Yo lo tengo claro, ¿y tú?

Usando una etiqueta de una prenda que una alumna de los Talleres de Poesía Contemporánea que defiendo desde hace décadas, realicé esta pequeñísima y algo «equidistante» piecita sobre ese papel que, al tacto, me cautivó.

El mensaje de la pieza no lo tengo tan claro, pero sí sé que yo sí tengo claro hacia qué lado me inclino, aunque las flechas estén intencionadamente confundidas y el YOU?, intencionadamente rojo.

Zapatitos

Casi descartados por incomodidad, estos zapatos ortopédicos, que compré en la tienda donde me veo condicionado a adquirir mi calzado desde que tengo problemas en esa parte del cuerpo que cubren, están bastante deteriorados por su utilización en la acción «Falta Civismo» que realicé en octubre del 2025.

Estaban casi sin estrenar, pero me resultaban sumamente incómodos, en parte por ese sistema de apertura dual: por cremallera y por cordones, que me confundía cada dos por tres. Además de algo ajustados por la punta, lo que hacía me dolieran los deditos.

Así que los usé en aquella «performance» en la que asumía que el calzado que usase iba a quedar algo malogrado, pero que requería un calzado más formal que la mayoría de mi habitual indumentaria.

Ahora ando caminando con ellos sabiendo que me acompañaron ese día y reconociendo en esa puntera rozada su servicio prestado. Además, parece que el uso los ha suavizado y ya no me dañan mis extremidades de la extremidad, aquello para lo que, por similitud con los de las manos, denominamos dedos.

Viejos colores

bajo la pintura blanca
veo el celeste que una vez tuvo
este muro innecesario
que sostiene la separación de la cocina
de nuestra casa

el interior es rojo
del color de la ficha del parchís
recién comprado
antes de adquirir un tono
grisáceo y lánguido
al pasar el tiempo
y las células muertas

los brochazos de blanco
sobre gotelé carpetovetónico
me recuerdan
que nunca fuimos hábiles pintando

otras paredes
contrastan con la vida
que se ha ido imponiendo
desde hace ya tres décadas
redondeando

Creer en la navidad

Encuentro esta publicidad algo perturbadora, como todo lo que rodea este periodo tóxico denominado «navidades», que comprende del 24 de diciembre al 6 de enero, ambos incluidos.

Navidad procede de «natividad», de nacimiento, en homenaje obvio al nacimiento de un tal jesusito… que hará un par de milenios que vino al mundo a instaurar una religión sobre una piedra. Dicen.

Por lo que esta afirmación hace que yo sea de quienes no creemos en la navidad, al menos en ese sentido (ni en ninguno, en última instancia), pero sí que creo en las personas, que no son materia de creencia, sino de existencia, independientemente de mis creencias u opiniones.

Que tras esa afirmación, por tanto, huera, se venda una especie de bocadillo y el aniversario del 50 años de una empresa de consumo que ni siquiera intentan ocultarlo en su nombre, me parece ridículo.

Por otro lado, lo prefiero a la frase contraria:

«Creer en las personas es creer en la navidad».

si asumimos que el «es» es un «implica» y no una igualdad, lo que no necesariamente es cierto.

No sé si en estas fechas me vuelvo algo más observador o si los mensajes son tan llamativos que me es imposible no verlos. ¡Todo es grito! ¡Todo delirio!

Y así… hasta el próximo año.

¿Altavoces para rock cristiano?

Ahora que está en auge el rock cristiano, las series o películas en las que el cristianismo hace proselitismo sin ambages, en las que el producto de mercadeo musical por antonomasia se declara creyente, encuentro cruces en lugares insospechados como en estos altavoces que perfectamente podríamos denominar altacruces.

Ya lejos quedó el proyecto en el que estuve buscando cruces en imágenes u objetos que encontraba a mi alcance, llegando a esa pieza que me encantaba, esa pequeña instalación en la que coloqué tres televisores de rayos catódicos debajo de un crucifijo junto una biblia y un misal.

Un precioso regalo

Kay Woo, a quien tengo la suerte y el honor de contar entre mis alumnas de los Talleres de Poesía Contemporánea desde que se apuntó debido a que le daba curiosidad que un español se interesase por la Poesía Clásica Coreana, de la que suelo impartir un temático anualmente, tuvo a bien regalarme, tras su viaje a Korea, este precioso marcapáginas.

Trajo varios de ellos para regalar a sus compis del taller, siempre atenta, siempre sonriente. ¡Qué suerte tengo de rodearme de personas tan estupendas!

No a la guerra

Esta camiseta había estado conmigo desde los tiempos de las manifestaciones contra la invasión o guerra de Irak que Aznar tuvo el gusto de emprender sin el consentimiento de la OTAN ni, y era necesario, nuestro querido monarca, hoy emérito.

Había sido usada hasta la saciedad pero ya estaba a punto de destrozarse por la debilidad de la tela remanente, así que decidí incorporarla en la acción que realicé en la II Bienal de Arte de Acción de Santander, terminando la misma con la puesta y desgarro de la camiseta afirmando un rotundo y algo pesimista: «Para esto valen los mensajes de las camisetas», después de, entre otras cosas, haber fregado parte de la Plaza Cañadío de la capital cántabra con la camiseta usada a modo de trapo.

Los mensajes son trapos.
Las acciones no.

Yo vestí la camiseta. Era un trapo.
Usarla hasta la extenuación ha sido una poderosa acción.

Ahora seguirá siendo un trapo, pero su esperanza de vida es ya muy pequeña.
Así es la vida.
La mía también.

La vida es otro trapo, llena de acción.

Esto no es una broma