El olor del bosque, de Hélene Gestern

Ya en agosto me metí a leer esta novela de 800 páginas que pensé que me iba a llevar más de 3 días leer, pero mre resultó muy entretenida, aunque no muy profunda, lo que simplificó la tarea (¿tarea?).

No obstante, me gustó la interesante mezcla de voces narrativas y, sobre todo, la cuidada edición que hace la editorial Periférica & Errata naturae. Esto, para mí, no es poco, porque cada día más me importa encontrarme ediciones delicadas, que no dejen líneas huérfanas o viudas sin parar y cuya tipografía reme a favor de la legibilidad.

Comparte algo del intento de narrar historia colectiva e individual, al estilo de Lea Ypi o Emmanuele Carrere. No alcanza a profundizar en la primera y la segunda no parece tan interesante como para indagar en su biografía y ver si se corresponde con lo narrado. Estoy demasiado acostumbrado a autobiografías magistrales.

Pensé, y parece ser que acerté, que le podría gustar a mi hermana, así que se lo regalé cuando llegamos a Colmenar Viejo, aligerando considerablemente nuestro equipaje. Lo había comprado de segunda mano en MenosDiez, mi librería de confianza en Madrid, bien aconsejado por Andrés. Me gusta regalar las novelas que leo pensando en a quién pueden gustarle, para que sigan su camino en busca de la lectora o el lector ideal.

Los libros de mi Día Internacional del Libro

Hoy era el Día Internacional del Libro y quise hacerme con algunos de los libritos que me voy a leer próximamente, amén de alguno que me reservaré para las vacaciones.

Nada mejor que ir a la librería de mi amigo y gran librero: Andrés Larrinaga, en Librería MenosDiez, situada en Calle del Espejo, 5, justo a unos metros de mi estudio.

El regalo de la bolsa a partir de unos pantalones reutilizados me parece el broche ideal y cariñoso de una librería que por encima del negocio, tiene la ética. Es un honor y un orgullo contar con amigos semejantes.

Pequeños grandes placeres

Esta mañana he entregado las láminas que Pepe Buitrago me ha pedido para exponer en su maravilloso espacio de Centro Dados Negros en mayo. Disfrutar de su compañía un rato en esta mañana soleada de invierno en Madrid, mientras me contaba el proceso en el que crea sus piezas holográficas ha sido enriquecedor hasta no poder más. Hablar de arte y física con una persona como él que sabe tanto y que lo cuenta con tanta humildad no tiene precio. Un lujazo sin parangón.

En la Plaza de Herradores he comprado manzanilla en una recoleta tienda de infusiones a granel llamada Casa Oriental, tienda de té, productos ecológicos y herbolario. Esta noche la estrenaré con un par de radios de una estrella de anís para dejársela preparada a Carmen De La Rosa para cuando vuelva de su Milonga ROMÁNTICA.

Después he pasado por mi panadería favorita (Museo del Pan Gallego) a comprar la típica hogaza (hogar, fogar, folgar…) de trigo y centeno que hace las delicias de cualquier desayuno (o cena, o comida).

Por si fuera poco, como ya la mañana la daba por casi perdida (ganada completamente, en realidad), me he acercado a saludar a mi librero preferido, Andrés Larrinaga Arechaga, siempre cordial (de cordio, cardio, corazón) que con tanto mimo lleva la librería Menosdiez. Es tan tentador que procuro usar «orejeras» (de las de los burros) para que no se me desvíe la mirada a más libros… pero tenía uno de poesía de Leonard Cohen de tapa dura con ilustraciones por 8€. ¡¿Cómo lo hace para encontrar esas joyas?!

Y de colofón vuelvo al estudio donde esta tarde continuaré con el taller de Poesía Clásica China en el grupo de la Asociación Cultural Clave 53.

¿En qué momento mi vida se convirtió (la convertí) en algo tan bonito?

Fortuna no es sólo una marca de cigarrillos.

Esto no es una broma