No es una ventana.
Se trata de un balcón acristalado
con puertas de hojas de vidrio
y amplios marcos de madera pintada de blanco.
Los marcos centrales de ambas
se besan
dotando de una extravagante asimetría
a la composición
que veo a través suyo.
El lado izquierdo
desde mi punto de vista
muestra una pared de bloques de piedra
horizontalmente apilados
de un tenue color marrón grisáceo.
El lado derecho
desde mi punto de vista
me presenta una fachada
pintada de beige o color crema.
Las dos partes
cuentan con una oquedad
que
en el caso izquierdo
desde mi punto de vista
se trata de un balcón
con contraventanas de metal
lacadas en blanco
y
en el caso derecho
desde mi punto de vista
se trata de una ventana
con marcos de aluminio marrón.
Me embeleso
mirando al otro lado
desde mi punto de vista
preguntándome
si desde otro punto de vista
se romperá la terrible simetría
del tigre de William Blake.
Apenas dejo pasar el tiempo.
Miro otra vez hacia el interior
de esta bestia
y escribo esta reflexión
con forma de poema.