España no es un país laico

Festivos del 2011. (En Madrid capital)

  • sábado 1 de enero de 2011, Año nuevo
  • jueves 6 de enero de 2011, Día de reyes
  • jueves 21 de abril de 2011, jueves santo. Semana Santa Madrid
  • viernes 22 de abril de 2011, viernes santo
  • lunes 2 de mayo de 2011, día de la comunidad de Madrid
  • jueves 23 de junio de 2011, Corpus
  • lunes 25 de julio de 2011, Santiago
  • lunes 15 de agosto de 2011, Asunción de la Virgen. Virgen de la Paloma. Fiestas de la Latina
  • miércoles 12 de octubre de 2011, Fiesta Nacional, día de la hispanidad, desfile fuerzas armadas y Día del Pilar
  • martes 1 de noviembre de 2011, día de todos los santos
  • martes 6 de diciembre de 2011, día de la Constitución
  • jueves 8 de diciembre de 2011, Inmaculada Concepción

En Madrid capital serán la Almudena y la virgen de la Cabeza ya que San Isidro cae en domingo.

  • miércoles, 9 de noviembre 2011: Nuestra Señora de la Almudena
  • viernes, 9 de septiembre 2011: Santa María de la Cabeza

Resultado:
11 festivos religiosos
2 festivos laicos
1 mixto

España es un país entre (2/(11+2+1))=14,29% y (3/14)=21,43% laico.

Sobre el precio de una performance

El 8 de octubre de este año 2011 tuve el placer de ser convocado a participar en un evento interesante: ARTóN planteaba en su muestra Des-Plaza-Miento la cuestión de si el arte de acción o performance puede y debe ser remunerado convencionalmente.

Es decir, propusieron cobrar una entrada de 10 euros, más o menos lo equivalente a lo que se cobraría en una obra de teatro de igual duración, a cada espectador. Este dinero luego se repartía entre gastos de sala, organizadores, performers y un par de colaboraciones en forma de creaciones de vídeo. A mí me supuso un estipendio de 23 euros brutos (mejor no pensar en neto, porque saldría casi negativo).

Y preguntaban a la entrada a cada asistente qué le parecía que se cobrase por asistir a un evento de arte de acción.

La mayoría de la gente contestaba con un «me parece bien» que era más que esperable, puesto que habían decidido asistir sabiéndolo. Es decir, tenían una cierta expectativa. Esta es una de las palabras clave de este texto:

expectativa. (Del lat. exspect?tum, mirado, visto). 1. f. Esperanza de realizar o conseguir algo. 2. f. Posibilidad razonable de que algo suceda. 3. f. Posibilidad de conseguir un derecho, una herencia, un empleo u otra cosa, al ocurrir un suceso que se prevé. a la ~. 1. loc. adv. Sin actuar ni tomar una determinación hasta ver qué sucede.

Yo contesté con dos palabras (como diría un famoso torero), que fueron las siguientes: Piero Manzoni.

La verdad es que, después, e incluso antes, debí haberme planteado responder con tres palabras Isidoro Valcárcel Medina.

Hay algo difícil de responder en esta pregunta de si el arte de acción, la performance y, por extensión, cualquier creación de arte contemporánea puede ser remunerada de una manera convencional y voy a intentar aclarar en mucho más que dos o tres palabras el porqué creo que es una pregunta difícil de formular y de responder.

Partiendo de la base de que entendemos por contemporaneidad una sensibilidad nacida tras la Revolución Francesa de 1789 y culturalmente apoyada en el romanticismo y su posterior desarrollo e implementación, hasta llegar a la ruptura de lo que llamo criterio objetivable, podemos hablar de que vivimos un tiempo ya largo de la edad contemporánea en la que nos vamos acostumbrando a la falta de este criterio para valorar una creación artística.

La contemporaneidad está, por tanto y desde hace tiempo, con el hito máximo de Duchamp exponiendo un orinal, despojada de la dulzura de proporcionar cualquier expectativa por parte del artista hacia el espectador.

Esto es así en Teatro, Danza, Tango (debería), Música, Poesía, Narrativa (debería), Artes plásticas… fusiones varias, etc.

Es decir, de hecho, la contemporaneidad ha roto con la idea de que haya espectador y, casi, artista. Ya no existe más esta convención, este acuerdo tácito y volver a él, en parte, es terminar con la contemporaneidad. Hablamos de que, como diría Rilke, tras Kant:

Una obra de arte es buena cuando surge de la necesidad. En esta cualidad de su origen reside su juicio crítico: no existe otro.
Rainier María Rilke, Rilke – Carta a un Joven Poeta

Además, el hecho de cobrar por una performance genera una cierta expectativa que acaba influyendo en el trabajo que se exhibe ante un público ávido de fotografiarlo, museificarlo, de alguna manera, reintroducir en el sistema convencional de comercialización del arte lo que había surgido como desmaterializador, como desobjetualizador, en un esfuerzo por reivindicar que la verdadera naturaleza del arte o de la creación artística no estaba en el objeto resultante sino en la idea que subyacía y que, de alguna manera, era incapturable, inaprensible, invendible e incomprable.

La mayoría del trabajo performativo que veo (e incluso mucho del que realizo, he de reconocer) me parece cargado (sobrecargado) de un dramatismo teatral, espectacular, incluso, casi de musical o circense. Incluso entre los más ortodoxos encuentro esta necesidad de generar una expectación para atraer espectadores y poder justificar subvenciones o, como en este caso, el cobro de entradas.

Hace algunos meses, tuve el placer de volver a reflexionar con la obra irreverente del ínclito IVM con quien tuve el enorme orgullo de «compartir cartel» durante el VII Encuentro de Arte de Acción de Madrid (acción!MAD10). El 19 de noviembre realizó una acción entre las 19:00 y las 19:30 consistente básica y sencillamente, en caminar entre el público asistente sin mayor pretensión que demostrarnos que una acción no ha de ser espectáculo, ni generar expectativa. Nos estaba haciendo (o así lo viví yo) un tirón de orejas a los propios artistas del sector para recordarnos de dónde venimos, cual es la finalidad del arte de acción y hacia dónde parece que estamos derivando.

Obviamente, todos los que conocíamos su trabajo ya íbamos con ciertas expectativas, pero ¿habría pagado para ver caminar entre la gente a alguien que no fuese IVM? ¿Me habría sentido «estafado«? También conocíamos su máxima (que incluso tengo entre las citas de mi página web) El arte es una acción personal, que puede valer como ejemplo pero nunca tener un valor ejemplar. Así que estaba claro que nos estaba dando una lección.

Pero… ¿Tiene sentido pagar por ver a alguien caminar entre la gente sin más? ¿Pagaría (y cuánto) por un orinal fabricado en serie? ¿Quiere esto decir que no se puede retribuir a un artista contemporáneo? ¿Qué es un artista contemporáneo?

Estas preguntas no son nuevas. Llevamos haciéndolas más de 100 años. Pero aún siguen sin responderse.

Varias veces me he encontrado con esta paradoja: creación contemporánea vs retribución clásica.

Ya hace tiempo escribí un largo artículo sobre la Gratuidad y el Amor al Arte, en el que citaba, íntegro, el texto que había incluido en el apartado de Financiación de mi proyecto Lejanías.

Sigo subscribiendo la conclusión de este artículo, es decir, debe haber un debate sobre la supervivencia de la retribución al creador contemporáneo, puesto que es imposible su sostenimiento sin recursos, aunque ha de pensarse también en la necesidad de una moderación en los gastos, y en nuevas formas (contemporáneas) de financiación.

Claro que realizar una creación contemporánea es un trabajo, pero la naturaleza del mismo no es igual a la naturaleza de otros trabajos. El tipo de medio de pago no ha de serlo tampoco.

Entre otras razones, hablando de las mismas cosas que he hablado hasta ahora en el artículo, en una creación contemporánea no existe un criterio objetivable con el que poder establecer su valor, ni su precio, así que tampoco debería, a mi juicio, existir una remuneración objetivable, ejemplo de lo cual es el empleo de dinero, cuyo principal servicio fue el de objetivar un intercambio de bienes o servicios.

¿No puede cobrarse?

Yo no digo eso, lo que digo (repito) es que la remuneración de una creación contemporánea no debería ser convencional ni objetivable. Y ¿Qué forma hay de retribuir por un trabajo semejante y de tal manera? Ahí es donde tengo que reconocer que me atasco y no sé muy bien seguir.

En una performance que realicé hace tiempo, titulada Subasta, ya planteaba la posibilidad de usar bancos de tiempo, u otros medios de pago. Volver al trueque o la donación también han sido otras de mis propuestas, pero no tengo claro cuál ha de ser la manera en la que retribuir el trabajo del artista contemporáneo.

Creo que este debate sigue abierto y necesitando, más que nunca, de una respuesta o algún tipo de aproximación a la misma, dado que la financiación pública y subvenciones administrativas que hasta ahora venían siendo la principal fuente de supervivencia económica de este tipo de manifestaciones artísticas van a desaparecer de por vida (aunque ya eran bien exiguas).

Dejo sin contestar, lo sé, qué es un artista contemporáneo, aunque citaré una y otra vez a Joseph Beuys.

Cáncer

Mi tía tiene cáncer
es la segunda tía que es diagnosticada de cáncer
últimamente.

En realidad no.
Ambas tenían cáncer desde hace tiempo
y este año empiezan a estar tan mal
que casi seguro que no sobrevivirán.

Mi tía Jose(fina) murió de cáncer
el año pasado.
En pleno verano.
Carmen y yo estábamos de vacaciones
en Vera
junto a la playa
cuando nos enteramos de que había fallecido
mi tía Jose(fina).
Murió de un cáncer que acabó devorando
todo
su cuerpo
su vitalidad
su ánimo
su entorno.

No me imagino aguantar lo que aguantó.
No quiero aguantar lo que aguantó.
No creo que pudiese aguantar lo que aguantó.

Era la hermana mayor de mi madre.
Después de muerta sigue siendo la hermana
mayor de mi madre.
Pero ahora es la hermana muerta de mi madre.

Mi tía Mari Carmen es la otra hermana
de mi madre.
Hace muchos años que no veo a mi tía Mari Carmen.

Dicen de mí que no soy una persona muy familiar
y creo que
lo que ocurre es que
no entiendo el vínculo sanguíneo.

O lo entiendo tanto que tengo en común con los humanos
tanta sangre
que todos ellos son mi familia
y no puedo invitarlos a comer
el día de mi boda.

Ni entiendo que me inviten a mí
y no a todos.

Pero es sencillo:
la familia se hace, se elige
y no se nace con ella
(mi familia).

Así, mi hermana Sylvia
es alguien más próximo a mí que
mi prima hermana
aunque Sylvia no comparta conmigo
tanto adn.

No lo comprendo
o lo comprendo mejor que todos los que dicen
que no lo comprendo.

Ahora mi tía Mari Carmen está a punto de morir
y no siento nada,
salvo cierta empatía
con mi madre
a quien he recuperado
desde mi adolescencia
como de las más importantes piezas
de mi familia.

Ahora mi tía Mari Carmen está a punto de morir
de cáncer
y yo solo pienso en mí
y no en ella;
ni siquiera en mis primos
sus descendientes
ni en los hijos de mis primos
a quienes ni conozco
ni en mi tío,
ese madridista que nunca me cayó muy bien.

Solo puedo pensar que el día que me diagnostiquen
un cáncer
tendré que elaborar un plan
para matarme antes
de agotar mi dignidad.

Vivir no es una cuestión de duración
sino de felicidad.

Lo contrario, es cochino (de ese noble animal):
comer, dormir, fornicar, reproducirse, morir.

Por lo que, llegados a cierto punto,
prefiero ser repartido
en pequeños trocitos que puedan alimentar
a puercos
engordándolos
para alimentar humanos,
los humanos que prefieren llorar en mi funeral
que nunca se realizará
porque
cuando yo muera
se acabará el mundo.

1789, 1848, 1917

Hay fechas que el romanticismo ha convertido en míticas.
Hay fechas que la desesperación ha calificado de esperanzadoras.
Hay fechas que miramos con ojos cargados de nostalgia.
Hay fechas que añoramos no haber vivido.
1968
Yo estaba vivo y no lo viví.
Los 80
Yo estaba vivo y no los viví.
1789, 1848, 1917
No había nacido y no las viví.
2011
Estoy vivo y lo vivo poco.
¿A qué estoy esperando?

¿Cuándo un referendum no tiene sentido?

Europa (sus líderes políticos, cabría añadir) está preocupada por el anuncio de Papandreu de la convocatoria de un referendum. La prensa critica desde casi todas las posiciones que se dé la posibilidad a los griegos de decidir sobre su destino. He oído que el New York Times, en una editorial que no encuentro, alaba la medida de pedir un referendum, pero parece ser una excepción (o que les queda bastante lejos).

A mí me parece estupendo todo lo que sea aprobar en consenso decisiones del tipo que sea, si bien considero difícil que la democracia esté lo suficientemente madura para que el ciudadano medio sepa cuales son las consecuencias de sus decisiones. Esto es lo que en ocasiones me aleja del movimiento asambleario tan en boga últimamente en España.

Está claro que los griegos pueden votar sobre lo que afecta al pueblo griego, la cuestión que emerge es si no es un referendum que debería ser tomado en el ámbito de su verdadera competencia: Europa.

Si nos olvidamos de una maldita vez de nuestras pequeñas patrias obsoletas, si vamos a una Europa capaz de sostenerse un poco más de tiempo sobre sus pies de barro, aprovechando los resquicios de su imperialismo decimonónico, si queremos que exista de verdad una moneda única, debemos dejar de lado el sostenimiento de la soberanía nacional de entidades como españa, francia, grecia, italia, …, y hablar, de una vez por todas, de Europa.

Así las cosas, ese referendum habría sido una irresponsabilidad, pero aún no están así las cosas.
Así las cosas, no se habría tardado tanto en tomar una decisión de salvar la situación financiera de otro país, sino de salvar las del propio (Europa), que incluiría esa parte llamada grecia. Pero no están así las cosas.
Así las cosas, no harían falta horas de debates innecesarios y en gran medida redundantes, sino que tendríamos un gobierno capaz de decidir continuamente. Pero no solo un Banco Central Europeo. Es necesario valorar cuales son los objetivos político-sociales del gobierno en cuestión, algo que, ahora mismo, es imposible.

He oído cosas como que se planteará ese referendum pero que los griegos no tienen opción a decir no. Es gracioso, creía que un referendum era justo lo contrario: dar la posibilidad de tomar una opción o la contraria. Sé que no siempre ha sido así y aún recuerdo la tendenciosa pregunta del referendum de la OTAN en españa. Sí, está claro que no podía decirse que no… ¿o sí?

Lo que cada día me parece más evidente es que tenemos que revisar qué entendemos por Democracia, qué entendemos por Nación, por Gobierno, por Mercado, por Política.

Es precisa una reflexión profunda sobre estos términos para poder avanzar en el mundo actual con un léxico actualizado. En caso contrario, seguiremos moviéndonos con ideas del siglo XIX en el XXI.

El nombre de las entidades nacionales españa, francia, etc… han sido escritas intencionadamente con minúsculas para acentuar su minúsculo valor político actual.

Zuckerberg no tiene la culpa

de que yo pierda mi tiempo
entre caras desconocidas
buscando algo de interés
(simple o compuesto
mientras no llamo a mi amiga
y no hablo con mis vecinos
y no me doy la vuelta y le doy un gran beso a mi mujer

zuck… es solo un hombrecillo
que estaba tan aburrido
que quiso enseñarnos su miseria
para que pudiéramos compadecerle
y lo que hicimos fue copiarle
hasta que su miseria es nuestra
y la hemos multiplicado por
casi siete mil millones
de los que algunos llaman billones
y que está actualizándose
al segundo

he estado casi un minuto viendo esa página
web
y dándome cuenta de lo rápido que
crece la población
actualizándola
con F5 cada varios segundos
y dándome cuenta de que la gente nace
a pesar de todo

no deja de nacer gente y gente

seres humanos
(más o menos humanos
que crecerán
a pesar de todo
y lucharán
algunos incluso en guerras
para perder la vida
luchando
por la vida de otro
a quien muchas veces
no conocerán

así pasarán su tiempo
mientras yo actualizo
el número de personas vivas sobre la faz de la tierra
y las noticias de mis presuntos amigos
a quienes no conozco

pero zuck no tiene la culpa
es otro entero que se sumó al largo número
de los que hay en este momento
sobre la faz de la tierra
la faz esférica o cuasiesférica
de esta naranja mecánica
que habitamos
a pesar de todo.

Cómo recorrer 3/4 partes de Toledo solo y durmiendo al aire libre

Día 1º: (Coincide con ser día 1 de mayo de 1986)

Salgo de mi casa, habiéndola llenado de embustes y con mi conciencia martilleándome y mi macuto a cuestas a las 8:30. Mi gran temor era que mi padre, generosamente, se ofreciese a llevarme y me angustiaba la idea de que descubriese todas mis mentiras de un solo golpe. Por tanto, mi pequeño gran suspiro vino cuando conseguí, tras el no poco agitado viajecito, cuando se viaja en el último asiento, verme en Madrid, la gran metrópoli, la populosa capital y el orden más desordenado.

Pues bien, yo, un osado estúpido, la atravesé como tantos hacen cada día, en la línea 1 de metro (suburbano), pero para mí este día, era algo especial: notaba independencia creciente en cada estación.

Llegué, sin incidentes dignos de ser mencionados, a la estación de Atocha y, para acceder a las taquillas de Renfe, crucé los pasillos, los largos corredores, cuidados y limpios por mendigos y vagabundos… bueno, eso es lo de menos, lo divertido es que logré mi propósito… bueno, lo divertido tampoco fue llegar, sino lo que a continuación narraré que ocurrió allí.

En ocasiones es posible observar a las gentes afables, tranquilas y solidarias de la insigne villa transformarse, como por influjo de la luna, en bestias groseras, egoístas e, incluso, violentas. La escena que el destino me concedió presenciar fue uno de estos casos: Habían dispuestas dos abultadas filas para comprar los billetes y yo, sin pensarlo tanto como el burro aquel que tenía ante sí dos montones exactamente iguales de paja, opté por una de ellas, prácticamente al azar, entre tanto y para pasar el rato estuve observando los quehaceres de una familia que se había situado en ambas filas para elegir, en último término, la más conveniente. Hasta este momento, todo era dulce y suave, propio de gentes afables, tranquilas y solidarias, más cuando apenas quedaba una docena de personas delante de mí y casi una docena de docenas detrás, sucedió que una señora de lo que las gentes de aquí entiende por malos modos irrumpió bruscamente en los puestos de vanguardia de la fila profiriendo gritos en favor de su justicia vengadora –me sá vían colao, pos ahora me cuelo yo-.

Curiosamente, el concepto de justicia, a pesar del increíble número de telefilms yankis que ingerimos al año, de las quijotescas gentes ibéricas está, por suerte, encontrado con el de ojo por ojo y parece más influido por el bíblico de poner la otra mejilla; el caso, lo que importa, es que a esta proveedora de sus libertades, de sus derechos, y no creo que de sus obligaciones, la hicieron frente verbalmente aunque un defensor de esta fiscal, abogado, jurado y juez agredió, no solo verbalmente, a uno de tantos sofistas que surcan el mundo y que imploraba –razone, señora, razone-.

Pues él, guardó su filosofía en el bolsillo y respondió a su agresor, por supuesto, tampoco verbalmente. 2 minutos después eran ya 4 individuos los que, en cada lado, peleaban físicamente como adolescentes borrachos.

A mí me divertía ampliamente observar aquel caos y a aquella vilipendiante señora vociferando -pos yo digo que daquí no me muevo-.

Continúa en Cómo recorrer 3/4 partes de Toledo solo y durmiendo al aire libre (II)

¿qué pasaría si yo me muriera mañana?

Una amiga (Querida Mariel, va por ti) me lanza esta osada pregunta que pretende que conteste como quien habla del queso preferido, porque va a hacer un libro a partir de las respuestas de algunos amigos escogidos (gracias por escogerme). Me dice que no hay mínimo ni máximo… y yo me planteo que cómo gestionaría que le contestase que tengo una novela (más de 200 páginas) dedicada al tema.

Recuerdo el libro de mi admirado Paul Auster, A salto de mata, en el que incluye como apéndice una novela de las que él escribió trabajando de negro literario, hecho que relata en la novela en cuestión, haciendo una magistral utilización del juego de muñecas rusas.

Mariel podría poner mi texto ¿Cómo y en qué momento se enterará el mundo de mi muerte?. Ampuloso título para ampulosa ambición: ser tan grande o tan importante como para que al mundo le importe mi muerte.

El mundo es algo enorme (quizá infinito) y yo soy algo diminuto, epsilon, diferencial, infinitésimo, atómico o subatómico, quárkico, fotónico, mesónico… no sé, apenas nada.

Para empezar, no llego a ser ni una 0,000000000142857143 parte de la humanidad. Así que ni imaginar quiero al resto de especies vivas, animales, vegetales… luego minerales, y seguimos contando… o ya es incontable, como dicen que son los granos de arena de una (de solo una) playa. Es decir, casi no soy. Mi vida es así de minúscula.

Pero al mismo tiempo, puedo contar porque percibo, así que mi percepción es lo que importa. Seamos cartesianos por un momento y pongámonos, ni más ni menos, que en el centro del universo mental, diciendo que si pienso, YO existo. Vaya, vaya, qué listo, no otro, no, YO. El yo que yoyea, como diría Oliverio Girondo.

Y en ese centro, pienso, ya de paso, que la realidad no es ni más ni menos que una proyección mental de mi percepción: pseudoplatonismo cientifista. Como si el mundo existiese mientras lo pienso. Sí, cuando yo muera, entonces, se acabará el mundo. Al menos el que percibo, que es el único que habito.

Sé que esto puede ser paradójico en parte, pero por otro lado…

Vamos a seguir el hilo de otro de mis queridos muertos:

No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar si la vida vale o no vale la pena de vivirla es responder a la pregunta fundamental de la filosofía. Las demás, si el mundo tiene tres dimensiones, si el espíritu tiene nueve o doce categorías, vienen a continuación. Se trata de juegos; primeramente hay que responder. Y si es cierto, como pretende Nietzsche, que un filósofo, para ser estimable, debe predicar con el ejemplo, se advierte la importancia de esa respuesta, puesto que va a preceder al gesto definitivo. Se trata de evidencias perceptibles para el corazón, pero que se debe profundizar a fin de hacerlas claras para el espíritu.
El mito de Sísifo, Albert Camus

Y claro, no podía dejar de asentir cada una de las palabras de este amiguete. Además, con lo que me gusta controlarlo todo, dejar en manos del azar, del caos, de la naturaleza, algo tan trascendente como el fin de mi vida me parece intolerable, así que cada cierto tiempo me atrapa la idea de acabar voluntariamente antes de que, casualmente y no causalmente, me muera.

En su día, seguí la respuesta a la pregunta de Mariel atravesando distintos laberintos que comenzaban con mi suicidio y que variaban en función del lugar, el día y la forma en que lo llevase a cabo: no era lo mismo morirse en casa, en la bañera, cortándose las venas silenciosa y cálidamente, un viernes por la noche viviendo solo que lanzándose con una bomba atada al pecho contra el monarca.

No era lo mismo suicidarse después de que una mujer me hubiese desairado (jodiéndola de por vida, para ser cabrón…) o antes de ir a la cena de Navidad con mi familia.

Escribí una novela que no quiero enseñarle a nadie porque tiene lo más oscuro que haya tenido nunca: un deseo de morir, un tánatos freudiano:

En la teoría psicoanalítica, Tánatos es la pulsión de muerte, que se opone a Eros, la pulsión de vida. La «pulsión de muerte» identificada por Sigmund Freud, que señala un deseo de abandonar la lucha de la vida y volver a la quiescencia y la tumba.

No he podido evitarlo nunca, salvo quizá desde que viví en Australia y decidí que para huir, mejor viajar lejos, muy lejos… había descubierto una especie de sucedáneo de suicidio pero no irreversible, un sucedáneo barato, teniendo en cuenta las consecuencias.

Y desde entonces han pasado más de 15 años, durante los cuales he ido redefiniendo mi vida, mi entorno, mi actitud vital, especialmente, de manera que siento agudos deseos de seguir viviendo… o dejar de hacerlo, pero mantener siempre la exigencia de felicidad a corto o medio plazo. ¿Qué quiero decir con esto?

Vivo siempre pensando que me quedan 3 meses de vida (más o menos la cantidad de tiempo que estuve viviendo en Sydney), así que no se debe pensar que estaré bien pasado ese tiempo. Si en ese tiempo no voy a estar feliz, no me sirve la vida. No quiero durar, quiero tener una vida que merezca la pena vivirla, como decía Camus. Si no siento que merezca la pena, no seguiré un paso más. Hacía tiempo que estos pensamientos casi ni habitaban mi mente hasta que el año pasado estuve enfermo y recordé que no quiero durar: la vida no debe ser eterna, ni tan siquiera larga: me gusta lo de vive rápido, muere joven y haz un bonito cadáver, aunque ya no pueda cumplir casi ni una de las propuestas.

Lo que sé es que esta pregunta me lleva siempre a pensar en mis amigos más próximos, en mi cotidiano, en mi entorno que podría llamar mi cuarta piel, como la denominaría Hundertwasser y en el orden en el que se enterarían. Claro que, ahora, con FB, por ejemplo, esa información volaría a miles de kilómetros muy rápidamente. Aquellos hace 20 años hoy me parecen lejanos en el tiempo.

Sobre mi legado o lo que dejo, sobre si he cambiado el mundo, lo cual es inevitable (y no por ser artista, o poeta o cualquier otra profesión más o menos pública e impúdica), y de ese cambio sigo sin saber si habrá sido a mejor; sobre todo lo que ocurra al día siguiente en el mundo no me preocupa una mierda. Sigo sintiendo que lo que haga en vida es lo único que me importa. Puede ser que, como sigo sosteniendo de alguna manera, cuando yo muera se acabará el mundo.

Tornillo

Está en medio de la mesa
dejándose la sombra que no es alargada
bajo la panza dorada consentida.

Lo miro con singular intensidad
como si la intensidad pudiese ser no singular
buscando
extraer de sus surcos un poema
con el que compensar tanta
opinión
opinión
vertida y divertida
y subvertida
en este tonto blog que no es un blog
por este tonto poeta que no es un poeta
en este día lluvioso en que no llueve.

Otoño se resiste a salir a la calle
caminar entre la gente
vestirse de marrones
y alguna mujer aún
mantiene osada sus senos en escotes
redondos y dorados
como este tornillo
que no puedo dejar de mirar.

¿¡Poesía, dónde estás!?

Esto no es una broma