Poemas en la basura

Poemas en la basura

He actualizado la página de poesía objetual de mi web, incluyendo uno de los poemas más interesantes que creo haber escrito en lo que va de año 2026. Sé que a poca gente le interesará, pero a mí me fascina la radicalidad de la experiencia: Poemas en la basura sobre el que ya anticipé algo en este diario titulándolo «antisistema«:

Escribir
en un papel
que voy a tirar
a la basura
es la mayor aspiración
de una poesía
liberada de cualquier intento
de comercialización.

Nota: Este papel fue recibido en un pedido de Amazon hace más de 5 años (para salvaguardar el contenido de golpes desde su origen, posiblemente lejano) y ahora quiero pensar que recuperarlo para una acción poética me libera, me limpia, me hace sentir libre de pecado. «Greenwashing» de manual.

Acción relacionada con El acto de escribir, no la palabra, o poema visual banal o poema tonto, o acto absurdo, algo dadá, que dice ser antisistema, pero que en realidad es fruto de la frustración y silencio. Es más bien un ejercicio de meditación activa o una nadería.

La idea comienza a materializarse el 12 de febrero de 2026. Procedí a escribir todo el texto que cupiese en varios rollos de papel a lo largo de 4 horas seguidas el viernes 13 de febrero de 2026. Pero tengo la sensación de que este proyecto no ha hecho nada más que empezar.


Algunos de los textos que escribí sobre esta «basura» que no tiene mayor importancia son:

Atribuir a un acto banal
una importancia capital
es no tener cabeza
etimológica.

El acto de escribir
no la palabra
es una performance
o un conjunto
de ellas
que vengo
desarrollando
desde hace años
como estudio sistemático
de experimentación
en la acción
poética
de escribir sin
otra finalidad
que rescatar
su verbosidad.

Un mar de palabras asesinas
al acecho de mi cansado corazón
enaltecido
por una revolución inexistente
se adueña de la marea de mi vida
y me eleva por debajo de las nubes
hasta alcanzar
nirvanas estresados.

PRETENSIÓN
Alzo mi voz contra la
PRETENSIÓN
de alta tensión
baja atención.

Bakunin
no va a morir
porque
ya está
muerto.
Se ha ahogado
en un frasco
de colonia
que venden
a buen precio
en PRIMOR.

Hay claves secretas.


La muerte me anda rondando

Merodea
el fin
hálito de gusanos
y no quiero
asumir
la responsabilidad
de dejar restos
que considero ajenos
a terceras personas.

Si fallezco
en el horizonte
dejadme allí
donde este colectivo de partículas
haya decidido dejar de funcionar
con el desafío a la entropía
que consideramos
vida.

Carece de importancia
una vez
desconectados los cables
subcutáneos
que mantienen en pie
este bípedo humanoide
al que denomino yo.

Me rodea
la muerte ajena y se muestra
afilada dentadura
en plenas facultades y capaz
de devorar en sus fauces
de desintegración masiva
mis ondas electromagnéticas
mis ondas gravitacionales
mis ondas nucleares
mis ondas particulares
afirmando
que no soy tan particular
como alguna vez pienso.

Ni «cogito».
Ni «sum».
Ni tan siquiera «ergo».

No soy tanto
como para que me parezca preocupante
morir.

Vivir ha sido y es
la verdadera aventura.

Y en ella estoy.

Amando,
queriendo,
deseando,
fagocitando…

y oxidándome
despacio
inexorable
hacia el acortamiento
irremisible
de telómeros.

Releo el texto y encuentro
demasiados «me» y «yo» y «mi»…
pero no los evito,
no los corrijo,
no los circundo.

Soy. Existo. ¡Vivo todavía!

¿y hasta cuándo?

Pequeños errores causan grandes angustias

10 milímetros
en la solapa de un libro
son capaces
de hacerme temblar
cervatillo
en Hiroshima

10 milímetros
a cada lado
o 2 milímetros
en un lomo
me dobla el lomo

10 milímetros
y una coma mal puesta
un punto final
no puntuado
un punto y seguido
minúsculo
puntos y puntos
suspensivos

10 milímitros
hoy
hacen que mi día
sea lluvioso
dentro de mi mente
en algún lugar
que no puedo ubicar

pero seguro que ocupa
menos de 10 milímetros
menos de 1000 micrómetros
menos de…

Poema-ceta?

Llevaba tiempo queriendo «tapar» el desaguisado que dejaron en una caja de luces en una de las paredes de mi estudio, pero por otro lado, no quería literalmente taparla, sino que no se viera.

Así que tenía pendiente hacer algún tipo de intervención que no acababa de decidir. Hace unos días pensé en la posibilidad de convertir el cable que asciende por la pared en un tallo de una planta que sale de un tiesto y, a partir de ahí, Carmen y yo hemos hecho hoy esta pequeña preciosidad que, obviamente, sigue dejando a la vista el cableado, pero lo resignifica, lo recalifica, lo redefine, lo convierte, tal como resulta evidente, en el centro de una flor electrificante.

Usar cartón y otros materiales de desecho me encanta porque si algo sale mal tienes la absoluta tranquilidad de tirarlos y olvidarte de un error. El error libre fomenta la creatividad y permite esa ligereza que a veces es necesaria para adornar una pared sin adornarla.

Carmen tuvo la brillante idea de escribir letras sobre hojas que rodearían el pistilo-cajadecables, así que las realizamos con cartulina de tapas de cuadernos que tenía reservadas para ocasiones como esta y las pintamos (sobre unas letras de cartón recortadas) con espray azul de Prusia.

Queda fantástico ese tiesto de flores azules que no he de regar sobre los libros que voy editando:

La ventana

No es una ventana.

Se trata de un balcón acristalado
con puertas de hojas de vidrio
y amplios marcos de madera pintada de blanco.

Los marcos centrales de ambas
se besan
dotando de una extravagante asimetría
a la composición
que veo a través suyo.

El lado izquierdo
desde mi punto de vista
muestra una pared de bloques de piedra
horizontalmente apilados
de un tenue color marrón grisáceo.

El lado derecho
desde mi punto de vista
me presenta una fachada
pintada de beige o color crema.

Las dos partes
cuentan con una oquedad
que
en el caso izquierdo
desde mi punto de vista
se trata de un balcón
con contraventanas de metal
lacadas en blanco
y
en el caso derecho
desde mi punto de vista
se trata de una ventana
con marcos de aluminio marrón.

Me embeleso
mirando al otro lado
desde mi punto de vista
preguntándome
si desde otro punto de vista
se romperá la terrible simetría
del tigre de William Blake.

Apenas dejo pasar el tiempo.

Miro otra vez hacia el interior
de esta bestia
y escribo esta reflexión
con forma de poema.

Entrada sin opinión

Opino.

Siempre opino más de lo necesario.

Opino como si mi opinión fuese importante.

Opino por encima de todos los demás pinos que opinan.

Opino que la palabra pino y la opinión no son ni siquiera primas hermanas.

Opino un pino y una pinada o pinaleda o incluso una piñata de piñas hambrientas.

Opino siendo un pino que piensa que los pinos deberían opinar tanto como las opináceas.

Opino que si no existe la palabra opinácea seguramente se deba a la necesidad de guardar las opiniones en cajas blancas.

Cajas blancas adornadas de tinta invisible.

Cajas blancas bordadas de silencios tristes.

Cajas blancas en medio de una Siberia accidentada.

Cajas blancas y sangre, mucha sangre.

Opino que esa coma era más que necesaria.

Opino que la necesidad no es virtud.

Opino siempre. Siempre opino.

Y opino.

Yo, pino.

Esto no es una broma