Hipotecas

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Sin restar importancia al hecho de que también el banco se debió hacer responsable de algunos de sus errores (directamente responsable, sin salvaciones ni ostias… y entonces sí habría habido una revolución, claro), sin restar esa importancia, insisto, corregiría el punto 3 de la siguiente manera:

El banco me ofreció una hipoteca para comprarla, conociendo mi situación económica.

Y agregaría un 3.5 tremendamente importante: acepté las condiciones, conociendo mi situación económica.

Un comentario con respecto al punto 4: Supongo que yo no sabía, cuando pasé por ese punto 3.5 que falta, que en algún momento podía ocurrir. Porque de haberlo sabido habría sido un poco irresponsable. ¿O tampoco?

Sobre el punto 5, una aclaración conveniente: lo que me ofreció el banco y yo acepté fue dinero (un préstamo) con unas condiciones, entre otras, intereses a abonar… quién realmente me vendió la casa fue una promotora/constructora. En realidad es con estos con quienes creo que tendría que hablar para devolverles la casa y pedirles que me devolvieran mi dinero… aunque eso va a ser difícil. (Meterme en la propiedad de estas promotoras/constructoras por parte de los bancos es algo que me supera en esta entradilla)

Pero el dinero y su disponibilidad inmediata no son lo mismo. En medio está lo que llamamos el precio del capital. (Sí, estamos en un sistema capitalista).

En cuanto al punto 6, está claro que hay que repasar, en eso de los sistemas capitalistas, cómo funciona esa famosa ley de la oferta y la demanda. Aunque se puede (posiblemente con cierta razón) aducir que era un complot prepensado para hacerme caer en sus redes especulativas. Aunque conozco una amiga, una muy buena amiga, que nunca se atrevió a comprarse una vivienda (en realidad no estaba dispuesta a pasar por el omitido paso 3.5) y ahora sigue feliz en su casa alquilada cerca de la mía (comprada completamente, con una hipoteca que terminé de pagar, adelantándome a su finalización con amortizaciones que iban liberándome cada día más, incluso a costa de perder beneficios fiscales).

No voy a decir que la culpa (caso de haberla) sea exclusiva del comprador: el precio de los alquileres de viviendas llegaron a ser tan altos y la «facilidad» de conseguir una hipoteca a bajos intereses (aunque en ocasiones eran intereses revisables) era tan sugerente que no hacía una propuesta de austeridad, salvo la que venía cada cierto tiempo del BCE (el odiado Banco Central Europeo) solicitándole a España que subiese los tipos de interés para desincentivar el endeudamiento particular.

Ya en el 2007 mi amiga María se manifestaba contra el precio especulativo de las viviendas y la desregulación del mercado inmobiliario, pero era ella y un grupito de perroflautas que en Sol (entonces no era Vodafone Sol) no ocupaban ni un 2% del espacio de la plaza. Los demás decían que era una tontería de jovenzuelos que no querían invertir… (esta era una palabra clave que muchos nos creímos).

Lo siento pero Forges, en esta ocasión, me parece simplista y populista (sinónimos, por cierto).

Que el precio de la vivienda (del suelo) es alarmantemente alto en Madrid era un problema ya en 2003, cuando alquilar un local era tan caro que debías subir precios de actividades que realizaras en él para poder hacer frente a estos gastos fijos. La acumulación de la propiedad en manos de unos pocos grandes poseedores que se permitían el lujo de mantener locales sin alquilar ni vender si los precios no eran los que marcaban, llevaba a situaciones demenciales (hace más de 12 años, no con la crisis…).

Ese fue uno de los grandes problemas de nuestra economía. Pero se veía (por muchos) como una «oportunidad» de negocios: compra y luego tu casa valdrá más y más y más… y la ambición rompió muchos sacos.

Y la irresponsabilidad de algunos que avalaron la ambición de otros, porque tener un hijo no ambicioso era una vergüenza. (Ahí tengo unos tíos que han perdido una casa por avalar las ambiciones irresponsables de un primo mío. Por suerte, tenían otra vivienda menor…)

Repito, como al principio, que no es tan simple… claro que podríamos hablar de responsabilidades compartidas, especialmente a partir del momento en el que un banco privado (que también debería saber que puede ser arriesgado) es rescatado de la ruina con dinero público. Sí, en un sistema capitalista, en el que se rescata deudas de las grandes fortunas, pero no de las pequeñas propiedades.

Esto es injusto aunque sea justificable. Por más que se me repita que se trata de un préstamo para evitar conflictividad social. Sí, sí… préstamo que, sin embargo, no se renegocia con quién está en dificultades para hacer frente a sus pagos hipotecarios.

Bien está que se regule un poco más la adjudicación de hipotecas, la tasación de viviendas, la renegociación de deudas… pero esto conllevará, entre otras cosas, espero, la dificultad para pasar tan rápidamente del punto 1 al punto 2. Si una casa me gusta… tendré que pensar mucho más antes de dar el siguiente paso. Entre otras cosas porque lo lógico sería que no me dejasen pasar al mismo. Pero esto es intervencionismo: demasiado poco capitalista… me acabarán acusando, después de todo, de comunista.

Por cierto, tampoco estaría de más el aumento impositivo para segundas viviendas (y terceras y cuartas…), especialmente desocupadas, hasta desincentivar la acumulación de bienes inmuebles con los que permitirse la especulación. Pero, de nuevo, esto acabará por desincentivar la inversión para la creación de empleo (en un país de burbujas) y… bueno, sigo diciéndolo: es más complejo de lo que yo sé.

Ayer nevaba

y hoy el azul metalizado
de esta ciudad de carbón
vuelve a rutilar en el cráneo
de un dios de la mitología nórdica
donde habitamos
rodeados por una serpiente
de boca ancha.

Ayer nevaba
casi insensiblemente
sobre nuestros cristales
sobre nuestros pesares
sobre nuestros recuerdos
sobre.

Ayer nevaba
copos únicos
e indistinguibles
copos albos hasta el alba
en que murieron todos
(todos)
con la indecencia de la sabiduría
que da la miseria de la nostalgia.

Ayer nevaba
y olvidé que un muñeco de nieve
es pecado mortal
para algún que otro imbécil.

Ayer nevaba

pero eso era ayer.

Productos españoles

productos españolesSoy consciente de la mejora medioambiental deducible al comprar localmente y no remotamente, reduciendo los costos energéticos de transporte, aunque no sé si siempre es aplicable, puesto que la eficacia de la centralización en la producción no es baladí.

No obstante, no tengo claro las cantidades exactas de las distintas «huellas» de carbono o similares dejadas por una u otra forma de consumo.

Sé que producir localmente para su consumo local aumentaría la cantidad de mano de obra local requerida. Esto parece evidente, al menos… sin entrar en pormenores como transportistas o importadores…

Pero hay dos cosas que sigo sin entender:

1.- ¿Por qué seguimos queriendo «trabajar»?

¿No sería más lógico desear reducir la cantidad de tiempo dedicada a laborar, aumentando la cantidad de tiempo dedicada a obrar? Obvio que se me dirá que entonces cómo se adquieren los bienes y servicios que se desean. Pero esa es otra cuestión derivada de la injusta repartición de los beneficios de la producción, no de la necesidad de formar parte de la maquinaria de la misma.

2.- Se reduce el paro en España, lo que es bastante «nacionalista» si nos damos cuenta. ¿Qué ocurre fuera? ¿Importa? ¿Por qué España sí y, por ejemplo, Cataluña no?

Sé que son buenas intenciones, pero no tengo claro ninguno de estos dos puntos, para empezar. Hay otros tantos puntos menores que tampoco tengo claros… pero se trata de tener las cosas claras, ¿verdad?

Procuro, dicho en voz baja, no apoyar franquicias, apoyando la pequeña y mediana empresa, pero sobre todo por la forma en la que se reparten los beneficios de las mismas. Si cambiase esta forma de reparto, por ejemplo, si existiese una franquicia cooperativista, donde los propietarios fuesen los trabajadores, supongo que no tendría el más mínimo reparo en acudir a la misma.

Y digo «en voz baja» porque no siempre lo hago: tengo poco dinero por decisión propia y me implica un cierto tipo de «sacrificios» entre los que tengo que elegir, por ejemplo, entre «económico» vs «ecológico»… y no siempre es fácil, pero en muchos casos acabo decantándome por lo económico.

También en cosas menores, como unas cañas a precios razonables halladas en franquicias que van a acabar con los minoristas de bares qué lugares… pero es que nunca me pareció razonable que, con la excusa del cambio al euro, una cerveza pasase de costar 100 pesetas a 1 euro… así, sin anestesia. Supongo que algunos dueños de hostelería se forraron con ello. Si no lo hicieron, querría saber qué fue de ese incremento.

En España gran parte del aumento de los precios se le debe a la burbuja inmobiliaria, entre otras cosas porque aumentando el precio del suelo, todo lo demás debía ir en consonancia para poder hacer frente a los pagos de lo «básico» en un sentido casi literal de la palabra.

Ya nos ocurrió cuando manteníamos un espacio abierto para la Asociación Cultural Clave 53 en Campomanes y no podíamos bajar los precios por debajo de un umbral que nos hiciera posible afrontar el pago del alquiler, desorbitado pero a precio de mercado.

Y conozco amigos que ganaron (y aún ganan) dinero gracias a ese incremento del precio del suelo. ¿Son especuladores? En pequeña medida claro que lo son, pero el sistema capitalista se basa en la especulación, en esa mezquina ecuación del precio de mercado, de la ley de oferta y demanda… Y nada tiene que ver con el valor de las cosas.

Bueno, creo que he terminado por desviarme mucho del tema, pero he de reconocer que no tengo claro cuál es mi reacción cuando veo este tipo de llamamientos, y en la mayor parte de las ocasiones, simple y llanamente, los ignoro.

Eso sin mencionar lo «imposible» de algo así en un mundo tan profundamente globalizado, que hace que «los productos españoles» acaben teniendo, sí o sí, en algún lugar de su cadena de producción, un contenido «no español».

Sinceramente, ser ético no es solo consumir de acá o de allá, sino hacerlo con conciencia… y no siempre tenemos la capacidad de conocer tantos detalles como para poder tomar una conciencia bien fundamentada.

Al menos, yo, me reconozco inculto al respecto. Seguro que hay mucha gente que no se reconoce tal.

Glorieta de Embajadores

He estado dándole clases particulares a un chavalín que al final ha sacado muy buenas notas y ha comprendido que era capaz de conseguirlo sin necesidad de trucos baratos o copiar de un compañero. Tras un proceso de acercamiento, hemos logrado aceptarnos (yo a él, pues intencionadamente no me dejo conocer, para que él no tenga que aceptar lo que seguro que no aceptaría) y hacer de estas clases algo agradable.

Este verano suspendió Física y Química de 1º de la ESO y no parecía que le fuesen a ir mucho mejor las cosas en septiembre, pero se puso las pilas y le di unas cuantas últimas tutorías (muy persuasivas) en las que insistí en la necesidad del sacrificio temporal de placeres vanos para conseguir un fin a medio o largo plazo.

Durante estas 5 últimas sesiones, he estado yendo a su casa caminando, para darme cuenta de que tan solo tardo 10 minutos más andando que en metro. Y es un lindo recorrido de unos 2 kilómetros y medio, dentro del cual recorrer completa la calle en la que nací: Mesón de Paredes.

En una ocasión, llegué tan temprano que decidí tomarme un café en la glorieta de Embajadores y sacar esta fotito para enviársela a mi madre a quien recuerdo recogernos (a mi hermana y a mí) cada tarde a la salida del colegio Legado Crespo una de cuyas esquinas se ve en la imagen, y llevarnos de vuelta a casa, que era un recorrido de, apenas, 250 metros (10 veces menos, curiosamente).

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Eran otros tiempos, era otra ciudad, casi diría, y la recuerdo con cariño, mucho más gris y descolorida, con predominancia de tonos apagados, ocres, deslucidos, como el triste color de la moqueta de mi habitación, como el humo de la tabacalera, siempre funcionando, como el traje de los agentes de la ley, ilegal, impuesta por un golpe de estado.

Recuerdo el azul añil del uniforme escolar de los chicos y el rojo (encarnado) de las chicas, las corbatas con gomita al cuello para ellos (y ellas) y las falditas plisadas para ellas; los pantalones cortos y los zapatos duros, negros, paramilitares.

Creo que yo era célebre por el desaliño con el que solía terminar las jornadas escolares, aunque esto no lo recuerdo.

Sí que recuerdo comer en el comedor escolar lo que pusiesen y no protestar nunca. Ingerir lo que los seis compañeros comensales solían dejarse por melindres, por asquerositos… o sencillamente porque el huevo frito siempre llegase frío a las mesas. Me encantaban los días en los que había de comer lentejas porque al día siguiente tocaban lentejas con arroz.

Era un colegio de clase media, sin exquisiteces, sin excesos, con mucha moderación, laico, en una época en la que era algo mucho más inusual que hoy en día, que comenzaba a admitir chicos (fui uno de los primeros) en unas aulas principalmente femeninas. Creo que mi madre había tenido algo que ver en mi admisión gracias a que ella había sido alumna del mismo colegio, pero se lo tendré que preguntar algún día para ver si de tanto repetirlo consigo recordarlo.

Y es que la clase media de entonces no era la de ahora, cuando pensabas en clase media pensabas en austeridad, en ropa de los primos, en ofertas para comer constantemente, en hacer cuentas con cada uno de los gastos, en llevar apuntado lo que te habían regalado, para no pasarte, en tomar una aceituna de tapa con un trinaranjus, en ir andando al colegio, en aprovechar cualquier resto de cualquier cosa para otra cosa… El despilfarro (entre la clase media) era casi pecaminoso y fue llegando la democracia y el auge económico y el consumo… y mucha, también mucha, tontería.

Qué raro: Hoy me siento nostálgico, pero sé que fue esa fotografía, que muestra una glorieta centro de mi vida durante más de 10 años.

¿Cuál es mi centro ahora?


Día de piscina

No soy muy «de piscinas», pero volver a Madrid sabiendo que no tiene playa implica ciertos sacrificios… y si son como este, pues bienvenidos sean. La piscina municipal de Lago nos tuvo ayer contentos y entretenidos durante casi más de 5 horas por tan solo 5 euros. Y eso que el precio no me pareció baladí, teniendo en cuenta que es una piscina municipal, supuestamente dedicada a los menos favorecidos puesto que los más favorecidos viven en comunidades con comodidades.

La comida, una riquísima ensalada de pasta que hice en casa el día anterior. Completamente dominguero con toques de landismo (habría sido más propia una tortilla de patatas con pimiento).

El camino de vuelta lo hicimos, tras la aparición de unas nubes malhalagüeñas, caminando junto al lago que da nombre a la estación de metro, por el paseo del embarcadero, atravesando el costoso parque de Madrid-Río, bonito, si no se tiene en cuenta la deuda asociada y si no se piensa en lo que se podría haber hecho con el dinero gastado en esa faraónica infraestructura.

El centro de la ciudad nos esperaba con casi cinco grados más de temperatura en los termómetros, una densidad de población creciente tras el periodo vacacional y una película a precio de día de espectador. Vimos la amable cinta titulada Belle, sobre el precio de un ser humano en una sociedad cuantitativa, clasista más que racista que bien podría recordar a las elecciones en las que Obama resultó vencedor.

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Gran Vía Láctea

Parece que han hecho el trabajo por mí y han encontrado una publicidad que, de alguna manera, resulta ser bastante más poética de lo que podría suponerse en un primer vistazo.

Lamento que no hayan aprovechado la oportunidad para asociarlo con una imagen de una galaxia, de nuestra galaxia… Así que presento unas fotos de la nueva publicidad en la estación de Gran Vía, de productos Lácteos. Se constituyen en una especie de ready-made… que no necesitan aditamentos ni modificaciones alguna.

gran vía láctea

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De la Serie Publicidad en Cubierta

Nacionalismos

nacionalismo español

Hice esta fotografía en un bar de Embajadores, donde doy clases a un alumno cuya pared está pintada con una bandera española del tamaño de 4 metros cuadrados. Sobre su mesa, conviven fotos de Esperanza Aguirre, Francisco Franco, unas vírgenes varias, algún otro antiguo dirigente Nacional-Fascista, la bandera española que rigió durante el golpe de estado que se erigió en «gobierno»… Vamos, es algo un poco escalofriante.

No sé por qué no me extraña su convivencia junto a banderas de fútbol. Es algo que sirve para aunar reconociendo diferencias. Eres de este equipo o de este otro: eres del Real Madrid… y eso ya dice mucho.

Pero sin embargo, no me atrevería a ir vestido con una bella camiseta que compré en el Gure Txoko de Sydney, con un par de banderas (la australiana y la ikurriña), a riesgo de ser pisoteado, insultado y, por supuesto, despedido como profesor particular del muchacho en cuestión. (Quien, por lo demás, todo hay que decirlo, es bastante majete, y sus padres son respetuosos y cuidadosos de sus empleados sin hacerme notar su supuesta superioridad moral ni su superioridad jerárquica laboralmente hablando)

Y por comparar con Euskadi en otras cosas: es fascinante ver lo diferente que se ven las cosas cuando se trata de una ikurriña. La poca gente turista madrileña que ha entrado alguna vez en una Herriko Taberna, sale sorprendida del nacionalismo imperante. Pero no creo que les llamase la atención esta foto de un lugar cualquiera de Embajadores. ¿Por qué?

Otra cuestión que me llama la atención es la abundancia de nacionalismo español en las zonas más pobladas de inmigrantes. Supongo que su situación de pobreza (la crisis, sí, la crisis) y la incultura o demagogia facilona, les hace buscar culpables de su situación en «los otros», «los de fuera». Y la cadena de juicio y prejuicio sigue su curso hasta el final.

Ya sé que es algo que no solo ocurre en España. No es que seamos peor que nadie. Es que yo vivo aquí y me disgusta este nacionalismo que no se afirma basándose en cultura, sino en confrontación.

Pero bueno, hay tantas cosas que últimamente me disgustan…

Esto no es una broma