Performance: Frontera

Con motivo del III (y último) Encuentro de Arte de Acción de Artón, que se organizó en MATSU el sábado 24 de Mayo del 2014 recibí la invitación con la siguiente propuesta:

convocatoria arton

La propuesta para este año sigue dirigida a la frontera, ya que al estar aquí (Matsuo se encuentra situado en la frontera entre la ciudad y el campo) de manera inevitable se piensa ella, estar en medio y en los bordes…

Lo que une
y separa,
lo que une
después separa,
lo que separa
no une,
frontera.

¿Cuántas fronteras «existen» hasta llegar a lo ajeno?

De modo que respondí con mi decisión de participar con una acción que tomase en cuenta el tema y que titulé tal y como estaba titulado el encuentro. Debía utilizar alguno de los materiales que suministraban (era una condición que imponía la organización) y como muchos de ellos eran aperos de labranza que no conozco, me decanté por un rollo de papel continuo de 20 centímetros de ancho por 30 metros de longitud.

Pedían un texto que describiese la acción y envié un escueto juego de palabras con Frontera:

Frontera de papel. Escribir una frontera. Enfronterar, enfrentar… afrontar.

Pensando en fronteras, inicialmente quise orientarme hacia el proyecto que tengo inacabado de realizar un poema que transite por las diversas dimensiones comenzando como un poema de dimensión uno o meramente textual, pasando a ser un poema en dimensión dos o necesariamente visual, alcanzando la tercera dimensión mediante la corporización u objetivización del mismo hasta terminar siendo una acción que podríamos incluir en el terreno de lo espacio-temporal. Pero este proyecto requería mucho más tiempo para realizarse del que iba a disponer, así que me dispuse a pensar en algo más factible y acorde al lugar en el que se iba a realizar.

Frontera evoca en mí el recuerdo de Topología, la asignatura que cursé en segundo de la licenciatura de Matemáticas y que se convirtió ipso-facto en la más interesante materia que había enfrentado jamás, si bien ya lo había previsto en la asignatura de Topología de cuarto curso de Química en la especialidad de Cuántica, dos años antes.

Y esa frontera como lugar entre lugares, también me remitía a la lógica difusa y su borrado de fronteras de conjuntos de pertenencia o transformación de las mismas en espacios de dimensión no nula, realizando una transformación global de la semántica, vía la anulación del sentido de clasificación preexistente.

No obstante, decidí encontrar algo cuya posible categorización fuese asumida sin discusión y acudí, como suelo hacer, al alfabeto.

Por otro lado, frontera que geométricamente tenía que tener una posible re-presentación, lo que me llevaba a pensar en algún lugar geométrico por definir.

frontera por Ana MateyDado que tenía un papel continuo de 30 metros, decidí comenzar por ahí realizando un triángulo equilátero (y aquí comienzan las alusiones al 3 que tanto me gustan). El triángulo es el polígono más simple posible capaz de tener fronteras (asumiendo un espacio euclídeo).

Ese triángulo sería el delimitador del espacio dentro del cuál estaría yo junto a las vocales y fuera del cuál estarían las consonantes. El porqué decidí situarme del lado de las vocales es, principalmente, por que son las letras asociadas a la emoción, a la expresión de la emoción y, quizá también, quería estar cerca o del lado de la A en una no velada referencia a Joan Brossa.

La acción por tanto consistió en extender ese papel-frontera sobre el que ir depositando unas piedras-mojón a razón aproximada de una por metro, formando un triángulo equilátero de 9 metros de lado. Cada lado contenía, así, 9 piedras-mojón equidistantes unas de otras 1 metro, haciendo un total de 27 piedras-mojón. Estas piedras-mojón pretendían ser una referencia a las estrellitas que se dibujaban en los mapas infantiles para definir las fronteras nacionales.

A continuación, piedra a piedra, fui decidiendo si cada una de las 27 letras (a partir de un alfabeto impreso en DinA4 a letra por página) correspondiente a la piedra en cuestión era vocal o consonante y arrojándola al interior o al exterior del espacio acotado por la frontera triangular.

Como colofón, en orden, fui formando la palabra FRONTERA con las letras que habían sido clasificadas situándolas bajo las piedras-mojón que servían a su vez de soporte a la frontera de papel.

Tras terminar el encuentro, recogí los 30 metro de papel continuo hasta volver a convertirlo en un cilindro usable en otra próxima ocasión.

La acción estaba concebida para durar, idealmente, 9 minutos. Creo que quedó muy cerca de este tiempo.

Unas cuantas fotografías del desarrollo de la acción realizadas por Belén Cueto (creo)

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El maravilloso dossier que Ana Matey se curró para el evento merece la pena que sea compartido en este blog. dossier ARTON:MATSU_III

Tengo tantos temas pendientes

que no sé por dónde empezar.

Algo sobre los adolescentes y los ritos de iniciación: ¿cuándo comienza un niño a ser adulto? ¿deben existir leyes convenidas para paliar la inexistencia de los ritos de iniciación? ¿tiene el estado algo que decir al respecto? ¿es normal o excepcional?

La partitura de la acción que realicé en el último encuentro de Artón. Es atípico que no la tuviese ya hecha, si bien la tenía pensada y concebida tal y cómo se desarrolló. No obstante, tengo que hacerla. En el fondo, para mí, esta es verdaderamente la pieza. Lo que hice es tan solo una posible materialización de la misma.

Escribir sobre el encuentro (aunque no tomé notas, sí tomé nota). Me gustaría contar cómo fue, lo interesante y lo abyecto del insufrible ególatra que arruinó parte del día.

Por qué voté a EQUO en las elecciones al Parlamento Europeo. Que son dos cosas: por qué voté y por qué lo hice a quienes lo hice. El porqué del voto verdad frente al voto útil. El programa frente al personalismo.

La alegría de saber que mi amiga Aída está trabajando en un periódico prestigioso y su primer artículo.

Y algún otro tema que me dejo en el tintero o que tengo apuntado en algún gestor de notas.

Y, sin embargo, no acabo de empezar ningún tema.

Selfie

Ahora que parece que ha vuelto a ponerse de moda el autorretrato, con esta tendencia conocida como selfies, me he unido a la autorrepresentación que, dado el uso del reloj, casi recuerda a esas fotografías de secuestrados que daban cuenta de su ubicación en el espacio-tiempo.

selfie

La reflexión (y no tiene doble lectura) sobre el aumento de este tipo de fotografías y el egoísmo o egotismo o cualquier otra manifestación del ego y superego en la sociedad contemporánea, me la dejo para otro día.

La alergia se está retrasando o las falsas esperanzas

Cada día me despierto pensando que hoy comienza el malestar permanente de la alergia. Y desde hace semanas agradezco (no sé a qué ni a quién) el hecho de no haber empezado. Podría agradecer simplemente el hecho de no tener alergia o cabrearme por tenerla y tener que despertarme pensando en ello cada mañana, pero he decidido agradecer la falsa esperanza de que esta vez se retrase el temita.

Hoy no tengo mocos, no me ha sangrado la nariz, como esperaba. Hoy, casi después de una semana de mayo, aún no presento los típicos síntomas, aunque he tenido que estar un rato sentado esperando a sentirme algo más fuerte, pero pude hacer el taller de Poesía Objetual y Performance en Castrejón este año, en mitad de un campo de olivos, sin ser atacado por esa naturaleza que me es hostil.

No sé qué pasará mañana, quizá tampoco pase nada más. Sigo sin tomar antihistamínicos que es algo así como la prueba palpable de que ya ha comenzado. Sigo sin sentir que los necesito, pero hoy ha sido difícil creerlo.

Tan solo sudo más de lo habitual, tengo un poco de calor inexplicable por el mero hecho del aumento de la temperatura, causado por una especie de combustión interna, por un frente de batalla abierta en el fondo de mi pecho, en mi intestino, en el pericardio, en el perineo, en algún lugar remoto de mi intrínseco misterio, a varios metros de mi piel hacia el interior, como si fuese posible, como si hubiese espacio suficiente para una guerra que no entiende de tratados de paz.

Las manos desean mantener los dedos alejados unos de otros, en un denodado intento de desecar la dermis por contacto con el aire que, ahora, entra por las ventanas. (Antes de eso no había aire, estaba respirando, supuestamente, una burbuja de fluido gaseoso (valga la redundancia) ignoto e inicuo).

Las yemas digitales están a punto de llorar lágrimas de soldados muertos en combate.

Y yo estoy verdaderamente a punto de dejar de tener falsas esperanzas.

Debo mantener recuerdos vivos del tiempo que no he sufrido. Falsas recompensas que sustituyan las ilusiones vanas.

Y a esperar que desaparezca y vuelva otra maldita primavera floreciente.

Desagradecido

Nací
de mi madre
y de mi padre
aunque más de mi madre
por aquello de la gestación.

Nací
sin haberlo pedido
sintiendo que era su deseo
su
deseo
y no necesariamente el mío.

Nací
hace ya más de 46 años
de los que gran parte sostuve
que desearía controlar
al menos
el final
ya que no pude el principio.

Nací
involuntariamente
y esa
carencia
está siendo arrastrada
losa
sobre la espalda
de un exceso de responsabilidad
quizá
mal entendida.

Nací
sin objetivo claro
sin destino
sin fin
y con un principio que no es de incertidumbre.

Nací
tarado
y superhéroe.

Nací
extraterrestre
en mitad de un tumulto de humanos sociales
por naturaleza
e incluso puede que buenos.

Nací
desarmado
y cargado de futuro
con una necesidad de alimento
que se come letra a letra
o verso a verso.

Nací
para morir
y siempre lo he sabido
pero incluso así
supongo
debería sentirme agradecido

y no lo logro.

Dolor encefálico. Causa desconocida.

Candidatos a causa primera (supuesta una única causa, lo cual es mucho suponer):

Dental: Tengo dolor de muelas muy suave desde hace tiempo (desde este verano, principalmente) y el arreglo endodóncico de septiembre no parece que acabase con el malestar. Es más, tengo pendiente otras revisiones de caries y no sé si seguir con esa línea o volver a enfrentar la muela que me generó el problema principal.

Óptico/Oftalmológico: Parece ser que no ver bien es causa de dolores de cabeza frecuentes. He cambiado mi graduación y actualizado mis gafas. Han tenido que quitarme, de las últimas gafas hechas, la corrección aplicada para el astigmatismo. En ocasiones veo… mal. Y en ocasiones no me importa. La mayoría del tiempo veo bien. Y con mi recién adquirida pantalla enorme veo mucho más (no mejor, sino más (píxeles, por ejemplo)).

Nasal: Desde que era pequeño tengo una heridita en la parte interna del canal derecho de la nariz que, cada ciertos años, se abre y tarda en cerrarse, produciéndome pequeños sangrados, principalmente en ambientes resecos y por las mañanas, al despertarme. Se agudiza en época de alergias (al olivo) y no quiero ni pensarlo, pero está por llegar. Esto hace que respire mal (lo noto), como conteniendo el aire o intentando llevarlo más al fondo de lo que la nariz me recomienda.

Muscular/Podal: Podal de pie. Creo. Sí, tener los pies planos y que hayan ido generando una fibromatosis plantar (nada grave, por otro lado) puede hacer que el calzado no sea cómodo, por más que haya intentado adquirir buenas suelas últimamente. Y esto repercute a toda la columna vertebral y, en su apogeo, al cráneo/cerebro… o sea, que puede ser otro buen candidato a esta búsqueda causal.

Preocupaciones: Tengo. Sí, tengo preocupaciones. No muchas y, desde luego, leves comparando con lo que encuentro en mi entorno, algunas son más o menos sociales y otras muchas más personales, relacionadas con mi subsistencia, con mis ingresos, siempre algo imprevisibles, aunque este año está siendo bueno al respecto, o con mis horarios y la dispersión de actividades a las que me dedico. Intento mantener cierta rutina, pero siempre hay motivos para que se vaya al traste y tenga que volver a cuestionarme cada mañana ¿hoy qué me toca hacer? Lo que no ayuda, precisamente, a la relajación a la que puede ayudar cierta rutina, envidiada parcialmente.

Climatología: Obvia decir que los cambios estacionales también son fuente posible de desajustes que conducen a dolores de cabeza… así que este factor también ha de ser tenido en cuenta.

Está claro que candidatos no me faltan. Seguro que me he dejado alguno (¿gastronómico?) o que bien podría tratarse de un megamix de todos o varios de ellos, amén del hecho de que la edad no perdona…

La parte buena: el dolor parece ser menor de lo que podría ser. Hoy, intentaré ser optimista.

Me gusta / No me gusta

A partir del texto
Me gusta / No me gusta
de Luis Buñuel (en el libro Mi último suspiro)

En la época del surrealismo, era costumbre entre nosotros decidir definitivamente acerca del bien y del mal, de la justo y de la injusto, de la bello y de la feo. Existían libros que había que leer, otros que no había que leer, cosas que se debían hacer, otras que se debían evitar. Inspirándome en estos antiguos juegos, he reunido en este capítulo, dejándome llevar por el azar de la pluma, que es un azar como otro cualquiera, cierto número de mis aversiones y mis simpatías. Aconsejo a todo el mundo que haga lo mismo algún día.

Me gusta pedir en mis talleres que hagan el ejercicio del «me gusta/no me gusta». La primera vez que lo hice fue en Fuentetaja, de hecho, en un taller al que asistí. La profesora, Graciela Baquero, era una mujer menuda que creía en la forma de impartir talleres que yo iba buscando y estuve tanto tiempo en su taller que, al final, me quedé solo y tuvieron que clausurarlo.

Era algo comprensible, pero me sentó bastante mal y prometí (o me prometí) que yo nunca lo haría. Aún no he clausurado nunca un taller regular de escritura ni siquiera con una sola alumna y lejos, bastante lejos, de mi casa.

Graciela, no obstante, sirvió de llave a todo un universo que pude conocer, pues me invitó a participar en un curso de formación para coordinadores de talleres de creatividad que impartía con Jaime Vallaure y con otro cuyo nombre no recuerdo (Miguel Navas, recuerdo hoy.

Jaime pasó a ser «mi faro» y él, a su vez, me abrió nuevas ventanas a otros mundos que yo ni siquiera había imaginado.

Me gustan los días de lluvia, aunque también los días de sol y los de nieve o viento; en realidad, lo que no podría soportar son los climas «perfectos», no variables, suaves, casi programados. Carmen, sin embargo, los adora y este es uno de los pequeños problemas de mi vida: Si alguna vez pensamos seriamente en el exilio no nos podríamos de acuerdo de ninguna manera.

Me encanta el cine. Todo el cine. Siempre cuento que decidí el lugar en el que vivo en función de la cercanía a la mayor cantidad de salas del centro de Madrid. Lamentablemente, con el pasar de los años, los cines me han ido abandonando y me siento un poco huérfano de salas.

El mayor de los traumas lo sufrí con los cines Luna, en los que proyectaban películas comerciales pero en versión original subtituladas, como más me gustan, ahora convertidos en un gimnasio «fashion» al que me apunté. Ha sido un error de los mayores de mi vida. Todo el mundo me decía que era esperable que lo dejase, y así fue. Algo que no todos saben es que yo mientras hacía ejercicio recordaba y tarareaba una canción de Serrat titulada Los fantasmas del Roxy, que habla de un cine que es demolido para construir una sucursal bancaria y los fantasmas de los actores comienzan a aparecerse en ella.

Antes me gustaban los cantautores y me podía llegar a aprender, de memoria, un sinfín de canciones por su letra, pero con el paso de los años he acabado por aburrirme.

Cada vez más me gusta la música instrumental.

Esto fue especialmente así desde que oigo Tangos. La mayor parte de las letras de tango, por muy orgullosos que muchos fanáticos porteños puedan estar, me parecen simplonas, cutres, sin fondo y repetitivas y tópicas hasta decir ¡basta!

Sin embargo, la música distorsionada y sensual de Piazzolla o la armónica de Hugo Díaz me ponen la piel de gallina y me hacen sentir unas ganas enormes de bailar y (a veces) llorar al mismo tiempo.

No me sorprende que Piazzolla fuese un admirador del Jazz, pues con los años, he descubierto en esta música una variedad y una libertad creativa al mismo tiempo que un cromatismo y una intensidad inigualable.

Me gusta la libertad creativa en todas sus formas. Adoro las búsquedas de John Cage, Brossa o Duchamp (Marcel). Para mí, sin búsqueda intelectual, un ser humano es poco diferente de un cordero.

Me gusta mucho cocinar. Tanto es así que cada día lo hago mejor y algunos amigos y familiares (poco objetivos) han empezado a sugerirme que me lo plantee en serio profesionalmente. De hecho, volviendo al tema del exilio, veo en esto una posible salida laboral.

No puedo soportar que alguien diga de la comida «esto no me gusta». Me llevan los demonios. A veces tengo que contenerme para no desear que fallezcan, en ese momento, de inanición espontánea.

Mis sobrinos (y su madre) lo hacen con frecuencia y es una de las principales razones por las que no voy más a Daimiel. Es más, le he dicho a Carmen varias veces que no pienso quedarme nunca con ellos a nuestro cargo mientras no cambien esa actitud.

Me gusta ser tajante. Sí. Pero ¡oh, contradicción! no siempre estoy seguro.

El escepticismo no es que sea algo que me gusta sino, más bien, algo en lo que creo (si es que se puede creer en no creer).

No me gustan los adoctrinamientos ni los adoctrinadores ni las doctrinas. Creo que ni siquiera me gusta la palabra doctrina.

Me gusta agotarme de escribir y sentir que no acabaría nunca.

Natural o Artificial

platano natural

Soy artificial.
Soy lenguaje.
Soy construcción conceptual.
Soy carne.
Soy células.
Soy moléculas.
Soy átomos etimológicos.
Soy la magia de las conexiones entre todas estas cosas.
Soy desconocimiento.
Soy ignorancia.
Soy patético.
Soy ético.
Soy agua, sales y carbono en abundancia.
Soy significado.
Soy significante.
Soy insignificante.
Soy discurso.
Soy cifras.
Soy letras.
Soy olvido.
Soy memoria.
Soy huecos de llanto en la noche.
Soy risas.
Soy su risa.
Soy lágrima bajo la lluvia en la mejilla de un replicante.
Soy poema.
Soy prosa.
Soy ensayo.
Soy error.
Soy arena y barro.
Soy silencio.
Soy un grito atronador.
Soy dios.
Soy hombre.
Soy una ecuación inacabada.
Soy o no soy.
Soy.

Esto no es una broma