Dos tarjetas de visita
visitan mi escritorio
recordándome
que no hay recuerdos inútiles
que no hay olvidos incautos.
Dos tarjetas de visita
caen
junto papeles adhesivos
en una dolosa quietud
sabiéndose
obsoletas
como yo.
Diario
Dos tarjetas de visita
visitan mi escritorio
recordándome
que no hay recuerdos inútiles
que no hay olvidos incautos.
Dos tarjetas de visita
caen
junto papeles adhesivos
en una dolosa quietud
sabiéndose
obsoletas
como yo.
Mi teclado va tiñéndose
de mis células muertas.
Casi hay un cadáver
bajo mi ratón.
La R ha sido devorada
por una capa de grasa.
La S ha perdido
las ganas de vivir.
Esc sigue siendo impoluta
sacándome siempre de apuros
tocada por un meñique
que no se cansa de pedir ayuda.
Pero bajo un manto
de materia orgánica depauperada
está la tecla de Inicio
recordándome
que trato de volver atrás
a matriz prenatal
que me arrastre al Fin.
Enter,
Enter,
Enter.

Que cada cierto tiempo alguna persona se acuerde de mí y de mi Proyecto Paraguas, me hace muchísima ilusión y sentirme querido, recordado… cuando me envían fotos como esta, de un paraguas encontrado en mitad de un recorrido vital de alguien a quien, de una u otra forma, mis actos pretendidamente creativos han tocado.
En esta ocasión, mi queridísima amiga Aída B. Márquez me hizo llegar un par de fotos de un paraguas abierto en la calle siendo la boca de una papelera amarrada a un semáforo.
Cuando te duele el estómago
y piensas que una palabra esdrújula
debería doler menos.
Cuando te duele la cabeza
y piensas que las palabras llanas
expresan muy bien su contenido.
Cuando te duele el corazón
y piensas que las palabras agudas
son todas esdrújulamente metafóricas.

Reciclo una caja de botellas de vino
que se usó en la presentación
de un libro de poesía
del que edité 100 ejemplares
para un poeta a quien quiero mucho.
Lleno
la caja de botellas de vino
de libros de poesía
de los que ya llevamos 200 ejemplares
impresos
de una poeta a quien quiero mucho.
Etiqueto la caja de botellas de vino
conteniendo libros de poesía
como si fuese una botella
que se lanza al mar
y la preparo
para que una empresa de mensajería
realice el envío
hacia un nuevo destino
donde será abierta.
Los libros de poesía
en la caja de botellas de vino
estarán en los oídos
y en las manos
de personas
que quizá
algún día
lo celebren
bebiendo unos libros
y leyendo unos vinos.
los bacilos barros son insondables
formas de amar inundar tu inconsistencia pecho
nuestra piel de pistacho con ojos lloros
una mirada mañana oblicua hacia la pena bahía
sin abrigar robar la loca fértil altanería
con bacilos de lácteo rojo manantial.
Fotos de la entrega de Premios en Metálico (Gracias Alejandro Gallego Fernández) y diplomas a las personas galardonadas en el I Certamen de Poesía Potencialmente Inexplicable.
Se procedió a la entrega de los premios, se comentó el proceso de adjudicación de los galardones y se abrieron todas las bases «cerradas» hasta el momento presentadas por los y las miembros del ínclito jurado (Alejandro Gallego, Tanja Ulbrich, Anita Ges, Ernesto Pentón, Eva Obregón, Kay Woo y José Luis González).
El dúo trío infernal
cayó borboteó bajo sobre el embrujo
de una torpe mirada sorda muda sordomuda
con la piel nube de cristal goma
en el regazo delantal azul amarillo rojo púrpura
sin piedras rocas en la mente cabeza.
No paso un día
sin morir agonizando
por humo infinito.
Tu prohibición mató
mi ansia por fumar,
mató mi dicha
y hoy no viviría
ni un minuto más
sin un cigarro
rozando mis labios blancos,
podridos labios moribundos.
Hace mucho que no uso la palabra neanthertal
como insulto
quizá porque no es más que una población
que no ha de pensarse que
por extinguida
fuese inferior.
En el fondo
utilizar neandertal (con esa d pronunciada como tal)
como insulto
es insultante
para la raza humana
que se convirtió
en genocida
de sus congéneres.
Los neandertales
o neanthertales
no consiguieron
exterminarnos
aunque puede
que también lo intentasen.
El insulto
es cada vez más
una palabra poco descriptiva
que procuro no usar
pues de la única persona que dice algo
es de quien lo emplea.