Selfie

Ahora que parece que ha vuelto a ponerse de moda el autorretrato, con esta tendencia conocida como selfies, me he unido a la autorrepresentación que, dado el uso del reloj, casi recuerda a esas fotografías de secuestrados que daban cuenta de su ubicación en el espacio-tiempo.

selfie

La reflexión (y no tiene doble lectura) sobre el aumento de este tipo de fotografías y el egoísmo o egotismo o cualquier otra manifestación del ego y superego en la sociedad contemporánea, me la dejo para otro día.

La alergia se está retrasando o las falsas esperanzas

Cada día me despierto pensando que hoy comienza el malestar permanente de la alergia. Y desde hace semanas agradezco (no sé a qué ni a quién) el hecho de no haber empezado. Podría agradecer simplemente el hecho de no tener alergia o cabrearme por tenerla y tener que despertarme pensando en ello cada mañana, pero he decidido agradecer la falsa esperanza de que esta vez se retrase el temita.

Hoy no tengo mocos, no me ha sangrado la nariz, como esperaba. Hoy, casi después de una semana de mayo, aún no presento los típicos síntomas, aunque he tenido que estar un rato sentado esperando a sentirme algo más fuerte, pero pude hacer el taller de Poesía Objetual y Performance en Castrejón este año, en mitad de un campo de olivos, sin ser atacado por esa naturaleza que me es hostil.

No sé qué pasará mañana, quizá tampoco pase nada más. Sigo sin tomar antihistamínicos que es algo así como la prueba palpable de que ya ha comenzado. Sigo sin sentir que los necesito, pero hoy ha sido difícil creerlo.

Tan solo sudo más de lo habitual, tengo un poco de calor inexplicable por el mero hecho del aumento de la temperatura, causado por una especie de combustión interna, por un frente de batalla abierta en el fondo de mi pecho, en mi intestino, en el pericardio, en el perineo, en algún lugar remoto de mi intrínseco misterio, a varios metros de mi piel hacia el interior, como si fuese posible, como si hubiese espacio suficiente para una guerra que no entiende de tratados de paz.

Las manos desean mantener los dedos alejados unos de otros, en un denodado intento de desecar la dermis por contacto con el aire que, ahora, entra por las ventanas. (Antes de eso no había aire, estaba respirando, supuestamente, una burbuja de fluido gaseoso (valga la redundancia) ignoto e inicuo).

Las yemas digitales están a punto de llorar lágrimas de soldados muertos en combate.

Y yo estoy verdaderamente a punto de dejar de tener falsas esperanzas.

Debo mantener recuerdos vivos del tiempo que no he sufrido. Falsas recompensas que sustituyan las ilusiones vanas.

Y a esperar que desaparezca y vuelva otra maldita primavera floreciente.

Desagradecido

Nací
de mi madre
y de mi padre
aunque más de mi madre
por aquello de la gestación.

Nací
sin haberlo pedido
sintiendo que era su deseo
su
deseo
y no necesariamente el mío.

Nací
hace ya más de 46 años
de los que gran parte sostuve
que desearía controlar
al menos
el final
ya que no pude el principio.

Nací
involuntariamente
y esa
carencia
está siendo arrastrada
losa
sobre la espalda
de un exceso de responsabilidad
quizá
mal entendida.

Nací
sin objetivo claro
sin destino
sin fin
y con un principio que no es de incertidumbre.

Nací
tarado
y superhéroe.

Nací
extraterrestre
en mitad de un tumulto de humanos sociales
por naturaleza
e incluso puede que buenos.

Nací
desarmado
y cargado de futuro
con una necesidad de alimento
que se come letra a letra
o verso a verso.

Nací
para morir
y siempre lo he sabido
pero incluso así
supongo
debería sentirme agradecido

y no lo logro.

Dolor encefálico. Causa desconocida.

Candidatos a causa primera (supuesta una única causa, lo cual es mucho suponer):

Dental: Tengo dolor de muelas muy suave desde hace tiempo (desde este verano, principalmente) y el arreglo endodóncico de septiembre no parece que acabase con el malestar. Es más, tengo pendiente otras revisiones de caries y no sé si seguir con esa línea o volver a enfrentar la muela que me generó el problema principal.

Óptico/Oftalmológico: Parece ser que no ver bien es causa de dolores de cabeza frecuentes. He cambiado mi graduación y actualizado mis gafas. Han tenido que quitarme, de las últimas gafas hechas, la corrección aplicada para el astigmatismo. En ocasiones veo… mal. Y en ocasiones no me importa. La mayoría del tiempo veo bien. Y con mi recién adquirida pantalla enorme veo mucho más (no mejor, sino más (píxeles, por ejemplo)).

Nasal: Desde que era pequeño tengo una heridita en la parte interna del canal derecho de la nariz que, cada ciertos años, se abre y tarda en cerrarse, produciéndome pequeños sangrados, principalmente en ambientes resecos y por las mañanas, al despertarme. Se agudiza en época de alergias (al olivo) y no quiero ni pensarlo, pero está por llegar. Esto hace que respire mal (lo noto), como conteniendo el aire o intentando llevarlo más al fondo de lo que la nariz me recomienda.

Muscular/Podal: Podal de pie. Creo. Sí, tener los pies planos y que hayan ido generando una fibromatosis plantar (nada grave, por otro lado) puede hacer que el calzado no sea cómodo, por más que haya intentado adquirir buenas suelas últimamente. Y esto repercute a toda la columna vertebral y, en su apogeo, al cráneo/cerebro… o sea, que puede ser otro buen candidato a esta búsqueda causal.

Preocupaciones: Tengo. Sí, tengo preocupaciones. No muchas y, desde luego, leves comparando con lo que encuentro en mi entorno, algunas son más o menos sociales y otras muchas más personales, relacionadas con mi subsistencia, con mis ingresos, siempre algo imprevisibles, aunque este año está siendo bueno al respecto, o con mis horarios y la dispersión de actividades a las que me dedico. Intento mantener cierta rutina, pero siempre hay motivos para que se vaya al traste y tenga que volver a cuestionarme cada mañana ¿hoy qué me toca hacer? Lo que no ayuda, precisamente, a la relajación a la que puede ayudar cierta rutina, envidiada parcialmente.

Climatología: Obvia decir que los cambios estacionales también son fuente posible de desajustes que conducen a dolores de cabeza… así que este factor también ha de ser tenido en cuenta.

Está claro que candidatos no me faltan. Seguro que me he dejado alguno (¿gastronómico?) o que bien podría tratarse de un megamix de todos o varios de ellos, amén del hecho de que la edad no perdona…

La parte buena: el dolor parece ser menor de lo que podría ser. Hoy, intentaré ser optimista.

Me gusta / No me gusta

A partir del texto
Me gusta / No me gusta
de Luis Buñuel (en el libro Mi último suspiro)

En la época del surrealismo, era costumbre entre nosotros decidir definitivamente acerca del bien y del mal, de la justo y de la injusto, de la bello y de la feo. Existían libros que había que leer, otros que no había que leer, cosas que se debían hacer, otras que se debían evitar. Inspirándome en estos antiguos juegos, he reunido en este capítulo, dejándome llevar por el azar de la pluma, que es un azar como otro cualquiera, cierto número de mis aversiones y mis simpatías. Aconsejo a todo el mundo que haga lo mismo algún día.

Me gusta pedir en mis talleres que hagan el ejercicio del «me gusta/no me gusta». La primera vez que lo hice fue en Fuentetaja, de hecho, en un taller al que asistí. La profesora, Graciela Baquero, era una mujer menuda que creía en la forma de impartir talleres que yo iba buscando y estuve tanto tiempo en su taller que, al final, me quedé solo y tuvieron que clausurarlo.

Era algo comprensible, pero me sentó bastante mal y prometí (o me prometí) que yo nunca lo haría. Aún no he clausurado nunca un taller regular de escritura ni siquiera con una sola alumna y lejos, bastante lejos, de mi casa.

Graciela, no obstante, sirvió de llave a todo un universo que pude conocer, pues me invitó a participar en un curso de formación para coordinadores de talleres de creatividad que impartía con Jaime Vallaure y con otro cuyo nombre no recuerdo (Miguel Navas, recuerdo hoy.

Jaime pasó a ser «mi faro» y él, a su vez, me abrió nuevas ventanas a otros mundos que yo ni siquiera había imaginado.

Me gustan los días de lluvia, aunque también los días de sol y los de nieve o viento; en realidad, lo que no podría soportar son los climas «perfectos», no variables, suaves, casi programados. Carmen, sin embargo, los adora y este es uno de los pequeños problemas de mi vida: Si alguna vez pensamos seriamente en el exilio no nos podríamos de acuerdo de ninguna manera.

Me encanta el cine. Todo el cine. Siempre cuento que decidí el lugar en el que vivo en función de la cercanía a la mayor cantidad de salas del centro de Madrid. Lamentablemente, con el pasar de los años, los cines me han ido abandonando y me siento un poco huérfano de salas.

El mayor de los traumas lo sufrí con los cines Luna, en los que proyectaban películas comerciales pero en versión original subtituladas, como más me gustan, ahora convertidos en un gimnasio «fashion» al que me apunté. Ha sido un error de los mayores de mi vida. Todo el mundo me decía que era esperable que lo dejase, y así fue. Algo que no todos saben es que yo mientras hacía ejercicio recordaba y tarareaba una canción de Serrat titulada Los fantasmas del Roxy, que habla de un cine que es demolido para construir una sucursal bancaria y los fantasmas de los actores comienzan a aparecerse en ella.

Antes me gustaban los cantautores y me podía llegar a aprender, de memoria, un sinfín de canciones por su letra, pero con el paso de los años he acabado por aburrirme.

Cada vez más me gusta la música instrumental.

Esto fue especialmente así desde que oigo Tangos. La mayor parte de las letras de tango, por muy orgullosos que muchos fanáticos porteños puedan estar, me parecen simplonas, cutres, sin fondo y repetitivas y tópicas hasta decir ¡basta!

Sin embargo, la música distorsionada y sensual de Piazzolla o la armónica de Hugo Díaz me ponen la piel de gallina y me hacen sentir unas ganas enormes de bailar y (a veces) llorar al mismo tiempo.

No me sorprende que Piazzolla fuese un admirador del Jazz, pues con los años, he descubierto en esta música una variedad y una libertad creativa al mismo tiempo que un cromatismo y una intensidad inigualable.

Me gusta la libertad creativa en todas sus formas. Adoro las búsquedas de John Cage, Brossa o Duchamp (Marcel). Para mí, sin búsqueda intelectual, un ser humano es poco diferente de un cordero.

Me gusta mucho cocinar. Tanto es así que cada día lo hago mejor y algunos amigos y familiares (poco objetivos) han empezado a sugerirme que me lo plantee en serio profesionalmente. De hecho, volviendo al tema del exilio, veo en esto una posible salida laboral.

No puedo soportar que alguien diga de la comida «esto no me gusta». Me llevan los demonios. A veces tengo que contenerme para no desear que fallezcan, en ese momento, de inanición espontánea.

Mis sobrinos (y su madre) lo hacen con frecuencia y es una de las principales razones por las que no voy más a Daimiel. Es más, le he dicho a Carmen varias veces que no pienso quedarme nunca con ellos a nuestro cargo mientras no cambien esa actitud.

Me gusta ser tajante. Sí. Pero ¡oh, contradicción! no siempre estoy seguro.

El escepticismo no es que sea algo que me gusta sino, más bien, algo en lo que creo (si es que se puede creer en no creer).

No me gustan los adoctrinamientos ni los adoctrinadores ni las doctrinas. Creo que ni siquiera me gusta la palabra doctrina.

Me gusta agotarme de escribir y sentir que no acabaría nunca.

Natural o Artificial

platano natural

Soy artificial.
Soy lenguaje.
Soy construcción conceptual.
Soy carne.
Soy células.
Soy moléculas.
Soy átomos etimológicos.
Soy la magia de las conexiones entre todas estas cosas.
Soy desconocimiento.
Soy ignorancia.
Soy patético.
Soy ético.
Soy agua, sales y carbono en abundancia.
Soy significado.
Soy significante.
Soy insignificante.
Soy discurso.
Soy cifras.
Soy letras.
Soy olvido.
Soy memoria.
Soy huecos de llanto en la noche.
Soy risas.
Soy su risa.
Soy lágrima bajo la lluvia en la mejilla de un replicante.
Soy poema.
Soy prosa.
Soy ensayo.
Soy error.
Soy arena y barro.
Soy silencio.
Soy un grito atronador.
Soy dios.
Soy hombre.
Soy una ecuación inacabada.
Soy o no soy.
Soy.

Relojudías

relojudía

Dentro del Taller de Poesía Visual y Escénica que coordiné en El Patio de Martín de los Heros, durante el fin de semana del 18 y 19 de Enero de 2014, propuse hacer algo con 12 judías a cada asistente.

Yo, pasado el tiempo, acabé por hacer algo que tuviese que ver con eso, con el tiempo; e hice este relojudía.

Ahora, las judías quedarán guardadas para poder repetirlo cada cierto tiempo por otros lugares o sugerirle a otras personas que inventen otro objeto con ellas.

relojudia3

Terminada la Rama Germánica de la Familia Indoeuropea

Algunas ramas son más complejas que otras, quizá por estar documentadas en exceso para mi propósito, o quizá porque no lo están en absoluto. Dentro de las lenguas germánicas estaban nada más y nada menos que el inglés y el alemán, que han sido verdaderos demonios a la hora de testimoniarlos sin perder demasiada información, pero sin dejar de constatar la importancia actual que tienen.

Aprovechando este impasse, tras el final de esta rama, he realizado (ya iba siendo hora) unas pequeñas modificaciones en giusseppe.net incluyendo el apartado para el proyecto de organización filogenética de las lenguas del mundo.

lenguas germánicas

Dormidito

Estoy dormidito
resacoso
como hace años que no estoy.

Más de 2 litros de cerveza
tienen la culpa
que no es mía
y se me caen los ojos
sobre el teclado oscuro
mientras busco la manera de pasar
tiempo
sin conducir borracho
con miedo a ser multado
incluso así.

Estoy dormidito
y noto mi cerebro
latir descontrolado
pero no de actividad
sino de inactividad
en una vorágine
que no tenía ningún sentido usar aquí
salvo para disfrutar una esdrújula
votiva
y no vomitiva.

Mi cuerpo se siente
se resiente
con conciencia corporal disparatada
y sé
que no sé
lo que sabía.

Hoy voy a descansar en tu mirada.

Esto no es una broma