El alabardero

alabardero: 1. m. Soldado armado de alabarda. 2. m. Soldado del cuerpo especial de infantería que da guardia de honor a los reyes de España y cuya arma distintiva es la alabarda. 3. m. coloq. p. us. Miembro de la claque.

A este soldado de jengibre
le arranqué la cabeza
a la menor ocasión
aprovechando que el gaznate
dejaba una mínima superficie
de contacto con el aire
desprovista de su caparazón.

¡Pobre alabardero guillotinado
no siendo un rey
que pudiera merecerlo!

Arroz con verduras

Es una de mis recetas «básicas», que modifico o adapto según los ingredientes que tengo en el frigorífico, pero que hago, por lo menos, una o dos veces al mes. Lo cual es bastante repetitivo, teniendo en cuenta que procuro variar la comida tanto como sea posible, llegando, incluso a «records» como un verano en el que estuve cocinando platos diferentes durante 35 días seguidos.

El arroz con verduras es fácil de preparar pero se tarda mucho en su elaboración, así que en fechas de confinamiento es especialmente conveniente hacerlo, además del hecho de que aporta hidratos de carbono, bastante fibra (sin recurrir a arroz integral, que ya sería aún más recomendable) y vitaminas con muy poca grasa.

Ingredientes (para 4 raciones de primer plato o 2 de plato único):

  • Aceite de oliva virgen extra (AOVE, según sus iniciales), un buen chorreón (que absorberá la berenjena).
  • Ajo, 1 diente.
  • Cebolla, 1 grande.
  • Berenjena, 1 mediana.
  • Calabacín, 1 pequeño.
  • Pimiento carnoso, 1 amarillo (o medio).
  • Zanahorias crujientes, 2.
  • Sal, 1 cucharada.
  • Cúrcuma, 1 cucharada.
  • Pimienta negra

Preparación:

En una sartén profunda, ideal para paellas (en una paella también se podría hacer), vierto un buen chorreón de AOVE, apróximadamente 2 milímetros cubriendo toda la superficie circular de la sartén de unos 22 centímetros de diámetro y 5 de profundidad. (Con tapa, es importante, hasta que añada el arroz)

Corto el ajo en láminas (no muy finas, para que no se quemen) y las echo en el aceite antes de que se caliente. Mientras corto una cebolla en la forma descrita en otra ocasión. La pongo en el aceite en cuanto la tengo cortada y me dispongo a cortar la berenjena, también como he descrito en alguna otra ocasión (son tantas ya las ocasiones). Tapo la sartén.

Remuevo la cebolla en la sartén para que se separen sus pequeñas partes y añado la berenjena así cortada que absorberá el aceite que hemos puesto, pero que cuando comience a sofreírse nos lo devolverá con sabor y agua. Tapo la sartén.

Mientras esto va sucediendo, corto de similar manera el calabacín y de manera distinta pero procurando que queden trozos de parecido tamaño el pimiento amarillo (que buenamente puede ser medio rojo o verde, de los de asar, gorditos y sabrosos, no de los esqueléticos pimientos que denominamos «italianos»).

Cuando la berenjena esté reblandecida y haya soltado parte de ese aceite absorto, dejo sobre la misma sin remover, el calabacín y el pimiento cortados, que vayan reblandeciéndose al vapor. Espolvoreo una cucharadita de sal que ayudará a que exhuden las verduras. Tapo la sartén.

Pelo las zanahorias y las corto en láminas de unos 3 milímetros de grosor. Abro la sartén y remuevo el sofrito asegurándome que no se pegan las fracciones de berenjena, cosa que puede ocurrir si la cantidad de aceite es pequeña o si la berenjena era muy grande o si se me fue el tiempo por algún despiste, una inoportuna llamada, o una atención a lo que no debía. Añado las zanahorias y la cúrcuma y la pimienta negra. Tapo la sartén y espero a que el vapor reblandezca los discos naranjas.

Mientras tanto, lleno una taza de unos 220 mililitros con arroz largo (he probado otros y este es el que más me gusta para esta receta) y cuando está el sofrito bien integrado la vierto sobre el mismo y le doy unas vueltas asegurándome que se impregna bien de los sabores que han ido soltando las verduras.

Ya sin cerrar la sartén o paella, vierto 3 tazas de las que usase para el arroz llenas de agua y dejo que hierva a fuego lento durante media hora (a veces más) sin remover.

Espero a que esté blandito el arroz (no pasado) y doy por concluido el plato, asegurándome de no dejar que se seque completamente, pues si sobra, se podrá calentar más fácilmente.

Sufre mamón

El sábado tuvimos la mala suerte de compartir edificio con unos energúmenos que decidieron que el confinamiento por coronavirus era el momento ideal para darlo todo en un karaoke improvisado en su domicilio una planta o dos por debajo de la nuestra. No podíamos oír nuestra propia televisión sin subir el volumen a unos umbrales inapropiados para el correcto funcionamiento de los altavoces internos del aparato. Por supuesto, los silencios de la película se llenaban de sus voces de las que también hacen alarde en cada ocasión de agradecimiento a los servicios sanitarios a las 20:00 de cada día, amén de aplausos exagerados y aullidos de lobos en celo.

Tenían puesta una selección de música ochentera que incluía, como no podía ser de otro modo, la flor y nata de la pijería de la época. Y los Hombres G no podían faltar. Voceaban a pleno pulmón:

sufre mamón (un bello y empático deseo

devuélveme a mi chica (dado que es un objeto de mi posesión

o te retorcerás (y me alegraré sádicamente

entre polvos pica-pica (menos mal que la rima fácil no dio lugar a otros ataques o que no conocían el Antrax

 

No quiero aplaudir al lado de esta gente. No me comporto como ellos. En nuestra casa se intenta siempre mantener el nivel de audio tan bajo que tenemos auriculares para uso constante, sin necesidad de cuarentenas en las que mostrar solidaridad vecinal. Es una práctica que debería extenderse y considerarse de obligado cumplimiento para toda persona que diga ser respetuosa.

Por primera vez en mi vida, a punto estuve de llamar a la policía para que interviniesen, pero no quise derivar sus servicios de otras actividades potencialmente más necesarias. Pero el grado de crispación me lleva a pensar que los Hombres G(ilipollas) son ellos y por momentos a tener los mismos deseos carentes de empatía.

 

 

Buscando el infinito

[youtube_sc url=»https://youtu.be/5DRR1NCzZzw» title=»Buscando%20el%20infinito» modestbranding=»1″]

La pregunta recurrente sobre qué hay en un espejo que refleja un espejo que refleja un…

Un intento de respuesta desde una captura de vídeo de una captura de vídeo de una…

Si la resolución fuese infinita, quizá (sólo quizá), podría obtenerse respuesta.

Vivir es la última palabra

adenovirus, antiviral, antivirus, bienvivir, centunviral, centunvirato, centunviro, chivirico, cochevira, convivir, cuatorvirato, cuatorviro, decenvir, decenviral, decenvirato, decenviro, deservir, desvirar, desvirgar, desvirtuación, desvirtuador, desvirtuar, desvivirse, duunvir, duunviral, duunvirato, duunviro, elzevir, elzeviriana, envirar, envirotado, hervir, invirtud, invirtuosa, levirato, malvivir, pervivir, rehervir, retrovirus, revirar, revivir, sanavirón, sempervirente, servir, séviro, sinvivir, sivir, sobrevivir, supervivir, tornavirón, tragavirotes, triunviral, triunvirato, triunviro, vira, viracocha, virada, virado, virador, virago, viral, virar, viraró, viratón, viravira, virazón, vireca, virgaza, virgen, virgiliano, virginal, virginalera, virgíneo, virginia, virginiana, virginidad, virgo, virguería, virguero, virgulilla, virigaza, viril, virilidad, virilismo, virilización, virilizarse, virilmente, virina, virio, viripotencia, viripotente, virol, virola, virolento, viroleña, virología, viróloga, virolo, virón, virósica, virosis, virotazo, virote, virotillo, virotismo, virreina, virreinal, virreinato, virreino, virrey, virtual, virtualidad, virtualmente, virtud, virtuosamente, virtuosismo, virtuosista, virtuosístico, virtuosa, viruela, virulana, virulé, virulencia, virulento, virus, viruta, virutilla, vivalavirgen, vivir

PROYECTO 0032: Poesía contra el virus

Laboratorio de Experimentos Poéticos de Asociación Cultural Clave 53

Proyecto 0032: Poesía contra el virus

Día Internacional de la Poesía

21 de marzo de 2020

Poetas participantes (en orden de aparición):

  • Eva Obregón Blasco
  • Ernesto Pentón
  • Isabel Jiménez
  • María José Gómez Sánchez-Romate
  • Irene Chacón
  • Susana Olalla Ramos
  • Mariela Luzmina
  • María Jesús Orella
  • Pablo Velado Pulido
  • Mariano Velázquez
  • Yolanda Jiménez
  • Diana Córdoba
  • Inmaculada Sánchez
  • Ana Gesteiro
  • Andrea Vidal Escabí

Edición de Vídeo Giusseppe Domínguez

Imágenes de portada y cierre Tanja Ulbrich

Produce Asociación Cultural Clave 53

El shock del adolescente

Los adolescentes son gente muy sensible. Quizá por ello siempre me han encantado (desde que dejé de ser adolescente, claro está) y me gusta tanto darles clases.

Pero en estos tiempos (coronavirus mediante), cuando la humanidad está afrontando algo que le hace sentir su finitud, cuando cada persona en el planeta siente que el fin del mundo está al alcance de la mano, los adolescentes colapsan como sistemas sanitarios mal provistos.

Les doy clase y me encuentro que apenas pueden seguir la conversación porque sus cerebros están atascados, atorados, sin saber salir del atolladero de una crisis que no sabe nadie cómo derivará.

Siempre que oigo adultos alabar las capacidades de adaptación de las personas más jóvenes pienso que no suelen conocer en detalle cómo gestionan la mayoría sus problemas, pero en un ingente número de casos son incapaces de adaptarse y sin embargo son los primeros en detectar la necesidad de hacerlo.

Estoy dándoles clase online, por whatsapp vídeo y no suelen apañarse bien con la tecnología, no tienen iniciativas, a duras penas consigo que sepan hacer una fotografía de los enunciados de sus problemas para trabajarlos y, mucho menos aún, que expliquen oralmente (esto para ellos es terrible, salvo brillantes excepciones) el proceso por el que los resolverían.

Pero pensando en su sensibilidad, sé y noto que están absolutamente en estado de shock. No saben qué va a pasar y esa inseguridad, esa falta de certezas les bloquea completamente. Necesitan creer que habrá futuro y además sentir que ese futuro está a la vuelta de la esquina, porque el futuro de un adolescente tiene una longitud de un par de meses.

Estamos a menos de un trimestre de final de curso y ya han asumido, casi inconscientemente, que el curso está en estado de suspensión… quizá les acaben aprobando sus profesores, manteniendo las notas de lo que llevan de curso, pero no pueden pensar en estudiar sin la presencia todopoderosa de los exámenes de cada semana. No son capaces de afrontar su presente y quizá por ello están cancelándome muchas más clases de las que pensé en un primer momento.

Pero, en realidad, nadie sabe adaptarse a esto que está pasando. Es demasiado global, grande, mundial, inédito para saber qué hacer. Hacemos lo que podemos y seguimos adelante. Quizá adaptarse sea simplemente eso, dejar de preguntarse ¿qué haré al año que viene? para preguntarse ¿cómo aguantar un día más?

Un pequeño divertimento en Python

cuarentena=int(input("¿Cuántos días durará la cuarentena? "))
print("¿No tenéis la impresión de que un día se parece a otro día,", end="")
for i in range(cuarentena-1):
    print(" como en un bucle,", end="")
print(" como en un bucle?")

Un pequeño código que he hecho en python (casi podría decir que es mi primer o segundo programa en Python) a raíz de un texto que publicó un amigo en Facebook y que me dio la idea de meterlo en un bucle, como estaba pidiendo a gritos su pregunta.

Este es uno de los posibles resultados de la operación con un 999 que da bastante miedo.

Read moreUn pequeño divertimento en Python

Cargando el universo

Cargan todo:
cargan mi móvil
cargan el móvil de mi pareja
cargan el auricular inálambrico para clases online
cargan el manos libres para hablar con mi madre
cargan los auriculares inalámbricos para las clases de Carmen
cargan las raspberry donde hago copias de seguridad
cargan el aparatito que convierte la caja boba en «inteligente»
cargan el flexo para leer en el sofá
cargan los auriculares bluetooth con cancelación de ruido
cargan cargan cargan…

pero la energía sigue por los suelos y su precio por las nubes.

El monstruo de la noche

Duermes.
Duermes.
Duermes.

Alguna razón te sobresalta y te despierta.
(En realidad te despiertas reflexivamente)
(En realidad te sobresaltas reflexivamente)

No puedes dormir.
No puedes dormir.
No puedes dormir.

Pongamos que tienes tos.
Pongamos que tienes diarrea.
Pongamos que tienes cefalea.

Te levantas como si pudieses remediarlo.
Te levantas y sientes que te despejas del velo de la noche.
Te levantas y te separas del calor de su cuerpo.

No puedes dormir.
No puedes dormir.
No puedes dormir.

Y es entonces
en ese preciso instante
en mitad de un silencio oscuro.

Un pensamiento sacude tu mente con obsesión.
Un único pensamiento.
Un único pensamiento.

No importa el pensamiento.
No importa sobre qué irrumpe tu sueño en mitad de la nada.
No importa saber que no es algo importante.

Estás en la cama.
Estás en una ciudad que duerme.
Estás en un planeta que contiene el aliento.

Intentas dejar de lado el pensamiento.
Intentas volver a acostarte.
Intentas dormir.

No puedes dormir.
No puedes dormir.
No puedes dormir.

El pensamiento absurdo te asusta.
El pensamiento único te obsesiona.
El pensamiento no deja que afloren otros pensamientos.

Sabes que una buena manera de dejarlo de lado es durmiendo.
Sabes que a la mañana siguiente ni recordarás lo que pensabas.
Sabes que estás en un bucle que has roto mil veces.

Intentas pensar en otra cosa.
Intentas recordar los planes laborales de la semana.
Intentas contar ovejas o soldaditos de plata.

El pensamiento no se va.
El pensamiento te agarra por los intestinos.
El pensamiento se sobrepone a tus vanos intentos.

No puedes dormir y te acuestas respirando despacio.
No puedes dormir y te planteas volver a levantarte.
No puedes dormir y crees que no podrás en toda la noche.

No puedes dormir
No puedes …
No …



Esto no es una broma