
Árboles nube
superan rascacielos
frente a mis ojos.
Coches pequeños
recuerda bajo palio
su minudencia.
Tras las ventanas
hay jardines flotantes
en las miradas.
El cielo azul
rompe punta de lanza
entre el follaje.
Diario

Árboles nube
superan rascacielos
frente a mis ojos.
Coches pequeños
recuerda bajo palio
su minudencia.
Tras las ventanas
hay jardines flotantes
en las miradas.
El cielo azul
rompe punta de lanza
entre el follaje.

Aseos Públicos está corregido. Es un cartel que había puesto seguramente alguien del centro sanitario donde he fotografiado este pequeño detalle. Alguien, seguramente, infrapagado.
No esta (!!) permitido… Es un cartel que les envía la Comunidad de Madrid a todos los centros sanitarios.
Sí. La ortografía está suspensa en las administraciones públicas o publicas o publicás o, casi diría, impúdicas, por no decir púbicas.

Quizá por ello desconfío de la fotografía, de la belleza visual, como artificio superficial que esconde un holocausto en su raíz.
Se yerguen las torres sobre la especulación inmobiliaria más salvaje que ha vivido esta ciudad.
Desafían viento y marea y hacen sentir que quienes adquieren propiedades allende las nubes han ascendido a un cielo inexpugnable.
Los dioses indestronables del Olimpo se ríen de nosotros y de nosotras. También las diosas ríen.
En la niebla se funden paralelas en una fuga ruidosa de silencio asesino.

De camino a la casa de mi amiga Vera Moreno, me encuentro que las calles que rodean la suya son nombradas en honor a escritoras románticas.
Es Rivas. No me sorprende. Me hace gracia y siento que son miguitas que van acercándome a mi destino. Mi amiguita también es escritora, aunque no diría yo que romántica, sí lírica.
Me encanta que haya 1234 personas interesadas en el grupo del Taller de Poesía y Escritura Creativa de Meetup. Casi tanto que me darían ganas de no dejar que entrase más gente y se quedase en ese número indefinidamente, pero sé que hay personas que dejarían de estar interesadas, con lo que el número cambiaría irremediablemente. Es triste (o no), pero a veces para permanecer en el mismo sitio, no se puede parar de avanzar. Es lo que llamo la paradoja del desarrollismo, o la naturaleza de la vida, esa enfermedad mortal de transmisión sexual que se cura con la muerte, como gusta decir a mi amiga Lilian.
Evolucionar para permanecer en el mismo lugar del río, para que el río de Heráclito sea el estanque de Parménides, toca nadar y nadar sin denuedo.
No he podido sustraerme a la intervención realizada sobre una fotografía (no sobre la pared, que me da algo de pudor y casi me asusta) de esta fachada del antiguo Palacio de la Música de Madrid, que tuvo el mal gusto de cerrar para convertirse en un edificio propiedad de Caja Madrid, que luego fue Bankia y ahora es Caixabank, pero que nunca devolvió el dinero prestado para su recuperación. Esa empresa no es tachada de okupa, precisamente.
La foto original está a continuación:


Varios días desayuno, tras llegar de la piscina, en el estudio sobre manteles improvisados con instrucciones en idiomas ignotos de impresoras o insumos diversos. Compro una barra de pan y me hago un «bollo» con aceite de oliva virgen extra y un poco de azúcar o unas tostadas (sin tostar) con aceite y sal.
Mientras tanto, caliento una tetera con algún té potente para comenzar la mañana con energía y vitalidad, además de para calentar un poquito el cuerpo por dentro.
Hoy he tenido que recargar el bote donde guardo el té «English Breakfast» con este sobre que he agotado comprado en la tienda online Aromas del Té ya que mi preferida, una tienduca llamada Casa Oriental que estaba cerca de la plaza de herradores, pero que echó el cierre durante el confinamiento. Les intenté comprar por Internet, pero fue un desastre, así que me decanté por esta Aromas del Té, en la que realicé un pedido de más de 40€ que se va agotando.

Pero sigo echando de menos aquella pequeña tienda de Herradores, cuando volviendo de Conde de Romanones, de dar una clase particular, hacía escala y compraba té y pan en el Museo del Pan Gallego.

No entiendo.
No puedo.
No puedo entender dónde están ahora quienes se manifestaron en contra de Madrid Central cuando fue aprobado por Manuela Carmena.
No puedo entender dónde están ahora quienes apoyaban Madrid Central.
No puedo entender a quien votó contra el actual consistorio por su desacuerdo con Madrid Central.
No puedo entender nada salvo que afirme que hay personas tontas.
No puedo afirmar que hay personas tontas y seguir creyendo en la democracia como una forma de gobierno que le dé igual valor al voto de personas tontas y de personas no tontas.
No puedo afirmar que yo no sea tonto.
No entiendo.
No puedo.
O sí entiendo.
Y entonces…
Después de debatirme sobre si seguir realizando los encuentros de N’Clave de Po(esía) online o, incluso, presencial pero con opción de asistir virtualmente, Carmen me preguntó que si estaba cansado de las clases «mixtas» por qué iba a hacer esta actividad online o mixta.
Fue una pregunta acertadísima, como suelen ser sus observaciones, así que le dije que tenía razón, que la haría de nuevo presencial, como antaño, como hace casi ya 2 años, y que viniese quien quisiese, como al fin y al cabo siempre ha sido y me gusta que sea.
Así que hoy volvemos a programar presencialmente en Clave 53 nuestra tertulia (o espacio de lectura) en que proponemos que se lea poesía al calor de una taza de té, mientras escuchamos a otras personas que lean, cambiando de rol sin ninguna otra moderación que las habituales en la convivencia pacífica de individuos, es decir, sin necesidad de un líder que imponga reglas de orden y concierto, muchas veces superfluas.
Está anunciado el evento en Facebook y también en Meetup, de donde suele acudir un porcentaje mínimo de las 18 personas que se inscriben como máximo. Esperemos que ese overbooking no suponga un problema en estos tiempos pandémicos.

Ahí estaba la luna
sobre el capitol de la capital
sobre los precipitados adornos navideños
a mitad de mañana
a destiempo
enjambre de verdades sobre publicidad
blanqueando un pedacito de cielo
como si no fuese con ella
dejando en ridículo
la terrible necesidad de crecer del hormigón
la terrible necesidad de crecer del comercio
la terrible necesidad de crecer del silencio.
Ahí estaba la luna
y yo
perdido en su mirada.