Soy artificial.
Soy lenguaje.
Soy construcción conceptual.
Soy carne.
Soy células.
Soy moléculas.
Soy átomos etimológicos.
Soy la magia de las conexiones entre todas estas cosas.
Soy desconocimiento.
Soy ignorancia.
Soy patético.
Soy ético.
Soy agua, sales y carbono en abundancia.
Soy significado.
Soy significante.
Soy insignificante.
Soy discurso.
Soy cifras.
Soy letras.
Soy olvido.
Soy memoria.
Soy huecos de llanto en la noche.
Soy risas.
Soy su risa.
Soy lágrima bajo la lluvia en la mejilla de un replicante.
Soy poema.
Soy prosa.
Soy ensayo.
Soy error.
Soy arena y barro.
Soy silencio.
Soy un grito atronador.
Soy dios.
Soy hombre.
Soy una ecuación inacabada.
Soy o no soy.
Soy.
Confidencias
Ha muerto «el de Happiness»
Ayer dieron la noticia del fallecimiento (por sobredosis) de uno de mis actores preferidos: Philip Seymour Hoffman.
Como de costumbre, me enteré a través de las redes sociales y no del periódico, que no leo desde hace años.
Para mí siempre será siempre el actor de «Happiness». Habría hecho otras películas y, por lo que sé, también teatro antes de esto, pero esa película me pareció soberbia y su interpretación impagable. No había visto películas como esa, ni actores como este, con esa tristeza feroz, con esa forma de hacer desagradable lo cotidiano, la inmundicia social de la normalidad.
Pero… ha muerto de sobredosis y, sin saber nada de él realmente, lo juzgo duramente y pienso que fue un problema de éxito. Pero la verdad: ¿yo qué sé?
Supongo que tengo muy reciente el visionado de El lobo de Wall Street, y asumo que todo éxito meteórico lleva a esas vidas excesivas y absurdas, vidas relacionadas con el consumo de sustancias que garanticen una plenitud de sensaciones, un aberrante desvarío de existencias mundanas… pero ¿yo qué sé?
No he consumido drogas (de casi ningún tipo) en ningún momento de mi vida. Salvo las prescritas por orden facultativa con la esperanza de mejorar estados físicos de salud.
Y juzgo, sí, juzgo como si supiera. Porque tengo que tenerlo todo tan claro…
Y hoy (recientemente) se ha muerto este actorazo y no sé, simplemente, no sé qué sentir. Pena por las películas que ya no rodará, pena porque un ser humano más ha fallecido (y de este sí me han informado), pena por que haya muerto de sobredosis, cierto asco (y no en Las Vegas), pena por vidas desperdiciadas (como posiblemente no ha sido la suya), pena y asco…
Y mañana vivirán otros y me olvidaré, como de tantas otras cosas, para mantener el sano cerebro funcionando y sin mirar hacia atrás más allá de lo necesario (y sin saber qué es lo necesario).
Adiós Philip Seymour Hoffman.
O hasta pronto.
Envidia de mis alumnos
Ayer tuve envidia
envidia sana
lo sé
de mis alumnos.
Asisten a unos talleres de poesía
que coordino desde hace más de una década
y escriben
y juegan
y se abrazan
y se emocionan
libremente
sin pensar en el tiempo
por una hora a la semana.
Ayer quise ser uno de ellos
y saltar al otro lado
y emocionarme
y abrazar
y jugar
y escribir
sin pensar en el tiempo
por una hora a la semana.
Pero me gusta pensar
que gracias a que pienso en el tiempo
por una hora a la semana
hago posible que ellos
escriban
jueguen
se abracen
se emocionen
e
incluso
de cuando en cuando
aprendan o conozcan nuevos poetas
y nuevas poéticas
con las que seguir creciendo.
Ayer tuve envidia de ellos
y
hoy
de mí mismo.
¿Será que soy envidioso?
Recorrido
Me gustan los recorridos como el de hoy, donde soy consciente de lo que me ahorro en gimnasio por el mero hecho de carecer de vehículo y disponer de tiempo. Tiempo que, no obstante, ahorro también en gimnasio.
No es que sea una cantidad ingente de kilometraje, pero día a día, es un poquito de ejercicio en el hábito que me hace monje. 😉
Aullido
Del perro de mi vecino
que dice amar
a los animales
pero que deja al suyo
(porque un perro es una propiedad)
en su casa
(porque una casa es una propiedad)
aullando sin parar
durante horas
agónicas
hasta su regreso de su trabajo
(porque un trabajo es una propiedad)
(porque un regreso es una propiedad)
y no sé si denunciarle
o escupirle a la cara
la próxima vez que le vea
o afearle su actuación
con un comentario que le deje claro
que su perro y su casa y su trabajo
le exigen
(aunque sean meras propiedades)
responsabilidades.
Es curioso que sea el mismo vecino
que tiene una deuda por impago
con su comunidad
(porque una comunidad es una propiedad).
Pero el tipejo en cuestión
vive SU vida
como si no hubiese otras.
Empieza el 1990
Un amigo
me pidió hace algunos meses
que le ayudase a pasar
unos archivos en discos
de 3 y medio
de 5 y cuarto
escritos en antiguo wordperfect
a algo comprensible en el siglo XXI.
Fue todo un reto que está resultando
mucho más difícil
de lo que supuse.
Creía estar en posesión de un ordenador
con disqueteras varias
y fui recordando que no era así
y dándome cuenta de que solo hace diez años
tenía ordenadores con varias disqueteras
para seguir garantizando cierta
legibilidad
a aquellos antiguos discos
sobre los que realicé mis primeros
backups.
Por fin
encuentro un equipo
con lo que hay que tener
para leer esta manada de ficheros.
Pero tampoco es tan fácil
porque resulta que algunos de los discos
parecen no estar correctamente formateados
así que no quedaría otro método o remedio
que volver a ese 1990 en el que fueron hechos
y ver si puedo replicar ese pretérito
imperfecto
en el que aquel material
quizá
fuese legible.
Y en ese quizá se cuela mi desgana.
Sin certeza
viajar al pasado es mucho más absurdo
que con certeza plena (como si hubiese otra).
Abrir esos documentos con un lector válido
o capaz
tampoco es baladí:
el usuario-amigo no tuvo la precaución de indicar
mediante un sencillo hábito
como nombrar con la terminación de tres caracteres
el tipo de fichero
el contenido de fichero
así que es un poco
descorazonador
no saber con qué me voy a encontrar
en los 151 archivos encontrados.
De momento
1990 parece ser más misterioso que este previsible
2014
y eso me resulta bastante atractivo
hasta para dedicarle gran parte de mi primer día
laboral.
Hay algo romántico en esa
arqueología informática
que creo que muy pocos aprecian.
Dormidito
Estoy dormidito
resacoso
como hace años que no estoy.
Más de 2 litros de cerveza
tienen la culpa
que no es mía
y se me caen los ojos
sobre el teclado oscuro
mientras busco la manera de pasar
tiempo
sin conducir borracho
con miedo a ser multado
incluso así.
Estoy dormidito
y noto mi cerebro
latir descontrolado
pero no de actividad
sino de inactividad
en una vorágine
que no tenía ningún sentido usar aquí
salvo para disfrutar una esdrújula
votiva
y no vomitiva.
Mi cuerpo se siente
se resiente
con conciencia corporal disparatada
y sé
que no sé
lo que sabía.
Hoy voy a descansar en tu mirada.
¿Qué hacer en este país?
Ganas de irse
viendo llegar la guerra
la opresión campa a caballo desbocado
de una mal llamada eficacia de gestión.
Ganas de irse
viendo llegar la dictadura
ya no de los mercados
que estaba preinstalada en la placa
sino de los decretos
políticos impíos que erigen religiones
en nuevos horizontes
como antes
como viejos
sin horizontes.
Ganas de irse
antes de ser atrapado
detenido
en una boca de metro
por un señor con porra
que cree haber sido designado para garantizar
la paz
el orden
la ley
sin pensar en
justicia
libertad
ni nada que se les asemeje.
Ganas de irse
ante gobiernos electos
porque sí, lo son,
ante tanto compatriota que vota con la bota
porque es lo que hay que hacer
lo que dios manda
y porque sale de los huevos
o porque sí
y coño
ya.
Ganas de irse
ante medios de comunicación
que no comunican
salvo las últimas novedades
en algún aparato electromagnético
cuya salida al mercado
promete hacer la delicia de la nueva vida
o la libertad
se encapsula en grageas de porcelana
se vende barata
y sin que importen
lo más mínimo
las faltas ortográficas en el prospecto.
Ganas de irse
sin saber a dónde.
¿Canadá?
¿Australia?
¿Francia? ¿Alemania?
¿Qué nos queda?
Ahora que todo lo hemos invadido
con un neoliberalismo que no atiende a razones
salvo de oferta y demanda
oligárquicamente estructuradas.
Ganas de irse.
Muchas.
Y sin ganas.
Donación a Wikipedia
Acabo de hacerme donante periódico de Wikipedia. Es algo que venía barruntando desde hace años, pero que no se materializaba. He realizado varias donaciones puntuales, de 20€, de 10€, cuando he podido, pero ahora he decidido apostar por ser un donante periódico (con tan solo 3€/mes).
Y he recibido un elegante correo de bienvenida. Es automático, asumo, pero está muy cortésmente redactado. Se agradece. Seguiré contribuyendo económicamente, así como con aportaciones de traducciones, conocimiento de primera mano o, sencillamente, divulgando el valor trascendental que tiene una enciclopedia realizada con la intención de albergar todo el conocimiento humano disponible. Y hacerlo disponible sin ánimo de lucro. Porque otro mundo es posible.
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Gracias,
SueSue Gardner
Directora Ejecutiva,
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No he ido nunca
No he ido nunca
a un partido de balonmano
de mi sobrino.
Soy un egoísta
que no ha ido nunca
a un partido de balonmano
de su sobrino.
El ego es tan grande
que escribo en primera persona
para hablar de mi sobrino.
Él ha venido a algunos eventos que
yo
siempre yo
he organizado
con Carmen
en Clave 53.
Le recuerdo paseándose entre la gente
repartiendo patatas fritas
o cortezas de cerdo
en el local que teníamos
nosotros (otros nos)
en Campomanes.
Pero ni una sola vez
en los más de 10 años que se dedica a ello
he ido a ver un partido de balonmano
en el que va destacando
cada vez más
aunque sigo sin ver
que se plantee
ser profesional de ello
haciendo como tiene que hacer la gente:
caso omiso de sus placeres
y pensar en lo que hay que hacer
para ser una persona de provecho.
Aún puede que esté a tiempo
de ir alguna vez
a verle jugar
pero ahora ya se avergonzará de mí
y querrá pasar tiempo con sus amiguetes
de su edad
adolescente
que dejarán de dedicarse a disfrutar
para ser productivos
con el paso
cadente
de los años.
Entre mis objetivos
a corto plazo
está el dejar de ser tan
egoísta.
Aunque sea por mi bien.


