
Poemas
desorden
desordenados
los papelitos arden
sobre la mesa
siete elementos
sin conexión alguna
bailan la muerte
vasos y vasos
acumulan miseria
tras ser usados
todos los cables
se enredan como locos
sin un sentido
en el perchero
ropa de andar por casa
que está algo sucia
libros y libros
como vasos y vasos
tras ser bebidos
sillas plegables
en perfecto desorden
cercan la mesa
carpetas viejas
me recuerdan mi edad
crueldad infecta
atolondrado
miro a mi alrededor
busco tesoros
paredes blancas
con grietas que insinúan
final de etapa
estabulado

aborrezco
orinar
estabulado
no soy ganado
no soy manada
no estoy en un establo
no tengo impudor
vituperable
ni tan siquiera
colmado de color
en un museo
tres poemas por extracción
Tres breves versos (dentro de los ejercicios de un taller de poesía), casi ni siquiera con entidad de poemas propios, extraídos mediante tachadura de fragmentos de poemas de Antonio Machado:

enemigo de esperanza
la nuez
dio diente de sabiduría
espina dorada
en el corazón
de soledades
¡despertad voces!


Chantal Maillard

La escritura como abs-
tracción
¡Qué maravillosa ruptura de verso
haciendo que la escritura sea abstracta,
pero también siendo tracción!
Me ha sorprendido el libro
hilos
que tira de los hilos del lenguaje
con los juegos de Paul Celan
pero sin la tragedia del mismo.
Un regalo que me hizo
un poeta
bukowskiano y carabanchelero
que en realidad
es más Basho o Li Po
que cualquier otra referencia.
Ahora quiero leer más
y más
de esta escritora
a quien sólo había leído
de soslayo.
La lengua
Me he pinchado la lengua
con un tenedor.
Me he pinchado la lengua
con un tenedor.
En la lengua.
La lengua.
Me he pinchado y ahora me molesta
el ridículo agujerito
que las células
dejan alrededor.
Ha sido involuntariamente:
acto inconsciente
de silenciamiento.
Me he pinchado la lengua
por no mordérmela.
Mi lengua
no usa mi lengua
para lamerse a sí misma.
Recuerdo otras lenguas
a leguas
que mojaron mi lengua
con lenguas.
Las lengüetas de las botas
son incómodas
y yermas.
Mientras tanto
la lengua
sigue solitaria
un camino hacia la muerte
como el resto del cuerpo.
Inexorable
el tiempo
sigue esculpiendo heridas
en mi insignificancia.
Viejos colores

bajo la pintura blanca
veo el celeste que una vez tuvo
este muro innecesario
que sostiene la separación de la cocina
de nuestra casa
el interior es rojo
del color de la ficha del parchís
recién comprado
antes de adquirir un tono
grisáceo y lánguido
al pasar el tiempo
y las células muertas
los brochazos de blanco
sobre gotelé carpetovetónico
me recuerdan
que nunca fuimos hábiles pintando
otras paredes
contrastan con la vida
que se ha ido imponiendo
desde hace ya tres décadas
redondeando



