
Trenes sin rostro
campan por la mañana
camino a casa.
Diario

Trenes sin rostro
campan por la mañana
camino a casa.
Me encantó la forma en que Natalia Auffray tejió estas cuatro imágenes de este «sillón» urbano que, como ella, considero antipersonas. Si bien es cierto que con frecuencia es utilizado por marginales de esta sociedad de consumo.
Está situado en una calle por la que transito prácticamente todos los días, conectando la plaza Soledad Torres Acosta (lo que venía siendo «la de los Luna») con la plaza de Callao.
Ayer, volviendo de casa, no evité hacerme un autorretrato, de esos que ahora se llaman selfie, sentado en ella y enviárselo por mensajería telefónica, de esa que ahora se llama whatsapp.

Me he impuesto la restricción de usar un palimpsesto de cuatro capas, cada una de las cuales ha de contener:
1.- La definición de la palabra Palimpsesto.
2.- Un falso «ideograma» generado manualmente con alambres de cableado o de bolsas de pan de molde.
3.- Un par de textos que redacté para Exchange girados pseudoaleatoriamente.
4.- Las letras de la palabra EXCHANGE que son intercambiadas dejando tan solo como fijas las letras E del comienzo y final. Daría lugar a permutaciones de 6 elementos, lo que equivale a 6! = 6x5x4x3x2x1 = 720 posibles «palabras» diferentes.
El resultado será impreso en tamaño DinA6, plastificado manualmente, intervenidos con una capa analógica de marcador amarillo sobre alguna palabra o frase del texto de la capa 3.
Haré una tirada única de 81 ejemplares firmados, sellados y numerados en el revés de la hoja.
Cae la melosa nieve
cautivando miradas
manto
siempre manto
algodón frío
hoy me recuerda
el libro duro y cruel
que terminé esta noche
de Primo Levi
sobre su estancia en Auschwitz
durante la matanza sistemática
trabajando en su propia
máquina de destrucción masiva
sobreviviendo
al invierno polaco
bebiendo agua helada
tras filtrarla para no enfermar
intentando mantener la humanidad
sobre una nieve de hombre libre
que se puede ver a través de una ventana
mientras las piernas entran en calor
gracias a 800 vatios de potencia
y se escribe un poema sobre
la melosa nieve
cautivando miradas
y se critica sutilmente
el abuso
de la palabra manto
para referise a ese cobertor blanco
de estructura microscópica tan particular.

Sobre la tabla
la servilleta triste
rompe el silencio.
Esta tonta foto, sin sentido, sucia, con las sombras cayendo sobre el fondo gris claro de la mesa en la que se tomó, retratando un imperdible amortajado, me recuerda el proyecto bonito que hicimos hace meses sobre La pérdida del imperdible en el Laboratorio de Experimentos Poéticos.