Soy un globo de parches

Soy un globo
lleno de parches
que intentan salvar el aire interno
pero apenas consiguen retenerlo
unos minutos más.

El aire presiona los parches
a punto de reventar.

Hoy parece que el último parche
va a explotar
y con ello el globo
comenzará a desinflarse
hasta su extinción.

Ayer puse otro parche
en un nuevo agujero
una cicatriz pequeña
que se suma a otras cicatrices pequeñas
en una integral de diferenciales
de cicatrices infinitesimales
hasta cubrir la totalidad
de una superficie que ya no reconoce
su origen.

Parches sobre parches
para tapar grietas
sobre la última lucha
por la supervivencia
mientras los parches sobre parches
dan un tono apagado al exterior
de una otrora brillante esfericidad.

Parches para fracturas
traumas
y una escapatoria
al alcance de una aguja.

Soy un globo
al borde de una colilla encendida.

Micromachismos para gente sutil

Hace años compré esta camiseta que me hizo algo de gracia al sustituir el nombre de la marca de cervezas por «HEINENA». En su día (y no hace mucho) ni pensé que pudiera ser machista, pero de un tiempo a esta parte la sutiliza está hilando fino y me pregunto si me habría hecho igual de gracia si pusiese «HEINENE» y me doy cuenta de que no.

Me gustaba también la idea de pensar en verde (mientras ningún partido político de ultraderecha se apropie del color) y reemplazar el agua por sidra, más verde, más asturiana… con un cuestionable ahorramiento de agua. Nunca pensé (y sigo sin hacerlo) en el pequeño llamamiento a consumir alcohol o llevar una vida previsiblemente insana, ni se me ocurrió hacer una advertencia de «bajo su responsabilidad».

Así que hoy en lo que me fijo es en esa terminación gramatical femenina que excluye, por supuesto, a la masculina y que, por tanto, trata con banalidad a las mujeres («nenificándolas») sin hacer lo equivalente con el otro género.

Ahora la uso en la clandestinidad, prácticamente. Sin atreverme a mostrarme con ella en mis talleres, pero sigo usándola entre otras cosas porque me queda bien de talla y tirarla me parece irresponsable medioambientalmente. Hummm… me debato en tonterías. ¿O no son tonterías?

Toda la culpa la tiene la cartera

Me desperté pensando que podía ir a la piscina a nadar un poco, ya que había madrugado por culpa de la alergia, además así podría respirar vapores de agua clorada que no me hacen estornudar en un continuo espacio-tiempo molesto aunque no lo peor de lo que me ocurre.

(ya van tres me)

Y cuando fui a coger la cartera, ya con el bañador puesto bajo los vaqueros para ahorrar unos míseros segundos en el vestuario populoso, no la encontré. Soy tan meticuloso o puntilloso que es casi imposible que la hubiese dejado en otro lugar distinto al que la dejo nada más entrar en casa, o que no estuviese en la pequeña repisa junto al termostato que es el otro único lugar en el que podía estar si Carmen había tenido a bien colocarla en lo que ella considera que es su sitio.

No estaba en ninguno de esos lugares así que los nervios comenzaron a aflorar en mí y no podía dejar de pensar en que la podía haber perdido… y no me preocupaba en absoluto el dinero, puesto que seguro que no había más de 20€, que ya es mucho para mis costumbres. Pero pensar en la pérdida de tiempo y molestia que suponía renovar toda la documentación que llevo me estaba poniendo muy muy inquieto. DNI, carnet de conducir, tarjeta(s) sanitaria(s), tarjeta de crédito a punto de caducar, tarjeta transporte (no personal, así que tan solo era dinero) y tarjeta de acceso al gimnasio o piscina de agua ligeramente clorada que no me hace estornudar.

Y la cartera en sí.

Sí, la cartera o pequeño monedero (aunque no caben monedas) o mejor dicho tarjetero, de dimensiones reducidas y que me recuerda tantísimo aquel primer viaje que hicimos Carmen y yo a Donosti allá por 1999 cuando comenzábamos a conocernos, pero que debía «superar» (sí, era una especie de prueba, lo siento) para saber si ella era LA persona con la que podría estar el resto de mi vida, si ella quería (y yo superaba sus pruebas, que también las hubo), sí, la cartera era otra de esas cosas que no quería perder. Estuvimos alojados en una pensión modesta (los precios eran más baratos y teníamos más dinero) llamada Pensión Bikain en el corazón de Donosti. Fueron amables y nos regalaron dos carteritas que nos repartimos entonces. La primera la estuve usando más de 10 años hasta que se cayó de vieja y desgaste… y le pedí a Carmen la suya para poder seguir usándolas, pues ella apenas le daba uso.

Hoy fui a coger la cartera, ya con el bañador puesto bajo los vaqueros puestos para ahorrar unos míseros segundos en el vestuario populoso de mi piscina, y no la encontré.

Pero estaba, afortunadamente, en el otro lugar donde podía estar: en la mesa de mi estudio donde ahora estoy escribiendo este texto sobre una cartera que en realidad no perdí y de una piscina a la que no fui, desde donde he comprado billetes de tren para Donosti en septiembre de este año, reservado alojamiento en un hotel (no había disponibilidad en la Pensión Bikain) y escrito a mis amistades de allá con las ganas enormes de encontrarme con un cariño como pocas veces he sentido e ir el viernes a la tarde al Paseo Nuevo a ver cómo rompen las olas mientras otro año más ella está junto a mí, ir el sábado a la mañana al Sagardo Eguna a la plaza ‘la Consti… y comprar un par de vasos que llevar de vuelta a Madrid con un recuerdo maravilloso grabado en el cristal… y en la memoria.

Me desperté pensando que podía ir a la piscina y ahora sé que lo que quería era ir a Donosti.

Algo despistada la propaganda en redes

No sé en qué universo está quién ha programado el anuncio de publicidad política (propaganda) del PP en las redes sociales para creer que alguna vez en mi vida votaré a semejante partido.

Ahora que está tan de moda (tendencia o lo que sea) el famoso marketing directo, ese que te muestra aquellos productos o servicios que más se ajustan a tus apetencias para movilizarte, me resulta extraño y casi diría perturbador que FaceBook haya considerado que, en algún filtro posible, soy un potencial votante de esas siglas que engloban, para mí, un arcaizante partido político anclado en un blanqueo del nacional catolicismo.

Imagino, por buscar una explicación, que el PP está desesperado por encontrar votantes ahora que están sufriendo una descomposición en las tres patas que siempre lo han sustentado (la más radical ultra, que llama a las demás derechas cobardes, la más rancia conservadora de imágenes y figuras que se arroba el dudoso honor de haber sido heredera de la alianza que la precedió y, por último, la que podríamos llamar sin escrúpulos, es decir, que tan sólo atiende a una moral o ética basada en el mercado y el mercadeo). Ante esa deflagración electoral, supongo que han decidido gastarse todos los ahorros (quizá porque han sido adjudicados en proporción directa a la representación parlamentaria que habían tenido hasta ahora) para aparecer en todas y cada una de las opciones posibles.

(Por cierto, tres patas convierte una superficie plana en un taburete, la manera más eficaz de estabilizar un asiento)

Por otro lado, mirándome a mí mismo (mí, me, mí, conmigo), me da por pensar que quizá siendo poco «posicionado», un tanto «equidistante» en redes tan públicas como esa azulita oscura, me encuentro rodeado de amistades muchas de las cuales puede que sean votantes de derechas. Y la red social ya sabemos que piensa que opinas lo mismo que tus amistades… Pero yo pienso, rara avis, por mi cuenta.

El otro día una amiga me dijo que si yo pensaba lo mismo que «Podemos» y le dije que no, que yo pensaba por mi cuenta y algunas de las cosas que pensaba (opiniones) coincidían con las que tiene Podemos en su propuesta programática y otras muchas no, incluso puedo debatir desde otro lugar del arco ideológico en cuestiones como la energética o tener mis dudas acerca de la metodología de implementación de políticas feministas. (Literalmente tener dudas)

Acostumbro a ver personas que piensan lo que deben pensar según el colectivo en el que quieran encajar, que no tienen dudas, ninguna duda, y cada día lo comprendo menos. Pero ya ha llegado el momento en el que no comprender a los demás me da absolutamente igual, incluso aunque me sienta solo.

Así que igual hay alguna razón extraña por la que la red social ha decidido mostrarme esa propaganda ante la que lo único que me ha salido ha sido… reírme.

Por cierto: cuantas más apariciones tenga, más gasto hará la formación, así que espero que me aparezca tantas tantas veces que no puedan permitirse mostrarla a alguna persona indecisa sobre quien puede que tuviese algún tipo de influencia decisiva.

Un noevento

Afiches de un evento
que no ocurrirá
y al que me apetecía ir
así que pienso…

¿Y si asisto y pregunto
con mi afiche en mano
dónde está Jaime Vallaure?

Quizá resultase molesto
o desconcertante
o desubicado
puesto que no está ubicado
donde debía estar ubicado.

Me hace cierta gracia
saber que hay un universo alternativo
en el que ese evento ha tenido lugar
o va a tenerlo o lo está teniendo
y quizá
en ese otro universo
yo no estoy asistiendo porque no me he enterado
de que ese evento está ocurriendo
o incluso puede que
esté muerto
y no pueda acudir por razones obvias.

Aunque esto ya me hace menos
(mucha menos)
gracia.

En este universo la cancelación
de un evento programado
ha generado un noevento
al que noacudir
sin dilación.

Hay quizá un evento
creando nouniversos
donde nopersonas
consiguen llegar a acuerdos
para no producir cancelaciones
imprevistas.

Este extraño poema
está plagado de quizás
de dudas e inseguridades
que parecen ser lo mismo
pero que no lo son.

Por razones obvias.

Hilando fino como aprendiz de editor

Terminada la maquetación del libro colectivo de este curso 2018-19, me voy haciendo pequeños detalles a modo de experimentos editoriales que mejoran la calidad de los ejemplares, pero es peligroso no caer en manierismos excesivos o barroquismos fruto del deseo de demostrar habilidades…

Hoy he estado reduciendo el ancho de una línea que separaba los números de página para hacerla menos masiva por decirlo así y he encontrado que diferencias en la décima de milímetro son muy significativas. Aunque pueda parecer ridículo. Por ende, he preferido no encajar la línea vertical con la horizontal para no dejar una sensación de claustrofobia, de encerramiento, con una numeración encarcelada.

El diminuto sello de una clave de sol que hace referencia obvia a la Asociación Cultural Clave 53, a falta de una definición editorial independiente de los talleres. Es algo que está por llegar, pero eso será en un futuro próximo y seguramente no para el libro colectivo, que seguirá siendo fruto de los Talleres de Poesía y Escritura Creativa de la Asociación.

Son pequeños detalles y aun así me importan.

Como siempre, editando y trabajando con software libre, el libro ha sido maquetado sobre Linux Mint, usando LibreOffice como herramienta para revisar el texto, compuesto con Scribus y la portada está realizándose en este momento con Inkscape.

Memorias de Julia Urbán

Por fin han llegado los 25 ejemplares que he terminado de editar las Memorias de Julia Urbán, una mujer que depositó su confianza en mí hace casi dos años y que estuvo trabajando en la escritura de su autobiografía que han terminado por ser un precioso libro de más de 240 páginas.

He probado una imprenta nueva y no parece que haya ido mal, aunque tampoco es que el producto sea muy sofisticado, así que es complejo valorar cómo habría sido la edición de una tirada más complicada.

La portada ha perdido algo de brillo (de tono, más bien) pero creo que la culpa es mía por no saber manejar correctamente paletas de color adaptadas al mundo editorial. Tendré que seguir aprendiendo.

De momento, orgulloso de haberle podido hacer realidad ese sueño a un precio razonable y con una calidad bastante alta, siendo un editor recién llegado, pero que compensa su escasa experiencia con trato personal y entrega absoluta.

Palmeritas

De cuando en cuando compro un paquete de estas palmeritas que cuesta alrededor de 80 céntimos para tener algo que llevarme a la boca cuando llego al estudio tras los minutos dedicados a ejercicio físico en la piscina. No es que crea habérmelo ganado, pero sí que parece un poco «de Paulov» esto de darme galletitas si lo hago bien… afortunadamente no me doy electroshocks si lo hago mal.

Es una tontería, pero quería compartir esta pequeña cotidianidad.

Me disgusta que no se diga cotidianeidad en lugar de cotidianidad. Es como si una e se perdiese de alguna manera… pero esto es otra pequeña o insignificante tontería.

Acabo de leer que la RAE (oh, sacrosanta) permite ambas escrituras para la misma cotidianeidad. Así que felizmente, me desdigo de mi disgusto. JAJAJAJAJA

Despreciando la obsolescencia

No creo mucho en ese término tan manido de la «obsolescencia programada» pues lo que se ha programado es realmente a la sociedad para que no quieran tener más que el último modelo de todo, para que todo sea tan rápido como pueda ser tecnológicamente o tan actual como pueda ser en otro orden de cosas. Modas y tendencias, usar y tirar.

Hace años que tenemos el ordenador de sobremesa (en realidad de torre, pero ahora a todos los llaman sobremesa vs portátiles, aunque ese es un conflicto de nombre tan absurdo como el de PC vs Mac, sin saber que PC significa literalmente Personal Computer, así que si un Mac es usado de manera personal…) Es un Compaq Presario de los tiempos en los que existía esa compañía antes de que HP la hiciese desaparecer formalmente en 2013.

Adquirimos a TOWI (nombramos los ordenadores de una manera muy simplona, aunque de un tiempo a esta parte ando pensando en renombrarlos a orquestas de tango o compositores) en 2010. Venía con un MS Windows 7 con licencia preinstalado, con un disco duro SATA 3G de 640 GB (7200 rpm), 4 Gb RAM en dos tarjetas de 2 Gb cada una, un procesador Intel Pentium E5300 y conexiones típicas para la época: 6 USB 3.0 (4 en la parte trasera y 2 en la frontal), ethernet y ranuras de expansión para tarjetas: 1 PCI (1 libre), 2 PCI-Express 1x (2 libre).

Han pasado casi 10 años desde que lo adquirimos y ha ido creciendo por dentro, añadido un disco SSD, usando esas ranuras de expansión disponibles, así como por fuera con las conexiones con almacenamiento externo por USB.

De las primeras expansiones «internas», abriendo la torre y adquiriendo pequeñeces para aumentar su funcionalidad o para reutilizar algo disponible, fue cuando compramos un pequeño dispositivo que permite convertir un disco de conexión IDE (mucho más antigua que los modernos SATA) a USB sin carcasa para no convertirlo en un disco externo. Inicialmente lo tuvimos así, pero la caja dejó de funcionar, extrajimos el disco y con ese mínimo aparatejo tuvimos un disco interno que se conectaba por USB.

Para no tener que sacar un cable USB de las tripas de TOWI hacia un conector externo y, aprovechando para aumentar el número de conexiones USB disponibles (que se nos habían quedado en muy pocas a partir de la adquisición de discos externos, ratones, teclado, impresora, webcam, pendrives…), nos pedimos para reyes una tarjeta PCI en enero de 2017 que incluye cuatro conexiones USB 2.0 externas y una conexión hacia el interior de la caja.

Hace un año que el ordenador, con un Linux (Ubuntu/TangoStudio) que sustituyó al preinstalado de MicroSoft, iba algo lento, lo que podríamos llamar gajes de la edad, pero le hemos dado un poco más de vida con la instalación de un disco duro de estado sólido (SSD) conectado a la placa mediante un cable SATA. Para poder llevar la corriente al mismo tuvimos que comprar un adaptador (mínimo gasto de menos de 2€) que bifurcase uno de los conectores MOLEX de 4 pines hacia conexión de corriente SATA.

El disco SSD particionado tiene 120 Gb, lo que no parece mucho, pero es suficiente para el sistema operativo y algunas carpetas que requieran acceso de lectoescritura más rápido. Fue una compra que hice por 27€ en su día para intentar darle algo más de vida a otro ordenador (en esta ocasión un portátil HP Pavilion) que no acabó de lograr su objetivo, así que lo reutilizamos en TOWI.

Towi, por tanto, tenía ya un SSD como disco principal, Lacie (que tiene otra larga historia relacionada con su adquisición como disco de almacenamiento externo LaCie Desktop Hard Disk 320GB USB 2.0, 7200 RPM, Negro, para luego pasar a una caja que soportase interfaz IDE cuando dejó de funcionar la que venía de serie) como disco conectado con ese adaptador IDE-USB a la tarjeta PCI-USB, por supuesto el disco que traía de serie de 640 Gb al que llamamos COMPAQ. Aproximadamente 1Tb de capacidad repartida en 3 discos muy diferentes.

En el exterior, por otro lado, había ido aumentando la cantidad de discos conectados por USB. Pero las interfaces USB 2.0 hacían algo lento el tener conectados discos que podían ir a la velocidad de USB 3.0 en las existentes, para ese momento 10, conexiones USB externas disponibles.

Carmen necesitaba cada vez más espacio y ya no había forma de distribuirlo sin que resultase muy incómoda su gestión. Así que le propuse adquirir un disco USB 3.0 de «gran capacidad» (2 Tb) MAXTOR que le compró a su hermano. Pero ahora quedaba la cosa de cómo aprovechar ese disco rápido y grande con sus anticuadas (que no obsoletas) conexiones USB 2.0.

Hace unos días compré para ello unas tarjetas PCI-Express (aprovechando que quedaban aún 2 slots disponibles) una de ellas para proporcionar 2 USB 3.0 traseros con un conector USB de 15 pines interno al que se le podía conectar la otra, que no es más que un sofisticado USB 3.0 hub que dota al equipo de salidas frontales 3.0.

Ambas tarjetas necesitaban ser conectadas a la corriente (necesitan alimentación eléctrica) y fue bastante complicado desplegar el cableado para que pudiese llegar a todas las tarjetas y discos duros que este pequeño Frankenstein necesita. Habría sido conveniente un alargador de cable MOLEX que cuesta menos de 2€ y que no tenía. Lo logré sin ello, si bien el disco IDE (Lacie) queda algo «colgado» en un dudoso equilibro en el espacio interior de la torre.

Puede que llegue un momento en el que no sea rentable seguir invirtiendo mínimas cantidades para hacer que este viejo ordenador siga siendo uno de los equipos principales que tenemos, pero de momento me resisto a abandonarlo y seguiré diciendo que la obsolescencia no está programada en los dispositivos, sino en los humanos.

Esto no es una broma