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es infinita
infinita y eterna
eternamente infinita
infinitamente ella
infinita mente
infinita
Diario

es infinita
infinita y eterna
eternamente infinita
infinitamente ella
infinita mente
infinita
Un desayuno del revés:

Supongamos un niño o una niña adimensional (que ocupa menos espacio, obviamente, que su equivalente real) que ha de mantener una distancia de seguridad de radio 1,5 metros.
Eso supondría un área de aproximadamente pi por r al cuadrado cada niño/a. Comparando eso con el área de una clase promedio podemos saber si cabrían 20 alumnos en el espacio destinado para ellos/as (suponiendo ninguna pérdida de espacio entre niños/as, no entre niñas/os y paredes)
π×(1,5)2×20=141,371669411541 m2.
¿Cuál es el área promedio de un aula de instituto público de Madrid?
He perdido otro valioso rato de mi vida leyendo un texto de un médico jubilado que escribía una carta abierta en una red social a algún ministro o cargo sanitario que según él está gestionando muy mal este periodo pandémico o plandémico o como quieran llamarlo. No entro a valorar este tema del que me considero un total ignorante ni quiero perder mi tiempo con estadísticas que no sé contextualizar, ni con informes médicos que no quiero conocer (no tengo el nivel suficiente para comprender).
Pero cuando leo estas frases, pierdo el respeto a quien las firma:
Yo no soy ningún negacionista, al contrario; “Afirmo la falta de evidencias científicas en muchas de las medidas que ustedes llaman sencillas y esenciales”, y niego la existencia de datos irrefutables que las justifiquen”.
He marcado en negritas (o blanquitas) las palabras que me han llamado la atención:
«no soy ningún negacionista»: no puede tener más palabras «negativas». Veamos: «no» y «ningún», ¿Esta doble negación tan característica del idioma español significa en realidad SÍ? En caso de que no sea el caso (jejeje) lo que está diciendo (sin el ningún se entiende mejor) «no soy negacionista».
Y aquí llega lo mejor, «al contrario»: es decir, negando lo anterior…
«afirmo la falta»: lo que vuelve a ser negacionista, aunque use la palabra «afirmo». Afirmar una negación es negar. Menos mal que termina reconociendo que «niega la existencia».
Este señor, aparte de negacionista, es un compendio de malas praxis en la redacción a la búsqueda de ampulosidad que dote a su carta abierta de cierta «credibilidad».
Por supuesto, aparte de negacionista, es casi nihilista… y eso hasta cabría decir que me ha hecho gracia.
Aunque en realidad ni siquiera son actividades intrusistas, pues me he dedicado a copiar una plantilla que Carmen había utilizado para hacer sus carteles promocionales de las temáticas diferenciadoras de sus Clases de Tango Argentino, que luego he incluido en su página web www.carmendelarosa.com
Ella utiliza unas cuantas apps del móvil y suele quedar «resultón», pero si quieres tenerlas juntas las imágenes o usarlas en una web… acaba siendo más fácil hacerlas con herramientas, digamos, serias, como las que utilizo para diseñar las cubiertas de los libros (Inkscape sobre Linux, en resumen).
Inkscape es un programa que tiene todo lo que yo pueda necesitar en los próximos años. Se le supone capacidad (o pretensión) de emular al poderoso Ilustrator, aunque no tiene ese «flow» que tienen los productos Adobe. Es parco, algo simplón y algo inestable… pero cumple sobradamente su función. De momento, no echo nada en falta, pero quizá es que sé demasiado poco.
De momento, me sirvió para hacer en un par de horas los siguientes cartelitos para Carmen de la Rosa y su web, amén de promociones en Instagram, etc…







No puedo ni empezar.
Si afirmo ser no racista es que no comprendo que el racismo es inevitable.
Si afirmo ser no racista es que aún no me he encontrado en una situación que me lo ponga de manifiesto.
Si afirmo ser no racista es que no sé bien el significado de la palabra racismo.
Si afirmo ser no racista es que he pensado poco o nada en si la palabra raza tiene sentido.
Si afirmo ser no racista es que quiero venderme como impoluto como si pudiera estarlo.
Si afirmo ser no racista…
Por supuesto (sobra decirlo) ponerle peros a no ser racista es ser racista.
La única buena forma de comenzar a cambiar es afirmando ser racista.
Reconocer que vivimos en un mundo que hemos ayudado a construir basado en el racismo.
Reconocer mi parte de responsabilidad en ello.
Reconocer mis limitaciones para cambiarlo.
Reconocer mi suciedad como ser humano… para poder limpiarla.
(Limpiar… tiene tantas connotaciones racistas que prefiero no ahondar en ello)

Llamamos a un uber
para ir a cenar con una amiga de Carmen.
No queríamos tocar la calle
por si un ramillete de ARN se colaba en nuestras entrañas.
Bajé al portal antes de recibir mensaje alguno
pero por si acaso me asomé a la calle
miré a ambos lados
y vi un vehículo extravagante
en mitad de la calzada.
Supuse que se apartaría
en cuanto llegase nuestro carruaje
que ya parecía tener algo de retraso.
Claro:
Las imágenes me delatan.
Este poema no tiene ningún misterio.
Distinguí el distintivo que indica que es un vehículo
autorizado por la comunidad de madrid
para transporte de personas.
Y verifiqué que la matrícula del mismo
coincidía con la matrícula del coche previsto
para recogernos.
Carmen no lo podía creer.
Quería fotografiarlo sin parar.
Yo me sentía algo avergonzado
no sólo por contribuir a la uberificación
de la economía
sino por ser el centro de atención
de una ciudad dormida.
Conversaciones con el conductor
como si yo entendiese de coches
dando por supuesto que ella no entendía
como si me interesase
aunque sí me apetecía saber
si ese curioso artefacto podía conducirlo
siempre que eligiese
y si eso le repercutía en una mejora salarial
intentado no sentirme mal
por contribuir a la uberificación
de la economía.
Al salir
nos permitió tomar una fotografía (4)
que presumían de una especie de episodio vacacional
en mitad de una ciudad
vencida
que llora miseria disfrazada de opulencia.
Enviamos las fotografías
contribuyendo a la difusión (intencionada)
de la apuesta por el postinaje
de la mentada compañía.


Yo, después de este esquema, casi doy mi batalla por perdida. Tiro la toalla. La tiro, se la tiro, le tiro la toalla… y así.
Viaje al fondo de mi alma.
Lo de «todo empezó» no corresponde pues es probable que sea una historia sin comienzo, más diría yo, sin existencia.
El caso es que después de algún tiempo, Mythreyi y yo decidimos pasar las vacaciones juntos. Ella terminaba su tesis y se iba camino a la India. Yo quería ver a Xabi, Alberto, José Luis… Total que decidimos quedar en Amsterdam el 30, no, el 29, no, ella el 30, yo el 29. Nos pusimos de acuerdo y el 29 por la mañana ambos nos encontrábamos en este aeropuerto de Schiphol (Amsterdam).
Como en otras ocasiones, el primer problema era dónde y cómo besarnos: yo no sabía de su evolución pero estaba aún más confuso de la mía.
Los dos primeros días, aquí en Amsterdam en fiestas, fueron suficientemente aclaratorios: ella, aunque sugiera haber cambiado (especialmente gracias a Jack) sigue siendo la expectante comprometida que no entiende la profundidad de mi individualismo radikal. Igual que para mí es incomprehensible su vinculante concepto de «couple».
Quizá soy un inmaduro: «me la pela».
29 y 30 -> Noches en Amsterdam. Más o menos decido sin decir palabra que no quiero seguir. Soy un cobarde y ya le haría alguna putada a distancia en caso de que no despertase de su inocencia.
El día 1 salimos pronto (12:00 p.m.) hacia Strasburgo a ver a Xabi. También estaba Marta. Me alegré significativamente pues así relajaría mi mente de sus inquisiciones. Unos paseos, unos cafés, unos vinos en L’Alsace… y Marta se fue el domingo y nos quedamos con Xabi quien tuvo la habilidad (le pregunté si incencionada) de poner el dedo en la llaga.
¿Éramos una pareja? ¿queríamos serlo? ¿cómo éramos?
¡Joooder!
Esas preguntas las seguimos haciendo y preguntando con respuestas casi válidas durante la noche fatídica del domingo al lunes. Un largo paseo sin destino físico nos llevó al puerto inevitable de «la ruptura». Yo no creo que estuviésemos rompiendo nada y este era otro de los problemas que quedaron patentes esa noche. Caso simple de incompatibilidad de caracteres.
O: Enamorarse no es programable y yo no estoy enamorado.
Si estuviese enamorado habría puesto más empeño en intentar cambiarlo (o a mí). Sin embargo sólo consideré liberador que ella asumiese la situación como indeseada por ella.
4, 5, 6, 7 en París. Alberto no estuvo mucho con nosotros con lo que no tuvo ocasión (Myth) de atacar otros frentes no sé si con la intención de desentrañar la causa de la incompatibilidad o en otro vano intento de mostrar lo que yo no me puedo creer, que ella se adaptaría a la forma que yo quiera.
¡Pero yo no quiero que Ella se «Adapte»!
Algunas de las conversaciones fueron tan densas y profundas que no sé si estaba descubriendo completamente mi alma o creando la cortina de humo que ella misma iba engordando. Por suerte, al irnos de París se terminaron. La mala suerte fue perder el vuelo Amsterdam-Manchester que nos costó uno de ida Amsterdam-Leeds.
En Leeds, Jamie no era como la había imaginado y lo que había que ver no era mucho pero con Jamie hablando no hay mucho lugar para la reflexión. Esto siguió igual en York y en Liverpool.
La noche que tanto temía de la despedida Manchester-Amsterdam pasó sin pena ni gloria no sé si porque ya estaba todo dicho o porque quedaba demasiado para una noche en un aeropuerto.
Tan sólo los últimos minutos en Amsterdam, con el fin del fin, fueron desgarradores y tristes. Penosos. Demasiada pena para tan poca compasión.
El día 11 ella lloraba contra mi pecho mientras yo pensaba una frase que decir. A veces soy tan vacío que me doy miedo. Salí corriendo para agarrar mi equipaje perdido, un coche a Aachen y a las 12:30 ya estaba allí.
Con José Luis he pasado unos días interesantes en los que hemos conocido un poquito más Maastrich, Lieja, Nimega, Weert (un diminuto pueblo), con vueltas a Aachen a dormir (11, 12, 13) y el 14 a Bruxels con Antonio y Eva. Esos encantadores muchachos de Salitre…
El 15 Breda, Utreche y ¡Amsterdam!
A veces José Luis me desespera. Supongo que es falta de confianza o diferencias en la forma de ser. Lo normal, supongo.
Pero la verdad es que el 15 y 16 sólo quería que se terminasen. Quería volver a Madrid con mis amigas (¿Quiénes?) a hacer lo que más me gusta (¿El qué?).
Haré un intento por responder a estas preguntas cuando llegue dentro de unas horas.
Todo recomenzará con unas llamadas de teléfono… unas respuestas de email… y mañana a trabajar.
¿Cuánto se puede soportar sin ver el sol de la esperanza?
Amsterdam, Schiphol, 17 de mayo de 1998.
Hoy una amiga (que durante años ha sido una de las más dadaístas asistentes a los talleres de poesía que coordino) ha publicado en una red social, riéndose de ello como corresponde, que hay en internet un generador de haikus.
Es una cosa tan graciosa o tan patética (y no en un buen sentido) como el generador de ideas para blog del que hablé hace no mucho en este mismo blog.
Algo tremendo está pasando cuando alguien quiere recurrir a una máquina para realizar lo más humano posible, que es expresarse.
¿Son las máquinas las que están tratando de decirnos algo? ¿Está la amenaza de Skynet más cerca de cumplirse de lo que nos creemos?
Unos cuantos haikus generados casi aleatoriamente por esta vía:
Evil october.
A tropical, large sun flip
above the dollar
Nippy summertime
A domestic, grand pig soars
before the giraffe
Tearless christmastide
A gray, grand squirrel frightens
because of the net
Cabe preguntarse si a la palabra poesía, a la palabra arte, a la palabra creación, no habría que añadirles (implícitamente) la palabra sujeto humano, pues no es sólo una cuestión de forma, ni de contenido, sino de riesgo, de intención, de fracaso… las máquinas (y quienes deciden usarlas para generar ideas para un blog, para escribir «haikus» o similar) lo que buscan es el éxito, carente de riesgo y con una intención que no es la de explorar sino la de fabricar.
La escritura creativa (creación como actitud ante la vida, no como eslogan), la poesía, es una fábrica de errores, de insensateces, de locura, de interrogantes en última instancia, y no una máquina de exclamaciones, afirmaciones, verdades, corduras ni, nunca, éxito asegurado.