
A pesar de que no ha sido mi libro preferido del verano y ni tan siquiera de John Berger, de quien me encantaron otros trabajos y otros libros mucho más que este, ha sido muy curioso leerlo en plena montaña asturiana, tan cerca del campo como me consta que Berger decidió vivir. Me llevó a la reflexión de si yo viviría así, pero tengo muy claro que soy una persona muy muy urbana, aunque pueda pasar maravillosos periodos de «retiro» vacacional en mitad de las montañas.

Rural en lo rural. Ideal.

No me han quedado ganas especiales de leer el resto de los libros de la trilogía de la que Puerca tierra es el primero. Quizá, si tengo tiempo y ganas (y dinero), el segundo sea una de las lecturas que me lleve a Taramundi al año que viene. Si algún lugar hay idóneo para leer estas novelas, parece ser este.