Una traducción larga de un artículo sobre Performance Art

Hoy, leyendo la crónica de performance art (arte de acción, como él siempre insiste en recordar) que realiza desde Oficina de Ideas Libres, Hilario Álvarez, me he encontrado yéndome a un blog del simpático e interesante Lee Wen en el que he leído el artículo siguiente. Lo he leído en inglés y me he decidido a, con mucha paciencia y algo de ayuda del traductor de Google (que no sirve de mucho en lenguajes técnicos, pero algo es algo), traducir el texto íntegro del artículo, lo que puede llevarme más de una hora de trabajo no remunerado… ¡qué divertido!

Esto debe ser eso del amor al arte

El artículo completo en inglés puede ser leído aquí.

Cambios de individualismo

Individuos en sociedad, Sociedad de los individuos

En la última sesión de ‘Future of Imagination 6‘ (FOI6) «Black Market International (BMI) fueron invitados a presentar una performance colectiva en el último día, después de cuatro noches de performances en solitario (1) Empecé a trabajar con BMI en 1999 en un punto de transición en que fue pasando por algunos cambios en el número de sus miembros antes de la actual de 12 artistas. Desde su creación en 1986, BMI había ganado una reputación respetada por constantemente dar destellos sorprendentes de sinergia espontánea en performances colectivas irrepetibles específicas del sitio, basadas en el tiempo . Procedentes de diferentes orígenes y a partir de artistas con trabajos en solitario detrás de cada uno de los miembros , la oportunidad de trabajar juntos en diferentes posibilidades con frecuencia alterna entre el de la colaboración en diálogos productivos y una disputa infértil

Es cierto que no todas las actuaciones funcionaron tan bien como algunas en la larga carrera de BMI. Sin embargo, es difícil determinar dónde está el problema o la razón para el éxito, como todos los 12 de nosotros rara vez estuvimos de acuerdo en cómo o por qué una performance fue buena o mala. Las condiciones del espacio, los materiales, el público, el tiempo, contribuyeron al resultado de cada manifestación y no sólo depende de los artistas.

Pero una cosa que cualquiera que haya visto las actuaciones BMI puede apreciar es cómo algunos de nosotros podemos trabajar o jugar en dúos o tríos o pequeños grupos de cuatro o cinco y al mismo tiempo realizar acciones en solitario. Estas pequeñas oportunidades de encuentros, de alguna manera, son imágenes de cómo los individuos, todos de fuerte carácter, son capaces de bajar la guardia de las intenciones individualistas y llevar a cabo una apertura hacia fuera, hacia otros centros de toma de decisiones en el proceso de iniciativas creativas. Al disolverse también las membranas de la posesión, se corre el riesgo de terminar en luchas internas y disputas de propiedad e incluso, la ruptura de la colaboración.

Lenguaje del individualismo

La aceptación oficial y la representación del arte conceptual y arte de la performance en los museos, bienales o incluso (a pesar de su anterior motivación de desmaterialización de arte) acomodándose en el mercado del arte, no se traduce fácilmente a la aceptación general y la comprensión en la sociedad contemporánea. Los no iniciados en el arte del performance todavía la etiquetan con la noción equivocada de práctica individualista basado en egos tremendos que tienen una conversación privada consigo mismos o que sólo un grupo estoérico puede entender.

La sociedad contemporánea permite una mayor libertad de elección que conduce a un mayor individualismo. Comparativamente en la historia, el comportamiento social tiende a conformar unos valores y normas tradicionales hasta los tiempos modernos. La especialización de la estructura económica, provocada por la industrialización del capitalismo y el trabajo motivado por los beneficios, puede habernos alejado de un trabajo significativo llevándonos a tareas repetitivas y aburridas, al mismo tiempo, nos propele a atenernos a la conducta social imperante en nuestra necesidad con sus tradicionales creencias y costumbres.

La performance es una forma efectiva de representación en nuestro tiempo y sólo pudo haber llegado a ser prominente en nuestra era de exacerbado individualismo. Sin embargo, seguramente no tiene por qué alcanzar los grados donde el egoísmo alcanza el nihilismo y la alienación. Los excesos del egoísmo simple no explicaría cómo las artes escénicas y los profesionales son capaces de trabajar en colaboraciones de diferentes tipos. Durante los últimos 30 años parece que hay también una creciente red internacional de artistas de performance organizando y actuando en diferentes rincones del mundo. A pesar de los contratiempos, debido a cambios económicos o sociales, así como las dificultades personales, debido a las locuras humanas, o las decisiones de una mala gestión, las prácticas de arte de performance continúan aumentando sin cesar.

Muchos artistas han descubierto que trabajar en dúos, tríos o más colaboradores, podría inspirar una dinámica diferente que también proporciona la oportunidad de generar nuevas relaciones, sinergias o gestalt. Y proporciona un chequeo de la realidad en busca de excesos egoístas y relaciones con los otros revierten las tendencias egotistas que pueden desembocar en prácticas en solitario auto indulgentes. La performance puede ser un lenguaje del individualismo, pero no necesita ser egocéntrico o manifestarse sólo como presentaciones en solitario. Al contrario, puede tener mucho que contribuir a la expansión de las interacciones multi-culturales en una sociedad en evolución debido a migraciones y la complejidad creciente de la globalización.

Autenticidad y Audiencias

En las muchas definiciones de performance art, la de razón más común para su existencia insistente y continua relevancia parece abogar por algo «improvisado, imprevisto, sin dirección, sin ensayos» y, por lo tanto, algo que desafía cualquier definición razonable ofrecida. La afirmación de que el arte del performance es la último bastión capaz de expresar la verdad con la originalidad y la autenticidad más próxima a la vida real que el teatro artificial, ofrece una plataforma a prueba de tontos de la libertad, o de diferenciarse de los que muchos que lo intentaron ilusoriamente mediante las payasadas de teatro y de la imitación dramática de la vida.

Los performers, de hecho, son igualmente culpables de participar en manifestaciones teatrales durante el ejercicio de sus acciones. Estén o no mínimamente más cerca de situaciones de la vida real como el de «estética relacional» o «happenings». Por no hablar de las espectaculares imágenes separadas de la vida o exageradas en exceso a lo absurdo, ya ensayado o no, y que cruzan el umbral de lo teatral. Con el tiempo, estos exabruptos también están perdiendo la capacidad de sorprender o conmover al público de hoy. Un público que se ha endurecido y sobre-entretenido por las películas, la televisión o Internet y que está menos dispuestos a suspender la incredulidad y tiene mayores expectativas.

Otra razón para el estado menopáusico de la performance puede ser el resultado de una sospecha cínica general de jugar a «El traje nuevo del emperador», o «el elefante en la sala» con imaginación en lugar de autenticidad objetiva como se pretendía. Eso explica el porqué los medios de comunicación repiten habitualmente su ‘Pero, ¿esto es arte?’, sin aportar nada nuevo en arte conceptual o performance con respecto a lo que se considera que es la percepción de «el hombre de la calle». Al mismo tiempo, las presentaciones en exposiciones, en galerías y festivales también tienen su equipaje de autenticidad contaminada sobre un pedestal o alejada de la vida real.

Sin embargo, estas opiniones son como mirar a los árboles del bosque, a menudo la cuestión de la autenticidad es un flujo de doble vía entre la del actor y el que percibe, más allá de todas las explicaciones teóricas ofrecidas en torno a teatro y performance. El grado de artificio puede ser mínimo en comparación con el teatro convencional, sin embargo, una vez que un artista toma una posición de actuar de una manera que se ve fuera de las expectativas normales, uno no puede dejar de mirarlo como el teatro. Lo que encontramos auténtico en una performance mientras que en otra vemos un drama exagerado, inequívocamente implica una empatía con la acción en cuestión. Para alcanzar una comunicación total, no sólo se requiere un cierto nivel de comprensión en el lenguaje de las artes escénicas, sino también hay una necesidad de confianza en relación al diálogo que se trasluce más allá de la objetividad. Esto no requiere una mistificación o elevar el arte de la performance por encima de los demás medios o formas de arte. Autenticidad ha sido el santo grial de todas las manifestaciones culturales en la historia humana. Lo que cualquier artista de performance o cualquier artista contemporáneo puede reclamar es si su trabajo es relevante para su contemporaneidad y si es lo suficientemente bueno como para merecer nuestra apreciación.

El público de hoy está mejor informado y si, alguna vez, la mitad de la audiencia realmente tiene una tendencia a no seguir una performance y rechazan salir a formar parte de una acción, lo que hace es que confirma la autenticidad de este tipo de audiencia en relación con la sociedad en general. En el educado ‘público de arte’, normalmente, suele haber una fracción principal de la población, de modo que si les gusto y entienden dicha actuación yo sospecho que es un público educado representativa de la población de la sociedad en la realidad. Una vez más la dicotomía entre el público en general a la de una masa de público de entendidos en arte plantea la comparación de la percepción de autenticidad entre un público educado y el público en general variable.

Basada en el tiempo y en el lugar

In performances of collaborations, the time frame somehow changes, as well as the use of space offered for being taken up by two autonomous bodies that have to share the space as well as the divided attention of an audience. Not only in terms of the material, time and space but also one has to consider an individualistic language that may be created on the moment of performance. I for one am still a sucker to the belief in its possibility of spontaneity (although admittedly in skeptical suspicion it is not commonly practiced) and seek out performance art excellence by way of creating opportunities of risking for the sake of the unexpected surfacing of truth and authenticity.7Given the fact of spontaneity for one of the actors wherein almost likens to creating language on the spot or at the moment of presentation. The other one is additionally watching, if not also learning in terms of the other actor also teaching himself the other’s spontaneous language formation.
En accciones colaborativas, el marco temporal, de alguna manera, cambia, así como el uso de los espacios ofrecidos para que dos cuerpos autónomos que tienen que compartir el espacio así como la acción del público. No sólo en términos de material, tiempo y espacio, sino también hay que tener en cuenta un lenguaje individualista, que puede crearse durante la performance. Por mi parte, sigo siendo un iluso en la creencia en la posibilidad de espontaneidad (aunque admitiendo que en una sospecha escéptica que no es una práctica común) y busco la excelencia de la performance a través de crear oportunidades en las que arriesgarse en aras de contextos inesperados auténticos. Asumo que el hecho de tomar la espontaneidad como uno de factores en juego equipara a la creación de lenguaje en el mismo lugar o momento de la performance. El otro está además de mirando, si no también aprendiendo en términos del otro actuante, también enseñándole al otro la formación espontánea del lenguaje.

El tiempo puede ser experimentado de manera diferente en relación con el movimiento y las acciones de un actuante y cambia in situ a otros movimientos y otras acciones en el mismo sitio y el espacio. Por lo tanto, uno también puede especular sobre cómo una performance puede ser experimentada de manera diferente cuando ocurre en un teatro, galería de arte, en el interior, al aire libre, estadios deportivos o en el campo.

Cambios en la colaboración. Concentrado y descentrado.

Después de presentar BMI en el programa del año pasado, es oportuno que Future of Imagination 7 se centre en dúos y tríos como seguimiento. Tradicionalmente, el individualismo puede ser suprimido y dejar de ser tenido como algo demasiado excepcional como se deduce de los idiomas chino común, cuando uno no se recomienda ser «un camello en la pluma de una oveja» o «el clavo que sobresale será bien clavado». Nuestra sociedad celebra la libertad de elección y como si para que la sociedad crezca fuese necesario inculcar en los individuos fuertes mediante interacciones creativas. Con el fin de crecer y dar frutos fértiles, las interacciones de doble o múltiple creando significado social, requerirían reuniones periódicas con el fin de explorar a través de muchas permutaciones posibles de colaboración entre individuos de diferentes cuerpos físicos, género, orientación sexual, temperamento, antecedentes sociales y culturales. No se trata de experimentos en tanto al descubrimiento de diversas posibilidades y manifestaciones de la práctica individualista, sino también de ampliar nuestras necesidades humanas creativas que la pongan la atención en servir a los otros.

En muchas maneras, trabajar en dúos o más está exigiendo un marco diferente de los principios sociales en comparación con la actuación en solitario. Como las interpretaciones sociológicas se ve que una persona puede actuar como individuo en en una única y personal característica, pero teniendo en cuenta la presencia de otro, surge una nueva dinámica en la de un comportamiento recíproco en respuesta a la presencia del otro lo que contribuye al desarrollo de una sociedad mayor. Por lo tanto, la presencia de hecho de dos en la performance en dúo, si uno no deja de lado el punto de vista del público, resultaría en un triángulo en que el intercambio tiene lugar. El asunto del «triángulo» jugó aquí no solo la implicación de los dos o tres performers, sino también la participación del público asistente.

Ver una performance en solitario durante media hora o más de un artista a veces resulta en una acción oscura que puede parecer bastante difícil de entender para según qué público. ¿Cómo vamos a esperar que se entienda ver a dos o tres de ellos a la vez? Alastair MacLennan utiliza el término «des-concentración» para describir cómo los artistas en el BMI dispersan nuestra concentración que abarca lo de fuera pero, simultáneamente, sin perder el foco, extendiéndola así hacia un número de centros humanos que pueden estar trabajando en esa performance. Desde la desconcentración del artista en concierto, gracias a un público atento es, posiblemente, como algunas acciones puedan regresar a la magia en el ritual, el teatro y el anhelo de autenticidad que todos buscamos.

Artículo completo (y notas bibliográficas) en:
http://republicofdaydreams.wordpress.com/2011/11/14/permutations-of-individualism/.

Seguro que la traducción es muy mejorable. No soy traductor y he querido, simplemente, ser lo más fiel (en ocasiones literal) al texto de Lee Wen. Espero que se aprecie el trabajo y quien desee hacerlo mejor, ya sabe dónde puede afrontarlo.

¿Traducir es crear?
Me lo apunto para otra ocasión.

hoy he soñado que me casaba

y me casaba por la iglesia
y venía toda la familia
por parte de mi padre
porque la parte de mi madre
está mermada (sin entrar en detalles
esto es mera especulación
interpretativa)
pero lo más gracioso
es que me casaba solo
sin nadie con quien casarme
porque quería desafiar a la iglesia
y el cura
un cura de pueblo anciano
canoso alto y enjuto
no entendía por qué me casaba
y mi familia
o la de mi padre para ser más exactos
no entendía por qué me casaba
ni para qué
y yo no tenía ganas de explicarles
que quería dar
a entender que una familia
también podía ser una persona

mi amiga aída estaba en la ceremonia
porque se había encargado
de la música de sala
y los demás se fueron
a tomar algo al pueblo
mientras llegaba en cura
y me casaba conmigo mismo
y yo caía al suelo
vestido de blanco
de bruces
con los brazos en cruz
pero poco simétricamente situado
quedaba esperando
en la losa fría
que llegase
mi familia
o la de mi padre
a meterme dentro de ella
(supongo
interpretando
otra vez)

tras su vuelta
teníamos que irnos
(quizá
interpretando
a celebrar)
y cogía un coche
cuyo modelo no puedo recordar
(aunque no sé si recuerdo es una buena palabra para referirse a un sueño)
pero los cristales estaban
empañados
porque hacía mucho frío
fuera
y se había escarchado
el aire

me apremiaban
desde otros coches que estaban detrás de mí
a que me pusiese en marcha
así que encendí los limpiaparabrisas
y arañado un poco el cristal frontal
me puse en marcha
aunque casi no pudiese ver

un camión
con todas sus luces alumbrándome
chocó con mi lateral izquierdo
justo antes de que entrase
en un maizal
porque me había detenido
un poco adelantado
a la señal de stop
que
obviamente
no vi

los demás coches
siguieron su camino
por la carretera
que había quedado atrás
en la bifurcación
y que yo no había tomado

hoy he soñado
posiblemente
que moría

Los tecnócratas en Italia

He oído ya varias veces que en Italia ha habido un cambio de gobierno y que ahora el país es gobernado por técnicos en contraposición a políticos.

No me gusta la forma en que ha ocurrido, pero haría una aclaración o lanzaría una pregunta ¿Berlusconi era un político?

Para mí, ese señor es un empresario que consiguió tener el aparato mediático tan importante como para convencer al electorado repetidamente, haciéndole creer que era la única opción viable para el gobierno del país. Ese señor era poco más que un dictador camuflado de elección, como lo fue Franco quien llevó a cabo algún que otro referendum tras crear la Ley de Referendum dos años antes:

Ley de Referéndum de 1945
(22 de octubre de 1945)

Abierta para todos los españoles su colaboración en las tareas del Estado a través de los organismos naturales, constituidos por la familia, el municipio y el sindicato, y promulgadas las Leyes básicas que han de dar nueva vida y mayor espontaneidad a las representaciones dentro de un régimen de cristiana convivencia, con el fin de garantizar a la Nación contra el desvío que la historia política de los pueblos viene registrando de que en los asuntos de mayor trascendencia o interés pública, la voluntad de la Nación pueda ser suplantada por el juicio subjetivo de sus mandatarios; esta Jefatura del Estado, en uso de las facultades que le reservan las Leyes de 30 de enero de 1938 y 8 de agosto de 1939, ha creído conveniente instituir la consulta directa a la Nación en referéndum público en todos aquellos casos en que, por la trascendencia de las leyes o incertidumbres en la opinión, el Jefe del Estado estime la oportunidad y conveniencia de esta consulta.

En su virtud, dispongo:

  • Artículo 1.- Cuando la trascendencia de determinadas Leyes lo aconsejen o el interés público lo demande, podrá el Jefe del Estado, para mejor servicio de la Nación, someter a referéndum los proyectos de Leyes elaborados por las Cortes.
  • Artículo 2.- El referéndum se llevará a cabo entre todos los hombres y mujeres de la Nación mayores de veintiún años.
  • Artículo 3.- Se autoriza al Gobierno para dictar las disposiciones complementarias conducentes a la formación del censo y ejecución de la presente Ley.

Y ahora nos hablan de pérdida de democracia. Pero en España nunca hemos tenido una verdadera democracia. Esto es así. Nunca hemos podido plantear cuestiones básicas como la monarquía, la religión o la naturaleza más o menos unitaria del estado centralista. Es decir, los tres pilares de la escasa ideología franquista siguen en pie como en 1945.

Adornos, eso sí, tenemos más adornos.

E Italia… bueno, más de lo mismo, pero en su caso involucionaron, yendo a caer en manos de ese señor como antaño lo había hecho Alemania en 1932, también eligiendo «democráticamente» a Adolf Hitler. Quien se encargó rápidamente de deshacer cualquier atisbo de oposición, de crear una opinión única, de personalizar el poder en un único amo y señor del destino alemán. Como Berlusconi en Italia.

Pero las cosas han evolucionado hasta el punto de que ya se sabe que no es buena idea gobernar desde la visibilidad, que es más interesante hacerlo desde las bambalinas, y el señor del que hablo, ese tal Berlusconi, lo seguirá haciendo, pues su emporio mediático, su poder económico no ha sido mermado en absoluto. Pronto podremos apreciarlo.

Y en cuanto a lo del gobierno tecnócrata frente al gobierno político…

Prefiero un gobierno «político», pero las candidaturas que se presentan con opción a ganar las elecciones, presentan un programa técnico, gestor, que, sin embargo, van a poner en práctica políticos al frente. La verdad es que con programas de este tipo, prefiero técnicos al frente.

Lo que desearía son programas teñidos de ideas, de ideologías (aunque esta palabra esté tan mal vista que ha llevado a esta situación), de promesas socio-económicas y visión largoplacista, quiero que me digan qué harían si tuvieran 40 años, quiero que me digan cómo desearían que fuese el mundo… no quiero que me digan qué parche van a aplicar para resolver un problema puntual. Para eso, contrato un técnico…

hummmm…..
Malos tiempos para la libertad.

La tilde diacrítica

Está claro que todos cometemos errores, pero cuando son excesivos acaban por agotar.

Habré escrito con alguna falta de ortografía, claro está (que es como está claro, pero al revés), pero cometer más de 20 errores en una página de una novela considerada finalista de un concurso literario es algo que debería ser inconcebible.

Antes que nada, quiero añadir un enlace a una página que aclarará dudas a quienes, como yo en ocasiones, las tenga y le preocupen: Reglas de acentuación de tilde diacrítica.

diacrítico, ca. (Del gr. que distingue). 1. adj. Dicho de un signo ortográfico: Que sirve para dar a una letra o a una palabra algún valor distintivo. El adverbio más lleva acento diacrítico frente a la conjunción mas.

He empezado a leer una novela de un alumno que está en mis talleres de poesía y que escribió mucho antes de incorporarse a mis talleres (sirva esto como descargo personal) y es interesante, algo densa, pero original y sugerente, dan ganas de seguir leyendo y esto, ya de por sí, es todo un mérito.

Pero cada día llevo peor encontrarme con tanta falta de respeto al lenguaje, pero una falta de respeto por ignorancia, por falta de conciencia, por dejadez. Es tolerable (poco) cuando se trata de alguien que no desea reconocerse escritor, pero que un escritor no tenga la curiosidad de saber si lo que ha escrito está correctamente plasmado en el código que desea utilizar es algo que no puedo entender.

No me molesta ni me irrita en absoluto quien desea denunciar la rigidez del código, la innecesaria dictadura de la gramática, quien quiera poner en cuestión la necesidad de unas reglas arbitrarias y consensuadas, porque detrás de ello existe una voluntad de atacar ese consenso social, ese arbitrio de reales academias que se erigen en garantes de una forma de expresión, de un código, que debería ser popular, wikipediado, casi.

Pero en estos casos se aprecia la intención, la voluntad del creador, del escritor, mientras que en otras ocasiones, como la que me ocupa, se ve la falta de voluntad del mismo. Y, para mí, un escritor lo es en base a su voluntad: es lo único que le confiere la condición de tal. Y esa voluntad ha de ser consciente, debe saber valorar el código que utiliza, incluso para destruirlo o atacarlo intencionadamente como muy bien hacen los maravillosos Paul Celan o e.e.cummings, entre otros.

Deseo suponer que el error está (porque también lo está) en el editor, esa figura que, en este caso, parece haberse desentendido del proceso de generación de un objeto libro (en papel o electrónico daría lo mismo) demostrando su dejadez o su ignorancia en esa sucesión de faltas ortográficas principalmente derivadas de ausencias de signos diacríticos como en «para mi mismo» o «contarle a usted el por qué».

Son faltas que no detecta un procesador de texto, son faltas que requieren una lectura concienzuda y cierto nivel de conocimiento de las reglas gramaticales y ortográficas, pero es lo mínimo que le pido a alguien que desea dedicarse a la escritura. No que ya tenga estos conocimientos, sino que tenga la voluntad de adquirirlos y sea consciente de lo conveniente de una revisión pericial.

Ya hablé de la ortografía hace meses y de lo que cuesta convencer a mi querido Mateo (ya en segundo de la ESO) de que le conviene y es útil hablar y escribir con propiedad, cuidando las formas, pero él parece que va aceptándolo y aprendiendo las reglas del juego que nos permiten jugar juntos a esto que llamamos comunicación.

Y, en otro artículo, también mencioné la importancia social o significante que tiene el descuido de estas formas, la dejadez que denota lo poco que cuidamos nuestro medio ambiente intelectual. No quiero seguir insistiendo. Me cansa hablar de ortografía, defenderla casi con uñas y dientes para no dejar morir la principal convención que tenemos: el lenguaje.

Cómo recorrer 3/4 partes de Toledo solo y durmiendo al aire libre (IV)

Continuación de Cómo recorrer 3/4 partes de Toledo solo y durmiendo al aire libre (III).

Fue entonces cuando tropecé con una bonita rubia platino de unos dieciocho años (yo entonces tenía 18). No pude por menos que parar y preguntarle algo; no se me ocurría nada y ella seguía allí, sentada, mirándome. Por fin le dije que si iba bien para Talavera y me dijo con una voz dulce y agradable: «Sí, pero hay más de doce kilómetros» a lo que respondí que no me importaba y que tenía tiempo, además, siempre podía darse el caso de que me cogieran. «Yo lo digo – dijo – porque debe de estar a punto de venir un autobús para Talavera».

Aquello me convenció de la estupidez de seguir haciendo el camino por métodos demasiado antiguos. Me senté a su lado a esperar el autobús que ella también estaba esperando y comenzamos a charlar.

Yo no paraba de hablar, le contaba cosas, mis aventuras y poco a poco mi forma de ser y mi vida, tranquilamente, como si la conociese de toda la vida. Ella también me contó sus ilusiones, sus aficiones y gustos, me hablaba… nos hablábamos como si quisiéramos conocernos.

Estaba doblemente contrariado y sorprendido, en primer lugar porque, como ella, Helena, podría comprender, me extrañaba hablar como lo hacía, sin ser obligado a ello, con confianza y sinceridad; segundo, estaba empezando a creer que me estaba enamorando de ella. Me asustaba pensar que solo estuviese viendo una forma de olvidar a Helena, sobre todo porque si solo fuese eso me daría rabia y pena, por no ser capaz de olvidarla.

Habíamos cogido el autobús y, tras un ajetreado viajecito, macuto arriba, macuto abajo, llegamos a Talavera.

No había decidido aún que hacer. Me hubiera gustado ir a visitar a mis tíos en Talavera, haber pasado allí un par de días, pero mis padres habrían sabido y no quería que pudieran enterarse.

Desorientado, pero sintiéndome cómodo con ella, casi podría decir que feliz, la seguí y juntos paseamos desde la estación de autobuses a su portal. Allí nos detuvimos y ella, antes de que yo le dijese si iba o no a marcharme a casa, me dijo dónde solía ir por las tardes y, si quería, allí podría encontrarla.

Comencé a creer lo que me había querido atrever a pensar, a sospechar que yo, sí, yo, le gustaba a aquella preciosa desconocida…

Quizá no tan desconocida después de aquella tarde juntos. A decir verdad, yo no sabía qué contestar; no tenía idea de si quería o no irme y aquellas indirectas insinuantes conseguían que quisiese quedarme, pero, por otro lado… bueno, realmente aún (1 mes después) no sé porqué, empecé a dudar de lo que podía parecer evidente, de que yo le gustaba y puse otros mil impedimentos, prácticamente ninguno de ellos con fundamento lógico, para quedarme; empecé a querer irme y, como digo, todavía no sé porque no me quise quedar.

Cada vez que he pensado y recordado mi acampada, me arrepiento de no haberme quedado aquella noche en Talavera (incluso hoy, 26 años después).

Ha llovido mucho desde aquellas cortas vacaciones; desde que dejé, a medio terminar (medio empezar), mi fugaz diario, mas aún recuerdo con exagerada exactitud los más nimios detalles de mi desventurada aventura.

Así, por ejemplo, que Susana me acompañó a la estación de tren, la cual estaba al final de su calle, como esperándome, eso sí, sin tren alguno hasta horas después.

Se levantó el viento de su siesta vespertina y las rachas violentas movían la arena generando polvo en el aire.

Susana marchó a su casa atravesando aquel huracanado panorama, diciéndome que me esperaría esa noche.

Entré, sin mirar atrás, en la estación, topándome con un noruego que intentaba hacerse entender por el encargado de la taquilla de los billetes. Hablaba en inglés y aquel no descifraba ni palabra. Me acerqué y reconocí al extranjero como un acompañante de mi viaje en autobús de Toledo a Cazalegas; bueno, como supe después, él había seguido hasta Talavera.

Yo creía, y no me equivocaba, comprender lo que quería saber el nórdico y se lo traduje, previa autorización y un afable saludo, pues él también me había reconocido, al histérico ferroviario desagradable que no hacía caso alguno a mi desventurado e improvisado amigo (es curioso como, a veces, una casualidad crea una amistad y, otras, ni mil coincidencias son suficientes). Por ello conseguí que me prestase atención y los horarios y precios de trenes para Lisboa. El primer tren pasaba a la mañana siguiente y aquel turista había de pasar la noche allí, en un banco.

En un banco, nos sentamos y empezamos a charlar, claro, en inglés. Ni él ni yo hablábamos inglés perfectamente. Él mejor que yo, todo sea dicho, por lo que nos entendíamos bastante bien pues buscábamos las formas más sencillas de decir las cosas.

Llevaba ni más ni menos que tres meses de acampada por Europa y había estado en más de diez países. Vivía en la costa más septentrional de su país, lo que atrajo poderosamente mi curiosidad. Por los mapas, conocía algo de aquella zona polar y comencé a preguntarle ávido de respuestas que me parecían apasionantes.

Los días y las noches, que duran allí como unos dos meses, no son tal y como los entendemos los latinos, no existía la claridad de un sol resplandeciente ni en verano, ni la oscuridad romántica y envolvente de la noche nuestra, me contaba. Solo había una clarioscuridad blanquecina y un sol apagado que se bañaba en el horizonte.

Al tiempo, yo le hablaba del júbilo de una fiesta trasnochadora en el cálido verano, donde se podían contar las estrellas por miles. El trasiego de gentes, el griterío, la ?úsica, la poesía, el amor ante la luna llena… Helena, sí, le hablé de Helena también.

El olor pesado y agotador a tierra mojada antes de la tormenta y, cómo no, de que aquello que más envidian, el sol, el rey de los astros cuya luz produce quemaduras como tributo por vivir, causa deslumbramientos incluso sin mirarlo y que hace vibrar el aire en ondas armoniosas, hace brillar el agua de un estanque y rebota intenso en la cal blanca de los pueblos blancos de Andalucía….

En fin, que se me subió a la cabeza el espíritu patrio enalteciéndolo todo, incluso los defectos tachándolos de originalidades.

Nuestra grata conversación se extendió hasta que la llegada de un tren para Madrid la puso límite y yo me embarqué llevándome su amistosa y, en parte, agradecida despedida.

El viaje transcurrió, que yo recuerde, aburrido y monótono; largo, parecía interminable como si quisiese llegar, pero no era así… ¿o sí?

Lloré por alejarme o acercarme o quizá fue otra la causa. Me sentía solo, más solo que hasta entonces; triste y humillado, vencido, no cansado, por todo contra lo que luchaba ¿contra qué luchaba?, ya no recuerdo (y menos aún 26 años después).

Todo terminó, todo termina, también este soliloquio. Parte de mí terminó muerta en aquella excursión. Ya va quedando menos (gracias a Dios)

ADios.

Toledo y Madrid, 13 de Mayo de 1987.

Sopa de caldo de puerros con patatas, acelga, pimiento y calabacín.

Otra receta con puerros. Y van tres. Ya escribí una sopa con puerros y unos mejillones con puerros. Es uno de mis alimentos preferidos, de un tiempo a esta parte, a pesar de que lo contrarrecomiendan por su generación de flatulencias o haya que tener precauciones por el alto contenido en fibra.

En esta ocasión solo aproveché la parte verde del puerro. Sí, la que todo el mundo tira a la basura, como me dijo el verdulero. Un compañero suyo, reconociendo mi buen juicio, dijo «Lo que hace es lo mejor, porque la parte verde es la que tiene más nutrientes porque está al sol». Yo no tengo nada claro que eso sea así, lo que sí sé es que es una parte que está muy rica y aporta mucho sabor.

En esta ocasión, la hice con lo que había comprado el viernes pensando en hacerla, pero se puede variar cualquier ingrediente por casi cualquier otro que se tenga, o eliminar alguno. La ocasión, repito, era que venían a comer el sábado los amiguetes Burak y Yaki que nos dijeron que se van a casar. Qué preciosa noticia… por cierto.

Empiezo con la recetilla:

Ingredientes para 6 personas (y me sobró un poquito de caldo que reservé para otro día, una sopita de 2 personas):

Para el caldo:

  • 4 cucharadas de aceite de oliva
  • 2 cucharaditas colmadas de sal (NaCl)
  • 4 dientes de ajo
  • la parte verde de 4 puerros
  • la parte más verde de la acelga y la parte más blanca del tallo de la misma
  • la parte más verde de unas ramas de apio
  • los tallos de un manojo de perejil

Para la sopa:

  • 2 cucharadas de aceite de oliva
  • una pizca de pimentón dulce
  • 2 dientes de ajo
  • 2 cebollas medianas
  • la parte blanca de un par de ramas de apio
  • 1 acelga entera
  • 1 pimiento rojo de los de asar (carne gruesa)
  • 1 calabacín
  • 3 o 4 zanahorias, según el tamaño. Usé 3.
  • 4 tomates de rama pequeños
  • 2 patatas hermosas

Preparación:

Muy muy larga en tiempo, pero no es muy trabajosa. Con esas cosas de los niveles de dificultad, diría que cualquiera puede hacerla.

Para preparar el caldo que luego voy a usar en la sopa, lo primero que hago es coger una cazuela grande (nunca uso la olla exprés, pero seguro que se haría mucho más rápido) y pongo un poquito de aceite, como cuatro cucharadas, le añado 2 dientes de ajo picados y otros 2 dientes de ajo si pelar siquiera, pero un poco machacaditos, para que suelten más sabor. Cuando comienzan a dorarse, añado la parte verde de los puerros cortada en láminas gruesas y tapo la cazuela para que empiece a soltar el agua. Corto la parte más dura de la acelga, lo que podríamos considerar un tallo, y la parte más verde de las hojas, añado esto a los puerros. Después agrego la parte verde de un par de ramas de apio cortaditas en trozos grandes y los tallos de un manojo de perejil (lo que habitualmente también tiraríamos, pero he descubierto que en procesos industriales se aprovechan este tipo de cosas para preparar esencias de sabores, como las pastillas de carne o verdura o pescado, los aromatizantes, etc… y he decidido hacerlo yo mismo), dejo que siga rehogándose tapada la cazuela con lo que aprovecho el vapor de los alimentos.

Cuando ya están sueltos todos los elementos, especialmente las rodajas de puerro, echo 2 litros y medio de agua y dejo que hierva durante 2 horas. (Aproveché para juguetear un rato con el PC)

Pasado ese tiempo, cuelo el caldo resultante y separo un poco para otro día, porque seguro que va a sobrar. Ese poquito, muy condensado, lo mezclo con agua para que no sea tan fuerte y lo guardo en un frasco de conservas en el congelador (cuando se enfría, claro).

Me apena tirar el residuo verde que queda sobre el colador, después de presionarlo para que suelte el máximo de juguito. Seguro que podría hacer algo con ello, pero ahora mismo no sé qué y, de momento, lo tiro. ¿Alguna sugerencia?

Ahora ya puedo comenzar a hacer la sopa.

En la misma cazuela, para no manchar más cacharros de los imprescindibles y así reducir el consumo de agua en su limpieza, así como el consumo de detergentes, pongo un poquito de aceite y 2 dientes de ajo picados, pero antes de que lleguen a dorarse, añado 2 cebollas cortadas en grandes trozos.

Para cortar 2 cebollas, mi forma de hacerlo es bastante matemática, casi geométrica, me atrevería a decir, cortando primero en 2 trozos cada una longitudinalmente por la mitad, para luego, alineando las 4 mitades, cortar longitudinalmente en 2 por un eje imaginario central, haciendo 2 cortes, paralelos a ese eje longitudinal para dividir ambos lados en otras sendas 2 partes, pero haciendo que la incisión tenga un ángulo aproximado de 45 y 135 grados respectivamente. Por último, cortar en 4 cortes transversales las 4 mitades cortadas, cada una en 4 sectores semiesféricos. De este modo, tendríamos 64 fragmentos de sectores esféricos de unos 45º cada uno a partir de 2+1+2+4*4=21 cortes. Desprecio la curvatura longitudinal para no complicar los cálculos, pero me produce cierta desazón saber que estoy despreciando esta característica cebollil. Tampoco tengo en cuenta el número de capas de la cebolla.

Seguro que se puede hacer de otra forma, pero a mí me gusta así.

Pico el apio y, en cuanto la cebolla cambia un poco de color, lo agrego junto con el pimiento rojo cortado más o menos regularmente en trozos grandes, después de vaciarlo bien de semillas.

Corto un calabacín de la manera similar a la descrita para cortar la cebolla. Del mismo modo, corto 4 tomates, preferiblemente maduros. Corto en trozos transversales, de 2 centímetros de longitud aproximadamente, las zanahorias. Corto también la acelga que me queda en tiras, dejando más grandes las más verdes.

Agrego el calabacín y dejo que suelte un poco de agua y que se impregne del aceitito, después la zanahoria, el tomate y, por último, la acelga.

Cuando la acelga se reduce y se mezcla bien todo lo que está siendo rehogado, añado las patatas cortadas con un cuchillo de mantequilla y sin terminar de hacer cortes limpios, para que suelten mejor, parece ser, el almidón que contienen y ayuden a dar consistencia al pote. (En esta ocasión, agregué también un par de trozos expresamente machacados en un mortero para aprovechar esta propiedad de las patatas).

Ya solo queda agregar una cucharadita de pimentón dulce, mezclar bien, añadir el caldo de puerros que tenía preparado y dejar hervir durante 40 minutos, hasta que las patatas estén bien blanditas, algunas deshechas, incluso.

Salió muy bien. No hago muchas fotos, pero se merecía alguna… otra vez será. Tardé, en total, unas 4 horas, pero pudiendo dedicarme a otras cosas más del 75% del tiempo.

Posible o imposible

Hoy me he encontrado una imagen en FaceBook, compartida por mi amiga Mábel que llevaba el texto acompañante siguiente:

«No aceptéis lo de siempre como cosa natural, pues en tiempos de violento desorden, de confusion organizada, de conocida arbitrariedad, de humanidad deshumanizada, nada tendría que parecer imposible de cambiar.» (B. Brecht)

El post era de Democracia Real Ya. No me sorprende. Están entre lo posible y lo imposible, en el lugar en que parece habitar la utopía, famosa isla del señor Moro.

Yo contesté a la entrada con un texto que quise ayer citarle a Carmen en el curso de una conversación sobre la creatividad, la actitud creativa y la responsabilidad del ser humano para ser tal.

Extraído del libro «Escritos al oído«, de John Cage:

Mi padre fue un inventor. […] Me dijo que cuando alguien dice «no puedo» señala lo que debes hacer. Me dijo también que mi madre siempre tenía razón, hasta cuando estaba equivocada.

Qué genial este Cage. De un plumazo le ha dado sentido a mi vida. Y me ha ayudado a comprender la verdad de las contradicciones.

Por cierto, qué maravillosa esta colección de libros editados por el Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de la Región de Murcia.

He leído varios de estos libros (algunos los tengo) y encuentro tan interesante la colección que no alcanzo a entender qué tienen que ver con la arquitectura y menos aún con un colegio de aparejadores. Pero no quiero ni pensar que es porque si no fuese por un resquicio, estos libros no se publicarían por falta de una demanda masiva que justificase la inversión de ningún tipo de capital privado, lo que me llevaría a tener que reflexionar de nuevo en el tema del precio/valor y comercialización de las creaciones contemporáneas.

La caldera estaba estropeada

Es una caldera estanco
que empezó a soltar gases
el festivo religioso
de esta semana.

Es una caldera estanco
que dicen que es de las de gama baja
tan baja como pudimos permitirnos
para pagar el mantenimiento
con el que arreglarla
cuando se estropea
por ser de gama baja.

Es una caldera estanco
que en su día me recomendaron
para darme de alta el gas natural
que no sé por que se llama natural
frente al gas butano
que también es natural
naturalmente orgánico
quiero decir.

Es una caldera estanco
que nos asustó
creyendo que íbamos a estallar por los aires
que son otros gases naturales
como nos recordaba la canción
de ese grupito llamado Mecano.

Es una caldera estanco
enferma
como yo
de incertidumbre.

Caldera calderita
dime la verdad
¿querías verme asustado otra vez?
¿querías hacerme trabajar en otra cosa?
¿querías impedir que produjese
otro poema otro pensamiento vagamundo
como habría dicho Eva Luna?

Hoy la ha reparado un Ángel
de la compañía roca
(asumo que roca también es algo natural)
y nos ha dejado que podamos lavar los platos
ducharnos
calentarnos
cocinar a fuego lento
un puñado de puerros con huevos revueltos
o ilusiones.

Nunca se sabe qué alimento precisará
el alma.

Cómo recorrer 3/4 partes de Toledo solo y durmiendo al aire libre (III)

Continuación de Cómo recorrer 3/4 partes de Toledo solo y durmiendo al aire libre (II).

Hoy ya no es día 2, pero he de completar este corto, brevísimo diario.

Me desperté soñando no recuerdo qué acerca de quien más recuerdo. Hasta cierto punto, eso me enfureció, pensar que ni en mis sueños era libre de no pensar en ella. Eran sólo las 6:35 pero no quería reconciliar el sueño ni el ensueño. Con energía y sin pereza, lo cual me sorprendió, me incorporé y comencé a organizarme para irme.

Recogí la tumbona y pensé dejarle algún mensaje escrito de agradecimiento pero no me ocurría nada ocurrente y lo dejé en las gracias orales que el día anterior le había dado.

A la salida del camping hube de pagar para recobrar mi carnet de identidad que había tenido que dejar allí en depósito la noche anterior, al entrar.

Salí, sin saber donde ir, pero no quería seguir en Toledo. Decidí visitar la oficina de información y turismo para conseguir un mapa de la provincia e información, como es obvio tener una oficina de información; con la intención de visitar el Casar de Escalona o Cazalegas.

Estaba cerrada.

Volví al parque en el que el día pasado había estado recordando y me dije a mí mismo: – Esta vez no te pasará-. Pero me pasó. Pronto pensé: ¿por qué quiero sentarme justo en el banco en el que estuve ayer? aún es más, ¿desde cuando me gustan a mí los parques?

Las respuestas a estas y otras preguntas llevaban su nombre como portada y no quería ni mirarlas. En realidad, las sabía.

Extraje las cartas de mi macuto y me preparé para hacer un solitario. Comencé. Era su solitario; el solitario que ella me había enseñado a hacer. Ya no sabía qué hacer. Los nervios se estaba apoderando de mí. Entonces volví a huir otra vez más de los recuerdos de aquel parque que parecía tener algo especial para recordarla.

Me dirigí al centro de la ciudad, a pasearme por las callejuelas bulliciosas y en las que debía estar atento para no chocar no con las gentes, ni con los coches, ni con las paredes y ello me distrajo lo suficiente para calmarme.

Alrededor de dos horas duró esta situación y después recordé que sería buena idea tener algo que hacer ese día y por ello regresé a la oficina, ya abierta, de turismo.

Allá me dotaron de un mapa y de los datos necesarios para ir a Talavera, en cuyo camino se halla Cazalegas.

Cogí un autobús, es decir, el autobús me cogió a mí, en Toledo a las 12:00 que me condujo a Cazalegas en, aproximadamente, una hora y media.

Estaba fuera del pueblo, como a un kilómetro, y lo veía todo desde arriba y me pareció, y no me equivocaba, sumamente pequeño.

Decidí adentrarme en él y buscar un lugar para pasar allí la noche. Por si había suerte, en el camino que conducía al núcleo urbano, tendí el dedo y hubo suerte: el primer coche paró. Entré y entablamos conversación de autoestopista; él me desveló que había sido boxeador y yo que era estudiante. Aproveché aquella charla para preguntar si en aquella localidad había un camping o algo similar para pasar la noche. Él me contesto que, en efecto, había no solo uno, sino dos campings junto a la playa de un embalse, pero que estaban a algo más de un kilómetro pasado el pueblo. Más o menos entonces, se detuvo frente a una casa y me dijo – Espérate un momento -. Yo no vi inconveniente en hacerlo y al tiempo escuché, no porque yo sea cotilla, sino porque hablaban gritando, cómo decía mi improvisado chofer:
– Vuelvo pronto, voy a acercar a este chaval al camping.
Siguió conversando con aquella señora que le había salido a recibir y que luego me enteré de que era la señora de su capataz al que, atravesando el pueblo, que en poco tiempo se atravesaba, nos encontramos.

Paró a hablar con él de una cosecha de no sé qué y de que en aquellas noches se les había helado el manzano. Mi amable piloto se lamentó y le dijo – luego hablamos, ¿vale? – y siguió dirigiéndome hacia el camping. En la entrada del mismo nos despedimos y le agradecí su generosidad.

Entré y pedí un papel para hacer la reserva en la recepción y dejé mi DNI como garantía. Busqué un sitio donde extender mi manta y mi saco y, tras no poco andar, encontré un lugar cómodo, con un árbol que me sombreaba, un suelo bastante llano y una panorámica inmejorable desde la que veía la playa y, en embalse, veleros, veleros y yates de un bonito puerto deportivo.

Me tendí y mi estómago me recordó que era hora de comer. Abrí unas latas y comencé la ceremonia. Al rato, noté que donde estaba había muchas hormigas y eso no me atraía para pasar allí la noche al aire libre.

¡Ah! ¡Cómo echaba en falta entonces la tumbona del día anterior!

Cuando hube acabado de comer, decidí no montar allí mi maldotado dormitorio y, sin ningún problema, pude anular mi reserva y recuperar mi DNI.

Estaba a pocos kilómetros de Talavera y tenía el tiempo suficiente para ir andando. Salí a una carretera realmente mala y comencé a marchar al tiempo que, cuando pasaba un vehículo, hacía autostop.

Continúa (y termina) en Cómo recorrer 3/4 partes de Toledo solo y durmiendo al aire libre (IV).

Cómo recorrer 3/4 partes de Toledo solo y durmiendo al aire libre (II)

Continuación de (Cómo recorrer 3/4 partes de Toledo solo y durmiendo al aire libre).

No sé qué ocurriría finalmente pero yo hube de irme pues ya había comprado mi billete hacia Toledo. En los andenes de la estación pude estar cercano a otro acontecimiento digno de ser contado.

En un habitáculo colindante a una sala de espera a la puerta del cual yo estaba sentado, entraron 5 vigilantes de RENFE grandes, fuertes y bien armados y, segundos después, fueron saliendo uno a uno como indignados y con prisa. Tras ellos salieron unas voces de una mujer (otra mujer, para la estadística) que, extasiada por su propio histerismo, gritaba:
-Al rey, a los diputados, al tribunal constitucional habría que llevar este caso.
-Disculpe, señora… – quiso calmarla un funcionario.
-Y usted, ¡usted, cállese! Dos horas que llevo esperando para comprar un billete para Parla y aún no lo tengo… bla, bla, bla…

Yo me fui. No tenía ganas de aguantar otra vez la risa ni de meterme en líos.

Llamaron por los altavoces para un tren para Toledo pero no me enteré y me dispuse a preguntar a una chica rubia que iba con dos chavales pequeños que se anticipó preguntándomelo a mí, con lo cual, como es fácil imaginar, quedé algo perplejo y más aún cuando me dijo entre castellano e inglés sin venir a cuento:
-No te vendría mal afeitarte.
Creí que no había entendido bien y, cuando me di cuenta de que lo había entendido, lo entendí menos. No sé porqué, pero en ese momento me pasó la imagen de… bueno, de quien va a ser, como siempre.

Me asustó la idea, por un momento, de no poder escapar de ella durante toda mi escapada pero (¡tachán!) la suerte estaba echada.

Por supuesto, dejé ir ese tren y esperé al siguiente al que entré sin mayores altercados.

Entablé, prontamente, amistad con dos matrimonios ingleses que no entendían nada de castellano y con los que estuve hasta entradas las dos del mediodía. Había llegado a esa ciudad de contrastes entre lo rústico de sus gentes y la cosmopolita esfera de turistas, entre lo rústico de sus catedrales y murallas y las sofisticadas máquinas que las inmortalizan.

Comí tarde y después quedé como adormecido con macabros pensamientos en un banco de un parque. Observé las palomas y escribí su nombre en la arena y lo contemplé hasta que se me caían los párpados. Me incorporé, recogí el macuto, y salí, huyendo, todo sea dicho, de allí.

Anduve varias horas vagando por estas callejuelas zigzagueantes, escalonadas y empinadísimas, buscando las sombras, las estrecheces y la soledad, pero, al mismo tiempo, tenía mido, porque sabía que, si estaba solo, ella estaría conmigo y yo no podría soportarlo.

Conseguí dar con el camping y me introduje en él. Desinteresadamente, mi amable vecino me prestó una tumbona para que pudiese dormir más cómodamente y trabé amistad con él. Ahora estoy tumbado sobre ella y me voy a dormir.

Seguiré mañana: día 2.

Continúa en Cómo recorrer 3/4 partes de Toledo solo y durmiendo al aire libre (III)

Esto no es una broma