Cada día más ateo

No sé si se puede ser más ateo que un ateo que no cree en dios y menos aún en Dios.

Pero creo que me voy acercando a ese lugar imposible de ateicidad (que ya no agnosticismo, como me declaraba en mi juventud), ese lugar en el que resulta hasta gracioso, cuando no triste, el mero hecho de pensar que la inmensa mayoría de la población mundial cree en una deidad o en más de una, que les sirve para diversos propósitos: explicativos, emocionales, esperanzadores… (lo de la e, es un capricho, lo sé).

Así que me está pasando estos días que estoy leyendo el libro de contenido muy muy serio (algo demasiado serio para mi gusto: creo que este hombre se gustaba demasiado, mientras lo leo, algo apesadumbrado por no tener la capacidad de atención que antes tenía) titulado Las palabras y las cosas, de un autor declarado ateo: Michael Foucault, que nada tiene que ver con ese péndulo, ni con Umberto Eco (al menos no con él en cuanto autor de la novela sobrependular), me está pasando, digo, que cuando leo tantas veces la palabra dios (en su caso Dios), mi cabeza la sustituye por la expresión «ratoncito pérez» y sigo leyendo… pero pierde tanto el texto que me desconecto inmediatamente.

La gravedad de esa disquisición, al llevar a cabo la transposición, resulta un chiste casi, al modo del famoso pastafarismo del que me declaré abiertamente admirador (para luego reconocer que ni siquiera se acerca a mi grado de ateísmo).

Me lancé hace meses la pregunta ¿Puede un ateo tan siquiera pensar la idea de dios y no dejar de ser ateo? ¿Puede un ateo hablar de «dios» como si fuese «algo» existente?

Y aún no tengo claro que la pregunta esté bien formulada, pero algo me dice que el chiste, casi irrespetuoso, es la única respuesta que tengo. Y no me parece una verdadera respuesta.

hmmm…

Casi cuarto de siglo

Carmen de la Rosa, Giusseppe Domínguez y Vera Moreno en la inauguración en octubre de 2022 de la galería o sala multidisciplinar que abrimos entre cuatro personas en la Calle Humilladero, 16. La famosa Cava de Humilladero.

Desde entonces hasta hoy (enero de 2026) han cambiado muchas cosas, como la ilusión, algo mermada, la creencia en la posibilidad de reforma mundial gracias a la poesía, en parte desaparecida y en parte cumplida y cumpliéndose… por no hablar de los cambios hormonales, asociados al envejecimiento celular, entre otras cosas.

Sin embargo, sigo siendo amigo de Vera Moreno y sigo teniendo a mi lado a la maravillosa Carmen de la Rosa, con quien quiero seguir envejeciendo… si puede ser, despacito. 😉

Tantos recuerdos… Tantos…

Y no opacan la voluntad de crear nuevos recuerdos, las ganas de emprender nuevos proyectos, incluso con Groenlandia amenazada, Libia en ruinas, Gaza ocupada, Venezuela invadida, Haití devastado… ¡La poesía debe sobrevivir!

Nota: Creo que entonces no me fijé en el letrero sobre la puerta (dios bendiga cada rincón de esta casa), porque imaginé, seguramente, posibles transformaciones que lo resignificasen. El significado es poesía. El significante es poesía. La poesía es poder.

Chapuzas

Ya nada importa.
La chapuza se ha impuesto por defecto.
Las traducciones automáticas
hechas por inteligencias artificiales
no es que sean mejores que las humanas
es que simplemente
permiten prescindir de humanos
remunerados
que difícilmente
podrían haber hecho una publicación
a modo de resumen
más disparatada que esta
automática
que ha generado una aplicación
automáticamente
y que automáticamente
ignoramos
porque ya nada importa.
La chapuza se ha impuesto por defecto.
De facto: defecto.

Voy a seguir maquetando… una traducción de la que me avergüenzo (ahora un poco menos).

Branca

Branca, Branca, Branca,
Branca, Branca, Branca,
Branca, Branca, Branca,
Branca, Branca, Branca,
Branca, Branca, Branca,
Branca, Branca, Branca,
Branca, Branca, Branca,
Branca, Branca, Branca,
Branca, Branca, Branca,
Branca, Branca, Branca,
Branca, Branca, Branca,
Branca, Branca, Branca,
Branca, Branca, Branca,
Branca, Branca, Branca…

No hay poema escrito
ni por escribir
más lindo
ni lleno de sentimiento
que tu nombre.

    Sydney, 130196

Texto escrito, equivocadamente, hace hoy justamente 30 años. Me quedaba tanto por vivir… ¿Cuánto me queda aún?

Burritos

Estoy harto de ver esta publicidad que parece ignorar que, en el fondo, no hay ningún cambio: se pasa de pedir lo que todo el entorno escucha a lo mismo. Solo se cambia de entorno, no de personalidad, ni criterio propio… Que nunca se tuvo.

Para qué mencionar el fenómeno comercial de estas pasadas festividades consumistas, cuando se agotaron existencias del único vinilo del que he oído hablar en todas y cada una de las conversaciones que he sostenido a duras penas. No, si será normal, pero yo no lo entiendo… o sí. Y me desgarra el corazón. Soy un error en el sistema.

Esto no es una broma