Ridículo, pero cierto

Cada vez que vemos este letrero de advertencia en el comienzo de una serie de Apple TV leemos: HETEROHELP en lugar de HERETOHELP.

Ese plural no es mayestático, sino que nos pasa tanto a Carmen como a mí.

Es gracioso, ridículo, y me da que tiene que ver con el hecho de que somos heterosexuales y no necesitamos help (here to help), sino que estamos, en ocasiones, dispuestos a ofrecer el help (hetero help) o acaso esperando a que alguien ofrezca una ayuda a las personas hetero (como si la necesitasemos).

Da algo de vergüenza reconocer que se tienen sesgos, incluso mucho más inconscientes de lo que reconocemos a simple vista. Pero sí, esa lectura «sesgada» nos ocurre cada día. En otras tantas cosas…

Factura de correos

Conseguir una factura de correos
me está suponiendo una fatiga
monumental
para lo poco que me aporta
así que he terminado por asumir
que muy probablemente
no voy a conseguirla
y que no pasa nada
dado que para lo único que me serviría
es para justificar unos 75 euros
pues el impuesto
sobre el valor añadido
no puedo recuperarlo
y sigue acumulándose en la tesorería
de la seguridad social
que lleva reteniéndome
año tras año
una cantidad que yo no cargo
debido a que mi actividad principal
está exenta de ese impuesto
lo que
por otro lado
debería alegrarme.

Este poema prosaico
hasta la burocracia
no pretende sino
dar fe
de lo agotador
que pueden ser
las pequeñas tareas
cotidianas
y su insignificancia
en el nuevo orden mundial.

Chapuzas

Ya nada importa.
La chapuza se ha impuesto por defecto.
Las traducciones automáticas
hechas por inteligencias artificiales
no es que sean mejores que las humanas
es que simplemente
permiten prescindir de humanos
remunerados
que difícilmente
podrían haber hecho una publicación
a modo de resumen
más disparatada que esta
automática
que ha generado una aplicación
automáticamente
y que automáticamente
ignoramos
porque ya nada importa.
La chapuza se ha impuesto por defecto.
De facto: defecto.

Voy a seguir maquetando… una traducción de la que me avergüenzo (ahora un poco menos).

Branca

Branca, Branca, Branca,
Branca, Branca, Branca,
Branca, Branca, Branca,
Branca, Branca, Branca,
Branca, Branca, Branca,
Branca, Branca, Branca,
Branca, Branca, Branca,
Branca, Branca, Branca,
Branca, Branca, Branca,
Branca, Branca, Branca,
Branca, Branca, Branca,
Branca, Branca, Branca,
Branca, Branca, Branca,
Branca, Branca, Branca…

No hay poema escrito
ni por escribir
más lindo
ni lleno de sentimiento
que tu nombre.

    Sydney, 130196

Texto escrito, equivocadamente, hace hoy justamente 30 años. Me quedaba tanto por vivir… ¿Cuánto me queda aún?

Calles con 3 nombres

Ser cartero en Madrid o sencillamente turista que busca una calle… y encontrar tres por el precio de una, como en esta calle que bien podría quedarse con uno de los más de 4 nombres que tiene a lo largo de su longitud:

Marqués de Urquijo da un mínimo giro y sigue en Alberto Aguilera para convertirse en Calle Carranza, que pasa a ser Calle Sagasta y luego Calle Génova, pero si no tenemos en cuenta cruces con grandes avenidas, podría seguir siendo una enorme Calle de Goya…

Sé que es por motivos históricos y hasta me resulta gracioso que una sola calle pueda contener cinco calles o más, pero siempre me pregunto si no llegará algún día alguien que tenga la osadía (a quien Correos odiará) de renombrar este batiburrillo de nombres en simples calles de longitud mayor, simplificando (o no) la nomenclatura del callejero madrileño.

Ahora volveré a mi casa subiendo la Calle Conchas que se convierte en la Calle Navas de Tolosa, así, sin avisar. Pero es que esta ciudad es así: confusa, sorprendente, rara, absurda… y quizá, sólo quizá, por eso me gusta a pesar de los pesares (y no quiero hablar de política).

Sobre los champiñones y su evocación

Si los champiñones se desordenan me pongo nervioso. Sí, ya sé que es algo banal, pero es cierto. Procuro, dado el espacio disponible, minimizar el número de cortes sin que ello tenga el más mínimo sentido. Seguramente, sólo por alinearlos, estoy perdiendo tiempo y energía, pero me gusta que estén, al menos durante unos instantes, con un mínimo entrópico que me hace sentir que el universo no conspira contra la vida como parece indicar el segundo principio de la termodinámica. Es una batalla perdida. Sé que todo acabará en un máximo desorden. La muerte no es ordenada, por mucho que nos empeñemos en archivar cadáveres en tumbas alineadas como mis portobello, tumbas que en ocasiones han sido usadas como abrevadero de caballos, como bancos para sentarse, como suelos de iglesia donde bailar. Si los champiñones se desordenan, mi lugar en el mundo se tambalea y tiemblo, sí, tiemblo… además de temer cortarme accidentalmente con un cuchillo largo sin noche, un cuchillo poco afilado, de sierra, que me recuerda y evoca mis montañas de Colmenar, cuando escapaba en la adolescencia (que en mi vida duró una quincena desde la quincena) a la soledad fría de una nava cerrada. Malditos hongos que evocan tristeza siendo una alegría deleitarse con su melosa carne sacrificada sin sistema nervioso central sufriente. Malditos y desobedientes. Ese díscolo champi que saltimbanquea sobre sus compañeros juguetando a ser distinto como si pudiese evitar su destino inapelable (y sin pelar). La tabla no es glamurosa y de repente quiero tener una de madera de haya que he visto en un vídeo de sabiduría infinita que es más higiénico y menos dañino para mis mal cuidados cortadores que una de plástico o una de titanio respectivamente. Si los champiñones se desordenan tengo que contárselo al mundo, por si acaso alguien más ha sentido ese movimiento sísmico, esa perturbación en la calma, por si alguien más ha sentido o siente empatía con esos pequeños seres que van a morir y han muerto, a mis manos, para alimentarme, para dar de comer a unas células que mueren a razón de varias por minuto, desordenadamente, sin avisar, traidoras células que me abandonan y pueblan el mar de los sargazos del aire que respiro. Mientras tanto, para simplificar, porque siempre hay que simplificar, que diría Perec, sé que la comida estará lista en menos de media hora y que mi amiga disfrutará de mi cariño hecho receta, mucho más de lo que yo lo haría en una franquicia recalcitrante que me eduque a comer con la ética oportunista y de postureo que se lleva en esta ciudad acartonada, desordenada como champiñones mal alineados.

Pero esta última frase no resulta en absoluto simple ni simplificada, sino más bien lo contrario pues remite a la conflictividad socio-política que emerge en este siglo XXI en el que se abandona el afán por perseguir utopías en aras de una imagen que llene o rellene el tiempo y el espacio de una red social, producto de consumo dopamínimo oligopólico y esdrújulo en grado máximo.

Desisto de intentar simplificar lo que me pasa por la cabeza cuando corto unas setas redondeadas pues hierve mi mente en constante desestructuración, en constante decaimiento a un estado de mínima energía irreversiblemente. ¡Qué inefable me resulta todo (y nada)!

¡Gloria al silencio!
Dije a los gritos.

¿Altavoces para rock cristiano?

Ahora que está en auge el rock cristiano, las series o películas en las que el cristianismo hace proselitismo sin ambages, en las que el producto de mercadeo musical por antonomasia se declara creyente, encuentro cruces en lugares insospechados como en estos altavoces que perfectamente podríamos denominar altacruces.

Ya lejos quedó el proyecto en el que estuve buscando cruces en imágenes u objetos que encontraba a mi alcance, llegando a esa pieza que me encantaba, esa pequeña instalación en la que coloqué tres televisores de rayos catódicos debajo de un crucifijo junto una biblia y un misal.

888,88 no es tan misterioso

Alguien comenta:

Sabes que si sumas todos los billetes y monedas de euro el resultado es de 888,88 €
Intrigante, ¿no?

Pero yo veo la imagen y pienso que no tiene nada de misterioso, que es fruto de haber usado el 5, el 2 y el 1 como elementos básicos de los números, lo que puede asociarse, remotamente, a un sistema numérico de base 5 o algo similar a la numeración romana (del VIII pasar a otra cosa, del DCCC pasar a otra cosa, y así sucesivamente).

Desde un punto de vista simple, sin etimologías inventadas de la elección de esas piezas, lo que resulta evidente es que

Las centenas: (5 + 2 + 1) x 102 = 8 x 102
Las  decenas: (5 + 2 + 1) x 101 = 8 x 101
Las unidades: (5 + 2 + 1) x 100 = 8 x 100
Las  décimas: (5 + 2 + 1) x 10-1 = 8 x 10-1
Las centésimas: (5 + 2 + 1) x 10-2 = 8 x 10-2

Es decir, que por resultado obvio de sumas posicionales parciales: 8 centenas, 8 decenas, 8 unidades, 8 décimas y 8 centésimas, lo que da un total de 888,88.

hummmmmmmmmm…

¿Intrigante?

Esto no es una broma