Ser cartero en Madrid o sencillamente turista que busca una calle… y encontrar tres por el precio de una, como en esta calle que bien podría quedarse con uno de los más de 4 nombres que tiene a lo largo de su longitud:
Marqués de Urquijo da un mínimo giro y sigue en Alberto Aguilera para convertirse en Calle Carranza, que pasa a ser Calle Sagasta y luego Calle Génova, pero si no tenemos en cuenta cruces con grandes avenidas, podría seguir siendo una enorme Calle de Goya…
Sé que es por motivos históricos y hasta me resulta gracioso que una sola calle pueda contener cinco calles o más, pero siempre me pregunto si no llegará algún día alguien que tenga la osadía (a quien Correos odiará) de renombrar este batiburrillo de nombres en simples calles de longitud mayor, simplificando (o no) la nomenclatura del callejero madrileño.
Ahora volveré a mi casa subiendo la Calle Conchas que se convierte en la Calle Navas de Tolosa, así, sin avisar. Pero es que esta ciudad es así: confusa, sorprendente, rara, absurda… y quizá, sólo quizá, por eso me gusta a pesar de los pesares (y no quiero hablar de política).
Este curso he vuelto a proponer que cenemos donde el año pasado para que los grupos de los Talleres de Poesía de Clave 53 se conozcan, intercambien algo de conversación y algún juego poético que incentivaré a participar.
El lugar es un restaurante de comida tradicional española, casero, familiar, que es llevado con mucha calma, con cariño, con mimo, sin aspavientos ni postureos varios. Es sencillo, pero ético, sin subir los precios por las nubes aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid.
Se llama El Labriego y está al lado de estudio, en la Calle Veneras (que siempre llamo venéreas, además de estar situado al lado de una farmacia, lo que potencia esa referencia de transmisión fonética). Siempre es complicado teniendo en cuenta que los requerimientos individuales cada día son más y más incompatibles, así, por ejemplo, ha de haber comida vegetariana, sin gluten, sin lactosa, sin picante y con picante… etc… hasta que resulta prácticamente imposible que todas las personas estén a gusto. No obstante, lo intento y creo que lo consigo gracias a la sencillez de la propuesta de cena a base de raciones diversas de El Labriego (sin menú navideño de por medio).
El otro día, mi querida amiga Sylvia insistía en invitarme a comer a una franquicia de esas que pregonan ser «verdes», «saludables», «ecológicas», «éticas», pero que acaban siendo lugares incómodos, edadistas, clasistas, sin alma (sin que yo sepa qué es eso del alma), sin personalidad… y por supuesto, sin ética.
Por fin, la persuadí y la invité a comer a casa un cuscús de verduras que me sale estupendo, la verdad, modestia aparte. Cortando unas cuantas verduritas (una cebolla, un par de dientes de ajo, media berenjena, un calabacín, cinco champiñones portobello, un par de zanahorias pequeñitas) que vertí sofritas, con un par de cucharadas de curri en polvo suave y pimienta blanca, junto con unas uvas pasas, en una olla de barro donde había depositado una cama de sémola de trigo cocida con perejil y una nuez de mantequilla.
Quise fotografiar el momento divertido en el que corté los champiñones, intentando minimizar el número de cortes, alineándolos como si aquello tuviese algún sentido. Me recordó aquella vez que intenté explicar por qué corto los tomates como lo hago.
Estaban recién comprados en la única frutería de confianza que queda en mi barrio, que es regentada por una familia de origen chino, con mucha simpatía, calidad y alejada de las grandes franquicias o empresas oligopólicas como Mercadona, Carrefour, etc… de las que procuro comprar lo mínimo posible. Sin obsesiones, pero también consciente…
Ganas dan de responder: Pues el Estado del Vaticano… Puede ser uno de los que no te importan.
¿Estado civil? Estar en estado… y otras expresiones me vienen a la mente en un momento. Ignoro el busco.
Pero me olvido de que es una de esas tonterías que se sufren cuando se vive en el centro de Madrid en estos tiempos de especulación inmobiliaria sin parangón.
Al menos intento olvidarlo y tirar el papelito a la basura, otro de los que encuentro en mi buzón de propietario de una vivienda en esta ciudad cada día menos habitable por población local y más por turistas sin interés por mantener cuidada la ciudad.
Normal, en última instancia, que no importe estado. A nadie parece importarle nada nunca.
El viernes 31 de octubre, Kay Woo nos invitó a asistir al concierto de Música Clásica Coreana que se organizaba en el auditorio de la Escuela Superior de Canto de Madrid con motivo del septuagésimo quinto aniversario de relaciones hispano-coreanas.
El grupo Sae Taryeong, compuesto por Eun Ae Lee y David Alegra) interpretó diversos temas de Música Clásica Coreana, algunos mezclándolos con músicas tradicionales españolas, como la copla o el flamenco.
Fue una maravilla de concierto en el que lo único que hice fue suspirar y soltar alguna lagrimita, pero de pura emoción estética. No podía parar de recordar a Carmen y lo mucho que le habría gustado estar viéndolo, estar viviéndolo. Fue una experiencia de las que no olvidaré jamás.
En un acto de osadía y algo de desvergüenza, le propuse que interpretase un tema que hablase de Encuentros y Desencuentros, como ella decía tener en su repertorio y se lanzó a cantarla a capela sin acompañamiento musical y en un lugar con la acústica de una cafetería apiñada de gente y ruido.
Fue precioso entonces, pero verla brillar en todo su esplendor en esa noche del 31 de octubre, fue absolutamente cautivador. No podía quitar mis sentidos de la atención que generaban tanto ella como su compañero, David Alegre, quien fue introduciéndonos en los distintos temas con gran simpatía.
Es un regalo estar rodeado de personas tan maravillosas.
Dicen de ellos lo siguiente en un vídeo de YouTube que he encontrado en este mare nostrum llamado InterNet:
presenta una fusión de música tradicional coreana con la tradición clásica occidental, interpretando un repertorio de canciones populares del Norte y Sur de Corea con voz tradicional de canto coreano junto con voz clásica acompañado de instrumentos coreanos como el janggu y el gayageum así como por la viola y el piano. Del impulso e inquietudes artísticas de la cantante y percusionista coreana Eun Ae Lee, surge este grupo como un espacio de encuentro con artistas de diferentes países y dilatadas trayectorias con un deseo común de reconocerse: Oriente en Occidente y viceversa.
EUN AE LEE
Cantante y percusionista, Diplomada en Arte y Estudios de Música Tradicional (2001, Corea). Licenciada en Economía y ADE (2013, Corea). Máster en Musicoterapia Avanzada y Aplicaciones (2022, UAM). Tiene una amplia trayectoria dentro del ámbito de la música tradicional coreana que comienza en 1997 al ganar la medalla de bronce en la categoría de música vocal tradicional del Ministerio de Educación en Kangwondo. Ha recibido numerosos galardones desde entonces. En 1999, debutó en la Expo Internacional de Turismo de Gangwon con actuaciones musicales tradicionales y de intercambio cultural. A día de hoy mantiene una intensa actividad con diversos grupos musicales, y participa asiduamente en diferentes programas de televisión de Corea del Sur. Igualmente, ha colaborado con el grupo vocal Millennium y RTVE. En 2012 funda el grupo LEESARANG que dirige desde entonces en conciertos y diversos eventos por toda Europa y Corea del Sur. Jefa de artistas del Centro Yeonnam Art Community en Mapo-gu, Seúl (2015-16). Directora de organización de eventos musicales Fundación de Economía y Cultura Coreana en Seúl (2017-19) En 2017 recibió el Gran Premio de Música de la Sociedad Cultural Económica de Corea del Sur por su labor de promoción de la cultura coreana y por haber contribuido al intercambio cultural con diversos países.
DAVID ALEGRE
Título Superior de Viola con mención honorífica (RCSMM), de Violín Barroco (RCSMM) y de Canto (Escuela Superior de Canto de Madrid). Participa en varias orquestas y grupos de cámara profesionales (Orquesta de RTVE, Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, Grupo Enigma del Auditorio de Zaragoza, Academia de Música Contemporánea del CDMC…). Docente de viola en el CIEM Federico Moreno Torroba de Madrid. Estudia música medieval con La Reverdie, Crawford Youg, Kees Boëke, Jill Feldman, y Juan Carlos Asensio, y forma junto a la musicóloga Paloma Gutiérrez del Arroyo el Ensemble Puy de Sons d’Autrefois. También crea y dirige Les Plaisirs, compañía dedicada a la adaptación para la escena de repertorio musical de los siglos XVII y XVIII. Completa su formación en técnica vocal con David Mason y Fátima Miranda; en repertorio musical con César Belda; en jazz con Domingo Sánchez; y en el terreno de músicas del mundo y tradicional con Parvathy Baul (canto Baul, India) y Meghana Sardar Kenjale (canto Dhrupad, India) entre otros. Actualmente imparte clases de canto en la escuela de actores Acción-Escena.
Buscas esta frase (sin tildes, que para qué) en google y te dirige a la web del Ayuntamiento de Madrid que tiene un mapa con los puntos limpios para poder deshacerse de este tipo de materiales, de los que, por cierto, me cuesta deshacerme, pero ya llevaba años sin usar esta impresora Canon que tiene casi una década a sus espaldas (muy lejos de la pretendida obsolescencia programada).
Resulta desalentador que lo único que tenga en los alrededores de mi casa o de mi estudio sean un par de puntos limpios «móviles» que tan sólo están disponibles una hora a la semana. No se tiene en cuenta la necesidad de hacer limpiezas, de deshacerse de trastos, sin tener un coche que me lleve al extrarradio a depositar un residuo generando residuos…
La verdad es que no sé si puedo esperar, porque el martes es el día que tengo para ir a la piscina y mi salud es tan importante como la de la ciudad… o más.
¿Alternativa? Contenedor de algunas obras, de las que abundan en demasía por estos lares. Y una pequeña mancha más en mi conciencia, nunca inmaculada.
Varios meses después de la presentación terrenal, Armando nos ofrece la posibilidad de presentarlo hoy en la radio, con su habitual maestría como locutor y conductor de un programa maravilloso por el que ha pasado lo más interesante de la poesía madrileña.
Nos dice la presentación del programa:
Un programa no apto para débiles morales. En Olvida Tu Equipaje abordamos dos aspectos complementarios: la crítica (temas sociales, luchas actuales e históricas, contra la injusticia y la barbarie) y la propuesta (la cultura, la literatura y la poesía, la música y los cantautores, un mundo y una vida mejor). Nuestro formato más habitual es la entrevista temática, la mesa redonda, el diálogo.
Dedicado a los que creen en la palabra, van ligero de equipaje.
El 20 de agosto, aprovechando que teníamos un abono de 10 entradas al Cine Doré (la Filmoteca, para entendernos), invitamos a la sobrina de Carmen a ver esta película en la sala de verano.
La sala de verano del Doré es una experiencia muy bonita, en el meollo de esta ciudad ruidosa poder encontrar un oasis de silencio al aire libre donde poder ver películas al ridículo precio de 2 o 3 euros…
Pero que además hayan dedicado un ciclo a películas que fueron un referente de la libertad (creativa y política), ha sido todo un trabajo de educación cívica que demuestra su compromiso con la cultura y con la civilización, en el etimológico sentido de la palabra.
Es una película increíble para visionarla hoy en día, donde casi resulta imposible concebir ese desparpajo, esa osadía por parte del director manchego, que se lanzó a rodarla con cuatro duros y muchas, muchas ganas de contar su historia.
Adoro ese periodo algo punki de Pedro Almodóvar, aunque he de reconocer que, con el tiempo, he aprendido a aceptar que su evolución mucho más sosegada, mucho menos escandalosa, tiene que ver con la honestidad de seguir queriendo contar su historia y entender que ésta ha cambiado, así como la sociedad en la que acontece.
Ojalá se siga haciendo cine (o cultura) con esa misma honestidad y con esa misma valentía, y menos con inteligencia artificial y otros mecanismos orientados al «éxito».
Me gustó la decoración, no puedo negarlo, de este establecimiento (de una cadena de ellos) que dice ser una tienda de perfumerías nacida en Málaga en 1953.
Pero seguro que, desde aquellos tiempos hasta hoy, ha llevado a cabo una transformación que lo sitúa en otro de esos templos del neo-consumismo masivo absurdo que, combinado con las redes sociales basadas en la imagen, en la superficie, en lo banal, juega a regalarle a la juventud un sueño de autorrealización.
El colmo del absurdo es llegar a la zona «vegana» u orgánica y natural. Es de un «greenwashing» tan de manual que si no existiese el término, habría que haberlo inventado en este punto.
Eso sí, todo es bello, bonito, apetitoso. Apenas sí hay hombres ateniendo, pero la media de edad de las dependientas debe de rondar los 20 años. Bellas, bonitas, pretendidamente simpáticas.
Todo pensado para querer pasar la jornada allí, incluso sus laberínticos pasillos que dejan aquella recurrente queja sobre IKEA a la altura del betún.
El aire acondicionado, por supuesto, hacía agradable la estancia en este espacio tan artificial que daba la sensación de estar en el decorado de una película futurista.
Fue graciosa la visita, si no fuese peligroso lo que encierra.
Como comentario a Carmen, le dije que allí mismo estaba toda esa «gente joven» que supuestamente añoran en las milongas de Tango y que yo no encuentro en los Talleres de Poesía y que a duras penas ves en una sala de cine. Cada día veo más obvia mi obsolescencia.