otro. Debería ser recolector, debería ser racional consumidor de recursos. Eso es lo que nos ha permitido, para bien y/o para mal, crecer como especia hasta aniquilar tantas otras que da miedo pensarlo.

Sé que los elefantes tienen famosos cementerios, lo que indica una especie de comprensión del concepto de muerte, incluso, podríamos pensar en si existe una conciencia del ser, pero que además sientan pena por el fallecimiento de uno de su especie es algo más… ¿humano? Qué pocas palabras tenemos para expresar la ternura.

¿Por qué la pena? ¿qué avance como especie resulta de llorarle a un cadáver? ¿y la risa? Sé que Bergson escribió un aburridísimo tratado sobre la risa, que recuerdo con pavor, como una de las lecturas más áridas que haya leído nunca, pero no recuerdo haber encontrado un libro en el que se explique porqué la pena es buena para la especie. Seguro que lo hay, simplemente, aún no lo he encontrado, salvo manadas de poemas…

Hoy no quería escribir (hacer puente sanis(h)ídrico), pero no quería dejar de contar esta reflexión elefantiana en estos tiempos en los que los elefantes son noticia monárquica…

Ventana, M-20040209

Vine a ver como teñías de sangre el mantel y vi que no era un mantel sino un recuerdo.

Cuando los recuerdos lloran lo hacen con lágrimas de pez. Se funden en el agua circundante y, fuera, juegan con los sueños a sufrir.

Subí al autobús huyendo de aquel despacho loco con 2 camas grandes. Vienen todos los demás y me van a quitar mi huequito en el despacho más pequeño y me harán compartir espacio, sala, en ese enorme café convertido en dormitorio colectivo. No hay sitio donde guardar la medicación (mi). No quiero que sepan de mí. Tú no lo entiendes, ¿verdad, Maria Luisa? Viene directo a mí el señor Baquero con su cara de saberlo todo y me dice que claro, que aunque él llegara tarde ese era su sitio y yo le digo que en mi caso no es necesario, que puedo irme a casa a dormir cada día y él me mira con ojos incrédulos. Cuando los ojos del poder están incrédulos, estamos perdidos.

Bajo, después de encontrar a Jose Luis asumiendo su cama con 2 viejos en mal estado de salud física y mental, bajo a la calle buscando la parada de autobús y sube el mismo Luis Rodríguez y me habla de Telefónica y yo pienso… en cuánto pueda, he de huir. Me bajo detrás de una esquina y busco la forma de volver, ir a casa, pero encuentro un anillo que reclama una mujer desde el interior del autobús perdido en el lodo. Me acerco a la puerta y le doy, sin entrar, el anillo. Sé que la muerte está dentro.

Esto no es una broma