Feliz feliz feliz

Triplemente feliz porque tres alumnos míos me han regalado sendos libros suyos.

Me enorgullece tanto que me hace sentir útil en el mundo, sentir que gracias a mis talleres, quizá un poquito, se animan a seguir escribiendo, expresándose, siendo felices (como según parece son los escritores) y ayudando a que en el mundo haya un poco más de poesía, un poco más de cariño, de mirada cuidadosa, de besos en forma de versos o similares.

Juan Carlos Ortega ha publicado Canto Cotidiano que me lo dedica diciéndome que me debe mucho. ¡Qué va! Sé que habría escrito este libro casi sin mi ayuda, casi sin mi estímulo. Juan Carlos ya había escrito otro antes de estar en mis talleres y, seguro, escribirá muchos más. Espero, eso sí, que siga explorándose y jugueteando, porque, por lo que sé de él, tiene mucho que explorar y mucho que mostrarnos de su exploración. Esperaré ansioso otros libros suyos.

Ernesto Pentón ha editado también otro canto, canto al infinito, que tuve el honor de prologar. Es un texto estupendo, un libro completo, muy bien acabado, infinito. Ese infinito que juega con nuestro espíritu… pero todo lo que pueda decir ya lo dije en el prólogo, que adjunto:

Prólogo de Canto al Infinito, de Ernesto Pentón
Madrid, julio de 2011

El poeta es la huella de un hombre en un laberinto

Con esa bella frase, Ernesto nos dice que va a hablar de naturaleza, de construcción mental, de humanidad, de sociedad y, sobre todo, del humano poeta, de la poesía como creación, como huella, como marca, como primer signo, como construcción lingüística y corpórea.

La tradición china atribuía la invención de los caracteres al personaje legendario CangJie, ministro del mítico Emperador Amarillo (Huang Di), quien inventa los caracteres inspirándose en las huellas de los pájaros.

Dice la leyenda que, tras unificar China, el Emperador Amarillo encarga a CangJie la tarea de crear caracteres para la escritura. CangJie se sienta en el banco de un río, e intenta con devoción finalizar su tarea; tras muchas horas y esfuerzo, sin embargo, no es capaz de crear un solo carácter. Un día, CangJie vio un ave Fénix que llevaba un objeto en su pico. El objeto cayó al suelo y CangJie descubrió que lo que había delante de él era la impresión de una huella. Como no era capaz de reconocer a qué animal perteneció la huella, pidió la ayuda de un cazador local. Este le dijo que ésta era la huella de un Pixiu, distinta completamente a la huella de cualquier otra criatura viva. La respuesta del cazador inspiró a CangJie, quien pensó que si podía capturar en un dibujo las características concretas que definen cada cosa que hay sobre la tierra, ésta sería sin duda la forma perfecta de carácter para la escritura. A partir de ese día, prestó especial atención a las características de todas las cosas y comenzó a crear caracteres según las características concretas que fue encontrando. Así, CangJie había conseguido recopilar una larga lista de caracteres para la escritura, para regocijo del Emperador Amarillo, quien se encontró con un sistema completo de caracteres.

Como CangJie, Ernesto Pentón, escucha, de la naturaleza, sus mensajes que, al traducirlos a palabras, los convierte en poesía. Usa material de recuerdos, de ella, de arboledas, de islas, de lluvias… y es que en todo verso encontramos la naturaleza, la calma característica de Ernesto. Pero es una naturaleza sublime, sublimada, mística, lo que va a reflejarse en la tipografía escogidísima, discreta pero incuestionable, con la que va a sugerirnos que no habla de lo que Habla.

Misticismo que se manifiesta en mezcla de letras mayúsculas entre minúsculas, guiñándonos el ojo para que apreciemos, como él, aquello que sobresale, que ha de ser mirado. En ocasiones, su juego entre letras mayúsculas y minúsculas las hace completamente diferentes, como cuando, en el Canto XVI, afirma que cuando llegue la lluvia/sólo será la Lluvia. O se le cuela un pronombre en primera persona adornado con la Mayúscula. Y es un placer encontrarlo, porque su Yo también merece enseñorarse.

Un solo Canto, el LXXXIV, le sirve para mostrarnos su transformación, su ascensión a la sabiduría visionaria, al tiempo que, natural y consciente, de cotidiano, el río se convierte tras el devenir de infinitas caras, en el Río.

Versos en los que lo único que sobresale es La Luz o el Aliento de un Yo que es Él, lo quiera o no, en los que el presente, el pasado y el futuro se dan la mano, totalizadores, mostrándonos la vacuidad del concepto de espacio-tiempo, la futilidad del devenir, con una comprehensión del saber oriental que le lleva a afirmar que pasado y futuro eran falsas palabras.

Entre la apariencia y la trascendencia, exhorta a que disfrutemos de la Vida (con Mayúsculas) que ruge por todos lados, niños, gatos, motocicletas, rosales, vecinos… en toda palabra. Y sus reflexiones y preguntas son las de una inocencia poética, infantil, dispuesto a una mezcla de sorpresa y enseñanza socrática en la que algunos poemas breves, casi haikus, acaban resultando un zoom sobre la realidad permitiéndonos asomarnos a su mirada amplia y serena.

A parte de las múltiples referencias al misticismo oriental, hace referencias a la mística hebraica o cristiana, demostrando una erudición nunca pretenciosa. Le pide a Dios, como si lo necesitase, que le ayude a escribir mediante una plegaria irónica en la que construye un poema con la palabra Dios como otra palabra más de un diccionario personal inmenso, disimulado tras la aparente llaneza de sus términos nunca grandilocuentes. No huye de versos eróticos explícitos ni de ningún otro tema. Amatorio y cargado de ternura psicológica, con un erotismo abierto, sin pudor mas sin exabruptos, como todo en él, humilde y amable, próximo, cotidiano y auténtico, su contención alcanza grados soberbios en algunos Cantos, como el XCVI, de acabadísima finura y con la simpleza de una imagen, como la de ¿en tus ojos cantaba una cigarra¿, pone broches sublimes a muchos. En la ciudad, en sus poemas y como persona, Ernesto se da, desde su corazón a sus mocos, pasando por una sonrisa o un Abrazo. Todo lo convierte en Poesía, lírica y mística. En ocasiones triste o melancólico, nunca se deja llevar por la desesperación o la amargura. Contundente y sencillo toca sin miedo, incluso, la poesía social sin politicismos fáciles y posicionamientos de cartón, como en el canto XXII, encabezado por un epígrafe de Allen Ginsberg y es que pasea entre los Beat como entre poetas de la dinastía Tang, aprovechándolos, usándolos, pero sin perder nunca su singular voz.

Más allá de la obvia influencia oriental, japonesa, china o sufí, con su título de Cantos, semeja emular a Whitman o Pound, de quienes, sin duda, ha bebido influjos benéficos, pero no solo de ellos y es que en la poesía de Ernesto podemos encontrar pequeñas pinceladas de innumerables autores que le han regado hasta hacer de él y de su poesía una poesía propia, característica de su cosmovisión. Influjos también de Oliverio Girondo, de quien usa algunos de sus recursos para demostrar que, con ellos, también se atreve a experimentar en poesías de corte más vanguardista y osada, saliendo más que bien parado del embate. Se puede seguir o trazar la evidente influencia de los místicos sufíes, en especial Rumi y hasta bebe de fuentes bukowskianas o de realismo sucio; quizá indicios de Raymond Carver se pueden atisbar entre sus versos, como, claramente, en el Canto XXXVII.

Tarda en darnos pistas de que se trata de un escritor de este siglo, de este milenio, mostrándonos algunas palabras como ordenador o telefónica que también aprovecha como escritor pleno que es y que no repara en afirmar que cuando no hay nada que hacer… siempre se puede escribir un poema. Escribe poemas dentro de poemas que son cantos dentro de cantos. Cantos que son piedras (seguro que Ernesto lo ha pensado), cantos rodados, cantos de río, cantos de poeta, cantos de pecho.

Juega con las palabras con abundantes recursos bien integrados y sin abusos manteniéndose en un perfecto equilibrio formal. Utiliza con frecuencia el paralelismo como en el Canto XV, usando esa imagen especular del río o lago que refleja el mundo, cuando alguien lo está mirando, claro, con lo que sumerge al lector en un juego de imágenes, que reflejan imágenes, que reflejan una mirada, que refleja una mirada que, en última instancia, es la suya. Con las onomatopeyas fabrica una forma nueva de hablar, un lenguaje, como poeta que ya domina todo lo que desea, se atreve a escribir dándole voz a bebés y gatos, a coches y noches. Y hasta se permite jugar con la rima en asonantes estrofas de cuando en cuando.

Con total impunidad o libertad se apropia de nombres y los convierte en verbos, inventa vocablos, domina las palabras y jamás se deja dominar por ellas, combina adjetivos de maneras inesperadas, descontextualizando las palabras para construir metáforas de una belleza surrealista, poética y cuando el juego de las imágenes, de las palabras, de los versos, se le queda corto, busca también divertirse con cada una de las letras, como en el Canto CVII. O con las disposiciones tipográficas como en el Canto CXIV donde varias lecturas son posibles en un breve poema.

La ausencia de signos de puntuación favorece el flujo de un texto modesto de forma pero complejo y profundo, de una hondura humana y casi divina. El infinito (que califica estos cantos), el absoluto, lo inhumano, conviven con lo humano, con todo lo humano que va encontrándose a lo largo del libro hasta empaparnos de humanidad.

Inevitablemente, le importa la grafía como a todo poeta preocupado por la palabra precisa, exacta, bien definida. Ernesto nos propone su juego de tipos, de signos lingüísticos, de letras, palabras, versos y poemas para satisfacer el imperio del placer de la lectura de sus poemas místicos, líricos y definitorios de un mundo, reflejo y al tiempo constructores del mismo. Hay motivos para la alegría cuando nos encontramos con la joya poética que nos regala en este libro cargado de poesía. Eso le convierte, remitiéndonos al señor Celaya, en un traficante de armas o almas, pues yo diría que se ha especializado en las almas, la suya y la de toda la naturaleza, que me incluye, que te incluye, lector, que nos incluye a todos.

Porque, sobre todo, Ernesto Pentón es un poeta, o Poeta, de los que deja bajar al papel las Palabras que le llegan trabajando en un compromiso con la palabra poética que le convierte en escritor, le guste o no, por esa necesidad de la que hablaba Rilke en sus cartas y es que, como afirma en algún verso, Ernesto es de lluvia de la que caen palabras hasta empapar hojas con poesía. Menciona en ocasiones el papel en blanco y el silencio, atributos de poeta sosegado. Una de sus mitades, al menos, es tan poética que, según sus propios versos, se descompone en palabras como astato radioactivo.

Nos dice en varios de los Cantos el porqué de su necesidad de escribir, de su naturaleza de escritor:

escribo para disimular lo que no existe
lo que se fue con el vuelo
del ave nocturna

El final del Canto LV, me siento a describirte, descubre la magia, el misterio: escucha la Vida y la describe, con labios de poeta. Y en el acto simple de sentarse radica la actitud de un trabajador del verso que hace que aparezca, que se manifieste ese misterio. Y, al mismo tiempo, la acción en sí es un manifiesto de intenciones, de dedicación, de seguir los pasos de CangJie e inventar un nuevo lenguaje.

El eco de su voz, su palabra-poesía da forma a todas las cosas, grandes y pequeñas, las crea como el primer creador, creando un mundo pisado por primera vez. Y hasta escribe un poema a medias con un bebé balbuceante, tiernos y candorosos (Ernesto y el bebé). Es en estos poemas con su hijo donde se muestra singularmente delicado, cuando, partiendo de la frescura de una palabra infantil que nos hace temblar de emoción como la que él debió sentir, nos traslada a su mundo y su manera de vivirlo, nos invita a su intimidad.

En sus poemas busca algo que no sabe qué es pero, lo mejor de todo es que, en ocasiones, lo encuentra y notamos su sorpresa, su felicidad en el hallazgo, su felicidad por dejar que el poeta que lleva dentro le descubra un mundo que no podría ver sin esos ojos de la poesía. Ernesto viene del otro lado, de donde nacen las horas del revés, que es el lado de la poesía y si tiene un imperio, es este Canto al Infinito.

Ernesto le habla a los poetas con una ilusión contagiosa de optimismo valiente, inocente, aunque no ingenuo y con frecuencia pregunta al lector o al aire que late entre este y el poema.

y si no llegas no importa
porque yo lo que quiero
es esperarte

Y yo le contesto: lo que quiero es esperar el siguiente libro de Ernesto Pentón, seguir siempre esperando de él, viviendo, gracias a él, nueva poesía.

Y, por último, me alegra saber que también está entre mis alumnos (aunque aún no puedo decir que le haya influido mucho, pero puede que sí algo) Francisco Legaz, quien mantiene un blog interesantísimo y que ya lleva escritas 9 novelas y libros de relatos… espero que pronto, al menos en un año, esté escribiendo poesía regularmente.

No es que rechace la prosa, pero la poesía es más libre… ¿o no?

Bah! son tonterías, es solo que creo en la poesía, es una cuestión de monoteísmos… o algo así.

Nuevas fotografías

He actualizado mi web, aunque apenas sea algo de lo que vaya a darse cuenta nadie. Estoy escribiendo o creando en una especie de vacío público, lleno de gente, lleno de lectores que no me leen o que si lo hacen se olvidan porque hay tantos estímulos que no merece la pena conservar ninguno en mente.

He añadido dos secciones a la sección de fotografía de mi web, una correspondiente a líneas y otra a derivas. Ambas secciones son inacabadas, como todo en esta web que nunca se terminará mientras no haya un cataclismo que termine con Internet o fallezca.

También he añadido un texto en prosa a sumar a los que ya tengo, en esta ocasión con un prólogo de un libro de poesía que escribí para mi alumno y amigo Ernesto Pentón.

Voy a añadir en esta entrada (la segunda de hoy) una pequeña galería de fotos de las que se pueden encontrar en las secciones de líneas y derivas.

Líneas: y Derivas

Algunos días quiero publicar más

y otros menos
en este diario
en el que me he impuesto
la disciplina
de escribir diariamente
algún artículo
aunque a veces los llamo
artículos
y otras veces
los llamo textos
que es más genérico
pero que no engloba las fotografías
que como ayer
quise compartir.

Algunos días quiero publicar más
de una entrada
en este diario íntimo
que comparto contigo
y pienso si no es una estupidez
haberme impuesto ese mínimo
y si no lo estoy tomando como máximo
como número mayor del cual no puedo publicar entradas cada día
y me doy cuenta de lo ridículo de ese pensamiento
pues también es estúpido
quizás
esta entrada
y este blog
llamado diario
que comparto contigo
cada día laboral de la semana.

Reciclado hasta el último minuto

Y más allá. O en el más allá. O después de. O tras la caída de la última cortina o el telón.

Hace algunos días una muy buena amiga me preguntó ¿Qué pasaría si yo muriera mañana? y contesté en torno a la reacción de la gente de mi alrededor, así como al pensamiento subjetivista e hiperperceptivista y su inevitable conclusión de que el mundo se acabará conmigo.

Pero unos días después, charlando con Carmen al respecto del hecho de sentir que hay papeles que no tenemos resueltos pensando en el futuro, le dije que había una disposición que me gustaría apuntar o apuntalar, que es la concerniente al tratamiento de mi cuerpo tras la muerte.

¿La muerte del cuerpo? ¿O acaso hay alguna otra muerte que me interese? Voy a centrarme en la muerte física, de momento.

Deseo que mi cuerpo (no es tanto un deseo, como lo que me parece razonable, es más, no sé si tiene sentido que desee algo con respecto a mi cuerpo una vez muerto, pues el mundo habrá desaparecido… ver artículo citado) sea o pueda ser de algún interés.

¿Qué es mi cuerpo una vez muerto?

Carne y órganos con alguna función aún disponible.

Obvio: que todo lo que se pueda aprovechar sea aprovechado por otros seres humanos aún vivos, es decir, dono mis órganos (que ya no serán míos) a quien pueda precisarlos. ¡Faltaría más!

Aún no he tramitado ninguna solicitud de donante (acabo de hacerlo en la web de la Organización Nacional de Trasplantes) y no lo he especificado en ningún tipo de testamento vital… pero quiero dejar constancia de que es mi deseo, que reiteraré cuantas veces sean necesarias a todos los de mi entorno familiar y afectivo.

El hecho de tener que declararte donante es algo que siempre me ha parecido ilógico, puesto que debería ser lo que se realizase por defecto con los cuerpos de los humanos fallecidos, salvo que algún tipo de objeción religiosa (siempre la mierda de las religiones paralizando la posibilidad de curación de personas por salvar sus presuntas almas, espíritus u otras entidades de dudosa existencia frente a la existencia bastante concreta de los cuerpos salvables).

Dado que parece que no va a cambiar en breve esta prioridad de lo religioso frente al planteamiento racional y laico, heredero de la revolución francesa a la que tanto debemos, he decidido comenzar algunos de los trámites requeridos para ir contra un sistema que sigue defendiendo los valores puramente religiosos por encima de los verdaderamente morales. Necesitando la existencia de una moralidad impuesta o revelada por algún dios suprahumano. ¡Qué maldita desgracia!

Así, hoy he solicitado mi tarjeta de donante de órganos. Mañana (o en breve) solicitaré mi apostasía, o mi excomunión, si es más fácil conseguirla, en vistas de que no es suficiente con no participar de sus ritos para que dejen de considerarme cristiano.

Pero ¿Qué hacer con lo que queda una vez que se han repartido los órganos?

Las opciones habituales son: entierro, incineración o donar el cuerpo a la ciencia.

Por supuesto, me decanto por donar el cuerpo a la ciencia, pero ¿y si no lo admiten? Es bastante probable que no sirva de mucho después de descontados los órganos, así que… ¿qué otra opción me queda?

Lo de enterrarme dentro de un ataúd, me resulta tan estúpido como no donar órganos: me gustaría que mi cuerpo, al menos, pudiese servir de alimento a los animales. La verdad es que lo que me haría especial ilusión es que pudiese donarse mi cuerpo para alimento de animales carroñeros (a veces digo dárselo de comer a los cerdos, pero creo que esto no sería muy apropiado para la ingesta posterior de los mismos por humanos, aunque el tema del rechazo a la antropofagia nunca lo he podido entender, aunque sí comprendo que las medidas sanitarias recomiendan que el fallecimiento del animal a consumir se produzca de manera controlada para no generar una carne que puede ser de ingesta dañina).

Descuartizar los restos humanos que queden tras mi muerte y tirarlos a algún contenedor (no sé de qué color) me parece la opción más razonable. Pero no está muy extendida, por no decir que es bastante puesta en duda. El tratamiento de residuos orgánicos humanos no parece estar entre las prioridades de ninguna agencia de reciclado. Y yo no entiendo el porqué.

La incineración tiene la ventaja de que los restos son reducidos al máximo, pero a un coste energético elevado, pues llevar a cabo la combustión de mi masa corporal (descontado lo donado) genera una cantidad de dióxido de carbono innecesaria. Si al menos esa combustión alimentase algún generador termoquímico, me sentiría mejor. Eso sí, los restos más o menos pulverizados desearía que pudiesen servir de abono o fertilizante en alguna huerta, porque almacenarlos como objeto de culto vuelve a llevarme a hacer sentir la claustrofobia de no poder escapar del sentimiento religioso que tiene la inmensa mayoría de la población en torno a la muerte… y que no comparto en absoluto.

Carne. Carne muerta. Carne que se va pudriendo y que ha de ser reciclada, como cualquier otro residuo orgánico, vuelta a la vida, de manera que lo que quede vivo tras mi muerte (suponiendo que quede algo) pueda beneficiarse de ella. Como un disco duro extraído de un viejo ordenador, que puede servirle a otro.

Tengo que trabajar tanto por pensar diferente a la mayoría…
(por, no para)

Una traducción larga de un artículo sobre Performance Art

Hoy, leyendo la crónica de performance art (arte de acción, como él siempre insiste en recordar) que realiza desde Oficina de Ideas Libres, Hilario Álvarez, me he encontrado yéndome a un blog del simpático e interesante Lee Wen en el que he leído el artículo siguiente. Lo he leído en inglés y me he decidido a, con mucha paciencia y algo de ayuda del traductor de Google (que no sirve de mucho en lenguajes técnicos, pero algo es algo), traducir el texto íntegro del artículo, lo que puede llevarme más de una hora de trabajo no remunerado… ¡qué divertido!

Esto debe ser eso del amor al arte

El artículo completo en inglés puede ser leído aquí.

Cambios de individualismo

Individuos en sociedad, Sociedad de los individuos

En la última sesión de ‘Future of Imagination 6‘ (FOI6) «Black Market International (BMI) fueron invitados a presentar una performance colectiva en el último día, después de cuatro noches de performances en solitario (1) Empecé a trabajar con BMI en 1999 en un punto de transición en que fue pasando por algunos cambios en el número de sus miembros antes de la actual de 12 artistas. Desde su creación en 1986, BMI había ganado una reputación respetada por constantemente dar destellos sorprendentes de sinergia espontánea en performances colectivas irrepetibles específicas del sitio, basadas en el tiempo . Procedentes de diferentes orígenes y a partir de artistas con trabajos en solitario detrás de cada uno de los miembros , la oportunidad de trabajar juntos en diferentes posibilidades con frecuencia alterna entre el de la colaboración en diálogos productivos y una disputa infértil

Es cierto que no todas las actuaciones funcionaron tan bien como algunas en la larga carrera de BMI. Sin embargo, es difícil determinar dónde está el problema o la razón para el éxito, como todos los 12 de nosotros rara vez estuvimos de acuerdo en cómo o por qué una performance fue buena o mala. Las condiciones del espacio, los materiales, el público, el tiempo, contribuyeron al resultado de cada manifestación y no sólo depende de los artistas.

Pero una cosa que cualquiera que haya visto las actuaciones BMI puede apreciar es cómo algunos de nosotros podemos trabajar o jugar en dúos o tríos o pequeños grupos de cuatro o cinco y al mismo tiempo realizar acciones en solitario. Estas pequeñas oportunidades de encuentros, de alguna manera, son imágenes de cómo los individuos, todos de fuerte carácter, son capaces de bajar la guardia de las intenciones individualistas y llevar a cabo una apertura hacia fuera, hacia otros centros de toma de decisiones en el proceso de iniciativas creativas. Al disolverse también las membranas de la posesión, se corre el riesgo de terminar en luchas internas y disputas de propiedad e incluso, la ruptura de la colaboración.

Lenguaje del individualismo

La aceptación oficial y la representación del arte conceptual y arte de la performance en los museos, bienales o incluso (a pesar de su anterior motivación de desmaterialización de arte) acomodándose en el mercado del arte, no se traduce fácilmente a la aceptación general y la comprensión en la sociedad contemporánea. Los no iniciados en el arte del performance todavía la etiquetan con la noción equivocada de práctica individualista basado en egos tremendos que tienen una conversación privada consigo mismos o que sólo un grupo estoérico puede entender.

La sociedad contemporánea permite una mayor libertad de elección que conduce a un mayor individualismo. Comparativamente en la historia, el comportamiento social tiende a conformar unos valores y normas tradicionales hasta los tiempos modernos. La especialización de la estructura económica, provocada por la industrialización del capitalismo y el trabajo motivado por los beneficios, puede habernos alejado de un trabajo significativo llevándonos a tareas repetitivas y aburridas, al mismo tiempo, nos propele a atenernos a la conducta social imperante en nuestra necesidad con sus tradicionales creencias y costumbres.

La performance es una forma efectiva de representación en nuestro tiempo y sólo pudo haber llegado a ser prominente en nuestra era de exacerbado individualismo. Sin embargo, seguramente no tiene por qué alcanzar los grados donde el egoísmo alcanza el nihilismo y la alienación. Los excesos del egoísmo simple no explicaría cómo las artes escénicas y los profesionales son capaces de trabajar en colaboraciones de diferentes tipos. Durante los últimos 30 años parece que hay también una creciente red internacional de artistas de performance organizando y actuando en diferentes rincones del mundo. A pesar de los contratiempos, debido a cambios económicos o sociales, así como las dificultades personales, debido a las locuras humanas, o las decisiones de una mala gestión, las prácticas de arte de performance continúan aumentando sin cesar.

Muchos artistas han descubierto que trabajar en dúos, tríos o más colaboradores, podría inspirar una dinámica diferente que también proporciona la oportunidad de generar nuevas relaciones, sinergias o gestalt. Y proporciona un chequeo de la realidad en busca de excesos egoístas y relaciones con los otros revierten las tendencias egotistas que pueden desembocar en prácticas en solitario auto indulgentes. La performance puede ser un lenguaje del individualismo, pero no necesita ser egocéntrico o manifestarse sólo como presentaciones en solitario. Al contrario, puede tener mucho que contribuir a la expansión de las interacciones multi-culturales en una sociedad en evolución debido a migraciones y la complejidad creciente de la globalización.

Autenticidad y Audiencias

En las muchas definiciones de performance art, la de razón más común para su existencia insistente y continua relevancia parece abogar por algo «improvisado, imprevisto, sin dirección, sin ensayos» y, por lo tanto, algo que desafía cualquier definición razonable ofrecida. La afirmación de que el arte del performance es la último bastión capaz de expresar la verdad con la originalidad y la autenticidad más próxima a la vida real que el teatro artificial, ofrece una plataforma a prueba de tontos de la libertad, o de diferenciarse de los que muchos que lo intentaron ilusoriamente mediante las payasadas de teatro y de la imitación dramática de la vida.

Los performers, de hecho, son igualmente culpables de participar en manifestaciones teatrales durante el ejercicio de sus acciones. Estén o no mínimamente más cerca de situaciones de la vida real como el de «estética relacional» o «happenings». Por no hablar de las espectaculares imágenes separadas de la vida o exageradas en exceso a lo absurdo, ya ensayado o no, y que cruzan el umbral de lo teatral. Con el tiempo, estos exabruptos también están perdiendo la capacidad de sorprender o conmover al público de hoy. Un público que se ha endurecido y sobre-entretenido por las películas, la televisión o Internet y que está menos dispuestos a suspender la incredulidad y tiene mayores expectativas.

Otra razón para el estado menopáusico de la performance puede ser el resultado de una sospecha cínica general de jugar a «El traje nuevo del emperador», o «el elefante en la sala» con imaginación en lugar de autenticidad objetiva como se pretendía. Eso explica el porqué los medios de comunicación repiten habitualmente su ‘Pero, ¿esto es arte?’, sin aportar nada nuevo en arte conceptual o performance con respecto a lo que se considera que es la percepción de «el hombre de la calle». Al mismo tiempo, las presentaciones en exposiciones, en galerías y festivales también tienen su equipaje de autenticidad contaminada sobre un pedestal o alejada de la vida real.

Sin embargo, estas opiniones son como mirar a los árboles del bosque, a menudo la cuestión de la autenticidad es un flujo de doble vía entre la del actor y el que percibe, más allá de todas las explicaciones teóricas ofrecidas en torno a teatro y performance. El grado de artificio puede ser mínimo en comparación con el teatro convencional, sin embargo, una vez que un artista toma una posición de actuar de una manera que se ve fuera de las expectativas normales, uno no puede dejar de mirarlo como el teatro. Lo que encontramos auténtico en una performance mientras que en otra vemos un drama exagerado, inequívocamente implica una empatía con la acción en cuestión. Para alcanzar una comunicación total, no sólo se requiere un cierto nivel de comprensión en el lenguaje de las artes escénicas, sino también hay una necesidad de confianza en relación al diálogo que se trasluce más allá de la objetividad. Esto no requiere una mistificación o elevar el arte de la performance por encima de los demás medios o formas de arte. Autenticidad ha sido el santo grial de todas las manifestaciones culturales en la historia humana. Lo que cualquier artista de performance o cualquier artista contemporáneo puede reclamar es si su trabajo es relevante para su contemporaneidad y si es lo suficientemente bueno como para merecer nuestra apreciación.

El público de hoy está mejor informado y si, alguna vez, la mitad de la audiencia realmente tiene una tendencia a no seguir una performance y rechazan salir a formar parte de una acción, lo que hace es que confirma la autenticidad de este tipo de audiencia en relación con la sociedad en general. En el educado ‘público de arte’, normalmente, suele haber una fracción principal de la población, de modo que si les gusto y entienden dicha actuación yo sospecho que es un público educado representativa de la población de la sociedad en la realidad. Una vez más la dicotomía entre el público en general a la de una masa de público de entendidos en arte plantea la comparación de la percepción de autenticidad entre un público educado y el público en general variable.

Basada en el tiempo y en el lugar

In performances of collaborations, the time frame somehow changes, as well as the use of space offered for being taken up by two autonomous bodies that have to share the space as well as the divided attention of an audience. Not only in terms of the material, time and space but also one has to consider an individualistic language that may be created on the moment of performance. I for one am still a sucker to the belief in its possibility of spontaneity (although admittedly in skeptical suspicion it is not commonly practiced) and seek out performance art excellence by way of creating opportunities of risking for the sake of the unexpected surfacing of truth and authenticity.7Given the fact of spontaneity for one of the actors wherein almost likens to creating language on the spot or at the moment of presentation. The other one is additionally watching, if not also learning in terms of the other actor also teaching himself the other’s spontaneous language formation.
En accciones colaborativas, el marco temporal, de alguna manera, cambia, así como el uso de los espacios ofrecidos para que dos cuerpos autónomos que tienen que compartir el espacio así como la acción del público. No sólo en términos de material, tiempo y espacio, sino también hay que tener en cuenta un lenguaje individualista, que puede crearse durante la performance. Por mi parte, sigo siendo un iluso en la creencia en la posibilidad de espontaneidad (aunque admitiendo que en una sospecha escéptica que no es una práctica común) y busco la excelencia de la performance a través de crear oportunidades en las que arriesgarse en aras de contextos inesperados auténticos. Asumo que el hecho de tomar la espontaneidad como uno de factores en juego equipara a la creación de lenguaje en el mismo lugar o momento de la performance. El otro está además de mirando, si no también aprendiendo en términos del otro actuante, también enseñándole al otro la formación espontánea del lenguaje.

El tiempo puede ser experimentado de manera diferente en relación con el movimiento y las acciones de un actuante y cambia in situ a otros movimientos y otras acciones en el mismo sitio y el espacio. Por lo tanto, uno también puede especular sobre cómo una performance puede ser experimentada de manera diferente cuando ocurre en un teatro, galería de arte, en el interior, al aire libre, estadios deportivos o en el campo.

Cambios en la colaboración. Concentrado y descentrado.

Después de presentar BMI en el programa del año pasado, es oportuno que Future of Imagination 7 se centre en dúos y tríos como seguimiento. Tradicionalmente, el individualismo puede ser suprimido y dejar de ser tenido como algo demasiado excepcional como se deduce de los idiomas chino común, cuando uno no se recomienda ser «un camello en la pluma de una oveja» o «el clavo que sobresale será bien clavado». Nuestra sociedad celebra la libertad de elección y como si para que la sociedad crezca fuese necesario inculcar en los individuos fuertes mediante interacciones creativas. Con el fin de crecer y dar frutos fértiles, las interacciones de doble o múltiple creando significado social, requerirían reuniones periódicas con el fin de explorar a través de muchas permutaciones posibles de colaboración entre individuos de diferentes cuerpos físicos, género, orientación sexual, temperamento, antecedentes sociales y culturales. No se trata de experimentos en tanto al descubrimiento de diversas posibilidades y manifestaciones de la práctica individualista, sino también de ampliar nuestras necesidades humanas creativas que la pongan la atención en servir a los otros.

En muchas maneras, trabajar en dúos o más está exigiendo un marco diferente de los principios sociales en comparación con la actuación en solitario. Como las interpretaciones sociológicas se ve que una persona puede actuar como individuo en en una única y personal característica, pero teniendo en cuenta la presencia de otro, surge una nueva dinámica en la de un comportamiento recíproco en respuesta a la presencia del otro lo que contribuye al desarrollo de una sociedad mayor. Por lo tanto, la presencia de hecho de dos en la performance en dúo, si uno no deja de lado el punto de vista del público, resultaría en un triángulo en que el intercambio tiene lugar. El asunto del «triángulo» jugó aquí no solo la implicación de los dos o tres performers, sino también la participación del público asistente.

Ver una performance en solitario durante media hora o más de un artista a veces resulta en una acción oscura que puede parecer bastante difícil de entender para según qué público. ¿Cómo vamos a esperar que se entienda ver a dos o tres de ellos a la vez? Alastair MacLennan utiliza el término «des-concentración» para describir cómo los artistas en el BMI dispersan nuestra concentración que abarca lo de fuera pero, simultáneamente, sin perder el foco, extendiéndola así hacia un número de centros humanos que pueden estar trabajando en esa performance. Desde la desconcentración del artista en concierto, gracias a un público atento es, posiblemente, como algunas acciones puedan regresar a la magia en el ritual, el teatro y el anhelo de autenticidad que todos buscamos.

Artículo completo (y notas bibliográficas) en:
http://republicofdaydreams.wordpress.com/2011/11/14/permutations-of-individualism/.

Seguro que la traducción es muy mejorable. No soy traductor y he querido, simplemente, ser lo más fiel (en ocasiones literal) al texto de Lee Wen. Espero que se aprecie el trabajo y quien desee hacerlo mejor, ya sabe dónde puede afrontarlo.

¿Traducir es crear?
Me lo apunto para otra ocasión.

hoy he soñado que me casaba

y me casaba por la iglesia
y venía toda la familia
por parte de mi padre
porque la parte de mi madre
está mermada (sin entrar en detalles
esto es mera especulación
interpretativa)
pero lo más gracioso
es que me casaba solo
sin nadie con quien casarme
porque quería desafiar a la iglesia
y el cura
un cura de pueblo anciano
canoso alto y enjuto
no entendía por qué me casaba
y mi familia
o la de mi padre para ser más exactos
no entendía por qué me casaba
ni para qué
y yo no tenía ganas de explicarles
que quería dar
a entender que una familia
también podía ser una persona

mi amiga aída estaba en la ceremonia
porque se había encargado
de la música de sala
y los demás se fueron
a tomar algo al pueblo
mientras llegaba en cura
y me casaba conmigo mismo
y yo caía al suelo
vestido de blanco
de bruces
con los brazos en cruz
pero poco simétricamente situado
quedaba esperando
en la losa fría
que llegase
mi familia
o la de mi padre
a meterme dentro de ella
(supongo
interpretando
otra vez)

tras su vuelta
teníamos que irnos
(quizá
interpretando
a celebrar)
y cogía un coche
cuyo modelo no puedo recordar
(aunque no sé si recuerdo es una buena palabra para referirse a un sueño)
pero los cristales estaban
empañados
porque hacía mucho frío
fuera
y se había escarchado
el aire

me apremiaban
desde otros coches que estaban detrás de mí
a que me pusiese en marcha
así que encendí los limpiaparabrisas
y arañado un poco el cristal frontal
me puse en marcha
aunque casi no pudiese ver

un camión
con todas sus luces alumbrándome
chocó con mi lateral izquierdo
justo antes de que entrase
en un maizal
porque me había detenido
un poco adelantado
a la señal de stop
que
obviamente
no vi

los demás coches
siguieron su camino
por la carretera
que había quedado atrás
en la bifurcación
y que yo no había tomado

hoy he soñado
posiblemente
que moría

Los tecnócratas en Italia

He oído ya varias veces que en Italia ha habido un cambio de gobierno y que ahora el país es gobernado por técnicos en contraposición a políticos.

No me gusta la forma en que ha ocurrido, pero haría una aclaración o lanzaría una pregunta ¿Berlusconi era un político?

Para mí, ese señor es un empresario que consiguió tener el aparato mediático tan importante como para convencer al electorado repetidamente, haciéndole creer que era la única opción viable para el gobierno del país. Ese señor era poco más que un dictador camuflado de elección, como lo fue Franco quien llevó a cabo algún que otro referendum tras crear la Ley de Referendum dos años antes:

Ley de Referéndum de 1945
(22 de octubre de 1945)

Abierta para todos los españoles su colaboración en las tareas del Estado a través de los organismos naturales, constituidos por la familia, el municipio y el sindicato, y promulgadas las Leyes básicas que han de dar nueva vida y mayor espontaneidad a las representaciones dentro de un régimen de cristiana convivencia, con el fin de garantizar a la Nación contra el desvío que la historia política de los pueblos viene registrando de que en los asuntos de mayor trascendencia o interés pública, la voluntad de la Nación pueda ser suplantada por el juicio subjetivo de sus mandatarios; esta Jefatura del Estado, en uso de las facultades que le reservan las Leyes de 30 de enero de 1938 y 8 de agosto de 1939, ha creído conveniente instituir la consulta directa a la Nación en referéndum público en todos aquellos casos en que, por la trascendencia de las leyes o incertidumbres en la opinión, el Jefe del Estado estime la oportunidad y conveniencia de esta consulta.

En su virtud, dispongo:

  • Artículo 1.- Cuando la trascendencia de determinadas Leyes lo aconsejen o el interés público lo demande, podrá el Jefe del Estado, para mejor servicio de la Nación, someter a referéndum los proyectos de Leyes elaborados por las Cortes.
  • Artículo 2.- El referéndum se llevará a cabo entre todos los hombres y mujeres de la Nación mayores de veintiún años.
  • Artículo 3.- Se autoriza al Gobierno para dictar las disposiciones complementarias conducentes a la formación del censo y ejecución de la presente Ley.

Y ahora nos hablan de pérdida de democracia. Pero en España nunca hemos tenido una verdadera democracia. Esto es así. Nunca hemos podido plantear cuestiones básicas como la monarquía, la religión o la naturaleza más o menos unitaria del estado centralista. Es decir, los tres pilares de la escasa ideología franquista siguen en pie como en 1945.

Adornos, eso sí, tenemos más adornos.

E Italia… bueno, más de lo mismo, pero en su caso involucionaron, yendo a caer en manos de ese señor como antaño lo había hecho Alemania en 1932, también eligiendo «democráticamente» a Adolf Hitler. Quien se encargó rápidamente de deshacer cualquier atisbo de oposición, de crear una opinión única, de personalizar el poder en un único amo y señor del destino alemán. Como Berlusconi en Italia.

Pero las cosas han evolucionado hasta el punto de que ya se sabe que no es buena idea gobernar desde la visibilidad, que es más interesante hacerlo desde las bambalinas, y el señor del que hablo, ese tal Berlusconi, lo seguirá haciendo, pues su emporio mediático, su poder económico no ha sido mermado en absoluto. Pronto podremos apreciarlo.

Y en cuanto a lo del gobierno tecnócrata frente al gobierno político…

Prefiero un gobierno «político», pero las candidaturas que se presentan con opción a ganar las elecciones, presentan un programa técnico, gestor, que, sin embargo, van a poner en práctica políticos al frente. La verdad es que con programas de este tipo, prefiero técnicos al frente.

Lo que desearía son programas teñidos de ideas, de ideologías (aunque esta palabra esté tan mal vista que ha llevado a esta situación), de promesas socio-económicas y visión largoplacista, quiero que me digan qué harían si tuvieran 40 años, quiero que me digan cómo desearían que fuese el mundo… no quiero que me digan qué parche van a aplicar para resolver un problema puntual. Para eso, contrato un técnico…

hummmm…..
Malos tiempos para la libertad.

La tilde diacrítica

Está claro que todos cometemos errores, pero cuando son excesivos acaban por agotar.

Habré escrito con alguna falta de ortografía, claro está (que es como está claro, pero al revés), pero cometer más de 20 errores en una página de una novela considerada finalista de un concurso literario es algo que debería ser inconcebible.

Antes que nada, quiero añadir un enlace a una página que aclarará dudas a quienes, como yo en ocasiones, las tenga y le preocupen: Reglas de acentuación de tilde diacrítica.

diacrítico, ca. (Del gr. que distingue). 1. adj. Dicho de un signo ortográfico: Que sirve para dar a una letra o a una palabra algún valor distintivo. El adverbio más lleva acento diacrítico frente a la conjunción mas.

He empezado a leer una novela de un alumno que está en mis talleres de poesía y que escribió mucho antes de incorporarse a mis talleres (sirva esto como descargo personal) y es interesante, algo densa, pero original y sugerente, dan ganas de seguir leyendo y esto, ya de por sí, es todo un mérito.

Pero cada día llevo peor encontrarme con tanta falta de respeto al lenguaje, pero una falta de respeto por ignorancia, por falta de conciencia, por dejadez. Es tolerable (poco) cuando se trata de alguien que no desea reconocerse escritor, pero que un escritor no tenga la curiosidad de saber si lo que ha escrito está correctamente plasmado en el código que desea utilizar es algo que no puedo entender.

No me molesta ni me irrita en absoluto quien desea denunciar la rigidez del código, la innecesaria dictadura de la gramática, quien quiera poner en cuestión la necesidad de unas reglas arbitrarias y consensuadas, porque detrás de ello existe una voluntad de atacar ese consenso social, ese arbitrio de reales academias que se erigen en garantes de una forma de expresión, de un código, que debería ser popular, wikipediado, casi.

Pero en estos casos se aprecia la intención, la voluntad del creador, del escritor, mientras que en otras ocasiones, como la que me ocupa, se ve la falta de voluntad del mismo. Y, para mí, un escritor lo es en base a su voluntad: es lo único que le confiere la condición de tal. Y esa voluntad ha de ser consciente, debe saber valorar el código que utiliza, incluso para destruirlo o atacarlo intencionadamente como muy bien hacen los maravillosos Paul Celan o e.e.cummings, entre otros.

Deseo suponer que el error está (porque también lo está) en el editor, esa figura que, en este caso, parece haberse desentendido del proceso de generación de un objeto libro (en papel o electrónico daría lo mismo) demostrando su dejadez o su ignorancia en esa sucesión de faltas ortográficas principalmente derivadas de ausencias de signos diacríticos como en «para mi mismo» o «contarle a usted el por qué».

Son faltas que no detecta un procesador de texto, son faltas que requieren una lectura concienzuda y cierto nivel de conocimiento de las reglas gramaticales y ortográficas, pero es lo mínimo que le pido a alguien que desea dedicarse a la escritura. No que ya tenga estos conocimientos, sino que tenga la voluntad de adquirirlos y sea consciente de lo conveniente de una revisión pericial.

Ya hablé de la ortografía hace meses y de lo que cuesta convencer a mi querido Mateo (ya en segundo de la ESO) de que le conviene y es útil hablar y escribir con propiedad, cuidando las formas, pero él parece que va aceptándolo y aprendiendo las reglas del juego que nos permiten jugar juntos a esto que llamamos comunicación.

Y, en otro artículo, también mencioné la importancia social o significante que tiene el descuido de estas formas, la dejadez que denota lo poco que cuidamos nuestro medio ambiente intelectual. No quiero seguir insistiendo. Me cansa hablar de ortografía, defenderla casi con uñas y dientes para no dejar morir la principal convención que tenemos: el lenguaje.

Esto no es una broma