Ahora que está en auge el rock cristiano, las series o películas en las que el cristianismo hace proselitismo sin ambages, en las que el producto de mercadeo musical por antonomasia se declara creyente, encuentro cruces en lugares insospechados como en estos altavoces que perfectamente podríamos denominar altacruces.
El viernes 31 de octubre, Kay Woo nos invitó a asistir al concierto de Música Clásica Coreana que se organizaba en el auditorio de la Escuela Superior de Canto de Madrid con motivo del septuagésimo quinto aniversario de relaciones hispano-coreanas.
El grupo Sae Taryeong, compuesto por Eun Ae Lee y David Alegra) interpretó diversos temas de Música Clásica Coreana, algunos mezclándolos con músicas tradicionales españolas, como la copla o el flamenco.
Fue una maravilla de concierto en el que lo único que hice fue suspirar y soltar alguna lagrimita, pero de pura emoción estética. No podía parar de recordar a Carmen y lo mucho que le habría gustado estar viéndolo, estar viviéndolo. Fue una experiencia de las que no olvidaré jamás.
En un acto de osadía y algo de desvergüenza, le propuse que interpretase un tema que hablase de Encuentros y Desencuentros, como ella decía tener en su repertorio y se lanzó a cantarla a capela sin acompañamiento musical y en un lugar con la acústica de una cafetería apiñada de gente y ruido.
Fue precioso entonces, pero verla brillar en todo su esplendor en esa noche del 31 de octubre, fue absolutamente cautivador. No podía quitar mis sentidos de la atención que generaban tanto ella como su compañero, David Alegre, quien fue introduciéndonos en los distintos temas con gran simpatía.
Es un regalo estar rodeado de personas tan maravillosas.
Dicen de ellos lo siguiente en un vídeo de YouTube que he encontrado en este mare nostrum llamado InterNet:
presenta una fusión de música tradicional coreana con la tradición clásica occidental, interpretando un repertorio de canciones populares del Norte y Sur de Corea con voz tradicional de canto coreano junto con voz clásica acompañado de instrumentos coreanos como el janggu y el gayageum así como por la viola y el piano. Del impulso e inquietudes artísticas de la cantante y percusionista coreana Eun Ae Lee, surge este grupo como un espacio de encuentro con artistas de diferentes países y dilatadas trayectorias con un deseo común de reconocerse: Oriente en Occidente y viceversa.
EUN AE LEE
Cantante y percusionista, Diplomada en Arte y Estudios de Música Tradicional (2001, Corea). Licenciada en Economía y ADE (2013, Corea). Máster en Musicoterapia Avanzada y Aplicaciones (2022, UAM). Tiene una amplia trayectoria dentro del ámbito de la música tradicional coreana que comienza en 1997 al ganar la medalla de bronce en la categoría de música vocal tradicional del Ministerio de Educación en Kangwondo. Ha recibido numerosos galardones desde entonces. En 1999, debutó en la Expo Internacional de Turismo de Gangwon con actuaciones musicales tradicionales y de intercambio cultural. A día de hoy mantiene una intensa actividad con diversos grupos musicales, y participa asiduamente en diferentes programas de televisión de Corea del Sur. Igualmente, ha colaborado con el grupo vocal Millennium y RTVE. En 2012 funda el grupo LEESARANG que dirige desde entonces en conciertos y diversos eventos por toda Europa y Corea del Sur. Jefa de artistas del Centro Yeonnam Art Community en Mapo-gu, Seúl (2015-16). Directora de organización de eventos musicales Fundación de Economía y Cultura Coreana en Seúl (2017-19) En 2017 recibió el Gran Premio de Música de la Sociedad Cultural Económica de Corea del Sur por su labor de promoción de la cultura coreana y por haber contribuido al intercambio cultural con diversos países.
DAVID ALEGRE
Título Superior de Viola con mención honorífica (RCSMM), de Violín Barroco (RCSMM) y de Canto (Escuela Superior de Canto de Madrid). Participa en varias orquestas y grupos de cámara profesionales (Orquesta de RTVE, Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, Grupo Enigma del Auditorio de Zaragoza, Academia de Música Contemporánea del CDMC…). Docente de viola en el CIEM Federico Moreno Torroba de Madrid. Estudia música medieval con La Reverdie, Crawford Youg, Kees Boëke, Jill Feldman, y Juan Carlos Asensio, y forma junto a la musicóloga Paloma Gutiérrez del Arroyo el Ensemble Puy de Sons d’Autrefois. También crea y dirige Les Plaisirs, compañía dedicada a la adaptación para la escena de repertorio musical de los siglos XVII y XVIII. Completa su formación en técnica vocal con David Mason y Fátima Miranda; en repertorio musical con César Belda; en jazz con Domingo Sánchez; y en el terreno de músicas del mundo y tradicional con Parvathy Baul (canto Baul, India) y Meghana Sardar Kenjale (canto Dhrupad, India) entre otros. Actualmente imparte clases de canto en la escuela de actores Acción-Escena.
Viendo este «meme» que ya me ha aparecido varias veces en la red social FaceBook, me da por pensar que la relación que yo haría sería de apellidos a apellidos:
Al contrario que Ms Swift, Brook Taylor no es tratado como «Brook», quizá porque es un hombre, quizá porque es más prestigioso, quizá por… Vaya usted a saber. ¿O no?
Así que yo, en realidad, el «meme» lo habría hecho entre esta mujer y otro Swift, que, en mi caso, siempre será Jonathan Swift.
He de decir que creo que no he oído (conscientemente) ninguna canción de esta cantante como para juzgar su valía más allá de sus dotes mercantiles, que reconozco sobradamente probadas, pues incluso sin haberla escuchado (o saber cómo suena), sé mucho más de ella que de la biografía de Brook o de Jonathan.
Au Revoir Simone (band): Descubiertas (para mí, claro. Ya lo estaban) por ver por primera vez en mi vida Twin Peaks. Suelen tocar en la última secuencia de algunos capítulos de la serie de 2017. Obviamente, no habían ni nacido en 1990.
Es una banda definida como «indie de Brooklyn», que tiene temas muy tranquilos mezclados con otros demasiado tecnificados para mi habitual consumo musical. No todo me gusta de ellas, pero me ha encantado encontrarlas.
El domingo pasado presenté el proyecto Paraguas, tal y como estaba previsto, en uno de los más bellos y delicados espacios de Madrid.
Escribí una breve y muy merecida reseña del lugar en Google, para ayudar a la difusión de uno de los mejores lugares que conozco en esta ciudad:
Madrid Music Hall es dirigido con talento, dedicación, esfuerzo, pero sobre todo con ilusión y amor, por Marta Aranda, quien ha logrado en menos de 2 años convertir una antigua oficina bancaria en una maravillosa escuela de música que además de enriquecer a la población local con cultura, ofrece la oportunidad (muy escasa en esta ciudad) de seguir sus eventos, de organizar eventos artísticos, literarios, musicales… en un Auditorio perfectamente equipado (con piano de cola incluido en el escenario) y diligentemente atendido.
No puedo imaginar un lugar mejor que nace con la voluntad de hacer del mundo un lugar mejor.
Gracias a la organización por su trabajo y auguro felices años venideros llenos de poesía, música, artes y belleza, platónica belleza, de la de «bueno/bello/vero».
No perderse su programación de eventos y cursos. ¡De lo mejor!
Algunas de las fotografías que se hicieron el domingo pasado muestran lo agradable que resulta una presentación en este espacio:
Me dice la compañía de venta por catálogo más grande del mundo (con permiso de alicosas) que quiere ofrecerme su servicio de música por subscripción y que aún no he utilizado ese servicio suyo (otros sí, lo reconozco con algo de vergüenza).
Para que lo use (sé que saca información personal que luego venderá) me «regala» 5€ en descuentos.
Y no estoy para despreciar 5€. Es triste. Patético.
Así que me aventuro a usarla, sabiendo que en cuanto me «regalen» esos 5€, volveré a seguir usando mi cuenta de Spotify, que dejó de ser de pago para no pagar 5€/mes que no puedo permitirme, pues el incremento de gastos fijos es inaceptable.
Para realizar un pequeño (absolutamente insignificante) acto de rebeldía, he buscado y «sintonizado» algo punky, pero me queda más que patente que «punk’s not dead»
Dice una voz en Spotify que tener premium es la libertad
la libertad de elegir lo que quieras escuchar tus canciones preferidas
la libertad de descargarse canciones
la libertad de oír tu música dónde y cuándo quieras.
Dice una voz en Spotify que tener premium
es tener el dinero para pagarlo
es tener el dinero que arrancas de otros bienes o servicios, quizá más necesarios
es tener el dinero que te permite comprar la libertad.
No habla de derechos soberanos.
No habla de derechos civiles.
No habla de derechos libertarios.
Habla de que la economía se impuesto a la ética.
Habla de que la economía ha matado a dios.
Habla de que la economía es la felicidad.
Y solo por eso
cada vez que lo oigo
me alegro de haberme dado de baja
para poder mantener mis gastos fijos
lo más bajos posibles
y sentirme (sí, sentirme)
libre.
No tiene la menor importancia (como casi todo lo que me afecta), pero hace unos días tuve una conversación con un sobrino de Carmen sobre por qué no dejo que los algoritmos simplifiquen mi vida.
Es cierto que no estoy libre de ellos, y si creo lo contrario mi ingenuidad no tendría límites, pero me gusta mantener ciertos hábitos que considero saludables de esfuerzo en la búsqueda, pues resulta interesante interesarse y no dejar que me resuelvan la vida.
Quizá las listas sugeridas de Spotify sean mucho más de mi agrado que buscar por mi cuenta los artistas que me interesan y seleccionar «manualmente» el «vinilo» que quiero que suene, en lugar de «abrir mi mente» a las sorpresas que el algoritmo pueda tener preparadas para mí, para mis gustos que conoce con absoluta precisión, mucho mejor de lo que yo pueda llegar a conocer.
Quizá gracias al algoritmo descubra otra manera de escuchar música, otras músicas, pero con una nueva metodología de hallazgo.
Y es que este es el quiz de la questión, que no quiero hallar, sino buscar, quiero equivocarme, quiero cometer errores, quiero ser humano (pero no transhumano) y es que, quizá, me estoy quedando obsoleto.
Parece ser que está de moda (por decirlo con sorna) salir a las ventanas a las 20:00 a aplaudir a personal sanitario de los hospitales que quedan en pie tras la privatización que solicitó el pueblo soberano tener en las elecciones que han tenido lugar en los últimos lustros en este país y sus diferentes autonomías.
Dentro de esa algarabía de aplausos y saludos, se ha comenzado a poner música en los balcones y ha hecho furor la versión de El Dúo Dinámico titulada «Resistiré» con una letra, como casi todas las del Dúo (de quienes fui ferviente seguidor en mi adolescencia). Sin embargo, siempre preferiré la homónima canción de Barón Rojo que añado al final del texto.
Resistiré, del Dúo Dinámico
Cuando pierda todas las partidas Cuando duerma con la soledad Cuando se me cierren las salidas Y la noche no me deje en paz Cuando sienta miedo del silencio Cuando cueste mantenerme en pie Cuando se rebelen los recuerdos Y me pongan contra la pared Resistiré, erguido frente a todo Me volveré de hierro para endurecer la piel Y aunque los vientos de la vida soplen fuerte Soy como el junco que se dobla Pero siempre sigue en pie Resistiré, para seguir viviendo Soportaré los golpes y jamás me rendiré Y aunque los sueños se me rompan en pedazos Resistiré, resistiré Cuando el mundo pierda toda magia Cuando mi enemigo sea yo Cuando me apuñale la nostalgia Y no reconozca ni mi voz Cuando me amenace la locura Cuando en mi moneda salga cruz Cuando el diablo pase la factura O si alguna vez me faltas tú Resistiré, erguido frente a todo Me volveré de hierro para endurecer la piel Y aunque los vientos de la vida soplen fuerte Soy como el junco que se dobla Pero siempre sigue en pie Resistiré, para seguir viviendo Soportaré los golpes y jamás me rendiré Y aunque los sueños se me rompan en pedazos Resistiré, resistiré
Ingenuo de mí, lo que me imaginaba es que la gente cantaba a voz en grito la versión de Barón Rojo… oh, triste Barón, de quién se apagó su gloria…
Resistiré
Barón Rojo
Criminales disfrazados, seres sin razón ni piedad. No hay palabras en el mundo que definan vuestra maldad. Por dinero asesináis, por placer aniquiláis, por poder nos destruis. Suciamente mentís aunque siempre vigiléis y mis datos proceséis no es tan fácil hacerme callar.
Resistiré, Resistiré hasta el fin Resistiré, Resistiré hasta el fin.
Ordenáis a los profetas que hablen de la guerra mundial. Lleváis siglos maquinando el final de la humanidad y queréis hacer creer que os importa nuestro bien pero oculta en el disfraz hay un arma mortal.
Nos habláis de sumisión, nos pedís resignación pero no me dejaré engañar.
Resistiré, Resistiré hasta el fin Resistiré, Resistiré hasta el fin. Yo maldigo…
No puedo dejar de imaginar esta canción con el adjetivo de moda. Parece que todo el mundo le dijese a todo el mundo (con lo que no queda nadie que no lo reciba) que es «fascista», sin importar lo más mínimo el verdadero significado de la palabra. Así que, ya sin importancia, ¿qué tal sería cambiar el «REBELDE» por «FASCISTA» en esta «bonita» canción?
La pequeña adaptación daría lugar a este simpático resultado:
Yo soy fascista
porque el mundo me ha hecho así
porque nadie me ha tratado con amor
porque nadie me ha querido nunca oír.
Yo soy fascista
porque siempre sin razón
me negaron todo aquello que pedí
y me dieron solamente incomprensión.
Y quisiera ser como el niño aquel
como el hombre aquel que es feliz
y quisiera dar lo que hay en mi
todo a cambio de una amistad
y soñar, y vivir
y olvidar el rencor
y cantar, y reír
y sentir solo amor.
Yo soy fascista
porque el mundo me ha hecho así
porque nadie me ha tratado con amor
porque nadie me ha querido nunca oír
Y quisiera ser como el niño aquel
como el hombre aquel que es feliz
y quisiera dar lo que hay en mi
todo a cambio de una amistad
y soñar, y vivir
y olvidar el rencor
y cantar, y reír
y sentir solo amor.