Hoy mi sobrino se gradúa

Ha terminado su bachillerato y va a graduarse, pasando a ser «el graduado«, sin bromas cinematográficas dignas de mención.

Ayer le llamé y le felicité por ello y lamento no poder estar en su simbólico paso a una edad diferente.

A él parece darle lo mismo, ya que se ha graduado otras muchas veces, terminando primaria, luego secundaria y ha acudido a diversas fiestas de graduación previamente. El caso es que ni le parece importante ni le aporta mucho… y su PAU (Prueba de Acceso a la Universidad) no ha sido más que un trámite que ha superado con éxito para pasar a formarse en alguna universidad de cara a abonar su futuro profesional. (Aunque una verdadera Universidad debería olvidar esa misión laboral)

Hablando hace unos días con un amigo de Tango, alumno de Carmen, cuya hija está causando sensación con su maravillosa forma de bailar y su extrovertido carácter, estuvimos discutiendo sobre la falta de una ceremonia de tránsito a la edad adulta y la inexistencia de un criterio objetivo de cuándo un adolescente pasa a ser adulto.

Adoro a los adolescentes y ese periodo de tránsito en el que las fronteras absurdas entre la niñez y la adultez van desdibujándose día a día. Me gusta la energía que tienen muchos adolescentes y su ingenua voluntad de cambiar la vida que les espera (o que no les espera).

No tengo claro cuándo dejó de existir en la sociedad (cultura occidental) esta necesidad de realizar algún acto que categorizara al individuo como adulto. Supongo que tiene que ver con la revolución industrial y el trabajo que llevaron a cabo niños claramente no adultos, amén de la incorporación de la mujer al ámbito laboral, lo que creaba una absurda división de ritos de iniciación: ¿los hombres eran guerreros y las mujeres madres?

Según mi posición, siempre un tanto demasiado racional, me sirve el acuerdo social que establece el estado organismo más o menos representante de la sociedad que lo habita. Así que me sirven los números (Niño < 14; Adolescente < 18; Adulto > 18), aunque no dejo de reconocer que son entidades carentes de significado concreto.

Es decir, adolescentes de 15 años pueden tener más «madurez» que muchas personas de 40 años, por no decir de 18. ¿Por qué esta barrera numérica y no otra? ¿Por qué homogénea para todos?

Bueno, en realidad, hay varios mojones anuales significativos:

  • 14 años: se pasa a tener ciertas responsabilidades, antes, era la época en la que estaba permitido dejar de estudiar, no siendo la educación obligatoria más que hasta esta edad.
  • 16 años: en muchos países (siempre de nuestra cultura occidental) se permite conducir. En España a esta edad (hasta hace poco) se permitía abortar sin exigencia de consentimiento paterno (creo). Ahora es la edad hasta la que el estado obliga la escolarización y no se puede empezar a trabajar hasta esta misma cifra. Haciendo (con algo de lógica) que coincidan estas dos edades: la de enseñanza obligatoria y la de incorporación al mercado laboral.
  • 18 años: en España, y la mayoría de los países de nuestro entorno, es la edad en la que se puede votar. Y la edad en la que se tienen plenos derechos y obligaciones como ciudadano adulto. Se puede beber alcohol, conducir, etc… procurando no mezclar las distintas actividades que puedan no ser legítima o legalmente compatibles.

Y poco más. Es decir, desde los 18 (coincidente con ese momento tan especial que puede ser «la graduación») no hay otro mojón de semejante trascendencia hasta los 65 o 67 años. En Estados Unidos, creo, hay una fecha más que es aquella a partir de la cual una persona puede presentarse a candidato para Presidente (35 años). En algunos países, se mantienen los 21 años (antigua cifra de cambio de estado) para algunas pequeñas cosas.

Yo sigo sosteniendo que es útil, si no necesario, un convenio, sabiendo de su arbitrariedad, que mantenga claras las diferentes categorías, pues están asociadas a unos derechos y obligaciones y unos tratamientos por parte de individuos de otras categorías que han de atenerse a ese criterio.

Por ejemplo: ¿Qué ocurre con las relaciones sexuales entre individuos de la categoría adulta con individuos de la categoría niño/adolescente? Hay una clara situación de desventaja pues los derechos y deberes de ambos hace que la relación no pueda ser simétrica.

Hay muchos más ejemplos imaginables. Siempre me ha gustado el de los trabajadores que no tienen derecho a elegir a los representantes que modifiquen la ley de los trabajadores, es decir, aquellos entre los 16 y los 18. Son seres injustamente tratados por un sistema que intenta, con números enteros y finitos, hacer divisiones un poco más continuas que discretas. Un ascenso escalonado, pero cuánticamente escalonado.

Ya sabemos que los mayores de 18 tampoco es que tengamos tantas opciones reales… pero si la opción, digamos, de jure.

Eso sí, habrá casos que no entren bien en esta, arbitraria, repito, división cronológica de las personas, pero a falta de una ceremonia que, mostrando las habilidades correspondientes, facilite el saber si un individuo es o no adulto (binariamente) prefiero tener una cifra establecida por un acuerdo consensuado que emane, de alguna manera, de ese pacto social que fija la existencia del estado moderno.

Sin la obligatoriedad de la enseñanza hasta los 18 (lo que me parecería fantástico, cambiando también el modelo de enseñanza para que esa obligatoriedad no supusiese un deterioro de la calidad de la misma para poder mantenerla hasta esos años), la ceremonia de graduación no puede convertirse en ese punto crítico, punto de inflexión y ha de dejarse vacío hasta el día del cumpleaños. Así que entiendo que, para mi querido sobrino, que aún tiene casi seis meses de 17 años, el día de su graduación no signifique nada especial.

Abdica el Rey Juan Carlos I

Sí, hoy ha sido la impactante noticia del día, pero a mí qué me importa. Ante ¿Qué va a pasar ahora? solo me resta pensar que: continuidad, triste y sosa continuidad.

Va a sucederle su hijo, que ahora no será campechano, sino bien preparado y más o menos carismático… pero su hijo, su hijo…

Este es el quid de la cuestión: Felipe va a pasar a gobernarnos por una coincidencia genética reconocida públicamente. Por ADN (que es casi como decir por cojones: los que generaron el esperma que penetró hace tiempo en algún olvidado ovario de su jodida madre (hubo de ser jodida para ello, en aquel entonces)).

No merece la pena explicar el origen de las monarquías y su legitimación sanguínea como descendientes de otras ramas dinásticas… y, en última instancia, validados en su derecho al trono por el supremo religioso de turno.

No puede haber legitimación de una persona por su sangre sin hacer referencia a algún tipo de privilegio que deriva de una verticalidad que dirige la mirada a un ser superior. En resumen: no es compatible un estado laico con una monarquía.

Pero nos empeñamos en decir que vivimos en un país laico, lleno de excepciones, como consentir o obligar a celebrar fiestas de una única religión a lo largo del año, por no hablar del peso en la tradición.

Con respecto a la monarquía, también vivimos en un país que la adora, adora tener un rey, un hombre que cuida de la casa, como si no pudiese hacerlo una mujer, por supuesto, además de que el hombre en cuestión ha de ser «diferente», «superior», «ungido». No puedo ser yo.

Y esto no puedo entenderlo. Yo quiero ser rey.

Hoy veía el vídeo extraído de la película Templario que compartí en este diario hace tiempo sobre qué significa ser rey y recordaba que he escrito sobre esta estupidez anacrónica de man-tener una monarquía después de abolida la idea de que los seres humanos son diferentes dependiendo de su sangre…

Y no quiero entrar en si su familia real está imputada, ni en degradaciones personales sobre lo nefasto de su reinado. No me importa si lo hizo bien o mal, si se folló a su secretaria o a una enfermera o si su mujer tiene miedo a la oscuridad o se aburre o si caza elefantes o si su hija es una persona con síndrome de Dawn o si su hijo tiene canas o si no sabe hablar o si sí que sabe…

Simple y llanamente, creo que los individuos de un país laico son iguales ante la ley y no pueden tener un apartado dentro de la constitución para hablar de sus excepciones.

Creo que tendríamos que tener el derecho a elegir al representante del pueblo español, aunque fuese el mismísimo Jose María Aznar.

Y es que esta es otra de las razones por las que no acaba de haber el acuerdo necesario: no se trata de personas, se trata de roles. No debe existir el rol de monarca.

Y luego vienen las peticiones de firmas y los supuestos deseos de referendums… pero la dura realidad es que a la inmensa mayoría de los españoles les gusta esta gilipollez anacrónica de la monarquía y no van a dejar de votar a un partido por el hecho de que no tenga en su programa el firme deseo de modificar el modelo de estado.

Así que afrontémoslo: estamos solos ante el siguiente Borbón, descendiente de los Borbones que ocupan el trono de este país desde que lo hiciera Felipe V, descendientes de la rama francesa de la casa de los Capeto, a su vez descendientes de los Robertinos:

La Dinastía o Casa Robertina fue una casa noble de origen franco. Fue fundada por Roberto el Fuerte, conde de Blois y muerto durante una incursión normanda en el 866. Sus dos hijos, asentados en París con los títulos de condes, serían reyes de Francia con el nombre de Eudes I y Roberto I. Éstos lucharían contra los últimos reyes carolingios por el trono.

El hijo de este último, Hugo el Grande, Duque de Francia y Conde de París, llegó a ser el noble más fuerte de Francia, relativamente, pues en esta época el resto de nobles podrían poseer en la práctica muchos más recursos que el reyezuelo, puesto a dedo por los nobles por función meramente representativa, y prepararía la sucesión para su hijo Hugo Capeto en el trono. Este último daría origen a la Dinastía de los Capetos.

Y no tiene arreglo: Continuidad por apatía, pero también por falta de compromiso, por falta de responsabilidad… dos de las famosas «marcas españa».

Deng Xiaoping y la crisis de Europa Occidental

Hoy venía pensando que aún no estamos en «crisis», pero sí preparando el terreno para estar en una situación terrible en los próximos años. Dentro de 15 años, cuando la enseñanza pública y la educación pública sean una ridícula muestra de lo que son ahora mismo, cuando los derechos sociales y laborales estén tan mermados que den risa… o pena, o rabia… es cuando verdaderamente podremos hablar de situación crítica.

No obstante, seguí intentando pensar el porqué de esta situación que nos lleva a esta dramática reducción de la calidad de vida, al desmonte del «Estado del Bienestar» y creí poder trazarlo hasta la burbuja inmobiliaria y/o la financiera.

Pero pensé que eso era un efecto y no una causa: ¿Qué nos llevó a los occidentales a vivir volcados en burbujas como estas, altamente especulativas y de riesgos, como hemos visto, altos?

Y pensé que era la inexistencia de bloques soviéticos, que podía explicar el auge y despegue sin restricciones de la neoliberalidad salvaje que campa a sus anchas por el planeta tras el decaimiento (inevitable) del muro que había mantenido un ilusorio status quo hasta los 80. Las desregularizaciones han ayudado a hacerse mucho más ricos a empresarios completamente «desescrupulados» (si es que alguna vez han tenido de aquellos) sin ya reparar en, ni siquiera, nacionalismos o fronteras.

Pero creí pensar que algo ahí se me estaba olvidando… hasta que me acordé de un artículo de wikipedia que estuve leyendo el otro día sobre la Revolución Cultural China. No sé por qué en ese momento no me llamó la atención, pero algo sí me quedó claro: fruto del fracaso de la misma, de su propia autoaniquilación, abrió paso a un proceso de liberalización de la economía hacia una «de mercado».

Incluyo parte del artículo porque está bastante bien explicado:

La Gran Revolución Cultural Proletaria fue una campaña de masas en la República Popular China organizada por el líder del Partido Comunista de China Mao Zedong a partir de 1966 y dirigida contra altos cargos del partido e intelectuales a los que Mao y sus seguidores acusaron de traicionar los ideales revolucionarios, al ser, según sus propias palabras, partidarios del camino capitalista.

En realidad supuso una radicalización de la revolución china. Mao, apoyado por un sector dirigente del Partido (Banda de los Cuatro), utilizó una gigantesca movilización estudiantil (Guardias rojos) para desacreditar al ala derecha, pro-capitalista (encabezada por Liu Shaoqi, Peng Zhen y Deng Xiaoping), dentro del aparato del Partido Comunista Chino. Esta recorrió todo el país, afectando también a las áreas rurales, terminó por extenderse a la clase obrera y, finalmente, a los soldados del Ejército Popular, convirtiéndose en un cuestionamiento generalizado contra las autoridades del Partido, que amenazaba con escapársele de las manos. Este proceso dio lugar a la conformación de Comités Populares de obreros, soldados y cuadros del partido por cerca de la mitad del país, los cuales funcionaban como órganos de doble poder popular en las distintas tareas de administración y gobierno; situación que Mao logró encauzar, situándolos bajo la dirección del Partido. Esta situación duró hasta 1976, momento en que un golpe de Estado militar encabezado por Deng Xiaoping, con una dura represión, restauró en el poder a la facción encabezada por él mismo, procediéndose al arresto de la Banda de los Cuatro y la vuelta al statu quo, emprendiendo los cambios en la economía que, bajo el nombre de socialismo con características de mercado, iniciarían la vuelta a la economía de mercado capitalista.

Y aquí sí, en esta última frase es donde pude haber parado de buscar: teniendo, desde ese año, un millar de millones de trabajadores potenciales muy baratos, había que garantizar la posibilidad de movilidad de capital y de empresas… y comenzó el desmonte del «paraíso occidental».

Ahora no es posible entender el mundo sin este protagonismo chino en la economía, pero la situación proviene de una contra-revolución de una revolución que no conocemos mucho en occidente. ¿Por qué se había ocasionado realmente la Revolución Cultural y su contrarevolución correspondiente o golpe de Xiaoping? ¿Eran fenómenos evitables?

Me surgen muchas más preguntas, pero lo que veo es que esta conexión no era muy evidente y ahora no puedo dejar de verla: es un elefante rosa en la habitación. Me encanta habérmela encontrado.

Sobre qué hacer ahora… mejor para otro día, pero si sabemos orígenes, puede que podamos pensar mejor de cara al futuro. Puede.

Del Holocausto, según Alfred Hitchcock

Hay quien tiene la osadía de negarlo, pero me habría gustado someter a quienes lo hacen a ver este documental. Es más, como comenté el otro día, me parece que debería ser de obligado visionado entre todos los niños del mundo, como parte de su educación, a ver si, con el shock resultante, fuesen tocados de conciencia social y cambiasen el mundo.

http://youtu.be/xI_6oLPC-S0

Mientras lo veía, no paraba de pensar que en este siglo pazguato y reprimido es posible que el vídeo se considere de mal gusto o, incluso, se censure por mostrar un pene o un desnudo, además de poder herir sensibilidades… Pero lo que hiere sensibilidades hasta matarlas es no ver este vídeo programado todas las navidades, hasta que los seres humanos sean seres humanos de nuevo (o por primera vez). (Frase de un verso de Atukwei Okai).

Y me acordaba de un texto sobre el porqué no se produce una revolución en España y mi vulgar análisis crítico acerca de que una de las razones que el artículo no mencionaba era la relación con la cobertura de mínimos como comida, agua, etc. Pero entonces me di cuenta de que tampoco se produjeron revoluciones significativas entre los condenados a campos de concentración.

Hoy pienso que tiene algo que ver con la entropía o con el desorden de un grupo heterogéneo que «tira» en demasiadas direcciones simultáneamente hasta que el sumatorio de fuerzas vectoriales acaba anulándose. Hay tantos motivos para protestar que unos acaban por anular a otros… y el inmovilismo triunfa. Es un análisis algo estadístico que me gustaría que profundizase gente más preparada que yo en el asunto, como mi amigo Xabi, quien habla de esas moleculillas que se mueven brownianamente hasta generar variables termodinámicas usables pero pocas variables vectorialmente apreciables.

Y según escribo voy percatándome que dejo de lado el sentimiento, para pasar a analizar. El sentimiento o los sentimientos me dejaron, el otro día, algo tocado, hasta sentir que los pequeños problemas de mi vida son directamente infinitésimos, épsilon-despreciables, que la humanidad ha pasado por momentos tan traumáticos y, sin embargo, los sigue superando.

Recordaba que viví mientras sabía que se estaban produciendo masacres similares en Uganda/Ruanda/Burundi… y no hice nada al respecto.

El visionado de este documental me parece que hay que hacerlo sin distracciones, en la medida de lo posible, pues es tan difícil aguantar la crudeza que caemos en la tentación de abandonarlo por alguna razón aducida… pero es deber humano. Lo es.

Privatización de los cuerpos de seguridad del estado

El otro día llegué a preocuparme mucho
pero mucho mucho
por la autorización concedida a vigilantes jurados
y guardias de seguridad privada
para llevar a cabo detenciones
ostentando de este modo
la carga visible del poder ejecutivo.

Hoy prefiero mirarlo con otros ojos
algo más optimistas
que imaginan al colectivo
de trabajadores
de los cuerpos de seguridad del estado
que hasta ahora han permanecido fieles
cual canes
a los mandatos gubernamentales
por muy ridículos que fuesen
ojos que imaginan
policía
nacional
municipal
militares
e incluso guardias civiles
yendo a una huelga
provocando disturbios
para llamar la atención del resto de los ciudadanos
y conseguir visibilidad mediática
antes que tener que perder su estabilidad laboral
uniéndose a
profesores y maestros
médicos
barrenderos
en reivindicaciones de un modelo de estado
abandonado a la suerte mercantil
la mala suerte
podríamos decir.

Cuando los cuerpos de seguridad del estado
den seguridad a los verdaderos soberanos del estado
estarán cumpliendo su trabajo
y
quizá
consigan mantener
también
su empleo
y sueldo.

Cuando salgan a la calle a oponerse a represores
se autoricen a sí mismos manifestaciones de disconformidad
incluso piensen por su cuenta
y riesgo
habrá
de nuevo
algo de esperanza.

Endodoncia

jack-huston-candidato-frankensteinAcabo de llegar de que me hagan una endodoncia tal y como se supone que tienen que hacerme para tratar mi dentadura. Siento un no sentir muy extraño: cuando bebo agua, es parecido, supongo, a la experiencia que debe tener el personaje de BoardWalk Empire, Richard Harrow, que aparece a la derecha. La parte izquierda de mi boca no existe. No se mueve acorde al resto. Aunque, bien mirado, sí, si se mueve, pero el movimiento no me reporta información a un cerebro que parece inconsciente del mismo.

Advertí al dentista de mi fragilidad, de mi poca valentía, de mi extremada sensibilidad del dolor, hasta resultar casi ridículo. Me caían pequeñas lágrimas que, en parte, me avergonzaban y me han llevado a pensar en cosas curiosas. Hoy acompañaba al doctor, un joven atractivo de unos 35 años de edad, alto, de complexión delgada, pero firme, una ayudante, doctora que no trabajaba allí, por lo que supe durante sus conversaciones mientras me ignoraban bajo sus brazos, de piel clara, nariz pequeña y puntiaguda, unos dientes perfectos asomando entre unos labios de una carnosidad insinuante (¿acaso podía ser diferente la carnosidad?).

Me resultaba curioso, repito, creer que no me estaba comportando como un héroe, cosa que sé que no persigo, y que, de algún modo, esto me hacía sentir cierto embarazo. Y con esto de los héroes, he recordado una conversación epistolar que estoy leyendo entre Paul Auster y John M. Coetzee.

Ellos hablan (y están de acuerdo) sobre el deporte y la visión heroica de los deportistas, como héroes que transitan entre los estados (digamos kierkegaardianos) éticos y estéticos. Distinguen, al menos lo pretendía hacer Auster, algo más organizado mentalmente, entre los que tienen relación pasiva (espectadores) y los que tienen relación activa (deportistas) con el deporte en cuestión. También quería hacer una clasificación entre los deportes de equipo y los individuales. Coetzee, por su parte, habla del Ajedrez, trayéndolo a colación de competición y obsesión.

Sin desmerecer este despropósito de incluir el ajedrez entre los llamados deportes, en todos ellos hay una búsqueda, más o menos sublimada, de ganar a otro. Para mí, los deportes no son ni más ni menos que sublimaciones de la competencia intraespecífica de la que hablaba Konrad Lorenz.

He buscado textos sobre el tema y me encuentro este interesante titulado Los Ocho Pecados Mortales escrito en 1972.

Konrad Lorenz nació en 1903 y murió en 1989. Naturalista y zoólogo, es el fundador de la etología, la ciencia del comportamiento, tanto el animal como el humano.

El lugar de su nacimiento es Viena. Se doctoró en medicina y zoología en 1933 en esta Universidad. Llegó a ser muy conocido por sus esfuerzos para identificar lo que él llamaba patrones establecidos de conducta, de los cuales demostró que estaban genéticamente determinados. Estableció, además, que dichos patrones eran tan importantes para la supervivencia del animal como sus características fisiológicas, y que ambos factores tenían un desarrollo evolutivo similar.

Uno de sus más conocidos y difundidos logros es el haber descubierto que los estímulos auditivos y visuales de los progenitores de un animal son necesarios para inducir a la cría a seguirlos, pero que cualquier objeto, incluido un ser humano, podía inducir la misma respuesta si se empleaban los mismos estímulos.

En su obra Sobre la agresión (1963), Lorentz demostró que el origen genético de la agresividad humana provenía del comportamiento observado en muchos animales cuando éstos defienden su territorio. Aunque la tesis era científicamente inatacable y hasta llegó a difundirse bastante masivamente, generó duras reacciones por parte de quienes siguieron – y siguen – aferrados a las doctrinas «políticamente correctas» que imponen los grandes centros académicos. .

Así, Lorenz terminó clasificado como incómodo «revolucionario» y la tendencia actual es a tratar de ignorar su obra. Sin embargo, difícilmente eso sea del todo posible. En primer lugar porque es demasiado extensa y, en segundo término, porque el rigor científico que lo caracterizó durante toda la vida lo ubica mucho más allá de las controversias intreresadas y mezquinas.

Sus obras principales son «Hablaba con las bestias, los peces y los pájaros» (1949), «Cuando el hombre encontró al perro» (1950), «Evolución y modificación de la conducta (1965)», «La otra cara del espejo (1973)» y «Los ocho pecados mortales de la humanidad civilizada» (1973) que aquí ofrecemos.

En 1973 Lorenz recibió el Premio Nobel de Fisiología y Medicina conjuntamente con Nikolaas Tinbergen y Karl von Frisch por sus trabajos en el campo de la etología.

Pero más divertido ha sido encontrar sus textos comentados en la web del Opus Dei, con unas críticas finales que dan ciertos escalofríos porque uno se imagina, fácilmente, a unos señores quemando los libros de este autor, entre otros tantos dogmática o doctrinalmente indeseables:

VALORACIÓN DOCTRINAL (Según el Opus Dei)

La obra de LORENZ parte de bases falsas, pues su método de investigación se basa en el estudio del comportamiento animal —en el que el autor es ciertamente un experto— y en la extrapolación sistemática al hombre de los resultados de dicho estudio. Por lo tanto, se afirma el carácter determinante de los instintos sobre la conducta humana —al igual que sobre la animal—, y se desconoce por completo el papel que en el hombre tienen el entendimiento y la voluntad: aunque LORENZ afirme que reconoce el valor de la libertad, y que éste no resulta negado por su teoría (pp. 255-256), en la práctica se desnaturaliza por completo su significado. Nos encontramos, en conclusión, ante una obra claramente desaconsejable.

Guerra civil en Siria

Como sigo con la costumbre autoimpuesta de no leer la prensa, no me acabo de enterar perfectamente sobre lo que está pasando en Siria, ni sobre esa guerra en la que vamos a estar involucrados. Lo sé por las redes sociales, que parece que hablan de esto ahora. No hablaban en los últimos 2 años, apenas, de que esta guerra civil está en marcha ni sobre los actos salvajes que se están cometiendo allí. Posiblemente, por ambos bandos.

Como cuando se trataba del tema de la intervención en Libia, no nos preocupamos demasiado si no tenemos que intervenir. Supongo que esta vez tampoco el rey tendrá nada que decir, salvo que se vaya de vacaciones a matar elefantes a Siria…

He de reconocer que veo a mis amigos más o menos progresistas protestar por la inferencia, por la entrada de tropas en Siria, y no sé si concuerdo con ellos. ¿Esto me hace menos progresista? Quizá (efectivamente) me hace mucho menos pacifista. Tampoco digo que esté a favor de la intervención.

¿Y entonces?

Pues no lo tengo claro. No sé qué responder. Sigo pensando que se trata de uno de esos casos del Problema del Abusón que no he logrado desentrañar.

Lo que sí tengo claro es que si Siria no fuese un lugar estratégicamente situado no habría el más mínimo planteamiento de resolución del conflicto. Nadie (a duras penas) hizo ni la más mínima intervención, ni crítica de las pocas, durante el conflicto en El Chad o en Darfur, por no hablar de Mali y Azawad. No conozco a nadie que me sepa decir el nombre de las capitales de ninguno de estos países.

Hoy todo es Siria: No a la entrada en la guerra de Siria. Sí a la destitución del pseudolaico presidente. Con un conflicto que puede ser el detonante de uno mucho mayor. Siria es quizá uno de los países más conflictivamente situados del mundo. Con apoyos diversos de Rusia, vieja aliada, China, complicadas relaciones diplomáticas con Irán, Irak, Israel, Turquía, Francia, Gran Bretaña, EEUU…

Está claro, no obstante, que prefiero seguir sin leer prensa, en la que pueda tener la ilusión, ya sea «amiga o enemiga» de que sé lo que pasa allí y la mejor manera de resolverlo.

Me estoy volviendo un ser muy muy pasivo…

¿Coincidencia?

Si ayer hablaba de la incomprensión que sentí en una conversación y recientemente comentaba la pérdida de racionalismo en el pensamiento occidental, la crisis del pensamiento racional, por la tarde me encontré en una red social, el siguiente artículo: El caso SOKAL: La verdad de las mentiras, que comienza hablando sobre la impostura del lenguaje científico para acabar semejándose a mis alegatos contra los planteamientos que tachan de postmodernos y yo de simplistas, simplemente.

No conocía el artículo y me ha parecido muy interesante, pero lo curioso es la coincidencia con mis últimos textos al respecto. Hasta el punto de sospechar que alguien de la revista Filosofía Hoy (donde apareció el artículo) está leyendo este blog y contestándolo o dejándose llevar por sus sugerencias. Aunque quizá sea algo recíproco, aunque quizá sea una conexión contextual: ambos estamos en el mismo espacio-tiempo culturalmente hablando.

Algo me parece evidente: existe la necesidad de entender un mundo cada día más complejo. Las búsquedas, entre quienes tienen interés, perviven de innumerables maneras, algunas racionales, algunas irracionales… (pero esta división es racional, de hecho, propia de una lógica sencillamente bievaluada o booleana). ¿Puede el ser humano pensar sin lógica?

Wittgenstein, Witt, Witt, Witt…

Invitación a la mentira

Incitación a la mentira¿Qué hay detrás de esta publicidad que me corroe? En el fondo no es más que una apelación a que mintamos, a que digamos que somos otros distintos de quienes somos, a que nos saltemos la ética, que pocas veces favorece la mentira, para que saquemos beneficios de ello. Y detrás de esta publicidad hay algo aún más aterrador: se sabe que funciona. Es decir, no nos importa mentir, no nos importa la ética. El objetivo último no es ser un ser ético, sino exitoso y no se valora en esa loca carrera al éxito que hayamos mentido, estafado, tratado mal a empleados, aprovechado circunstancias inapropiadas, etc, etc, etc…

El sábado mi amiga Lilian me pasó un texto, no escrito por ella, sobre esta debilidad de la moral para mantenernos en pie y que está llevando o ha llevado a la ruina ética a este país. (Aunque no creo que sea solo en este país donde eso ocurre, sí que lo veo alrededor con suma frecuencia)

EL PAÍS QUE SE PERDIÓ EL RESPETO A SÍ MISMO

Un escrito que dice muchas verdades

Escuchando el debate sobre la decadencia de España podría llegarse a la conclusión de que ocurrió por accidente, que fuimos atropellados por el infortunio. Se habla de los corruptos como si fueran extraterrestres llegados de un universo lejano. Miramos al exterior y envidiamos a los políticos de otros países, sorprendidos por su estatura moral incluso a la hora de reconocer el error y renunciar. Nos preguntamos por qué tenemos que conformarnos nosotros con los mediocres, los cobardes y los golfos. ¿Nos los eligen en Finlandia? ¿No será que son reflejo de la sociedad?

España se mira al espejo y no se gusta, pero tampoco parece dispuesta a hacer nada por cambiar. Clama contra los políticos, pero vota a los de siempre. Se indigna ante la corrupción, pero pregunta si puede pagar en negro. Detesta el nepotismo, pero qué hay de lo de mi sobrino. Pide cultura, pero premia con las mejores audiencias la televisión más zafia. Y exige respeto, aunque hace tiempo que se lo perdió a sí misma.

Puede ocurrir que por traspiés de la historia, conflictos varios o mala fortuna tu país acabe en manos de Franco en lugar de Churchill. Pero nada de ello trajo la reelección de Zapatero, a Rajoy o a los glotones que ocupan desde hace lustros comunidades y ayuntamientos. Lo hizo el voto consciente de los ciudadanos. Los valencianos que dan la mayoría absoluta al PP semanas después de que sus dirigentes sean imputados por corrupción. Los andaluces que siguen apoyando a quienes desde el PSOE han convertido la región en un cortijo de corrupción, derroche y caciquismo. La España, desde Ceuta a Orense, que dice en las encuestas que volvería a apoyar masivamente el bipartidismo que ha parasitado todas las instituciones, poniéndolas a su servicio. “Voto útil”, lo llaman.

El resultado es esta España donde el presidente es incapaz de reunir siquiera el coraje para enfrentarse a las preguntas de un grupo de periodistas cuando es acusado de corrupción. La de los ex presidentes Felipe González y José María Aznar, cobrando como consejeros de grandes empresas sobre las que legislaron cuando estaban en el poder. La de Rodríguez Zapatero, que llegó a dirigir la nación con un currículo que no le habría servido para encontrar trabajo en una empresa familiar. La de Ana Botella, que en su mayor crisis al frente de la alcaldía de la capital, y mientras familias madrileñas enterraban a sus hijas, buscó un spa donde relajarse en Portugal. La España del rey que dice que es hora de apretar los dientes, antes de fugarse con su amante a cazar elefantes a África. La de quienes otorgan trato de favor a Emilio Botín para que regularice 2.000 millones de euros que su familia tenía en Suiza, pero exprimen hasta el último céntimo a quienes no pueden pagarse un autobús a Zurich. La España de Bárcenas, amasando 22 millones de euros cuando hacía las cuentas del partido en el gobierno, al parecer sin que ninguno de sus dirigentes se diera cuenta. La de los 300 cargos públicos imputados por casos de corrupción que probablemente serán reelegidos por esta España que se preguntara qué hizo para merecerlo.

(Cristina Lopez-Shümmer)

Esto no es una broma