Viaje en el tiempo

Siempre que pregunto a alguien si es posible hacer un viaje en el tiempo contesta casi inmediatamente que no.

Pero yo no pregunto si el viaje ha de ser hacia «atrás» en el tiempo.

En realidad, todo viaje es un viaje en el tiempo y en el espacio. Incluso los viajes interiores. 😉

En concreto, este viaje al borde del embarcadero en el que ningún barco me estaba esperando, para regresar al mismo lugar, pero en otro tiempo.

La acción se realizó en Venecia el 5 de junio de 2016.

¿Para cuándo volveremos a tener un Windows 95?

evolucion-bueno-malo

Pasé por usar windows 3
(3.0)
a usar un windows 3.1 que sin punto sería un 31
que en aquella época era un mero gestor de ventanas
sin pretensiones de sistema operativo.

Usé el célebre windows 95 que llegó aproximadamente
al mercado
alrededor del 1995
y que tenía pretensiones que no cumplieron
de ser un verdadero sistema operativo
porque no acababa de ser operativo.

Pasé por usar windows NT
que posiblemente se habría llamado 3.5 (e internamente 4.0)
y llegué a ser de los primeros seres humanos
en convencer a unos servicios informáticos de una entidad financiera
para instalar un servidor de internet en un equipo
con estas características.

NT era bonito. Habría podido ser windows 40.

Luego llegó y usé windows 98
pero nunca con propósitos profesionales
porque de nuevo fracasaba como algo operativo
y hube de esperar a la llegada del windows 2000
en el año 2000
siendo verdaderamente un windows 5.0 o 50
para volver a confiar mínimamente en la posibilidad de tener un sistema
operativo
que fuese digno de ser tomado por tal
pero su soporte para dispositivos era
cuando menos
molesto
como de un linux.

Había pasado ignorando
felizmente
un sistema en el que tan sólo se había cambiado el nombre
para ocultar números: windows Me
y que para lo único que sirvió es para hacer de antesala
a la llegada de un buen y robusto sistema
(por primera vez)
llamado windows XP
que aunaba la profesionalidad del 2000
con la pretendida orientación al usuario particular del 98-Me.

XP fue tan interesante que aún lo mantengo
en máquinas virtuales que viven en una reliquia temporal
de hace tres lustrosos lustros
además de silenciar los lanzamientos
para diferentes plataformas
que comenzaron a emerger de las tinieblas
e incluso eclipsaron
la venida al planeta de un desconocido windows 2003
que quería anunciar que también gates había cruzado el gate
hacia el nuevo milenio.

Todos ellos eran hijos ilegítimos
de un agonizante windows NT 4.0
que había generado 5.0, 6.0
que sin puntos serían 50 y sesenta.
llegando a un virulento
windows vista
que no tuvo mucha vista
cuya intención
como lo había sido en los tiempos del XP
era la de mezclar las bondades del XP
con las bondades del 2003
pero ambas bondades
como en un «menos por menos es más»
se convirtieron en un «más por más es menos… y peor»
hasta desatar una oleada de críticas justificadas.

Usé windows vista porque venía impuesto
en los ordenadores que ya por entonces
habían blindado la garantía al software
haciéndonos creer que lo más importante del aparatejo
era lo que no estábamos comprando.

Mi camino hacia linux era ya imparable.

No usé por ser orientado al ámbito empresarial
el windows 2008 que salió al mercado
como su propio nombre indica.

Después del 2008 llegó el 7
windows 7
que retomaba la calidad de la mejor versión
disponible
introduciendo, para ello,
pocos o ningún cambio relevante
salvo el número.

Era windows 7 o 7.0 o 70
basado en NT 6.0.

Aún lo tengo en varios ordenadores
como alternativa a varias distribuciones
como mint o ubuntu
pero su elevado consumo de recursos
injustificadamente
me desalientan de usarlo
amén de su siempre creciente
lista de vulnerabilidades.

Después
inventaron el UEFI
para reventar las narices a los que queríamos
comprar clavos cuando
compramos clavos.

He conocido el windows 8.0 que
sin punto
sería 80
y que no nació en los 80
como el 95 había nacido en el 95.

Buscaban una interfaz diferente
con un cambio de filosofía
para intentar subsistir
en un mundo móvil y googleado
androitizado
en el 2012.

Sus windows phone
7.5
eran barridas del hardware
como antes w
había barrido a sus competidores.

Compraron Nokia para sobrevivir.

El windows 8 duró lo que duró vista
y llegó una pretendida revisión
llamada windows 8.1
que en realidad era un sistema nuevo
y que necesita un tanque para salir de casa.

Pero eso sí:
es mono.

Y cuando parecía que todo habría acabado
llegó windows 10 porque saben que no pueden parar
de producir versiones
después de haber ignorado la
que habría sido 9
por precipitación
o porque no les gustó el número.

Volvemos a estar en dos dígitos
sin necesidad de eliminar el punto
y acercándose a la fecha del lanzamiento
así que quizá al año que viene
caiga en el imaginario
el windows 17
hasta que año a año
nos acerquemos
peligrosamente
al windows 95
y volvamos a empezar.

Vaporetto

vaporettoCierro los ojos
y siento que el suelo se mueve
bajo mis pies.

Cierro los ojos
y la cama parece moverse
mientras sueño
que estoy en Venecia
navegando por el Gran Canal
en un vaporetto
y despierto
navegando
por una ciudad de granito y asfalto
que me recibe ruidosa
con todo el duro cariño
que puede demostrar.

Cierro los ojos
y formo tras de mí una estela de espuma
entre blanca y verdosa
que me recuerda que el pasado
queda en el fondo del mar
o de la laguna
o del pozo.

Cierro los ojos
y veo
mis ojos
abiertos a la memoria corporal
de un bamboleo
de máscaras y helado
con humedad
calada en la osamenta.

Cierro los ojos
o no los cierro.

Los ojos, sí, los ojos.

Que cada uno recapacite

lactancia o ropa

Recapacitando:

Se trata de defender la lactancia pública (en público) mediante la comparación con la natural lactancia de una vaca. Supongo que no lleva implícita la comparación de una madre con una vaca.

Pero el argumento de lo natural es un argumento vacuo en relación al ser humano, pues no hay humano sin lenguaje, sin constructo social…

Recapacitando, no me sobra, si se ha de mantener el paralelismo naturalista, el acto público de lactancia, pero entonces sí que me sobra la ropa de la mujer y el bebé, así como los tatuajes.

No veo ningún problema y sí muchas ventajas (me encanta verlo) en la lactancia en público, pero no admito el argumento que se pretende dar para defenderla. No es un tema de género, por supuesto, sino de lógica.

Regalo de mi cumpleaños (y del de Carmen)

Góndola Venecia

Ha llegado el momento de retornar a Venecia. Con Carmen, será un viaje nuevo, con mi nuevo yo será un viaje nuevo. Siempre se vuelve y nunca se vuelve… la frente marchita no se ha marchitado porque he vivido bien, sabiendo elegir, pudiendo elegir… y he elegido la vida, la alegría, la búsqueda incansable de felicidad, a toda costa.

Soy el más

soy el más
el más más
el más que eso
el que más de todos
y de todas
soy el más
o la más
pero nunca soy el menos
salvo cuando soy el menos
mientras otros son mucho más
pero yo siempre soy el más
y el menos de lo que no quiero ser el más
porque mira que ser el más
cuando se puede ser el menos
así que sigo siendo el más
el mucho más
el más y mucho más
soy el que siempre más
el que más y más y más
y el menos o la menos y la menos o la menos
y el que más
o el que menos
soy todos
y todas
pero no soy ningún
ni ninguna
o nunca ningún o ningún ninguna
porque soy indudablemente el más que ningún
o el menos que ninguna
o la menos que ningún
o la menos que el más
o el más que menos
porque cómo ser el más
pudiendo ser el menos
o ser el menos
pudiendo ser el más

así que soy el más
soy el más
sin ninguna duda
sin más ni más.

¿Hipster o machista?

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Y yo, que cada día soy más superficial, me fijo en que los tres hombres de la imagen (asumo que son hombres, que ya es mucho suponer) llevan barba, una barba hipster, parece, pero las mujeres llevan pelo largo algo modosito y mejillas sonrosadas. Bueno, puede que esté sobrerreaccionando, pero veo en esta imagen cierto sexismo de nuevo cuño, cierto neomachismo, por llamarlo de algún modo, que nada tiene que ver con que existan textos escritos sólo por mujeres, como comentaba ayer, pero sí con esa pasividad ideológica hipster que, carente aparentemente (todo es apariencia) de ideologías o posicionamientos, más allá de los banalmente estéticos, o de diseño, dejan claro que los hombres y las mujeres «no son lo mismo».

Ahí dejo esta pequeña intrascendente reflexión a partir de un icono simplista y que posiblemente no sea tan marcado como quiero ver. Pero no puedo dejar de verlo.

Beat Attitude

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El domingo compré vía Amazon un libro de poesía Beat titulado Beat Attitude que dice ser una Antología de mujeres poetas de la generación beat.

Es verdad que hay un sesgo habitual en la edición de poesía (entre otras cosas) por el que las mujeres suelen acabar siendo ninguneadas y las antologías de mujeres están haciendo un intento de poner en su lugar a una enorme cantidad de voces acalladas, o ignoradas.

Es verdad que muchas de ellas deberían estar recogidas como las grandes autoras que son o fueron y no se conocieron, ni aún se conocen.

Es verdad que hay otros sesgos, y no sólo el de género, como el social o el geopolítico: se conoce poco de poesía africana, por ejemplo, o poetas prostitutas, por no hablar de poetas inmigrantes… cuya visibilidad también, en algunos lugares, está ganando algo de la que no tenía.

Este curso he dedicado un par de meses a poetas femeninas sobre el cuerpo con una antología titulada EL PODER DEL CUERPO: ANTOLOGIA DE POESIA FEMENINA CONTEMPORANEA, pero me pareció una pérdida de tiempo, más allá de visibilizar algunos temas que habitualmente no son tan comunes, sin embargo, la calidad de la edición desmerecía el resultado y el carácter excluyente hacía que no apareciesen otros temas (quizá por ser considerados viriles en demasía). Por cierto y como anécdota, sólo acudieron hombres durante este tiempo. Las mujeres del taller dejaron de venir justo en este momento. Pero fue casualidad, supongo.

Pero también es verdad que me he sentido presionado por el ambiente a incluir poetas que no conozco, por criterios puramente sociales y no literarios. Está claro que la literatura (y su divulgación) no viven «fuera» de la sociedad, así que igual ha llegado el momento de ir dejándome socializar para acercarme a una realidad poética invisibilizada y demandada socialmente, pues sí que hay tendencia a reducir esa brecha (más allá de las estúpidas declaraciones de «Chus» Visor) y no debo quedar al margen, ignorar esa voluntad popular ni desoír sabios consejos cuando los recibo.

Pero.

Pero también es verdad que se puede caer en un extremo peligroso que es el de agrupar a los poetas por sexos, o las exposiciones de arte o los cursos de danza, hasta el punto de excluir la presencia de varones por no tener lo que hay que tener. Sé que la discriminación positiva puede ser una forma de contrarrestar una situación de injusticia en la que se está llevando a cabo una discriminación, pero abusar de la misma conduce a lo mismo, a discriminación (no de unos frente a otros, sino a discriminación en sí).

Me preocupa elegir poetas tan sólo porque sean mujeres. Yo no las conozco. Debo reconocer que no he hecho esfuerzos por conocerlas y quizá haya llegado el momento en el que deba hacer ese esfuerzo: tengo pendiente a Gertrude Stein, una figura clave en la literatura y el arte y de quien no he leído nada relevante, tengo pendiente incluir en el próximo curso de iniciación a la poesía contemporánea algunas poetas relevantes (desde el punto de vista formal, no por ser mujeres) de finales del siglo XIX, aunque cuesta encontrarlas, pues las relevancias también las daba el hecho de que eran mujeres y eso las opacaba, las ninguneaba, las hacía menos influyentes que sus contrapartes.

Hoy leyendo sobre G. Stein me encontraba con la curiosa anécdota de que, durante las sesiones parisinas de los sábados que ellas organizaban, su pareja, Alice B. Toklas reunía a las esposas de los participantes en otra habitación, mientras los hombres, y Gertrude, hablaban de literatura, de arte… etc. Hoy en día se la reivindica como una de las más acertadas luchadoras por la igualdad, pero esa separación, esa discriminación, se producía, ellas la producían o participaban de la producción de la misma. Esa irrelevancia femenina en la cultura no es sólo culpa/responsabilidad de los hombres, de mí, sino de un hetero-patriarcado que ha dominado y domina casi todos los ámbitos sociales donde se produce el hecho artístico o cultural, entre otros.

El otro día, después de haber comprado este libro visibilizador, me fui presionado a sentarme en un evento social con los hombres, como suele venir siendo habitual cada vez que en casa de mi familia se reúnen con primos y primas, tíos y tías. Obviamente, no es plato de mi devoción, hasta el punto de que reusé preguntando, casi ferozmente, ¿se va a hablar desde la punta de la polla o desde la vagina?

No veo ninguna justificación para esta separación por sexo/género y espero que, en el futuro, esa separación sea absolutamente abolida y, si me apuran, hasta perseguida. (Ni hablar de religiones de las que habitualmente campan por estos lares, monoteístas, sexistas, etc…)

Encontrarme comprando libros de poetas femeninas por ser mujeres no me acaba de convencer, pero si esto ha de ser un trámite de un proceso que las visibilice y normalice hasta el punto de que luego sean incluidas en antologías de poesía sin tener en cuenta su sexo/género, me parecerá un mal menor y, espero, transitorio.

Lo que deseo es que este tema esté ya superado (como yo creo tenerlo, sin olvidar ni menospreciar sesgos precondicionados) y poder valorar las creaciones poético-culturales por la coherencia, por su compromiso, por la responsabilidad ética del artista, por lo que sea, excepto por circunstancias sociales extraculturales (si era mujer, si era hombre, si era inmigrante, blanco, negro, pobre, rico…), si es que eso puede existir.

El disco externo

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Hace unos meses que el disco
externo
que Carmen había comprado hace un lustro
con 320 gigabytes disponibles
y un cable de conexión
que necesitaba dos puertos usb
usados simultáneamente
había dejado de funcionar.

Ella lo usaba
inicialmente
para almacenar su enorme colección de tangos
y sus carpetas personales
hasta que adquirió hace un año
otro disco externo
con 500 gigabytes disponibles
y un cable de conexión
que sólo necesita un puerto usb 3.0
funcionando estupendamente.

Mantenía el anterior
que había dado muestras de agotamiento
por decirlo de alguna manera
como copia de respaldo
a lo que generalmente se denomina backup
conectado a un dispositivo que multiplicaba
la disponibilidad de puertos usb del ordenador
que habitualmente utiliza.

Hace unos meses
de cuando en cuando
el disco no era reconocido al poner en marcha su computador
y el programa creado para respaldar sus archivos
no podía realizar la copia que se conoce como sincronización
mostrando errores de funcionamiento
que hacían evidente que el respaldo
era probable que no estuviese en condiciones
de respaldar nada
(aunque
por supuesto
no era el único respaldo de semejante colección musical
pues estaba replicada en unos seis dispositivos adicionales).

Ayer
mediante un proveedor de productos de alcance global y a través de internet
adquirí una carcasa
metálica y de color violeta
cuyo objetivo es reemplazar a la que tenía el disco
primero
que había dejado de funcionar.

La fecha prevista de entrega de la misma es el 27 de junio
y tendré la paciencia de esperar a su llegada
aunque bien podría haber comprado la misma
sabiendo que se iba a demorar tanto su adquisición
en la tienda de informática que tiene su hermano
(de Carmen)
en Daimiel
lo que sería mucho menos global aparentemente
y, por supuesto, más rápido.

No hay ningún drama en este poema.
No hay por dónde buscarlo.
El disco fallecido no es una metáfora
de un renacimiento
ni de una segunda oportunidad
ni
siquiera
de una reclamación de consumo responsable y sostenible.

Por eso este poema
casi no es un poema.
Pero casi.

Apagando Fuegos

Como en la vida misma

Oficina de Ideas Libres

Con motivo de la vigésima edición de la revista caminada convocada por Hilario Álvarez y su Oficina de Ideas Libres, a la que fui invitado a participar mediante un correo electrónico el 9 de mayo, respondí diciendo que contase conmigo y que me diese un tiempo estimado de duración de la acción como máximo a lo que me contestó diciendo que, entre otras cosas, si elegía que durase en continuidad, podía ser todo el tiempo que durase la revista.

Me acabé inclinando por esta modalidad, pensando en mi situación actual y en cómo se pasa la vida, como se viene la muerte, que diría Manrique: apagando fuegos.

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Esta expresión, que muy bien simboliza ese tiempo en el que parece que no se hace otra cosa que ir sometiendo las dificultades, apagándolas antes de que se puedan convertir en incendios, si bien, desde su nacimiento, son pequeños incendios que queman nuestras vidas.

Decidí apagar fuegos, para lo que dispuse de una cajetilla de cerillas grande, de las utilizadas en la cocina de gas, con fósforos de unos 3 centímetros de longitud. Había pintado el exterior de la caja con rotulador negro.

El número de cerillas que debía apagar era de 81, pues la vida la podemos medir en «alfabetos» o sus múltiplos.

A lo largo del recorrido debía ir encendiendo y apagando las cerillas, con soplidos, o como fuese menester, sin dramatismo, sin mayor cuestión que la de ir devolviendo las cerillas apagadas a su caja, de la que partieron, pero cabeza abajo, es decir, con la parte ennegrecida en sentido contrario al sentido en el que la parte roja estaba inicialmente.

El obvio final de la caja debía ser el entierro, aunque bien podría servir el abandono en un contenedor, pues los alcorques de los árboles del centro de la ciudad no son adecuados para este menester.

Afortunadamente, en un momento dado del recorrido a punto de terminar la revista caminada, encontramos una saca con tierra para poder llevar a cabo el apropiado entierro de la caja que contenía el conjunto completo de fuegos apagados a lo largo del camino.

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Esto no es una broma