Le tengo cariño a esta fotografía

Hace un par de años Carla Aurelia nos hizo algunas fotografías con una máquina Polaroid durante una cena del grupo de los miércoles a las 19:00 que durante un tiempo estuvo funcionando a pleno pulmón.

Yo enmarqué la que me regaló en la caja de las polaroids (me pareció un marco inmejorable) y la tuve sobre un soporte plegable que la mantenía a una altura de unos dos centímetros por encima del suelo (o la balda de estantería correspondiente) con una inclinación de menos de 20 grados con la vertical.

Hace unos meses que ese grupo es casi un fantasma de lo que fue, lo que suele ser habitual en algunos grupos y me conlleva a proponer fusiones para no tener horarios imposibles en los que incluir nuevas personas que se acercan a los talleres de poesía contemporánea que defiendo desde hace casi un cuarto de siglo.

Hay un par de miércoles en los que no ha venido nadie a clase, lo que siempre me deja algo triste, por muy previsible que sea, por habitual que sea. Son gajes de este oficio. Pero son gajes que desgajan mi corazoncito, que desgarran algo de mí, me duelen sus ausencias, me duele la inevitable deriva de la vida, de sus vidas, a pesar de que les desee lo mejor en sus nuevas aventuras.

En tantos años, he estado rodeado de personas a las que he tomado cariño, más o menos, dependiendo de diversos factores, pero este grupo era sumamente entrañable (con alguna que otra excepción) y sé que ya no tiene sentido tener su fotografía sobre una balda al lado de los libros que utilizo en los demás talleres, con los grupos de personas que siguen asistiendo y de quienes, también y sabiendo que algún día no estarán, me estoy encariñando.

Voy a guardarla y atesorarla como un recuerdo bellísimo de ese grupo, pero también de un periodo de mi vida que algún día también terminará y en el que me desgarraba, y me encariñaba cada dos por tres. Y seguía avanzando en esta bola más o menos achatada por los polos por una trayectoria mucho más compleja de lo que creemos.

Cuaderno Vano

Frases manuscritas insustanciales escritas a lápiz sobre papel de una publicación de «El lobo estepario» de Hermann Hesse editado en México, a modo de palimpsesto o escritura entre líneas, realizado en Madrid en los primeros meses de 2025.

Datos de la pieza
Descripción: Libro Objeto en caja reciclada.
Título: Cuaderno Vano (2025)
Autor: Giusseppe Domínguez (www.giusseppe.net)
Técnica: Escritura manuscrita a lápiz sobre fragmentos de páginas recortadas de un ejemplar de libro de Hermann Hesse. Caja reciclada intervenida con dos páginas del mencionado libro y sellos modificados.
Formato: 17 x 12 x 6 cm

Otra forma de no decir, diciendo.

Proyecto comenzado el 14 de febrero de 2025, en ausencia de agua corriente en mi domicilio.
La propuesta consistió en escribir una serie de frases manuscritas insustanciales (o no tanto, después de todo) a lápiz sobre papel de una publicación de «El lobo estepario» de Hermann Hesse editado en México, a modo de palimpsesto o escritura entre líneas.

Reivindicación de lo intrascendente como acción trascendental, resistencia pasiva contra el aceramiento social.
Otra forma de no decir, diciendo.

Reflexión de 21 de febrero:

Escribiendo un libro de intrascendencias entre las líneas de un libro hoy intrascendente. Intrascendencia por intrascendencia, ¿dará como resultado inmanencia o simple y vana vanidad o nadería?

De momento, da como resultado un libro titulado «Cuaderno Vano» de palimpsestos textuales en los que la intrascendencia se impone como motivo principal de la creación. Crear la nadería, la simpleza, por el mero hecho de crear, de escribir, de seguir siendo, aunque en silencio o apartado de la mirada pública, en papel para la basura, con lapicero perecedero, con sentencias sencillas…

Dejarse ir.

Estrenando gafitas

Por fin me decanté por unas gafas nuevas para graduación intermedia, lo que quiere decir ordenador y vida dentro de mi estudio. Durante mucho tiempo he estado usando (sin graduarme específicamente para ello), unas gafas que habían quedado cortas de dioptrías hace años.

Va a ser sencillo seguramente adaptarme, aunque parte de la adaptación ha consistido sencilla y llanamente en alejar la pantalla un poquito para ver mejor la letra. No es mala cosa, pues tener demasiado cerca la pantalla no es una práctica muy saludable y se pierde mirada colectiva de la misma (llegué incluso a barajar, para evitar esto último, adquirir una pantalla curvada que acercase las esquinas a mis ojos).

Al final, esta ha sido la mejor solución, creo, pues veo con una nitidez mayor y, espero, me acostumbraré en poco tiempo.

Sin embargo, también adquirí unas gafas graduadas en unas 4 dioptrías para la mirada de lejos, pero eso me va a costar mucho más, pues apenas ha cambiado nada desde las últimas que tenía y que a fecha de hoy sigo usando.

Tan solo echaba de menos una graduación más ajustada a mi situación actual cuando conduzco, pero es algo que hago tan solo un par de veces al año… y es posible que la escasa visión al conducir se deba más al hecho de la falta de costumbre que a la potencia óptica.

Lo que he descartado por unos años, de este modo, es proceder a una operación que elimine la necesidad de usar aparatos en los ojos extraocularmente, pero es que no acababa de verlo claro (y no es un chiste fácil).

Poemas en la basura

Poemas en la basura

He actualizado la página de poesía objetual de mi web, incluyendo uno de los poemas más interesantes que creo haber escrito en lo que va de año 2026. Sé que a poca gente le interesará, pero a mí me fascina la radicalidad de la experiencia: Poemas en la basura sobre el que ya anticipé algo en este diario titulándolo «antisistema«:

Escribir
en un papel
que voy a tirar
a la basura
es la mayor aspiración
de una poesía
liberada de cualquier intento
de comercialización.

Nota: Este papel fue recibido en un pedido de Amazon hace más de 5 años (para salvaguardar el contenido de golpes desde su origen, posiblemente lejano) y ahora quiero pensar que recuperarlo para una acción poética me libera, me limpia, me hace sentir libre de pecado. «Greenwashing» de manual.

Acción relacionada con El acto de escribir, no la palabra, o poema visual banal o poema tonto, o acto absurdo, algo dadá, que dice ser antisistema, pero que en realidad es fruto de la frustración y silencio. Es más bien un ejercicio de meditación activa o una nadería.

La idea comienza a materializarse el 12 de febrero de 2026. Procedí a escribir todo el texto que cupiese en varios rollos de papel a lo largo de 4 horas seguidas el viernes 13 de febrero de 2026. Pero tengo la sensación de que este proyecto no ha hecho nada más que empezar.


Algunos de los textos que escribí sobre esta «basura» que no tiene mayor importancia son:

Atribuir a un acto banal
una importancia capital
es no tener cabeza
etimológica.

El acto de escribir
no la palabra
es una performance
o un conjunto
de ellas
que vengo
desarrollando
desde hace años
como estudio sistemático
de experimentación
en la acción
poética
de escribir sin
otra finalidad
que rescatar
su verbosidad.

Un mar de palabras asesinas
al acecho de mi cansado corazón
enaltecido
por una revolución inexistente
se adueña de la marea de mi vida
y me eleva por debajo de las nubes
hasta alcanzar
nirvanas estresados.

PRETENSIÓN
Alzo mi voz contra la
PRETENSIÓN
de alta tensión
baja atención.

Bakunin
no va a morir
porque
ya está
muerto.
Se ha ahogado
en un frasco
de colonia
que venden
a buen precio
en PRIMOR.

Hay claves secretas.


Maquetando Vida Mínima de Luis Naranjo

Este trimestre estoy editando tanto que casi no he tenido atención o tiempo para poder publicar, de cuando en cuando, estas entradas en este diario al que dedicar al menos 15 minutos diarios (diariamente 15 minutos diarios en el diario).

En esta ocasión, publico la cubierta del libro que he editado para Luis Naranjo, que ya viene siendo un cliente habitual y buen amigo, a pesar de que la temática de su poesía no me interesa mucho, pero le reconozco validez formal y cuidado estético por lo que hace, amen de una calidad humana notable, un trato sencillo y un sobresaliente respeto a mi trabajo.

Es un gusto, en resumidas cuentas, trabajar para alguien como él.

Su libro, ya en imprenta, se titula «Vida Mínima» y tiene un bello color cian puro sobre el que situar un fragmento de una fotografía de un cuadro de Zurbarán de temática religiosa, muy acorde con el interior del libro, y una tipografía serif de color blanco para dotar de luminosidad el conjunto.

Desde hace un par de años, uso un pequeño adorno con rectángulos de los cuatro colores CMYK sobre la contraportada, acompañando tanto el logo de Clave 53 como el de Giusseppe.net. En esta ocasión, el rectángulo de la C (CIAN) hube de perimetrarlo con un trazo blanco para que se viese, pues se habría diluido sobre el fondo azulado.

Tanto el color de Edita Clave 53, como las letras del logo de Giusseppe.net, y el 53 del logo de Clave 53, van cambiando en función del fondo de los libros que edito, de modo que llevan un color definido en Scribus como «EditaClave53» que puede tomar el color que yo quiera.

Sinceramente, creo que voy mejorando en mi calidad de editor. Estos dos últimos años han sido un reto de crecimiento en cantidad y calidad muy sustancial, y no ha salido mal, cabe decir, modestia aparte.

Mi reino por una toalla

He vendido mi alma (en este caso unos datos al rellenar una encuesta absurda) por un regalo que resulta ser una de esas toallas hiperabsorbentes que no sé si utilizaré. Ocupa una cantidad de espacio ridículamente baja para lo que presuntamente hace.

Esta mañana (escribo esto el martes pasado), me llegó una propuesta que decía que si rellenaba un pequeño formulario, que me llevaría unos 10 minutos cumplimentar, me darían este «regalo», con la condición, además, de ser una de las primeras 300 personas en hacerlo.

Me había despertado pronto y el mensaje parecía recibido hacía no más de 20 minutos, así que vi plausible que aún no lo hubieran intentado ese cupo de población ávido por obtener más objetos innecesarios. Además, el martes es el día que suelo ir a la piscina a hacer algo de ejercicio, aunque no tenga muy claro que me esté sirviendo de mucho más allá de tranquilizar mi conciencia y permitir que a la salida me otorgue un desayuno opíparo y grasiento.

El formulario comenzaba preguntando el género y permitía la opción de decir «prefiero no decirlo» que suele ser la que yo elijo. Pero al finalizar el mismo pedían el nombre completo y una dirección de correo electrónico. Entonces comprendí que había vendido mi alma (en este caso unos datos) por obtener una recompensa de dudoso interés.

Yo seguramente seguiré prefiriendo mi toalla de lunares verde y grande, acolchadita, sobre la que sentarme a cambiarme de ropa en el vestuario. Me perturba tener que tener tanta equipación específica para cada una de las tareas que se realizan: ropa de piscina, ropa de gimnasio, ropa de montaña, ropa de ciudad, ropa de entierros, ropa de bodas, ropa de cenas, ropa de desayuno, ropa de andar por casa, ropa de presentaciones, ropa de poeta, ropa de acostarse, ropa de performance, ropa de pintura… y así voy reduciendo mis personalidades a ropa de mí mismo y poco más.

Prólogo de La luminosa desnudez

Hacía tiempo que no escribía un prólogo y menos aún por petición, puesto que siendo el editor de la mayoría de los libros que «creo», me encuentro en la tesitura de no querer tomar dos roles diferentes: editor y prologuista, pero la verdad es que ha sido sencillo y Arturo no me lo ha puesto nada complicado. Un gusto trabajar así, la verdad.


El poema y el poeta

«Vivir es una victoria que no se piensa, se propone».
Arturo Córdova Just

 

Conocí a Arturo Córdova Just el 6 de marzo de 2026 por intermediación de la poeta Anita Ges a quien tanto le debo. Nos encontramos en uno de esos escasos bares tradicionales de Madrid que perviven en esta ciudad cada día más impersonal. Ella me había comentado que Arturo era un gran tipo y que me caería bien, así que organizó el encuentro para comer juntos ese viernes.

Durante el almuerzo se habló de literatura, de poesía, de lecturas, de comida, de viajes, de amistad y, sobre todo, de amor: amor por la palabra escrita, pero también amor por las personas queridas, quizá por la tonta casualidad de que ese día se cumplían los 26 años y seis meses desde que yo le declares mi amor a mi actual pareja. Arturo y yo reivindicamos el amor. Él también se declaraba fervientemente enamorado. Enamorado de la vida, de su amor, de la poesía, de la creación, del amor en una palabra.

Tras esa revelación (nuestra comunión en el amor), quiso acercarse a conocer el estudio donde está situada la sede de la Asociación Cultural Clave 53 y le gustaron nuestras ediciones. Así que acordamos ponernos a trabajar en una posible edición de un poemario suyo. Menos de un mes más tarde, el 3 de abril, a su regreso a México, estábamos confabulando la publicación de su largo poema «La luminosa desnudez» en España.

Él lo definía como un largo e intenso poema y, sin duda, lo es. La intensidad es característica omnipresente en toda la obra, intenso manifiesto de qué es la poesía y qué es ser poeta. Este poeta intenso en su inmenso poema. Córdova Just nos habla de amor, del proceso creativo, la inspiración («montoncito de monedas al pie de una encrucijada»), de la música, melodía de sus whitmanianos versos, de la vida, de su vida: la vida de poeta.

Entre un yo evasivo, un somos incluyente y una tercera persona que reduce la presencia del ego, Arturo desvela quién es él, ese yo que escribe: «soy germinal, soy multiforme, soy el único capaz de no extinguirse nunca». Sus palabras nos dan cuenta de la eternidad que cabe en cada segundo de los millones de existencias que desgrana, que personifica un «él» que es él: El poeta Arturo Córdova Just. Consciente consiente en ser un ser que siente, siempre, ser poeta originado por su poema.

A medida que avanzamos en la lectura del texto, vamos comprendiendo que estamos en mitad de un ritual de encantamiento, un llamamiento al universo a ser verso, ser el verso caliente de sangre encarnada capaz de reinventar a Dios, un Dios lírico humanamente esculpido, pues entre lo sacro y lo humano, lo nunca demasiado humano, se mueve el verbo de este poeta creador de mareas.

Por concluir con una pequeña reflexión sobre la elección estética de esta publicación, añadir que tal es la longitud de los versículos de Córdova Just que optamos por una disposición horizontal, casi a modo de partitura que se presentase como letanía arsenal de beligerancia contra lo manso literal, un libro de casi medio metro de amplitud, que refiera a esa distancia oceánica que se diluyó en letras en el momento en el que Arturo y yo comenzamos a vibrar en la misma sintonía aquella tarde de primavera del 6 de marzo de 2026.


 

Poema-ceta?

Llevaba tiempo queriendo «tapar» el desaguisado que dejaron en una caja de luces en una de las paredes de mi estudio, pero por otro lado, no quería literalmente taparla, sino que no se viera.

Así que tenía pendiente hacer algún tipo de intervención que no acababa de decidir. Hace unos días pensé en la posibilidad de convertir el cable que asciende por la pared en un tallo de una planta que sale de un tiesto y, a partir de ahí, Carmen y yo hemos hecho hoy esta pequeña preciosidad que, obviamente, sigue dejando a la vista el cableado, pero lo resignifica, lo recalifica, lo redefine, lo convierte, tal como resulta evidente, en el centro de una flor electrificante.

Usar cartón y otros materiales de desecho me encanta porque si algo sale mal tienes la absoluta tranquilidad de tirarlos y olvidarte de un error. El error libre fomenta la creatividad y permite esa ligereza que a veces es necesaria para adornar una pared sin adornarla.

Carmen tuvo la brillante idea de escribir letras sobre hojas que rodearían el pistilo-cajadecables, así que las realizamos con cartulina de tapas de cuadernos que tenía reservadas para ocasiones como esta y las pintamos (sobre unas letras de cartón recortadas) con espray azul de Prusia.

Queda fantástico ese tiesto de flores azules que no he de regar sobre los libros que voy editando:

Problemas

Tengo problemas
para quedar contigo
y tengo problemas
para ir a este sitio
y tengo problemas
para este horario
y tengo problemas
para esta música
y tengo problemas
para este vecindario
y tengo problemas
para esta temperatura
y tengo problemas
para esta alimentación
y tengo problemas
para estos precios
y tengo problemas
para esta televisión
y tengo problemas
para esta programación
y tengo problemas
para este volumen
y tengo problemas
para esta mesa de al lado
y tengo problemas
para estas conversaciones
y tengo problemas
para estas muestras de cariño
y tengo problemas
para esta indiferencia
y tengo problemas
para este postureo
y tengo problemas
para esta estas alturas
y tengo problemas
para quedar contigo
que tienes problemas
para ir a ese sitio
y tienes problemas
para ese horario
y tienes problemas
para esa música
y tienes problemas
para ese vecindario
y tienes problemas
para esa temperatura
y tienes problemas
para esa alimentación
y tienes problemas
para esos precios
y tienes problemas
para esa televisión
y tienes problemas
para esa programación
y tienes problemas
para ese volumen
y tienes problemas
para esa mesa de al lado
y tienes problemas
para esas conversaciones
y tienes problemas
para esas muestras de cariño
y tienes problemas
para esa indiferencia
y tienes problemas
para ese postureo
y tienes problemas
para esas alturas
y tienes problemas
para quedar contigo.

Una de dos:
O tenemos problemas compatibles.
O tenemos problemas incompatibles.

Una de dos:
Quizá no queremos vernos.
Quizá no tenemos problemas.
Quizá ambas afirmaciones sean ciertas.

Esto no es una broma