Me he encontrado en Internet

A mí mismo, sí, a mí mismo, como si no estuviese aquí, en la mesa, en la silla, escribiendo este texto ridículo sobre que me he encontrado a mí mismo…

Aunque quizá no sea yo. Quizá soy un poco tú… o un poco él, o incluso ella. Soy algo menos mismo. Me he encontrado a tú mismo, o me he encontrado a ella mismo… o solo a ella.

Mí, mí, mí, mí…

Do re mí…

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Bueno, el caso es que en la web de Acción Mad, que este año acaban de publicitar su Décimo Encuentro de Arte de Acción de Madrid (Acción!MAD13), había un enlace a una web llamada A Space For Live Art, en la que resulta que me he encontrado documentación sobre la participación que tuve en el 2010 en el Acción!10MAD. Ha sido divertido e interesante, saber que voy siendo famoso, casi como si lo pretendiese.

Las fotografías son muy buenas, aunque no conozco su autoría. Lo lamento.

Bailando con Proteínas y el Nobel

Martin KarplusEste año ha sido otorgado el Premio Nobel a Martin Kaplus, entre otros, como bien anuncia la web correspondiente al Nobel Prize de Química por las contribuciones de la Química Computacional (por cierto, así aprendí informática…).

Recientemente he escrito sobre el Premio Nobel en este diario, en esa ocasión refiriéndome al recuerdo que me trajo estar en la Academia Sueca durante este verano, acordándome de mi amigo Jose Luis Sanz Vicario.

Es curioso ver que un amigo de ambos, compañeros de últimos años de carrera, en esta ocasión Xabier López Pestaña, es el que ha tocado los laureles de la fama, al menos lateralmente, pero ahí está. Y así lo ha publicado en su formidable blog de divulgación de la Química Cuántica: Bailando con Proteínas y el Nobel.

En otros múltiples artículos por la red se ha difundido la relación entre este querido amigo y el laureado, como en el de Más Ciencia Por Favor, además de enlaces como el de Divúlgame, porque creo que a muchos nos ha emocionado el artículo cercano y ameno, amén de interesante, de mi querido Xabi.

Xabi conoció a Karplus trabajando con él en el área por el cual Martin está siendo galardonado. Es emocionante estar tan cerca de alguien como Xabi, pero no solo por esto… Voy a volcar un extracto de su emotivo artículo de blog, así como el comentario que no pude ni quise evitar darle.

Pues sí, el Nobel de Química de este año ha sido concedido a Karplus, Lewitt y Warshell por su trabajo de desarrollo de modelos mutiescala para tratar sistemas químicos complejos. Si uno lee con más atención la nota de prensa publicada en el sitio web del Premio Nobel, parece que el jurado ha valorado en concreto la utilización de métodos mixtos QM/MM para estudiar problemas de reactividad química en proteínas y sistemas biológicos en general. Para que nos entendamos, Biología, Química, Física, Matemática y Computación unidas para tratar sistemas biológicos. En resumen, estos “cocineros” de la Química Computacional fueron pioneros en preparar un plato compuesto por un muchito de Newton (métodos clásicos y propagación de las posiciones) con un poquito de Schrödinger (rotura y formación de enlaces químicos), adobado en una salsa de Maxwell (continuo dieléctrico). Pero hoy me gustaría dedicar este Post, a hablar de mis recuerdos en el grupo de Karplus, porque el que aquí escribe tuvo la oportunidad de ensayar esos platos y de ser su pinche de cocina durante cuatro maravillosos años.

Leer el artículo completo…

Xabier López Pestaña

Mi comentario (entre muchos otros emocionados comentarios de amigos de este entrañable donostiarra):

Xabi y GiuppeMe has emocionado a mí también. Me siento feliz de que estés feliz. Me alegra tanto.

He vivido tantos buenos ratos contigo que imagino lo bien que le hiciste sentir a ese tal Martin Karplus, nobel o no nobel, algo que, de seguro, va a valorar con el tiempo mucho más que un premio: tú y tu proximidad, tu amistad, tu sincera sencillez acogedora, es el mejor regalo que se pueda tener en la vida. Eres un tío genial y, quienes te conocemos, lo sabemos.

Por momentos me siento conmovido de pensar que estudié con alguien que compartió mesa con un Premio Nobel, y que se codeó (casi) con Pauling… pero eso no es tan verdaderamente impactante como los recuerdos que guardo en Urgul, con unos bocatas y una botella de sidra, o las largas conversaciones en el saliente del Paseo Marítimo en lo Viejo. Por no hablar de aquellas interminables partidas de La Guerra Civil española que siempre perdías con los republicanos… jajajaja… está claro que estabas dispuesto a mantener la historia en su sitio. Habrías terminado por construir el maldito Valle de los Caídos.

Por cierto, en tu estancia en Strassburg (jijiji) te hice pasar un “mal rato” con mi ruptura con Mithreyi, pero de alguna manera, tú sabes que aquello no podía durar.

Amigo, tengo muchas ganas de verte, de compartir contigo esas palmaditas y enormes abrazos y nos quejaremos de nuestros achaques, que ya toca, y seguiremos siguiéndonos las vidas, con la admiración única que se tienen, de verdad, dos buenos (y ya viejos) amigos.

Enhorabuena a Martin y enhorabuena a ti también por seguir siendo como eres, entre otras cosas.

Paseando, un bonito medio de transporte

bonito paseo a casaHemos venido caminando desde la consulta del dentista hasta nuestra casa. Han sido unos 6 kilómetros.
Hemos tardado aproximadamente una hora y cuarto.
Hemos movido el corazón, las piernas y el resto del cuerpo, bajo la energía solar de este fabuloso octubre madrileño.

Podíamos haber venido en autobús, en metro o, incluso, en Taxi. Pero venir andando tiene un sinfín de ventajas frente a esas opciones para distancias aceptables (6 kilómetros) por la ciudad. Además de permitirte un rato de charla con alguien a quien amas (en nuestro caso, íbamos Carmen y yo), es saludable, tonificante, por si no fuese suficiente que además es gratis.

Te permite admirar la ciudad con cierta calma, porque la calma se lleva dentro, o no se lleva.

Hemos vuelto más contentos y, sobre todo, sabiendo que la prisa es una mentira… que no nos acabamos de creer.

Bajo la lluvia habría sido diferente. Seguro.
Otro día habría sido diferente. Seguro.
Con otra persona habría sido diferente. Seguro.
Otro día, con otras actividades pendientes, habría sido, seguro, diferente.

Hoy ha sido un formidable paseo matutino que me recuerda por qué no le veía ningún sentido a seguir yendo al gimnasio.

Un Oxímoron es un Oxímoron

A pesar de que mi diccionario (el instalado en este maravilloso Linux que utilizo) no reconoce la palabra, de un tiempo a esta parte vengo observando que se dice con más frecuencia que antaño. Y no deja de sorprenderme, ya que es una palabreja que se las trae.

Ayer me encontré usándola para referirme a una entrada en el muro de una red social de una amiga que decía algo sobre las «falsas amistades«, a lo que contesté que se trataba de un «oxímoron», pues falsas y amistades no eran palabras que debieran ir juntas, sino directamente, una contradicción. Tentado estuve de usar esta otra palabra que me ha llevado, incluso, a pertrechar una acción de cara a un vídeo que hubo de sufrir mi amiga Aída.

Pero lo más divertido, es que, según wikipedia, un oxímoron es un oxímoron, en una definición etimológica de lo más sugerente, para quien resulten sugerentes los juegos de la recursividad, como es mi caso.

El término oxímoron es una palabra compuesta, un helenismo (neologismo) introducido en el siglo XVIII que une los lexemas ???? (oxýs: ‘agudo, punzante’) y ????? (morós: ‘fofo, romo, tonto’). Por tanto, él mismo es un oxímoron.

Según la RAE:

oxímoron. (Del gr. ????????). 1. m. Ret. Combinación en una misma estructura sintáctica de dos palabras o expresiones de significado opuesto, que originan un nuevo sentido; p. ej., un silencio atronador.

La experiencia religiosa de Ryoji Ikeda

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Si los Cylon tuvieran iglesias, de su único dios verdadero, serían como la instalación data.path del músico y video-creador Ryoji Ikeda, que está expuesta en la tercera planta del ESPACIO de la Fundación Telefónica, abierta al público hasta el 5 de Enero de 2014.

Las instalación consiste en un pasillo de pantallas sobre las que se va proyectando un sinfín de datos sin sentido, pero que forman, acompañados por la desasosegante música de este compositor originalísimo, una experiencia mística, una aproximación a un espíritu digital, a una desgarradora visión de los mecanismos subyecentes a un mundo virtual, a un mundo discreto en el que las matemáticas y la cibernética se hubiesen unido para generar una realidad que traspasa la frontera de lo tecnológico e invadir nuestro analógico cotidiano.

Caminar entre ellos, bajo ellos, sobre los datos, es una sensación única, que nos funde con la naturaleza de aquello que ya forma parte permanente de nuestras vidas, como este teclado sobre el que estoy escribiendo, estos píxeles que están permitiendo, encendiéndose o apagándose, que leas este texto, nos funde con la cartografía secreta de unas galaxias que solo existen en una simulación tan bella como improbable.

Se proyectan datos, puntos que sabemos que están relacionados con una instrucción matemática, programados, acordes a «un plan» secreto, que Ikeda conoce, pero que nosotros tan solo podemos atrevernos a intuir, sabiendo que existe, pero inescrutable, como aquellos caminos del Señor. Datos y puntos acompañados, en ocasiones, de sus referencias posicionales, de sus coordenadas, de su lugar en el mundo, referenciándonos al dudoso lugar que nosotros, humanos, tenemos que ocupar en él.

Atrapamos las letras proyectadas en las manos, intentamos capturarlas como agua de un río que nunca es el mismo río o siempre es el mismo río, vieja controversia presocrática.

Miro absorto el ir y venir de puntos, de dígitos, de letras, de píxeles, en última instancia, que pretenden ser discretos, binarios, blancos sobre negros, pero que no lo acaban de ser, la percepción humana, la mía, se lo impide, quizá la miopía contribuye, pero no es lo único, la escala macroscópica de la proyección hace inviable la apreciación cuántica, discreta, bievaluada.

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Me abandono a ese mirar, ese ir y venir, ese fuego lumínico, esa bella sucesión de un periodo próximo a los 10 minutos, me abandono en una especie de éxtasis, de meditación contemplativa, que no puede y renuncia a capturar la ingente amalgama de datos, en ese camino que nos sugiere Ikeda. Me abandono y recuerdo aquella pretensión de Ad Reinhardt y su monocromía oscura y de espiritualidad rayana en el misticismo.

La música, no obstante, sigue siendo un importante factor presente y de la misma trascendencia que la imagen, aquella que en su día me dijo Jaime Vallaure que me gustaría (y tenía razón), aquella que hizo que conociese Spotify, entre cuyas listas tengo la obra completa de este autor tan sugerente. Hace años que quiero usar su música para un proyecto de sonido y vídeo, pero ver esta obra tan poderosa acompleja sobremanera. Su trabajo tiene tal calidad, tal detallismo, tal pulcritud, que no creo estar en condiciones de no manchar el uso que haga de sus temas.

Ryoji IkedaY la mezcla audiovisual realza cierto carácter dramático, podríamos decir, que además de amenizar la pieza, dota la instalación de un atractivo hipnótico, intenso sin ser cargante. Está perfectamente equilibrada, así como la aparición desaparición de las proyecciones, dejando pausas de luz y sonido que dejan al público (que interactivamente (de verdad) pasea entre la obra) en una especie de suspenso estado de reflexión/contemplación.

Mirar los entresijos, las tripas, el backstage de la instalación no hace sino aumentar la sorpresa, la admiración, contemplando cómo ha conseguido este artista una proyección tan exactamente calibrada, tan asombrosamente sincronizada, tan idealmente adaptada al espacio que, hay que reconocer, ha debido de participar activa y diligentemente en el montaje de una obra cuyas complicaciones técnicas, salvando columnas, por ejemplo, aparenta ser más difícil de lo que parece (aunque esto tenga el aspecto de una contradicción).

Sin entrar en detalles de cómo Telefónica ha conseguido tener la difusión insospechada de ocupar las miles de marquesinas que me alertaron de no perderme esta pieza, en comparación con la escasa de un día (único día) de pianos en la calle Serrano de Madrid, he de reconocer que agradezco que lo hayan logrado y espero que la gente de esta ciudad vaya a visitar la exposición de esta obra de arte contemporáneo que igual consigue que no se oiga esta palabra como un estigma, sino como algo propio de nuestro tiempo, como algo que nos es mucho más propio y cercano de lo que creemos, poseedores de smartphones, tablets, portátiles, televisores de plasma o píxeles, asistentes a una revolución, la tecnológica, que también impregna el arte, de cuando en cuando, con una maravilla como esta pieza de este artista al que seguir la pista.

¿Qué piensas sobre dejarlo todo, empezar de 0 y solo tener lo que te hace feliz?

Vamos, perseguir tus sueños.

Me preguntas ésto como si yo supiese más que tú sobre ello. Como si alguien supiese más que tú (en tu vida). Y no tengo ni idea. Te lo aseguro. Pero, por ver si puedo arrojar algo de luz, descompongamos el problema. Se trata de 3 preguntas y voy a contestar (desde lo que sé o he vivido) una a una:

Dejarlo todo

No me gusta la idea de dejar lo que he hecho, sino más bien de ir acumulándolo. Pero he de reconocer que he ido procurando hacer a lo largo de mi vida cosas que me gustan.

Bueno, hubo un tiempo en el que no (trabajaba de administrador de redes y sistemas UNIX de una gran empresa financiera), y entonces sí lo dejé, pero luego lo eché de menos (por no hablar del hecho de tener una nómina a final de mes, cosa sin la que no me acostumbro a vivir después de más de 10 años sin ella). Ahora intento incluir en mis poemas material informático, como cuando programaba, hago copias de seguridad de todo mi trabajo artístico, incluso he conseguido algún trabajo en la gestión de eventos de Performance Art gracias a ello, además de que aprendí muchas cosas que me resultaron muy útiles cuando quise organizar la gestión de la Asociación Cultural que fundé: Clave 53. Sin mi paso por esa época no habría sabido hacerlo.

Pero lloraba en el sótano, donde estaban los servidores, y aquello era intolerable. No sufrir. Me parece algo básico, pero que se olvida con frecuencia: distingo entre sacrificio, esfuerzo y sufrimiento. Esto último… NO, ¡nunca! (al menos nunca más)

A veces, ahora, me tienta dejar de hacer mis talleres de Poesía, porque no me dan mucho dinero y sí mucho trabajo. Es cansado, agotador, buscar sala cada año, enviar emails para conseguir nuevos alumnos, animar a los que están, imaginar nuevas formas de crear, plantear nuevos retos, pero al mismo tiempo seguir manteniendo una constante perseverancia por la disciplina que implica participar en un taller de escritura. Cada año, por estas fechas, me planteo, en parte, la pregunta que me haces, pero luego sé que quiero seguir, que no sé muy bien por qué, pero sin esos talleres, que defiendo a capa y espada, lo pasaría mal, estaría más triste, en resumen: sufriría. Así que sigo adelante y lo intento otro año más.

Te aseguro que sería mucho más rentable que me centrase solo en las clases particulares, por no hablar de otros posibles trabajos (volver a trabajos más convencionales como consultor o comercial tecnológico, por poner un par de ejemplos). Pero estaría más triste… y no me apetece vivir así.

Curiosamente, dejar mis clases particulares no me lo planteo, porque cada día me gusta más. Y has tenido mucho que ver, así que te estaré agradecido siempre. (Inciso: ayer comencé una clase con una chica en Embajadores que estaba en el conservatorio, toca la trompeta, y me acordé, cómo no, de ti).

Empezar de 0

No creo que se pueda. Siempre se tiene algo encima… Podemos pensar en cambiar el origen de coordenadas, por decirlo así, pero en realidad, la vida tiene historia. Es lo que nos hace que tomemos decisiones desde donde estamos. Eso sí, siempre, en el fondo, estamos en ese origen de coordenadas y nos toca tomar decisiones constantemente. Y cuando lo olvidamos, la función comienza a decrecer (por seguir con la metáfora matemática).

O sea, que lo que te he dicho no es cierto: en realidad, siempre empezamos de 0, cada mañana es un nuevo 0, un nuevo origen, un lugar de página en blanco para escribir un nuevo libro que se está escribiendo todo el tiempo.

Hace tiempo había una pregunta circulando por ahí, en redes sociales, que era algo así como ¿y tú, qué quieres hacer en este nuevo día? Preguntarse esto cada día es fundamental… pero cansado. Sería más fácil tener claro qué quieres hacer en los próximos 10.000 años, por ejemplo, pero también un poco más aburrido. El día que lo sepa, creo que no querré seguir viviendo. Para mí, vivir es tomar esa decisión cada mañana.

(Algo personal: Por ejemplo, cada día sé que estoy enamorado de mi chica, cada día. Me gusta saber que lo decido cada día, cada día, nuestra relación empieza de 0, no es una relación que ya se da por sentada, por asentada, por estable… tengo que conseguir que ella me quiera cada día, y sigue siendo fácil, aunque no lo entienda, pero el día que no ocurra, pues habrá que pasar a otra cosa)

Solo tener lo que te hace feliz

Bueno, esto en realidad (matemáticamente hablando) también son 2 preguntas:

  1. tener lo que te hace feliz
  2. que esa cosa sea única (por lo de solo)

Y el problema primero, aunque no lo parezca, es que no creo que tenga una única cosa que me haga feliz. Tengo varias e intento hacerlas todas, pero no tengo tiempo material para realizarlas. Algún proyecto que me encanta (estoy haciendo una clasificación filogenética de todas las lenguas que hay o ha habido en el mundo) me llevaría un tiempo que, seguro, sobrepasaría el que voy a vivir.

Tener lo que te hace feliz: Bueno, supongo que te refieres a hacer lo que te hace feliz.

Al menos, para mí, tener (lo que sea) no me hace feliz. Hacer, sí.

No hacer lo que me hace feliz me hace infeliz, así que no hay mucho que decir: no quiero ser o vivir infeliz.

Hago lo que me hace feliz casi todo el tiempo. No puedo pensar que se pueda vivir de otra manera. Aunque, en algún momento de mi vida lo hubiera olvidado y estuviese un tiempo haciendo cosas que no me hacían feliz, pero me dieron dinero. Eso es algo bueno, me dieron cierta solvencia con la que poder, ahora, hacer lo que me hace feliz sin pensármelo mucho. Vivo el resto de mi vida así y no me planteo lo contrario.

Pero, y si me hubiese planteado esto con tu edad, antes de tener una casa propia pagada, por ejemplo.

¡Madre mía! ¡Qué pavor!

En cuanto a perseguir los sueños…

Lo más cerca que estuve fue que pensé en hacer filosofía, algo que era claramente inútil, y hasta mi profesor de filosofía me recomendó que no lo hiciese, que estudiase algo «práctico», que siempre estaría a tiempo de estudiar filosofía, mientras que químicas o matemáticas (que también quería estudiarlas) no eran fáciles de empezar después de 5 años de una carrera de letras.

Le hice caso y estudié Química, pero como no debía ser demasiado «práctico», pues acabé estudiando cuántica, lo más inútil posible dentro de las ciencias. Y luego matemáticas… que tampoco son demasiado útiles.

Pero ya iba teniendo añitos y quería irme de casa de mis padres, tener independencia económica, así que acepté trabajar en un centro de investigación y desarrollo de Inteligencia Artificial. Fue una época interesante en la que aprendí muchísimo, aunque con el paso del tiempo acabé perdiéndome en la necesidad económica (ya era necesidad) y ese perderme me llevó a abandonar sueños como el de ser profesor en un instituto de matemáticas (ese era mi sueño, sí).

He de reconocer que tenía sueños más realizables que los tuyos (a primera vista) pero quién sabe. Quizá no sea tan irrealizable perseguir el sueño de ser pianista (si es que ese es tu sueño). Pero a veces hay que pensar si ese sueño, cuando se hace real, sigue siéndolo. Sobre todo, antes de borrar cosas que también te pueden gustar o te gustan.

Ufff… hacer convivir los sueños con la realidad es todo un desafío.

Hay que perseguir los sueños. Sí, sin duda ninguna.

Pero hay que encargarse de que sean sostenibles, de que los podamos sostener, porque si no es posible que dejen de ser sueños y pasen a ser pesadillas. ¿Cómo se hace? Y yo qué sé. Cada uno lo hará según pueda, supongo.

Conozco amigas que se lanzaron a bailar danza clásica cuando todo el mundo les decía que eso era inviable, que no podrían continuar más allá de unos años, pero mira, ahí siguen, luchándolo y viviéndolo en un sueño agotador a veces, pero que sin el que serían infelices.

Una de mis mejores amigas es informática y también cineasta. Tiene una lucha permanente en su vida por el ganar dinero de algo y vivir para su sueño… entonces, coge un trabajo de informática, dura un tiempo, vuelve a dejarlo y hace un corto o edita vídeocreaciones. No tiene resuelta su vida, no sabe qué hace con ella. Ahora está en Hamburgo, viviendo con su chica, y pensando en volverse. Tiene más de 30 años y no tiene ni idea de contestar a esas preguntitas que haces.

Carmen (mi chica), sigue luchando por ser profesora de Tango y Bailarina, aunque no sabe si esto de bailarina le acaba de gustar, o no le gusta o tiene pánico escénico, y es una lucha permanente, una lucha a la contra en un mundo, en un sistema, en el que es fácil perseguir sueños si son los que producen rendimiento económico. Pero no siempre felicidad.

Mi mejor amigo chico (tengo pocos amigos chicos), es pintor y grabador, ya bastante consagrado, sus cuadros cuestan más de 6.000 euros, pero es muy difícil venderlos, así que vive como puede y es agotador. Tuvo la plaza fija como profesor de Grabado en la Facultad de Bellas Artes. Era el profesor más joven que había ocupado esa plaza nunca. Pero quería perseguir su sueño de ser pintor y no profesor… y lo hizo. Le cuesta, te diría que mucho. Es de las personas más trabajadoras que conozco, con la disciplina de la que hablaba Picasso, que decía: «Que la inspiración te pille trabajando». Trabaja sin parar y no siempre con posibilidades de conseguir una remuneración directamente proporcional a sus horas de trabajo. Pero si no trabajase en ello sería infeliz.

Te podría enumerar decenas de amigos y amigas que viven y luchan por conseguir sus sueños, pero cada uno y cada una lo hace como puede.

Por ser algo práctico (por una vez y sin que sirva de precedente) te diría que aumentes tus posibles fuentes de formación de cara al futuro… pero ¿qué pasa en el presente? Eso, la verdad, solo lo sabes tú.

O sea, en resumidas cuentas: No te he respondido, ¿verdad?

Lo siento, pero, igual es que es uno de esos problemas que no tienen solución…

En respuesta a una pregunta formulada por mi ex-alumna, Marta.
¡Cómo me alegra que se haga estas preguntas!

El día de los pianos

Ayer, 2 de Octubre de 2013, la Fundación Jesús Serra, hija bastarda del Grupo Catalana Occidente, organizaba una jornada preciosa donde 7 pianos eran dispuestos a lo largo de varios puntos de la Calle Serrano de Madrid.

Que fuese elegida la «noble» calle Serrano del barrio más pudiente de esta ciudad no es óbice para que el acontecimiento fuese bello, aunque no olvidemos la parte poco ética subyacente.

Carmen y yo, haciendo uso de nuestra libertad horaria relativa, nos dimos el lujo de pasear la calle de sur a norte desde la Plaza de la Independencia (la Puerta de Alcalá), hasta el más septentrional de los pianos, situado en la puerta del Museo Lázaro Galdiano, que tiene toda la pinta de un museo orientado a especuladores de arte, más que a propuestas verdaderamente artísticas.

Olvidándonos como pudimos del contexto, de esta ciudad que ni siquiera tiene a bien informar de un evento que enriquece el sombrío panorama cultural de la misma, incluso sin tener mucho que ver en su puesta en marcha, negando su obligación de proveer de información a los ciudadanos y no solo a los consumidores. Claro, esta propuesta era demasiado gratuita. No había forma de hacer caja. Dalí sabe de qué hablo.

Pues eso, la recorrimos y disfrutamos de un par de horas tremendamente agradables. En el piano situado en la Plaza de Colón había algo más de gente, pero en general, los pianos estaban casi abandonados, mirados a través de algún smartphone que tomaba una rápida instantánea (valga la redundancia) y seguía camino de algún trabajo rápido e instantáneo.

En el siguiente, siguiendo esta ruta de ascensión, nos encontramos una mujer argentina que tocaba un Tango de Pugliesse y Carmen y yo nos lanzamos a bailarlo. Fue un momento precioso, admirado, regalado, por la pianista, por la fundación y por nosotros.

El ruido de la ciudad insertaba sus notas discordantes en el sonido del instrumento, al más puro estilo John Cage. Tentado estuve de emular su 4’33». Pero no lo vi procedente: No era el lugar ni el momento. Como no lo habría sido de sus Pianos preparados.

Aquí se puede escuchar una muestra de un amateur (o no tanto) tocando un poco.

[audio:https://giusseppe.net/blog/wp-content/uploads/2013/10/pianoserrano.mp3]

Fuimos fotografiando diversos motivos del evento, charlando con las pobres encargadas de cuidar los instrumentos que iban a pasar más de 12 horas seguidas sin que se hubiesen molestado por pensar en ellas desde la organización que no había dispuesto ni la posibilidad de que se sentasen durante ese tiempo, ni que tuviesen ocasión de abandonar su puesto para orinar, defecar o comer. El evento era bonito… no obstante.

Y las fotos dan fe de ello:

Las habilidades y la reproducción

Hablando con Carmen sobre la desdicha de la performance y el arte contemporáneo, y sostenía (en una visión un tanto catastrofista) que era esencial ese desapego del público potencial para con la performance, debido en parte a que no hay habilidades que demostrar.

A la gente le encanta encontrarse individuos que llevan al límite alguna habilidad que los demás no poseen o que realizan proezas, deportivas, dancísticas, teatrales, recitativas, o que tienen una fuerza especial, una brillantez especial, un halo que los convierte en «los más» algo, los únicos en algo. Belleza más o menos superficial también vale. Pero no tener nada «especial«… ¿y entonces para qué mostrarlo?

Acabábamos de ver un formidable trabajo titulado «Fuga Sul Training» de Raúl Iaiza en Residui Teatro y nos fascinó, pero en gran parte, debido a su habilidad casi circense, aunque he de reconocer que él mismo, en una breve charla posterior, comentaba que eso no era importante, que era secundario y que era peligroso quedarse en ello, en la habilidad, en la demostración de la habilidad en lugar de la mostración de un trabajo procesual sin más.

No obstante, la habilidad estaba. Y hablando de ello, acabé citándome a mí mismo en el artículo sobre ¿qué coño es una performance? que había escrito esa misma mañana.

Durante la conversación surgió esta relación: la habilidad «buscada» y la reproducción.

De algún modo, la selección de la pareja con la que llevar a cabo la procreación puede estar asociada con la búsqueda de habilidades que deseemos que la descendencia posea. Así, es posible que se pueda explicar el porqué al espectador medio le atrae aquel arte que de-muestra habilidades y no un arte contemporáneo que no las busca.

Esto permite también explicar cierto paralelismo entre el arte y el deporte, que está relacionado con el éxito o el fracaso, no con la frustración. (Sobre fracaso vs frustración hablaré otro día)

El éxito se busca por el espectador, que busca en el existoso héroe (deportivo, artístico o científico, no importa) una posible pareja reproductiva. Acababa también de encontrarme una relación similar en un libro de correspondencia entre Auster y Coetze, que comenté hablando de la sublimación de la competencia intraespecífica en forma de combate deportivo.

Sigo pensando en ello, en el hecho de que los performers o artistas contemporáneos no parecemos, más o menos subliminalmente, útiles a la manada, ni, desde luego, los especímenes más dotados para generar una descendencia de la especie más apta para lograr el éxito. Sea eso lo que sea. ¿Es posible evitarlo?

¿Pero qué coño es una performance?

Hoy me ha tenido en jaque mi amiga Vicky durante más de 2 horas, acusándome (jejeje) de no explicar con claridad ni saber hacer llegar al público qué es eso de la performance.

Es curioso, porque el domingo, después del debate performático en el que estuve participando en EXCHANGE, Encuentro de Arte de Acción, en Espacio B, el coordinador del espacio me dijo lo mismo. Estuvimos largo y tendido hablando de cómo comunicamos los performers al «público» y a qué tipo de espectador nos dirigimos. Me sentí responsable (en la medida en la que lo soy) de cierta desconexión entre la gente y lo que Yolanda Pérez Herreras llamaba la «gentuza» de la performance.

Es cierto que se hacen cursos de Performance, talleres, etc, pero se suelen promover asumiendo que la persona que se va a interesar en ellos ya sabe algo, si no mucho, de a lo que se acerca. Y acaba requiriendo un trabajo de «limpieza» de prejuicios sobre lo que creen que saben de la performance.

Creo que los que sabemos algo de esto de la Performance (que siempre o casi siempre preferiríamos llamar arte de acción), nos hemos olvidado de aquello que nos acercó a este arte, nos hemos olvidado de que nos hicimos esta pregunta que desató otras:

¿Qué coño es una Performance?

Respuesta (sin mucho contexto): Una manifestación de arte conceptual, en la que aparece la acción como elemento compositivo.

¡Hostia! ¿Y esa es la respuesta? ¿Eso se supone que aclara algo? ¿Qué coño es arte conceptual? ¿Qué es un elemento compositivo? ¿Y una acción? ¿Cualquier acción?

Respuesta (sin mucho contesto): Arte conceptual es un tipo de arte contemporáneo que hace prevalecer el concepto, la idea, por encima de la realización o su materialización objetual.

Y en cuanto a lo de la acción y el elemento compositivo: Pues sí, cualquier acción puede ser usada para componer una pieza performativa o performance.

Bien… ¿Te has quedado a gusto? ¿Arte contemporáneo? ¿Concepto o idea? ¿Realización? ¿Materialización objetual? ¡Venga ya! ¿Y entonces qué queda? Y además, ¿Cualquier acción? ¿Qué me dices? ¿Comerme un plato de lentejas es una performance?

Por partes (o sea, que se va complicando):

Respuesta(s) (sin mucho contexto):

Arte contemporáneo es un tipo de arte que ha roto con la convención de una academia u organización o criterio más o menos objetivo de calidad que determine su valor artístico.

Concepto o idea: cobra importancia el tratamiento «intelectual» que se da a la realidad que deja de intentar ser capturada únicamente por lo superficialmente sensorial (Ejemplo: Las señoritas de Avignon, de Picasso, son señoritas, pero su representación (o el tratamiento que se hace para representarlas) ocurre en el intelecto, se visualizan sus distintas facetas e intentan plasmarse simultáneamente, no desde un único punto de vista, estático (perspectivo), sino desde varios a la vez. Los futuristas harán más o menos lo mismo que el cubismo, pero simultaneando sucesos cronológicamente disjuntos).

Materialización (o desmaterialización): esta es otra frontera tremenda (y tremendamente actual, por otro lado, por la vertiente virtual que conlleva) porque trae a colación el hecho de que, si la idea o el concepto es tan importante, quizá, esa idea o concepto es el verdadero corazón de la pieza, hasta el punto de que el objeto carece de importancia (en este tipo de arte, que no excluye ni tiene por qué entrar en conflicto con que se sigan realizando otras formas artísticas objetuales).

Con respecto a la acción o si sirve cualquiera: sí. Pero la acción ha de ser la acción, no un sucedáneo de otra cosa que no se realiza, es decir, no se trata de emular beber ginebra bebiendo agua que pueda dar el pego: o se bebe ginebra o se bebe agua, pero no se simula… (en cierta ortodoxia). Si bien podemos hablar de acciones metáfora, pero eso es otra historia. Además de que no exista creación de un personaje que no esté embebido verdaderamente en el momento actual y presente de la acción, sino que se es quien se dice ser. No hay un Giusseppe y un «Giusseppe-Performer», sino que Giusseppe=»Giusseppe-Performer», lo que vendría a ser equivalente a una ecuación que adoran usar los performers: Vida=Arte (y que para mí es más una utopía que una concreción).

¡¡¡Joooooder!!! Esto se dispara: Varias preguntas por partes también:

¿Entonces, en el arte contemporáneo, si no hay valor objetivo de calidad, qué determina qué cosa es una pieza de arte?

¿Pero es posible no ser siempre, de una manera inconsciente, un personaje, una máscara que se muestra cuando se está de cara al público?

¿Si cualquier acción puede ser una performance, qué las distingue de aquellas que no lo son? ¿Todo lo que hago en mi vida es una performance o un conjunto de ellas? ¿Puedo ensayarlas? ¿Si he realizado una acción, puedo repetirla?

Ufff… sigue disparándose el tema y tengo que ir a hacer la comida, pero, respondo como puedo a las múltiples preguntas que surgen:

Al no haber valor objetivo de calidad, la verdadera calidad de la obra radica en algo íntimo que el artista o creador sabe en su interior y no puede comunicar, que tiene que ver con lo que Rilke llamaría «necesidad» de realizarla. Hay una honestidad íntima que se manifiesta en coherencia en la trayectoria… no, no queda otra cosa para saber si un artista contemporáneo es «bueno», que saber si sabe de qué está hablando. Si no lo sabe, la verdad es que está haciendo arte vacuo. No está estafando, es, simple y llanamente, simpleza.

Con respecto a la creación «inconsciente» de personaje, nada que decir: hablamos de lo que es creación consciente. Lo que el inconsciente hace… es inconsciente. No sé si me explico.

Cualquier, insisto: cualquier, acción (o conjunto de acciones) puede ser una performance. Lo que las hace diferentes es algo a lo que llamamos Intención. Como ejemplo aclaratorio de lo que es la intención: aquello que distingue un beso de un beso. (¿Se entiende?) Besar a alguien en una película, o besar a una amiga, o abrazarla… o besar a una persona a quien deseas sexualmente, o abrazarla… todo cambia, aunque desde fuera sea imposible apreciar el más mínimo cambio.

Sobre si puedo ensayarlas: supongo que cada cual puede hacer lo que quiera, como los besos, pero no sabrá lo que es besar (un beso de amor) salvo que bese de verdad (jajajaja, como la española cuando besa…). Y en cuanto a repetirlas, pues lo mismo. Al fin y al cabo, cada cual decide qué desea hacer… y la intención tiene, de alguna oscura y mistérica manera, que ver con el deseo.

Sé que quedan muchas más preguntas por responder, por formular, por investigar… pero he de reconocer que tengo que hacer la comida, insisto, y no puedo seguir… además de no estar seguro de que lo que estoy respondiendo sea tan cierto como deseo. Seguro que hay otras opiniones bien fundamentadas sobre ¿Qué coño es una performance? que igual no irían por los mismos derroteros que esta conversación más o menos reconstruida a partir de la que he tenido con mi amiga, pero estas son las mías desde el aquí y el ahora.

Espero que sirvan y aclaren…

Esto no es una broma