estáticas en la botella
las burbujas
esperan un segundo de vida
antes de salir al cielo
a morir.
Reordenando carpetas de correo electrónico
Hace tiempo que tengo pendiente hacer algo con mi correo electrónico, que almaceno desde que lo tuve, allá por los lejanos años 90. Cuando casi no existía la arroba @ ni nada que se le pareciese y se utilizaba el AT para enviar correos EN un servidor.
Cada vez que borro un mensaje de correo electrónico, incluso de esos de publicidad indeseada comúnmente denominada SPAM, me lo pienso y decido si no será digno de mantener, si no tendrá o contendrá algún texto útil o me culpabilizo asumiendo que no soy capaz de encontrar esa poética oculta en un mensaje de promoción de cialis.
Si además procedo a borrar algún correo que no sea de ese estilo, sino proveniente de algún conocido o alguna conocida, ya puedo tardar incluso minutos en determinar si merece ser borrado aunque hayan transcurrido más de 10 años desde su visionado. Sabiendo que hago copias de seguridad, incluso seguro que está en alguna de ellas almacenado o en varias, inclusive.
Reordenar carpetas es parecido en el sentido técnico pues implica un borrado (más o menos) de lo anterior para tener una nueva ubicación. Y también lleva tiempo el decidir si es ahí donde deben estar o en otra ubicación más «apropiada», así por ejemplo: ¿la subcarpeta CEDRO debe estar en la carpeta ESCRITOS o en la carpeta EDITORIALES?
Supongo que poca gente se preocupa por esta forma de organizar las cosas electrónicas ahora que los buscadores hacen maravillas y acaba resultando una pérdida de tiempo, posiblemente, esta obsesión categorizadora. Pero no puedo evitar hacerlo y sentirme, incluso, orgulloso de ello. Es tan tonto…
18993

El 3 de junio, es decir, el lunes pasado, fue mi 52 cumpleaños y, sin entrar en detalles astronómicos de medición del tiempo… se me ocurrió hacer el sencillo cálculo de multiplicar por 365 y añadirle un día más por cada cuatro años (bisiestos) recordando eliminar uno por el año 2000 que no lo era. Y salió esta cifra:
18.993
Así que respondí a las felicitaciones con el siguiente mensaje:
¡¡¡18.993!!! En una semana habré cumplido 19.000 días en la tierra, tras salir de la nave espacial matricial.
Ese día, mis queridos alumnos del taller de Poesía y Escritura Creativa se presentaron con unas tartaletas y estas velas para soplar una cifra algo astronómica… y sin embargo diaria.
Dodecaedro
dode docas
doce dodas
dosa dedos
dedo dosas
dola domas
deso dados
dose demos
deco dosas
Performance en Instituto Cervantes
Me alegra informar que participo en una presentación performática de un proyecto interesantísimo de Marta PCampos que se expone en el Instituto Cervantes el martes 4 de junio a las 19:00.
Es curioso que no lo quiera llamar performance y sí «presentación performática», pero tiene algo que ver con el hecho de que la acción está concebida tan sólo en parte para ser una obra en sí misma y otra parte para ser una presentación de la obra de Marta PCampos, ese diccionario en el que, de manera rocambolesca, he acabado por estar citado.
¡Qué divertido!
Eliminar grasa a base de hamburguesas de cerdo
Cuando ocurren estas cosas siempre me hacen gracia y, al mismo tiempo, me provocan cierta estupefacción asquerosa, algo así como la sensación de saber que los algoritmos no son humanos, no entienden bien la idea de contexto, de lectura más allá de una publicación cada vez, con cada mirada, como si no entendiesen que vemos (algunos humanos) todo lo que nos pilla por delante, incluso cuando queremos ver menos.
Y así en Instagram se me apareció esta divertida combinación:

Zamora o el misterio de la izquierda en Castilla y León

¿Qué extraño comportamiento han tenido los zamoranos para haber dado la alcaldía de manera mayoritaria y absoluta a Izquierda Unida cuando estas siglas hace casi un lustro que no son lustrosas y apenas se escuchan en tertulias, debates y mucho menos en gobiernos o coaliciones?
Podemos fagocitó lo poco que quedaba de IU (que desde mi perspectiva estaba obsoleta en sus mensajes y lo estaba haciendo muy mal desde el punto de vista mediático) con una especie de «alianza» que no era más que una captación de ese sector del arco político a costa de despojar a la izquierda de su nombre.
Algunos como Llamazares intentaron (muy malamente desde un enfoque estratégico) continuar un modelo de hacer política de izquierdas que lleva extinguiéndose desde la caída del muro de Berlín. Con pequeños matices, parecía un comunista de la vieja escuela, de esos que no han recibido el mensaje de que la sociedad no parece querer ese comunismo de lucha proletaria, como si el proletariado siguiese siendo el mismo grupo social hoy, en la sociedad de Internet y los smartphones que el que otrora fuese aguerrido bajo una mina de carbón antes de considerarse tan nocivo medioambientalmente.
No tengo idea de qué ha llevado a los zamoranos a votar esta opción política y me hacen gracia las entrevistas que da el alcalde de la localidad diciendo que las confluencias no benefician a la izquierda, que estaba en franca caída libre antes de la llegada de agrupaciones como la de Podemos, Ahora Madrid, Mareas, En Comú… ¿No recuerda acaso que el partido llego a estar en el Grupo Mixto por no alcanzar los mínimos de representatividad necesarios para tener grupo propio?
Recuerdo tiempos en los que Córdoba resistía como un bastión de la izquierda, pero algo ha ido pasando en Andalucía para que el Partido Popular y sus marcas blancas se hayan alzado con el poder masivamente. Parece claro que el modelo tradicional de partidos de izquierdas no estaba funcionando en ningún sitio… y sin embargo: Zamora.
El lunes, por curiosidad, estuve mirando viajes a Zamora para el fin de semana, aprovechando que el día 3 es mi cumpleaños y el martes acepté de Carmen que me regalase el alojamiento en la ciudad. Va a ser un bonito viaje. No suelo viajar por motivos políticos, y no creo que este viaje lo sea, pero de alguna manera quiero saber qué hace que una ciudad como esa, en el centro de una comunidad habitualmente gobernada por el PP, feudo tradicional y tradicionalista, tenga una alcaldía de color tan diverso e inesperado.
¿Habrá diablos por las calles u hordas rojas cantando a voz en grito La Internacional? ¿Habrá reeducaciones y lo llamarán Revolución Cultural? ¿Se organizarán los cosecheros por quinquenios? hummmm….
Soy un globo de parches
Soy un globo
lleno de parches
que intentan salvar el aire interno
pero apenas consiguen retenerlo
unos minutos más.
El aire presiona los parches
a punto de reventar.
Hoy parece que el último parche
va a explotar
y con ello el globo
comenzará a desinflarse
hasta su extinción.
Ayer puse otro parche
en un nuevo agujero
una cicatriz pequeña
que se suma a otras cicatrices pequeñas
en una integral de diferenciales
de cicatrices infinitesimales
hasta cubrir la totalidad
de una superficie que ya no reconoce
su origen.
Parches sobre parches
para tapar grietas
sobre la última lucha
por la supervivencia
mientras los parches sobre parches
dan un tono apagado al exterior
de una otrora brillante esfericidad.
Parches para fracturas
traumas
y una escapatoria
al alcance de una aguja.
Soy un globo
al borde de una colilla encendida.
Micromachismos para gente sutil
Hace años compré esta camiseta que me hizo algo de gracia al sustituir el nombre de la marca de cervezas por «HEINENA». En su día (y no hace mucho) ni pensé que pudiera ser machista, pero de un tiempo a esta parte la sutiliza está hilando fino y me pregunto si me habría hecho igual de gracia si pusiese «HEINENE» y me doy cuenta de que no.

Me gustaba también la idea de pensar en verde (mientras ningún partido político de ultraderecha se apropie del color) y reemplazar el agua por sidra, más verde, más asturiana… con un cuestionable ahorramiento de agua. Nunca pensé (y sigo sin hacerlo) en el pequeño llamamiento a consumir alcohol o llevar una vida previsiblemente insana, ni se me ocurrió hacer una advertencia de «bajo su responsabilidad».
Así que hoy en lo que me fijo es en esa terminación gramatical femenina que excluye, por supuesto, a la masculina y que, por tanto, trata con banalidad a las mujeres («nenificándolas») sin hacer lo equivalente con el otro género.
Ahora la uso en la clandestinidad, prácticamente. Sin atreverme a mostrarme con ella en mis talleres, pero sigo usándola entre otras cosas porque me queda bien de talla y tirarla me parece irresponsable medioambientalmente. Hummm… me debato en tonterías. ¿O no son tonterías?
Toda la culpa la tiene la cartera

Me desperté pensando que podía ir a la piscina a nadar un poco, ya que había madrugado por culpa de la alergia, además así podría respirar vapores de agua clorada que no me hacen estornudar en un continuo espacio-tiempo molesto aunque no lo peor de lo que me ocurre.
(ya van tres me)
Y cuando fui a coger la cartera, ya con el bañador puesto bajo los vaqueros para ahorrar unos míseros segundos en el vestuario populoso, no la encontré. Soy tan meticuloso o puntilloso que es casi imposible que la hubiese dejado en otro lugar distinto al que la dejo nada más entrar en casa, o que no estuviese en la pequeña repisa junto al termostato que es el otro único lugar en el que podía estar si Carmen había tenido a bien colocarla en lo que ella considera que es su sitio.
No estaba en ninguno de esos lugares así que los nervios comenzaron a aflorar en mí y no podía dejar de pensar en que la podía haber perdido… y no me preocupaba en absoluto el dinero, puesto que seguro que no había más de 20€, que ya es mucho para mis costumbres. Pero pensar en la pérdida de tiempo y molestia que suponía renovar toda la documentación que llevo me estaba poniendo muy muy inquieto. DNI, carnet de conducir, tarjeta(s) sanitaria(s), tarjeta de crédito a punto de caducar, tarjeta transporte (no personal, así que tan solo era dinero) y tarjeta de acceso al gimnasio o piscina de agua ligeramente clorada que no me hace estornudar.
Y la cartera en sí.
Sí, la cartera o pequeño monedero (aunque no caben monedas) o mejor dicho tarjetero, de dimensiones reducidas y que me recuerda tantísimo aquel primer viaje que hicimos Carmen y yo a Donosti allá por 1999 cuando comenzábamos a conocernos, pero que debía «superar» (sí, era una especie de prueba, lo siento) para saber si ella era LA persona con la que podría estar el resto de mi vida, si ella quería (y yo superaba sus pruebas, que también las hubo), sí, la cartera era otra de esas cosas que no quería perder. Estuvimos alojados en una pensión modesta (los precios eran más baratos y teníamos más dinero) llamada Pensión Bikain en el corazón de Donosti. Fueron amables y nos regalaron dos carteritas que nos repartimos entonces. La primera la estuve usando más de 10 años hasta que se cayó de vieja y desgaste… y le pedí a Carmen la suya para poder seguir usándolas, pues ella apenas le daba uso.
Hoy fui a coger la cartera, ya con el bañador puesto bajo los vaqueros puestos para ahorrar unos míseros segundos en el vestuario populoso de mi piscina, y no la encontré.
Pero estaba, afortunadamente, en el otro lugar donde podía estar: en la mesa de mi estudio donde ahora estoy escribiendo este texto sobre una cartera que en realidad no perdí y de una piscina a la que no fui, desde donde he comprado billetes de tren para Donosti en septiembre de este año, reservado alojamiento en un hotel (no había disponibilidad en la Pensión Bikain) y escrito a mis amistades de allá con las ganas enormes de encontrarme con un cariño como pocas veces he sentido e ir el viernes a la tarde al Paseo Nuevo a ver cómo rompen las olas mientras otro año más ella está junto a mí, ir el sábado a la mañana al Sagardo Eguna a la plaza ‘la Consti… y comprar un par de vasos que llevar de vuelta a Madrid con un recuerdo maravilloso grabado en el cristal… y en la memoria.
Me desperté pensando que podía ir a la piscina y ahora sé que lo que quería era ir a Donosti.
