Quizá debería
pero solo acierto a sentir
en ocasiones
miedo
en ocasiones
tristeza
en ocasiones
desconcierto.
Pero asco…
no es una emoción que yo maneje con frecuencia
ni la ira
ni la compasión,
no,
tampoco la compasión.
Diario
Quizá debería
pero solo acierto a sentir
en ocasiones
miedo
en ocasiones
tristeza
en ocasiones
desconcierto.
Pero asco…
no es una emoción que yo maneje con frecuencia
ni la ira
ni la compasión,
no,
tampoco la compasión.
Un par de textos recuperados de la basura de los papeles de hace décadas, cuando escribía tan cursi como nunca jamás reconoceré públicamente (salvo en este público diario íntimo que comparto en internet cada mañana):
De fino y alto talle bien ceñido, largas piernas de vaqueros terminadas en agresivas botas que, junto su marrón chaqueta abierta usada, daban ese aspecto duro de quien sabe que no puede no ser mirada.
De colofón un liso negro largo pelo que exigía una caricia mientras le acariciaba la espalda erecta desde el tacón a su erguida cabellera; su pelo que, como vela, da esplendor al buque con el soplo del amigo de marineros y aventureros, besaba sus mejillas y sus labios haciéndome latir, rabiar de envidia admiradora ensimismada hasta rayar la indiscreción que mi mirada clavaba en los espacios que a sus costados dejaban sus dos brazos embutidos con autoridad y firmeza en, de su chaqueta, sus bolsillos.
Y, luego, se fue.
Boulevard de Donostia 12 de marzo de 1995.
Hoy cambiaría palabra por palabra cada uno de los textos de entonces. Aún no había tomado clases de escritura. Me faltaba una lectura sofisticada, compleja, que me hiciese consciente de que la labor de escribir no es sólo juntar palabras pretendidamente bellas y lugares tan comunes como miradas clavadas o arrugas en el alma.
Me cuesta atreverme a no tirar estos papeles sin la exhibición (tienen algo de exhibicionismo estos escritos) pública de los textos en mi diario. Pero me resulta duro escribirlos sin modificación, sin la tachadura que haría hoy en día, tanto ética como estéticamente.
¿Por qué lo hago?
¿Cuándo, cuándo se pierde ese encantador descaro en la mirada, esa transparente expresión de la alegre sonrisa protegida por dientes tan pequeños y aún tan blancos?
Tamara, chica linda de nariz pequeña, sin edad, como toda ella, que pedía ser mirada y mimada y tonteaba como quinceañera coqueta que se sabe bonita y cuán lejos aún están esos años en que tendrá que desprenderse de jóvenes prendados por esa mirada que irá entristeciéndose, con esos ojos que no querrán seguir hurgando en el mundo, avariciosos, con esas manos que se moverán más controladas, la mente más lenta… arrugas en la piel y en el alma, pero hoy sé feliz, que todos cuantos te miremos nos contagiemos un poco de esa envidiable alegría de la inocencia perdida, arrancada por Tamaras de mi vida, de mi recuerdo, casi tan bonitas como tú, casi tan… tan… tan melocotón en flor, piel de canela y ojos cual faros que al caminante arrastraron por senderos de luz en el triste camino de tinieblas.
Sé ese camino, sé esa luz y brilla como hoy aquí en Donosti para iluminarnos y recordarnos que mereció la pena seguir el rastro.
Nota: me atreví a darles una transcripción de estos soliloquios de sobremesa a los tutores que ahora ella necesita estando en él, sin atreverme (su edad pone las cosas mucho más difíciles) a pedirle a la encantadora camarera que me sirviese de correo en lugar de otro café.
Y es que hay cosas que no cambian.
Restaurante Zaguan, Donosti, 31 de Agosto, 28. 12 de abril de 1995
Ya sé que estoy muy sutil con esto del machismo, pero esto me lo parece, aunque pueda resultar una banalidad: Bellísimo no está en el diccionario en el que sí está Bellísima. No entiendo el porqué me sugieren como alternativa «crudelísimo», como si esa raíz «bell», de «bellísimo» viniese o proviniese de «bellum», de donde procede la cruenta guerra.

Por favor… léase con toda la calma y precauciones del mundo este texto que puede estar absolutamente desfasado en unos años:
Estoy un poco harta de esos escritores o escritoras que solo se dedican a hablar mal de otros autores o autoras.
La envidia, seres humanos, es una puta mierda. Sigue tu camino y deja a la humanidad en paz.
Gracias
Una amiga publica esto en una red social y yo acabo viendo exclusivamente lo que quiero ver… como todo el mundo, supongo.
En este caso, la imposibilidad de mantener nuestro idioma en un equilibrio imposible entre género gramatical y género sexual. Para mí es uno de los frentes equivocados de la lucha feminista, pero es sólo una opinión. Que finalmente puede estar completamente equivocada, como todas las opiniones.
Me falta un «esos escritores o esas escritoras» y un «otros autores u otras autoras» para ser medianamente justo… si bien es verdad que la tendencia a indicar en primer lugar al género gramatical masculino podría ser un claro signo de discriminación.
Por ende, recuerdo que la etimología de «humanos» procede de «hombre»… y ya no sigo pero veo que la batalla en el lenguaje es compleja y algo ridícula.
Si bien es verdad que le reconozco la «visibilidad» de «escritoras», en la primera frase, para dejar de asumir que «escritores» solo pueden serlo hombres.
Podríamos sustituir escritores o escritoras por «personas que escriben o que se dedican a escribir» y acabaría por englobar también a aquellos colectivos que no se sienten incluidos en esta bipolar representación.
En algún foro he leído sobre esta serie que es lo que usan en el infierno para torturar a pecadores y pecadoras… pero yo creo que no llega ni a eso, ni a ser tan mala como para eso. Es, sencillamente, bochornosamente tonta.
Parece increíble cómo puede tener tantos tópicos en una única miniserie de no más de 7 capítulos. Puede resultar ideal para verla como excusa para dormir la siesta sin el más mínimo remordimiento ni arrepentimiento.
Es una bazofia de caras monas sin cerebro yuxtapuestas para intentar generar algo de interés, crear algún conflicto… pero las caras sin los cerebros no pueden articular un discurso capaz de poder imaginar que quien lo vertebra es un ser humano.
Sin llegar a la zafiedad de algunas series españolas, resulta vacua, simple y llanamente desierta como la isla en la que se supone que transcurre algo que difícilmente puede ser denominada trama.
Casi parece uno de esos concursos de «supervivientes» famosillos en una playa, donde lo único interesante es la anodina relación falsa que puedan tener algún par de las múltiples combinaciones posibles.
Aún así sigo viéndola para, como he dicho, dejar que el cerebro se esponje un poco mientras leo el periódico o consulto algún artículo de wikipedia que me sirva para preparar las próximas clases de los talleres de poesía.
Carmen se queda dormida un rato a mi lado y yo aprovecho para acariciarle las plantas de los pies.
Pasa el tiempo.
Pasa la vida.
Y en ocasiones pienso que la desperdicio, pero quizá el mantenimiento de intensidad vital es (o me resulta) demasiado cansado para aguantarlo tantas horas diarias.
Mientras estábamos tomando algo en la cafetería Pan Real de Daimiel, me entretuve haciendo pequeñas modificaciones digitales (me habría gustado hacerlas con un lápiz, que no tenía conmigo encima) sobre unas servilletas anodinas que hacen referencia a ese Pan que dice ser Real… (¿de Ciudad Real?)




Un anuncio en internet me ha hecho pensar que había un partido más que se presentaba a las concurridísimas elecciones nacionales del 10 de noviembre.
Pero no, se trataba de un tratamiento de depilación.
Quizá, en el fondo, sea lo mismo: una forma de evitar que te tomen el pelo es eliminarlo de raíz.
Pero no seré yo quien me ponga a criticar políticos (ni políticas, que también existen, aunque no lo parezca) ni a decir que se ríen de nosotros ni nada similar. Simplismo contra simplismo… no es igual a no simplismo. Y este es el enemigo a batir.
Era el cartel
de un restaurante vegano
al que he dejado de ir
por motivos religiosos
(no me gustan los proselitismos)
durante estas vaca
ciones estivales.
Bien podrían cerrar
porque tuvieran siete años
de vacas flacas.
Supongo que será
humor vegano
y no
humor verano.
Una mujer
bajo mi balcón
está teniendo una conversación
que no he podido evitar escuchar
aunque se reduce a unos improperios
y unas cuantas frases de alto voltaje
del tipo:
me toca la polla
¿sabes lo que te digo?
que no hay otro argumento que me toca la polla
me importa una polla
a mí me suda la polla
el caviar tiene que traerlo él
no me sale de la polla
no soy su puta esclava
me la suda
dile que se joda
es un jodido hijo de puta
deberías de haberte salido de la reunión
no se lo dije
ya no no
esto no es para pedirte permiso
o sea
porque no te lo he dicho antes
y ahora empieza a bajar el tono
casi hasta llegar a un conciliador
volumen que invita a pensar
que se está reconciliando con el universo
nacho tiene toques
tiene toques
y este va a ser mi último toque
en qué momento no te das cuenta de que yo no soy tu compañera
que así no tienes que contarme las cosas…
… ya
no estás de acuerdo
navegamos a la orilla del silencio
roto por el bramido de una moto
un camión de reparto
algún coche acelerando
sigue hablando
intuyo
pero apenas perceptible
a la sombra del enfado
que puede o no estar justificado
o necesita o no estar justificado
para verter sus exabruptos
a un millar de decibelios
con una
por otro lado
melodiosa voz
con apetito de hostilidad.

regurgitar:
Del lat. *regurgit?re, de gurgit?re.
1. intr. Biol. Expeler por la boca, sin esfuerzo o sacudida de vómito, sustancias sólidas o líquidas contenidas en el esófago o en el estómago.
2. intr. rebosar (? derramarse por encima de los bordes).
Esa especie de vómito de sustancias que hemos ingerido en otro lugar y que expelemos a diestro y siniestro, publicaciones de Instagram que capturamos para volcar en Facebook, siendo además la misma empresa, imágenes de Facebook que volcamos en Insta, capturas de pantalla de Facebook con un vómito procedente de Insta que incrustamos en un blog que captamos para incluirlo en una foto que enviamos y alguien republica (no república) en otra red social.
Es un juego a regurgitar permanentemente sin creación, sin criterio, sin personalidad, vacuo, hasta rebosar. Pero ¿qué es lo que rebosará?
Y así seguimos.