
Han debido de ser tan pésimas estas series
que incluso las han suspendido
pero no en el tiempo
sino sus notas
sus calificaciones…
¿o no estoy entendiendo bien?
Ay… los falsos amigos…
Diario

Han debido de ser tan pésimas estas series
que incluso las han suspendido
pero no en el tiempo
sino sus notas
sus calificaciones…
¿o no estoy entendiendo bien?
Ay… los falsos amigos…

Lunes y martes estuvieron caídas todas las redes sociales y aplicaciones dependientes de Facebook Inc.
A estas alturas no es noticia.
Lleva tiempo inquietándome el poder que tienen las grandes (4 o 5) empresas que hay en internet, hasta el punto de convertir la red en un oligopolio, más o menos monopolístico, muy parecido a un nuevo tipo de feudalismo o ultranacionalismo mercantilista.
Me sorprende que pueda ser noticia que una mujer (extrabajadora de Facebook) salga a afirmar que la empresa (oh, my god!) sólo busca el interés económico por encima de los derechos sociales. ¿De verdad una afirmación así puede ser noticia y no una mera obviedad en tiempos de capitalismo ultraliberal?
Hay algo que me llama la atención y es el hecho de que hemos ido dejando que pasara paulatinamente, pues cada vez que se ha intentado sobrevivir en una de estas empresas con financiación independiente (véase cuando Skype quería ser de pago, o cuando Whatsapp quiso cobrar 0.99€ anuales) nos resistimos a ello y dejamos que siguieran creciendo hasta ser deseables por gigantes del sector que, así, se ahorraban competencia al tiempo que inversión, con la mera adquisición (y posterior fusión) de la empresa emprendedora por la matriz engullidora.
Ahí hay unos pocos casos para el recuerdo:
Ahora se les exige algo que no tienen intención de cumplir y es que sean «sociales», que protejan «la libertad de expresión», que protejan «la privacidad ciudadana», que inviertan parte de sus beneficios en la sociedad (eso sí, con exenciones fiscales inverosímiles). Y no se cuestiona que el problema no son las empresas en sí, sino el depositar en ellas la labor que tendrían que llevar a cabo los gobiernos respectivos.
En un mundo desnacionalizándose, lo que queda no es libertad, sino el libertinaje de la ley del más fuerte (económicamente hablando). Vamos, lo que queda es ese vocablo gastado que tanto le gusta a la actual presidenta de la comunidad autónoma en la que resido.
Pero lo enfrentaremos haciendo unos cuantos «memes» que publicaremos en alguna red social y a otra cosa… que hay que trabajar.
De lo más divertido (no sé si ha sido un «meme» del redactor del artículo de El País donde he leído esta mañana la noticia) ha resultado ser este texto que aparece al final del mismo y que muestra que el rigor es lo que está cayendo a toda velocidad en el vacío del ostracismo:
Estos incidentes ?como la caída de los servicios de Google el pasado diciembre? han puesto en evidencia la vulnerabilidad de las conexiones digitales y la debilidad del sistema sobre el que se asienta el funcionamiento de la red en un momento en el que empresas y usuarios dependen más que nunca de ellas por el teletrabajo.
amientFacebook, Instagram y WhatsApp se recuperan lentamente de la peor caída total de su historia reciente, que afectó este lunes a s de forma global durante más de seis horashorasorasrasass seis horans seis horasseis horaseis horasis horass horas horashorasamient
Jordi Pérez Colomé
Es reportero de Tecnología, preocupado por las consecuencias sociales que provoca internet. Escribe cada semana una newsletter sobre los jaleos que provocan estos cambios. Fue premio José Manuel Porquet 2012 e iRedes Letras Enredadas 2014. Ha dado y da clases en cinco universidades españolas. Entre otros estudios, es filólogo italiano.
¡Genial experimento de poesía azarosa, dadá, fonética!
Alguien escribe en una red social
que está cansada de la lucha
y que tira la toalla.
No he podido evitarlo:
Mi mente ha imaginado
otro alguien
(no a quien ha publicado ese mensaje)
saliendo de una ducha
tirando una toalla.
Y he escrito:
¿cansada de la lucha o de la ducha?
¿de qué toalla estamos hablando?
Y he pensado que igual era inapropiado
justo después de pulsar enter
pero estoy cansado de la lucha
con mi propia mente
que se niega a tirar
una toalla.

Sí, se venden cosas y la gente las compra.
Sí, 10Gb más o menos reales que la gente compra.
Sí, para disfrutar las cuales es preciso adquirir routers especiales que la gente compra.
Sí, para conectarse a los cuales se necesitan cables ethernet que la gente compra.
Sí, que han de «enchufarse» a tarjetas de red de alta gama que la gente compra.
Sí, que poco sentido tendrían si no es en ordenadores de procesadores potentes que la gente compra.
Sí, con los que obtener una velocidad de escritura (y lectura) de datos sobre discos que han de ser más rápidos y que la gente compra.
Obvio: «la gente» es «alguna gente», o quizá «bastante gente».
Gente, mucha de la cual, lo que va a hacer gracias a esa conexión de fibra óptica
es
descargar morralla
conectarse al internet de las cosas absurdas
ver vídeos porno
o sencillamente, leer el periódico, que viene a ser lo mismo.
Pero más rápido.
Pero más caro.
Pero más mejor.
Claro que sí.
Y así seguimos…
tres caramelos
sobre la bolsa blanca
son comestibles
un caramelo
junto dos caramelos
es amarillo
caramelito
no digas que te dije
que no te quiero
los caramelos
espacialmente bellos
por su envoltorio
Si ya de por sí es pesado el mes de septiembre en el que siento que me paso los días en proceso de campaña electoral: intentando conseguir que personas que aún no conocen los talleres de poesía y escritura creativa se acerquen a ellos a probarlos y, eventualmente, continuar en ellos y desarrollar su faceta más personal y su músculo creativo, cuando me encuentro con opiniones no solicitadas en anuncios de Facebook, ya se me quitan todas las ganas de continuar intentándolo.
Y luego pienso que hay otra mucha gente que no suelta sus opiniones así como así y que es la que realmente me interesa en los talleres, así que continúo luchando argumentando y defendiendo mi particular metodología, sin intentar «captar adeptos», pero sí discutiendo el porqué creo que tiene sentido hacer o apuntarse a un taller de poesía.
Una persona había dicho en el anuncio que «la poesía no se enseña, que se tiene o no se tiene» e independientemente de que esté más o menos de acuerdo con una afirmación tan tajante (se habría de leer más a Barthes), le contesté que en mis «clases» no se «enseña» poesía, sino que se «invita» a escribirla.
Presumo que su respuesta, si se produce, irá por el camino del ¿y se puede cobrar por ello?. Y la verdad es que es algo que hace tiempo que no me pregunto, igual que no me pregunto de qué vive un poeta o si el precio del arte es más o menos razonable y no altamente especulativo.
Yo pongo todo el compromiso del que soy capaz a trabajar en facilitar un espacio donde las personas que asisten (voluntariamente y sin ser engañadas sobre lo que esperar de un taller así) desarrollan su creatividad y escriben una poesía, quizá, más rica que la que harían sin venir (la tuvieran o no), así que si alguien quiere sustituirme le invito a que lo haga, parafraseando a Maiakovski en su poema «Conversaciones con el inspector fiscal sobre la poesía»:
[…] no hay problema: aquí está, camaradas,
mi estilográfica:
escribid, si queréis.

Ha sido una sorpresa agradable esta serie, francesa, a la que le di opción (de visionado) debido a que nuestro periodo breve de darnos de alta en HBO está llegando a su fin.
Cada verano solemos darnos de alta un par de meses (agosto/septiembre) en la citada plataforma para ver aquellas series que seguimos de año en año, como pudo ser El cuento de la criada o «los dragoncitos». Es una forma de controlar un gasto fijo y que no despegue uniéndose a otros gastos fijos similares de subscripción, como podría ser spotify que acaban por engrosar los costes de vida, siendo muchas veces innecesario.
Después de ver la cuarta temporada de The Handmaid’s Tale, mucho más brillante que la tercera, algo estancada narrativamente, procedimos a ver diversas series que nos han dejado un buen sabor de boca:
Godfather of Harlem, maravillosamente protagonizada por Forest Whitetaker, en una serie intensa sobre los inicios de la mafia en Harlem, visibilizando los conflictos raciales de mediados de siglo XX en un contexto que mezcla el auge de los movimientos políticos negros, como Malcom X y su relación con la Nación del Islam. Temas poco tratados en series estadounidenses y que muestran que el islamismo en ese país tiene raíces que no solo están vinculadas a las recientes migraciones desde Oriente Medio.
En Buscando a Alaska, vimos cómo la bellísima y expresiva Kristine Froseth, en el papel secundario que, curiosamente, debiera haber sido el protagónico si no hubiesen querido resaltar al personaje masculino, soso, inseguro, que acaba siendo completamente eclipsado por Alaska en cada plano. Como con «13 razones», hubo un desplazamiento machista que vació de profundidad una serie, sí, adolescente, que acabó, como todas, siendo un producto de consumo más.
Fosse/Verdon, biopic del coreógrafo y director de cine Bob Fosse y de la bailarina y coreógrafa Gwen Verdon, acaba haciéndote odiar al primero, que debía de ser odioso, pero no acaba de perfilar tampoco a las protagonistas femeninas, a pesar del excelente trabajo interpretativo que hace la que fuera una adolescente prometedora en aquella lejana Dawson Crece, la estupenda actriz Michelle Williams. Pero la trama se estanca en idas y venidas del #MeToo, pero sin un posicionamiento claro, así que, sencillamente, termina por ser aburrida y carente de fondo.
Tan sólo por la ambientación, merece la pena dedicarle atención especial a Perry Mason, un «noir» de los de toda la vida, con un detective que recuerda ese maldito Phillip Marlow tantas veces con la cara de Humphrey Bogart, siempre vapuleado, por la vida y por sus malas decisiones, pero que dado su ético carácter encuentra la manera de sobreponerse a las circunstancias y salvar el tipo, pero afortunadamente, sin soluciones extremadamente naïf.
Y en mitad de tanta serie «entretenida», me atreví a darle una oportunidad a una serie francesa, quizá porque parecía un tema diferente… y lo fue: No Man’s Land es una serie que me ha puesto sobre aviso de lo que ha estado (y aún está) pasando en Rojava, en el norte de lo que antaño fuera Siria, en mitad de una guerra civil, en mitad de una guerra mundial, en mitad de una revolución anarco-feminista…
Las críticas a la miniserie son razonables pues no acaba de profundizar en sus escasos 8 capítulos en la complejidad de una situación como es la actual guerra siria, ni perfilar la intrincada lucha del Kurdistan por ser internacionalmente reconocido como territorio soberano, y termina por ser una serie que habla de un hombrecillo (sosete) en busca de su hermana… y poco más. Pero el telón de fondo es tan rico y variado que no conviene perdérsela, acompañándola, no de un buen vino, sino de variadas lecturas sobre lo que está ocurriendo en esa región del planeta.
es absurdo que el 27 sea mi número preferido
por ser número cúbico de tres
es decir
3 elevado a tres
esta razón podría hacer que 8 fuese mi número preferido
por ser número cúbico de 2
es decir
dos elevado a 3
incluso podría haber sido 4 mi número preferido
por ser número cuadrado de 2
es decir
2 elevado a dos
aunque el veintisiete tenga la curiosidad
de ser el número de letras del alfabeto castellano
(hoy)
y me diga (a mí mismo)
que esa peculiaridad le convierte en único
pero por esa regla de tres
(que no lo es)
podía también ser el 64 mi número preferido
por ser el cuadrado de 8 que es un cubo
y coincide con el número de casillas de un tablero de ajedrez
conocido como damero
sé que no hay razón suficiente
ni necesaria
para que 27 sea mi número preferido
y que el azar hace que ese número sea elegido
por encima de cualquier otro
pero también se podría decir de cualquier otro
elegido como base cúbica
así el mil
cubo de 10
es un favorito sin casi discusión
por consenso universal
salvo mi absurda resistencia
a medir todo en función
de un número como el 10
que ni siquiera es primo
para eso
obviamente (¿por qué obviamente?)
el doce sería mi número preferido
el 12 sería mi número favorito
y el 144
y el mil setecientos veintiocho
un volumétrico mucho más simpático
e imprevisible
que podríamos descomponer en varios
doses
y treses
hasta que quedase en los huesos artiméticos
en los que todos acabaremos
convertidos
Ayer murió Ibírico.
Una sonrisa siempre
un gesto amable
una ternura que se notaba en su presencia
como si fuese poeta
que lo era
como si fuese persona
que lo era
como si fuese encantador
que lo era
casi sin pretender ser
poeta
persona
encantador.
Nos conocimos poco
pero nos queríamos
nos reconocíamos
nos sabíamos afines
y cordiales.
No sé de qué ha muerto
ni me parece relevante
sino saber que vivió
haciendo sueños
realidad.
Hoy he estado leyendo en su web
sus confesiones vitales,
he escuchado una entrevista que le hicieron
y he pensado
¿dejaré una web comprensible
y amable
como la suya
cuando mi cadáver
ya no sea analógico-forense?
Una sonrisa siempre.
A eso aspiro
a parecerme
y me queda tanto…