Las restricciones al tráfico

«Trabaja en Madrid a pesar de… las restricciones al Tráfico»

Hay restricciones a multitud de cosas, lo que no parece ser un problema cuando se anuncia por todas partes las campañas de antiocupación como si fuese lo más grave y frecuente que ocurre en el mundo. La propiedad privada es tan sagrada que a nadie le parece razonable escribir «Trabaja desde una casa a pesar de… que no sea de tu propiedad».

Pero la restricción del tráfico, es decir, el respeto por la calidad del aire, no se promociona más que de manera negativa: mediante prohibiciones, así no el caso de la casa que te dicen que adquieras y cierres. Pero eso no supone aparentemente ninguna restricción.

Hay algo en el mensaje de esta furgoneta que me molesta mucho, pero no acabo de aclarar mi discurso y parece que estoy haciendo apología de la ocupación. No es esa la cuestión, sino saber reconocer que hay restricciones en multitud de otros asuntos y no se hace publicidad de servicios para evitar o a pesar de las mismas restricciones.

Trabaja en Madrid a pesar de… las restricciones en la ocupación de la vivienda.
Trabaja en Madrid a pesar de… las restricciones en el uso indiscriminado del suelo.
Trabaja en Madrid a pesar de… las restricciones en el ruido.
Trabaja en Madrid a pesar de… las restricciones en el decoro.
Trabaja en Madrid a pesar de… las restricciones en la libertad de expresión.
Trabaja en Madrid a pesar de… las restricciones en …

Aprendiendo, siempre aprendiendo…

Siempre es complicado hacer cosas que no suelo hacer. Toca aprender de nuevo, como si no supiera.

Ayer estuve probando diferentes métodos de mezclas de colores de capas y objetos, tanto en Inkscape como en Krita. El mundo Linux es amable en cuanto a documentación disponible, pero exasperante por poca intuitividad de las aplicaciones. No me quejo, pues la filosofía subyacente es: si crees que eres capaz de hacerlo mejor, hazlo. Y, en mi caso, no lo soy.

Por no sé muy bien qué razón, han eliminado de Inkscape en las últimas versiones la posibilidad de gestionar directamente los modos de mezcla desde el menú de capas y lo han desplazado al de relleno (que tradicionalmente está asociado a un objeto, y no a toda una capa que contiene o puede contener varios objetos). No me parece una buena idea, pero supongo que a alguien sí se lo ha parecido.

Por fortuna (o todo lo contrario) no utilizo Inkscape para la maquetación por su falta de soporte para CMYK, a pesar de que parezca lo contrario. Así que me preocuparía de saber hacerlo en Scribus, pero realmente, por lo demás, es una herramienta sencilla y cómoda con la que crear imágenes vectoriales y usar objetos o trayectos muy fácilmente.

Al final, tengo que usar Krita si quiero manipular imágenes (tampoco GIMP es bueno con el soporte CMYK) mezclado con un rudimentario Scribus que, obviamente, no está pensado para ese propósito. Krita, a pesar de disponer de la posibilidad de gestionar capas vectorizables o de «vectores», tampoco resulta demasiado cómoda para edición de, por ejemplo, una cubierta de un libro. Es muy potente para la gestión de imágenes y no tengo queja con ello, pero no para composición visual de objetos vectorizados junto a otras «cosas», como imágenes incrustadas.

Quizá, sencillamente, tendría que aprender mejor a usar Krita, pero me resulta algo sobrecargada de posibilidades para lo que suelo requerir.

Pequeños dramas del mundo alternativo…

Ahora pensando en actualizar a la última versión, independientemente del sistema operativo, para reincorporar esas «features» que se perdieron no sé por qué.

Mi reino por una toalla

He vendido mi alma (en este caso unos datos al rellenar una encuesta absurda) por un regalo que resulta ser una de esas toallas hiperabsorbentes que no sé si utilizaré. Ocupa una cantidad de espacio ridículamente baja para lo que presuntamente hace.

Esta mañana (escribo esto el martes pasado), me llegó una propuesta que decía que si rellenaba un pequeño formulario, que me llevaría unos 10 minutos cumplimentar, me darían este «regalo», con la condición, además, de ser una de las primeras 300 personas en hacerlo.

Me había despertado pronto y el mensaje parecía recibido hacía no más de 20 minutos, así que vi plausible que aún no lo hubieran intentado ese cupo de población ávido por obtener más objetos innecesarios. Además, el martes es el día que suelo ir a la piscina a hacer algo de ejercicio, aunque no tenga muy claro que me esté sirviendo de mucho más allá de tranquilizar mi conciencia y permitir que a la salida me otorgue un desayuno opíparo y grasiento.

El formulario comenzaba preguntando el género y permitía la opción de decir «prefiero no decirlo» que suele ser la que yo elijo. Pero al finalizar el mismo pedían el nombre completo y una dirección de correo electrónico. Entonces comprendí que había vendido mi alma (en este caso unos datos) por obtener una recompensa de dudoso interés.

Yo seguramente seguiré prefiriendo mi toalla de lunares verde y grande, acolchadita, sobre la que sentarme a cambiarme de ropa en el vestuario. Me perturba tener que tener tanta equipación específica para cada una de las tareas que se realizan: ropa de piscina, ropa de gimnasio, ropa de montaña, ropa de ciudad, ropa de entierros, ropa de bodas, ropa de cenas, ropa de desayuno, ropa de andar por casa, ropa de presentaciones, ropa de poeta, ropa de acostarse, ropa de performance, ropa de pintura… y así voy reduciendo mis personalidades a ropa de mí mismo y poco más.

No conozco la escritura de Alice Munro

No conozco la escritura de Alice Munro, pero me dio por curiosear su biografía, cosa que suelo hacer lea a quien lea, incluso conocer la historia de su país o ciudad, para obtener algo más de contexto, y me encontré con la triste noticia de que había sido acusada de «silencio cómplice» por los abusos a los que sometió su marido a su hija, quien logró que el pederasta acabase pasando una temporada en prisión (bastante leve, por cierto, la condena), tras lo cual parece ser que Alice Munro siguió con él sin, aparentemente, reprocharle su comportamiento.

Hay quien cancelaría a Alice Munro en esta época post-metoo y no se trata de que no crea a su hija ni por un momento, sin embargo no conozco la escritura de Alice Munro, quien llegó a ser Premio Nobel de literatura en 2013 y de quien he hablado con mi compañero del estudio, Jaime Vallaure, quien se declara gran lector de esta autora que, posiblemente, fue una persona que cometió un acto (aun por omisión) deleznable.

Sé que soy hombre, heterosexual, cis, blanco, de clase más o menos media y de Jaime se podría decir algo bastante similar, así que es posible que esa sea la razón por la que voy a comenzar la lectura de este libro, pero me deja mal sabor de boca, lo reconozco, saber que esta mujer se comportó de esa manera.

Así que no la voy a cancelar, pues tendría que dejar de leer a casi cualquier autor del siglo pasado (y no hablar de anteriores), e incluso autoras… Pero me da vergüenza reconocerlo. Lo sé.

Me sorprende, no obstante, el título del libro de Munro y espero que, quizá a través de su lectura, pueda llegar a comprender su acción… o su inacción.

Los libros de mi Día Internacional del Libro

Hoy era el Día Internacional del Libro y quise hacerme con algunos de los libritos que me voy a leer próximamente, amén de alguno que me reservaré para las vacaciones.

Nada mejor que ir a la librería de mi amigo y gran librero: Andrés Larrinaga, en Librería MenosDiez, situada en Calle del Espejo, 5, justo a unos metros de mi estudio.

El regalo de la bolsa a partir de unos pantalones reutilizados me parece el broche ideal y cariñoso de una librería que por encima del negocio, tiene la ética. Es un honor y un orgullo contar con amigos semejantes.

En las nubes

Me consta que hay seres humanos
que confían en las nubes

Podría ser un bonito epígrafe
para un poema lírico
que hablase de fantasías
o sueños
quimeras
o unicornios

Sin embargo
este poema
habla de posibles
embargos
en las nubes
esas que dependen
de pozos petrolíferos
de peces petrolíferos

Sin embargo
este poema
trata de cómo murió
un sistema de hacer copias
de seguridad
por la inseguridad
que alojaba
según los encargados
de mantener la seguridad
en la red

Y aun así (aún)
me consta que hay seres humanos
que confían en las nubes

eldiarioes en Instagram

Leo este post en eldiario.es en Instagram (Meta) en el que parecen alegrarse de la invencibilidad (que no imbecilidad), pero no sigo a eldiarioes (en Meta), así que esta empresa periodística está pagando a Meta para aparecer en mi scroll infinito. Pagando a una empresa que critica, como seguramente también ocurrirá en X (esa mierda de red antisocial que la mayoría de los periódicos que conozco siguen utilizando masivamente dentro de sus propias publicaciones).

Las contradicciones son lo que son, pero la falta de coherencia de los medios de comunicación demuestran que lo único que les preocupa es tener ingresos. Lo que no deja de ser comprensible, pero también lamentable.

Sorpresa, sorpresa

¡Oh!
¡Una tradición católica
tachada de machista!

Leo en un periódico
la noticia
de que se considera discriminatorio
el trato que reciben las mujeres
en las procesiones de semana santa
y me entra la risa
pensando
que en semana santa
todo el planeta
sufre discriminación
salvo quienes alaban al señor
(no a la señora)
glorificado
por la santa iglesia católica
regida
por un papa
(que no una mama)
y eso ocurre
en este país
llamado España
en el que la constitución
da primacía
al varón sobre la mujer
en la cadena de sucesión de la representación
del estado.

¡Oh!
¡Una tradición católica
tachada de machista!

Matemos al poeta

En esta época de edulcorada loa a la poesía, me gustó formar parte de esta pequeña (y algo punki) acción poética en el Museo La Neomudejar, en honor al libro/proyecto Buscando a Huidobro, evento que presentaba JuanJe Sanz, de la editorial La úníca puerta a la izquierda.

Buscando a Huidobro, que es un proyecto de Juan Miguel Cortés “Juanmi“ (Sestao, 1969), que transcurre en el poema “Altzazor“ de Vicente Huidobro (Chile, 1893-1948). De él se toman prestados versos para desarrollar diferentes montajes experimentales en los que se mezclan poesía y arte; performances, instalaciones, interacción con el público, escultura y videocreación.
Participan 17 artistas interviniendo en cada una de las letras: B U S C A N D O A H U I D O B R O:
B_Benito Valladares
U_Bartolomé Ferrando
S_Sergio Muro
C_José Cos
A_Marcos Almendros
N_Francisco Escudero
D_M. Mar Estévez
O_Javier Seco
A_Analía Beltrán i Janés
H_María Cortés Gómez
U_Julia Lasagabaster
I_Cova Orgaz
D_Fausto Grossi
O_Mary Zurbano
B_Beatriz Sancho
R_Álvaro Antón
O_Yolanda Pérez Herreras

El cartel de neón reza (de un verso de Altazor, de Vicente Huidobro:

Si yo no hiciera al menos una locura por año me volvería loco.

Antonio Gramsci

Artículo de La broma infinita sobre Antonio Gramsci encontrado en Facebook, en el siguiente enlace:
https://www.facebook.com/photo.php?fbid=122107446825252882.

Lo reproduzco casi completo (con mínimas adaptaciones) porque me ha parecido fundamental.

Antonio Gramsci: Un hombre que un dictador encerró específicamente porque sus ideas eran peligrosas.

Antonio Gramsci nació el 22 de enero de 1891 en Ales, un pueblo chico de Cerdeña, la isla más pobre de Italia. Era el cuarto de siete hijos. A los siete años una enfermedad le deformó la columna y le dejó una joroba para siempre. A los ocho, su padre fue preso por rencillas políticas entre terratenientes locales y la familia quedó en la indigencia. Antonio tuvo que dejar la escuela y trabajar.

Años después escribió que durante ocho meses había hecho una sola comida al día. Que había llegado al tercer año del colegio en condiciones de desnutrición grave. Que su cuerpo era un problema constante que había que resolver para poder pensar. Siguió estudiando bajo esa condición.

Hay algo en la imagen de un niño jorobado y hambriento que aprende solo porque no puede hacer otra cosa que me resulta más elocuente y necesario mencionar antes que cualquier análisis biográfico.

No es un tipo de héroe. Es obstinación humana. Una terquedad específica de alguien que entiende desde muy temprano que el conocimiento es lo único que nadie le puede quitar y va más allá de su físico deplorable.

Su hermano mayor Gennaro le pasaba prensa socialista desde que Antonio tenía trece años. A los diecinueve empezó a leer a Marx. A los veinte ganó una beca para estudiar filología en la Universidad de Turín, en el norte industrial de Italia. La beca era tan pequeña que no le alcanzaba para nada. En Turín encontró lo que Cerdeña nunca le había dado: miles de obreros organizándose, fábricas creciendo, sindicatos formándose.

Gramsci los miraba con la curiosidad de alguien que había crecido en la pobreza y que por primera vez veía una pobreza organizada en lugar de dispersa y resignada. Y ahí empezó a construir la pregunta.

¿Por qué la gente obedece?

La respuesta obvia es el miedo. El poder usa la fuerza y la gente obedece para no ser aplastada. Pero Gramsci miraba a su alrededor en Turín y veía que el miedo no alcanzaba para explicar todo. La mayoría de los obreros de las fábricas no pensaban que el sistema era injusto. Pensaban que era así como funcionaba el mundo. Los campesinos de Cerdeña donde él creció no creían que merecían más. Creían que su lugar era ese.

¿Pero quién les había enseñado eso?

Gramsci pasó años rastreando la respuesta y llegó a un concepto que llamó hegemonía. No era una palabra nueva pero él le dio un significado y eso lo cambió todo. La hegemonía es el control que un grupo ejerce sobre el resto, no a través de la fuerza sino a través de las ideas. Cuando los valores y la visión del mundo de los que mandan se convierten en los valores y la visión del mundo de todos, el poder no necesita usar la fuerza. La gente ya piensa como él necesita que piense. Y los instrumentos de ese control no son las armas. Son la escuela. La iglesia. Los diarios. La cultura popular. Las historias que una sociedad se cuenta sobre sí misma para explicar por qué las cosas son como son y no de otra manera.[1]

Si Gramsci tenía razón, y la evidencia histórica sugiere que sí, entonces el control más efectivo es el que no se ve. El que opera a través de las ideas que creemos propias. El que funciona mejor cuando la gente está convencida de que está pensando libremente.

Y la pregunta que eso genera es incómoda: ¿cómo sabes cuándo estás pensando por ti mismo y cuándo estás pensando lo que alguien más necesita que pienses?

Gramsci no respondió eso. Pero señaló algo: «El primer paso es entender el mecanismo. Ver cómo funciona». Y eso era exactamente lo que Mussolini no podía permitir que nadie dijera en voz alta.

En 1913 Gramsci se afilió al Partido Socialista Italiano. En 1919 fundó la revista L’Ordine Nuovo que se convirtió en el periódico más influyente de la izquierda italiana. En 1921 fue uno de los fundadores del Partido Comunista Italiano. En 1924 fue elegido diputado y se enfrentó verbal y directamente a Mussolini en el Parlamento. Ese día el dictador lo identificó como enemigo definitivo. En 1926 Mussolini disolvió todos los partidos políticos y eliminó la inmunidad parlamentaria. El 8 de noviembre de ese año, agentes del régimen detuvieron a Gramsci en Roma. Tenía treinta y cinco años.

En el juicio de 1928, el fiscal pronunció la frase que lo haría famoso para siempre: «Debemos impedir que este cerebro funcione durante veinte años». No fue una exageración. Fue una declaración de intenciones. El Estado italiano no acusaba a Gramsci de haber cometido un crimen. Lo acusaba de pensar. De tener un cerebro que entendía cómo funcionaba el poder y que podía explicárselo a otros en lenguaje que cualquier persona podía entender. Eso era lo peligroso. No las bombas ni los planes de revolución. La claridad con la que expresaba temas complejos.[2]

Lo que siguió fueron once años que destruyeron su cuerpo sin tocar su cerebro. Algunas de sus dolencias por citar algunas: Arteriosclerosis. Tuberculosis pulmonar. Tuberculosis ósea. Enfermedad de Pott que le destruyó vértebras. Gota. Hemorragias cerebrales. Perdió casi todos los dientes. Pasaba temporadas enteras sin poder moverse de la cama.

En 1929 pidió autorización para tener cuadernos y lápices. Se los dieron.

Empezó a escribir con letra chiquita para que los guardias no pudieran leer el contenido tan fácil. Escribió sobre filosofía, cultura, historia, política, educación, teatro, literatura, lingüística. Casi tres mil páginas. 32 cuadernos que son hoy una de las obras filosóficas más importantes del siglo XX.[3]

Encerrar a alguien para que no piense es una lógica que asume que el pensamiento necesita libertad para funcionar. Gramsci demostró que no. Que el pensamiento, cuando es suficientemente duro de corromper, funciona mejor en las condiciones más adversas porque no tiene otra cosa en que pensar. El cerebro que querían detener durante veinte años lleva casi noventa funcionando en universidades, movimientos sociales y en cualquier conversación seria sobre cómo el poder convence a la gente de que lo que existe es lo único posible.

En 1932, desde la celda, supo que le habían nacido dos hijos con su esposa Julia Schucht, una violinista rusa que había conocido en Moscú en 1922. Los niños crecieron en la Unión Soviética. Gramsci nunca los vio por lo menos en persona. Le enviaban fotos. En una carta a su cuñada escribió que había tenido una gran alegría al ver las fotos porque por fin podía comprobar que sus hijos tenían cabeza y piernas, que desde hacía años solo veía sus cabezas y empezaba a dudar de si no se habrían convertido en ángeles sin alas.[4]

Lo liberaron con libertad condicional en 1934 cuando su salud era ya era terminal.

El 27 de abril de 1937 murió de una hemorragia cerebral en una clínica de Roma. Tenía cuarenta y seis años. Seguía «técnicamente» detenido cuando murió.

Los 32 cuadernos salieron de la cárcel escondidos gracias a su cuñada Tatiana Schucht. Llegaron a Moscú. Palmiro Togliatti, su compañero de la universidad de Turín que había sobrevivido al fascismo en el exilio, los organizó y los publicó entre 1948 y 1951. El mundo que los leyó quedó transformado.

El concepto de hegemonía se convirtió en una herramienta que los investigadores de ciencias sociales, comunicación y política usan hasta hoy para analizar cómo funcionan los sistemas de poder. Explica por qué ciertos valores se presentan como naturales cuando son construcciones históricas. Explica por qué la gente a veces actúa contra sus propios intereses (sin saberlo). Explica por qué los medios de comunicación, las redes sociales y el entretenimiento masivo son campos de batalla políticos (aunque no parezcan).

Cualquier persona que pueda señalar ese mecanismo en voz alta y (en lenguaje que otros entiendan) se convierte automáticamente en una amenaza para ese control. No importa si tiene título de universidad o no. No importa si es periodista o no. No importa si tiene respaldo institucional o no. Lo que importa es la claridad para explicar. La capacidad de ver el mecanismo y explicarlo. Eso fue lo que encerró a Gramsci.

Gramsci lo llamaba el intelectual orgánico. Alguien que traduce el poder a lenguaje popular. Siempre fue peligroso en cualquier época.

Gramsci fue enterrado en el cementerio acatólico de Roma (donde sepultaban a gente no católica o atea). Su lápida solo contiene una corta inscripción latina «Cinera Antonii Gramsci» (las cenizas de Antonio Gramsci)… y encima está mal escrito porque debería poner «cineres». “Cinera» es una forma gramaticalmente incorrecta en latín clásico. Lo correcto para referirse a las «cenizas» es el plural de cinis, que es «Cineres». El uso de «Cinera» en la lápida de Gramsci ha sido motivo de debate durante décadas; algunos lo atribuyen a un simple error de picapedrero o un descuido de quienes encargaron la inscripción, mientras que otros han intentado (sin mucho éxito) buscarle alguna raíz en el latín vulgar. Es una ironía bastante particular que uno de los intelectuales más rigurosos de la historia termine con una errata eterna sobre su tumba.


Notas:

  • [1]: Gramsci, A. (1929–1935). «Quaderni del carcere» Edición crítica de Valentino Gerratana. Einaudi, 1975. El concepto de hegemonía se desarrolla principalmente en los cuadernos 10, 12 y 13.
  • [2]: Fiori, G. (1966). «Vita di Antonio Gramsci». Laterza. La frase del fiscal está documentada en los registros del juicio de 1928 y citada en múltiples biografías académicas.
  • [3]: El número de cuadernos varía entre fuentes. La edición crítica de Gerratana de 1975, considerada la referencia académica, organiza el material en cuatro volúmenes con aproximadamente 2.848 páginas de texto original.
  • [4]: Gramsci, A. (1947). «Lettere del carcere». Einaudi. La carta sobre las fotografías de sus hijos es una de las más citadas como testimonio de la dimensión humana de Gramsci.

Fuentes

  • Biografías y Vidas. (2023). «Antonio Gramsci».
  • Fiori, G. (1966). «Vita di Antonio Gramsci». Laterza. [Edición española: «Vida de un revolucionario». Capitán Swing, 2022]
  • Gramsci, A. (1947). «Lettere del carcere». Einaudi. [Edición española: «Cartas desde la cárcel». Cuadernos para el Diálogo, 1975]
  • Gramsci, A. (1929–1935). «Quaderni del carcere». [Edición crítica de Valentino Gerratana. Einaudi, 1975. Edición española: «Cuadernos de la cárcel». Era, 1981]
  • Hall, S. (1980). Cultural studies: Two paradigms. «Media, Culture & Society», 2(1), 57–72.
  • Psicología y Mente. (2024). ‘Antonio Gramsci: Biografía de este filósofo marxista».
  • Wikipedia. (2025). «Antonio Gramsci».

Esto no es una broma