Vehículo del miedo

He venido a hablar de mis miedos,
de esas mariposas que se posan en mis labios
y me cierran la boca de por vida.

He venido a hablar de mis pesadillas,
con las que duermo despierto toda la noche
y gran parte del día.

He venido a hablar de mis sueños,
de esos que nunca se cumplen
y generan frustración.

He venido a hablar de mí,
sin más tapujos
y sin vergüenza.

No hay que temer a la verdad desnuda
(porque la verdad siempre está desnuda)
ni a la arrogancia de exhibirla
como trofeo enarbolado.

No hay que temer a la mentira falaz
(porque la mentira a veces es falaz)
ni a la desidia por abandonarla
como quien huye entre ramas.

He venido a hablar,
a hablar y hablar
creyendo que digo algo importante
sabiendo que digo algo trivial.

Pero aun así…
he venido.

Presentación de un lingote de poesía

Recital y Presentación del libro

Lo concreto son las nubes

Habrá francachela y también comilona.

Será divertido y sorprendente, pero no podemos ni queremos hacer spoiler. Tendrás que venir a verlo.

La Asociación Cultural Clave 53 tiene el honor de poder invitarte a la presentación del libro colectivo editado por Giusseppe Domínguez a partir de los Talleres de Poesía y Escritura Creativa.

Ha sido escrito por Javier Jiménez, Sara Mansouri Bellido, Ester Morales García, Anita Ges, Pablo Velado Pulido, Ernesto Pentón Cuza, Isabel Jiménez Moreno, Grace Chacón, Raquel Gómez, Andrea Vidal Escabí, Susana Olalla Serra, Yolanda Jiménez, Mónica Rubio Jara, Eva Obregón Blasco, Javier Villa, María Jesús Orella, Armando Silles McLaney, Sofía Kosenko, Wilfredo Puignau, JMariano Velázquez, Vanessa López, Francisco Domínguez Agudelo, Carmen Lucía Noriega Montoya, Tanja Ulbrich e Inmaculada Sánchez Costa.

La presentación tendrá lugar en la Carpa del Circo Carampa, en Madrid, el sábado 1 de octubre de 2022 a las 19:00.

23 años juntos y felices

El martes pasado fue uno de esos día bonitos bonitos… aniversario con Carmen. Felices y contentos.

Aproveché que quería presentar una obra al Concurso VII Edición del Premio Libro de Artista Ciudad de Móstoles. Era la primera vez que presentaba algo a un concurso de estas características y creía que la pieza que he presentado es, al menos, premiable, gane o no gane nada.

Así que decidimos hacer una excursión a Móstoles para hacer algo ilusionante muy bien acompañado.

Una vez allí nos fuimos de visita a un museo (CA2M) a ver una expo de vídeodanza muy interesante y muy sugerente (me ha surgido una idea de nuevo proyecto a raíz de verla).

Tras darnos cuenta de las ventajas de vivir en el centro de Madrid (nos gusta la variedad a la hora de elegir un restaurante donde comer), nos decantamos por una terracita agradable de comida tradicional o convencional donde, eso sí, había un muy económico menú, un ambiente relajado y un trato estupendo.

Volvimos a Madrid-Principe Pío en autobús, que parece más turismo todavía ;-), para adentrarnos en el curioso mundo de los centros comerciales (a 26ºC) del que salimos sin hacer nada más.

Luego caminada y pijerío en otra terracita del Parque de Atenas, tomando un «aperolo» de esos naranjas que me hacen gracia por el color… y por último excursión oriental por la calle Leganitos disfrutando de descubrimientos magníficos como nuevos restaurantes chinos por conocer, o supermercados donde comprar cosas que no sabemos usar, pero que remiten a viajes exóticos (y a globalización).

Descubrir que al llegar a casa éramos tan felices como hace 23 años y que estábamos tan bien juntos como entonces (o más aún) fue el culmen de un día bonito bonito… de los que, por suerte, tengo varios al año.

«Negro» literario

He recibido una propuesta laboral relacionada con encargos para escribir textos de los que no me siento especialmente orgulloso, pero que son acordes con el objetivo de quien desea contratar mis servicios.

El otro día, durante una amistosa conversación algo acalorada con mi familia con motivo del quincuagésimo sexto aniversario de boda de mis padres, me recomendaban que rentabilizase mi relación con ese cliente que podría acrecentar mi fama allende lo que yo puedo lograr por mis propios medios. Sin embargo, mi opinión era que no quería aparecer con mi propio nombre en esas publicaciones, pues no es un texto del que me sienta especialmente orgulloso (como ya dije).

Repentinamente fui consciente de que quizá esa expresión tan poco siglo XXI, como es la de «negro» literario, igual no tiene que ver con la explotación, sino con la invisibilidad. Incluso una invisibilidad deseada por el autor. Aunque de no ser así, de no ser deseada sino ocultación intencionada por la parte contratante, es una forma en la que la invisibilidad se tiñe de explotación. Quizá de ahí el paralelismo inapropiado con lo que vivieron los millones de seres humanos en la lamentable historia de la esclavitud y la trata de personas.

En absoluto es el caso del que se trata en mi posible contratación: Siento que no quiero ser visto, que deseo la mayor opacidad en cuanto a la autoría de mis textos para este fin destinados, o incluso la más pura transparencia, para que quede a manos de quien paga por el texto, sin quedarse la rúbrica de mi firma.

Vantablack
De Surrey NanoSystems – Surrey NanoSystems, CC BY-SA 3.0,
https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=34139562

Quizá por ello recordé el material que pretende ser el más negro de los existentes, en el sentido de no reflejar absolutamente nada de radiación, limitándose a reflejar un 0,01% de emisión de la radiación recibida.

El Vantablack es una especie de «bosque» de nanotubos verticales que están en crecimiento. Cuando la luz alcanza el material, en lugar de reflejarla, queda atrapada siendo continuamente desviada entre los nanotubos de una forma alotrópica del carbono.

También me acordé del nombre no muy afortunado dado a la «materia oscura» o la «energía oscura», que deben su nombre, no tanto al anonimato, sino a su inexistente relación con la radiación electromagnética. Al menos que se haya observado hasta ahora.

Un paseo por las nubes

Llegar al Hotel Corzo es, como dice su web, un nuevo concepto de escapada, porque no se escapa solo del mundanal ruido de la ciudad, sino que se llega a un lugar donde el cuidado está en todo pequeño detalle, en cada una de las sonrisas de los y las personas que trabajan este negocio de manera familiar, pero sin perder la calidad de lo que encontraríamos en un hotel de cinco estrellas, o en un restaurante de estrellas Michelín (Sí, comí una vez en uno en Segovia y su nivel no era mucho mayor que esta cocina).

El chef, Gonzalo Quintana Trigo, prepara joyas gastronómicas en una cocina de autor cuya carta tiene unos precios más que razonables (comimos como pocas veces en la vida por unos 70€/dos personas, botella de vino incluida) y una variedad que seguro que seduce a cualquiera.

Y no, no son solo las vistas lo que enamora de este espacio, como sería previsible en un enclave como el Puerto de Navacerrada, sino la atención, la delicadeza, la gentileza, la amabilidad de la familia que ha decidido invertir su trabajo y su saber hacer en relanzar el antiguo Hostal El Corzo, (carpetovetónico en varios sentidos) que ha llenado el nuevo hotel con libros de física, de poesía, de turismo, sí, también de turismo, en un intento de conseguir que, realmente la escapada no sea sólo una forma de huir, sino una forma de llegar, no un lugar en el que consumir, sino un lugar para habitar, para recordar (de cardio, corazón), para volver, volver, volver…

Aunar en un espacio simpatía, tranquilidad, suprema comida y lecturas inteligentes, a un precio más que justo, hacen que te olvides hasta del hecho de que estás en un entorno maravilloso.

Por mi parte, ya estoy ahorrando para repetir ese «nuevo concepto de escapada» al menos una vez al año.

De esas cosas que nunca olvidaré.

tengo que

Marta Serrano y Jana de Luque me han invitado a participar (con algunos textos) en una acción realizada presencialmente en la Biblioteca Central de Santander el 18 de junio de 2022.

En su solicitud me dicen que:

«Tengo que» en este proyecto trabajamos el concepto de las listas y tareas que acarreamos en nuestra vida. Con el objetivo de cumplir todo lo que nos proponemos, creamos largos listados que abarcan desde proyectos a largo plazo hasta la cosa más nimia. Cada tarea debe ocupar un puesto en la lista y pasa a tener su orden de prioridad y cumplimiento. Hacer listas resulta ser una estrategia para mantener cierta sensación de control, que combate tanto la incertidumbre de la existencia y la sensación de caos, como la saturación de información que recibimos a diario. Por otro lado, la necesidad de organizarse y enlistar llega a ser tan abrumadora que, en ocasiones, se convierten en deseos irrealizables o tediosas obligaciones. Aparece así, una sensación de agotamiento antes de comenzar.

Proponemos liberarse de esas autoimposiciones a través de estas acciones. La Variante 1, quienes participaban se libraban de ello a través de nosotras. En la Variante 2, se liberarán a través del público participante que lo harán en su nombre y en el de los demás.

Puedes participar y librarte de tus odiosos «Tengo qués» que pueden abarcar desde corto a largo plazo tanto en el plano personal, profesional y cada unos de los aspectos de tu vida… La lista puede tener la extensión que desees.

Y a continuación viene mi respuesta o participación:

tengo que ganar más dinero para poder seguir creyendo que mi vida es sostenible
tengo que aumentar mi presencia en redes y mejorar mi presencia en redes (sociales, de las del 2.0)
tengo que comprar ropa, en concreto calcetines y camisetas, para no parecer un pordiosero (ni un punki)
tengo que comprar un ordenador en condiciones y dejar de intentar alargar la vida de los que tengo para desafiar la obsolescencia
tengo que escribir un correo electrónico a una persona a quien no quiero ya ni dirigirle la palabra
tengo que hacer ejercicio físico para recuperar flexibilidad en la espalda y desafiar la obsolescencia
tengo que comer menos hidratos de carbono y otros compuestos orgánicos ingeridos en exceso
tengo que rellenar dossiers para presentar obras a concursos de arte
tengo que programar los talleres de poesía presenciales y telemáticos del curso que viene
tengo que averiguar quién continúa de entre las personas que actualmente asisten a mis talleres poéticos
tengo que cortarme las uñas de los pies con más frecuencia
tengo que quedar a cenar con mi sobrino y su pareja
tengo que llamar a mi madre esta tarde para que se quede tranquila por mi afonía
tengo que asegurarme de que no viene nadie esta tarde al evento que he tenido que cancelar por mi afonía
tengo que tomarme las pastillas carameladas que me ha recomendado el farmacéutico por mi afonía
tengo que arreglar el problema del gestor de álbumes de fotos de mi página web
tengo que actualizar mi página web
tengo que distinguir entre «tengos que» odiosos y «tengos que» no odiosos
tengo que distinguir entre «tengos que» no odiosos y «quiero»
tengo que distinguir entre «quiero» y «puedo»
tengo que distinguir entre «puedo» y «debo»
tengo que seguir yendo a nadar un mínimo de 2 veces por semana
tengo que comprar un bañador y un gorro de baño, para no parecer un pordiosero (ni un punki)
tengo que publicitar los talleres del siguiente curso
tengo que pensar si quiero hacer un cambio de modelo de vida permanente(mente)
tengo que revisar mi contabilidad
tengo que verificar si la tarjeta de correos para editoriales me funciona
tengo que hacer gárgaras de manzanilla mañana por la mañana
tengo que darle un final apropiado al proyecto-libro «cocinillas»
tengo que deshacerme de cartón de alguna manera creativa
tengo que fundar una editorial cartonera
tengo que comprar una pantalla de ordenador
tengo que comprar un soporte de pared para pantalla de ordenador
tengo que comprar un cable que llegue desde mi PC hasta el soporte de pared para pantalla de ordenador
tengo que pedir una taladradora para colocar el soporte de pared para pantalla de ordenador
tengo que pensar si quiero seguir manteniendo clases presenciales y telemáticas simultáneas
tengo que pensarlo antes de comprar una pantalla, un soporte y un cable que pueden no servir para nada
tengo que preguntar a mi gestora sobre la devolución de mis impuestos de IRPF
tengo que escribir más de 50 veces la frase «utopía eres tú»
tengo que pedir cita con un dermatólogo que me explique porqué tengo una erupción cutánea en las proximidades nasales
tengo que terminar esta lista de «tengos que» aunque no quiera
tengo que terminar esta lista de «tengos que» aunque no pueda
tengo que terminar esta lista de «tengos que» aunque no tenga que.

Exposición colectiva de Arte Postal en Móstoles

Me invitaron a participar en la III Convocatoria Internacional de Arte Postal DE CORAZÓN · FROM THE HEART, organizado por la Concejalía de Cultural del Ayuntamiento de Móstoles.

Yo presenté una Cianotipia y Poema Visual «Sangre azul» revelada en 2022 que había realizado como palimpsesto con el título «Sangro Sangre» en 2017, componiéndolo sobre las bases de la convocatoria, que era un dibujo de un corazón. El resultado quedó mucho mejor que mi propuesta primera.

Agradezco a Yolanda Pérez Herrera que al pasar por allí se acordase de mí y me enviase una fotografía (la que figura al comienzo de esta pequeña confesión) de la exposición actualmente en el Centro Cultural Villa de Móstoles (Móstoles, Madrid, España), del 1 de junio al 24 de julio de 2022. / Finalizada su exhibición, las obras quedarán depositadas en los fondos de arte contemporáneo del Ayuntamiento de Móstoles.

Me hace ilusión que obras mías vayan quedando por ahí en depósitos de arte contemporáneo. Son las cosas del ego, supongo.

Postulados de Bohr

Es un placer poder comunicar el asombro que sentí cuando descubrí que la realidad era aún más compleja que como me habían contado hasta el momento, a mis tiernitos 17 años.

Yo leí la Teoría de la Relatividad de Einstein cuando tenía 16, pero creo que no la comprendí, ni mucho menos la parte matemática de la misma. Leí el Principio de Incertidumbre de Heisemberg una semana santa sacándolo de la biblioteca del Instituto de Bachillerato Mixto de Colmenar Viejo. Me estalló la cabeza.

Quería comprender y no tenía a nadie cercano que pudiese explicarme lo que había leído.

Mi profesora de química, que no sabía nada de mecánica cuántica, me remitía a Ana Cañas, que era la profesora de física que no me daba clase. Pero que tenía a bien discutir conmigo sobre la viabilidad de la existencia de partículas elementales diferentes a las que conocíamos, esos protones, esos electrones, esos neutroncillos… e intentar justificar o hacerme entender que la singularidad en las ecuaciones de Lorentz que usaba Einstein en su Relatividad Especial no aplicaba a los fotones, pues su masa en reposo no tiene sentido.

Gracias a ella quizá terminé por estudiar Química Cuántica y ver todo lo que me faltaba por ver… que siempre será inabarcable. Conocí a gente estupenda, como mi queridísimo Xabi López Pestaña, con quienes compartimos conversaciones sobre mujeres y mecánica cuántica, sobre el mar, el urbanismo, la política y los grupos de simetría.

También a Alberto Luna, que me enseñó a valorar Dune y sus gusanos, o José Luis Sanz Vicario, a quien le regalé mi querida pieza del Principio de Incertidumbre.

Este sábado pasado tuve la suerte de poder dar una clase sobre la importancia teórico-filosófica de las revoluciones físicas de la Relatividad (Especial y General) y la Mecánica Cuántica. Hablé del debate Bohr-Einstein, de la dualidad onda-corpúsculo, de la deformación del espacio, de la concepción del espacio absoluto cartesiano… los ejercicios son sencillos, pero la comprensión de la repercusión de esta revolución del conocimiento es algo que engrandece la mente hasta lugares inimaginables.

En la imagen que sirve de cabecera a este artículo está mi demostración de cómo inferir desde los postulados de Bohr las explicaciones para la fórmula de Rydberg de los espectros electromagnéticos.

Mi huella no es de carbono. O sí.

Esta es mi huella digital (y seguro que es un riesgo inimaginable desde el punto de vista de seguridad compartirla en internet).

Está arrugada, como corresponde a la edad. La deshidratación y la oxidación se dan la mano en este dedo.

Surcos espirales que no van a ningún lugar. Recorrer esos surcos (o acaso es un único surco espiral) podría generar un concierto sorprendente.

El colmo de mirarse el ombligo sea, quizá, mirarse la huella digital.

La huella digital es paradójicamente analógica.
Esta fotografía de la huella digital es digital.

Esta huella no es una huella. (Podríamos concluir)

¿Es huella de carbono?

Pues en parte sí: el carbono de la química orgánica que me compone.

La huella digital de almacenar esta fotografía de la huella es difícil de calcular y, además, variable.

Todo mi cuerpo es una huella digital de mí mismo. Mi yo conmigo a todas partes.

Los pliegues de la superficie del dedo son dunas de un desierto en miniatura.

Surcos de una era de otra era, que dejan en el asombro versos de células muertas.

La sombra de la huella no tiene dudas sobre su forma o color.
El dedo sí.

No señalo la ausencia.
Pero ahí está: ausente.

Todas mis miradas acaban en el foco de la yema del índice.
Desde ahí parece emerger un rayo de tinieblas.

Se acabó.

Esto no es una broma