Hipocresía

hipocondríaco
hipocampo
hipotálamo
hipo
hipopótamo
hipoalergénico
hipoglucémico
hipo
hipogeo
hipocentro
hipofunción
hipo
hipogénico
hipocentauro
hipocastanáceo
hipo
hipofosfito
hipofostato
hipofosforito
hipo
hipocicloide
hipoclorhidria
hipocrás
hipo
hipófisis
hipócrita
hipócrita
hipócrita
hipócrita
hipócrita
hipócrita
hipócrita
hipócrita
.
.
.

Echaré de menos a XP

A punto de extirpar de las tripas
del portátil de mi madre
el obsoleto
(por decisión de Gates)
windows XP.

Casi reconozco
haberle cogido cariño
a este sistema operativo
que
con el paso de los años
ha demostrado ser
robusto
sencillo
fiable.

Pero llega el tiempo de abandonarlo
y me cuesta extirpar este duodeno
funcional
aunque sea para instalar alguna
distribución de linux
de bajos recursos
que sea agradable a la vista
y al tacto
de quien estaba acostumbrada a su Inicio
y las cuatro cositas que usaba.

Me resisto a no dejar ni una mísera partición
dedicada
con su formatito NTFS
y un arranque dual que garantice
poder seguir usando
lo de siempre.

Pero llega el tiempo de abandonarlo
y la operación debe ser
definitiva:
sin marcha atrás.

XP ha muerto.
No demoremos su entierro
que los cadáveres descompuestos
tienden a heder.

Desagradecido

Nací
de mi madre
y de mi padre
aunque más de mi madre
por aquello de la gestación.

Nací
sin haberlo pedido
sintiendo que era su deseo
su
deseo
y no necesariamente el mío.

Nací
hace ya más de 46 años
de los que gran parte sostuve
que desearía controlar
al menos
el final
ya que no pude el principio.

Nací
involuntariamente
y esa
carencia
está siendo arrastrada
losa
sobre la espalda
de un exceso de responsabilidad
quizá
mal entendida.

Nací
sin objetivo claro
sin destino
sin fin
y con un principio que no es de incertidumbre.

Nací
tarado
y superhéroe.

Nací
extraterrestre
en mitad de un tumulto de humanos sociales
por naturaleza
e incluso puede que buenos.

Nací
desarmado
y cargado de futuro
con una necesidad de alimento
que se come letra a letra
o verso a verso.

Nací
para morir
y siempre lo he sabido
pero incluso así
supongo
debería sentirme agradecido

y no lo logro.

Me gusta / No me gusta

A partir del texto
Me gusta / No me gusta
de Luis Buñuel (en el libro Mi último suspiro)

En la época del surrealismo, era costumbre entre nosotros decidir definitivamente acerca del bien y del mal, de la justo y de la injusto, de la bello y de la feo. Existían libros que había que leer, otros que no había que leer, cosas que se debían hacer, otras que se debían evitar. Inspirándome en estos antiguos juegos, he reunido en este capítulo, dejándome llevar por el azar de la pluma, que es un azar como otro cualquiera, cierto número de mis aversiones y mis simpatías. Aconsejo a todo el mundo que haga lo mismo algún día.

Me gusta pedir en mis talleres que hagan el ejercicio del «me gusta/no me gusta». La primera vez que lo hice fue en Fuentetaja, de hecho, en un taller al que asistí. La profesora, Graciela Baquero, era una mujer menuda que creía en la forma de impartir talleres que yo iba buscando y estuve tanto tiempo en su taller que, al final, me quedé solo y tuvieron que clausurarlo.

Era algo comprensible, pero me sentó bastante mal y prometí (o me prometí) que yo nunca lo haría. Aún no he clausurado nunca un taller regular de escritura ni siquiera con una sola alumna y lejos, bastante lejos, de mi casa.

Graciela, no obstante, sirvió de llave a todo un universo que pude conocer, pues me invitó a participar en un curso de formación para coordinadores de talleres de creatividad que impartía con Jaime Vallaure y con otro cuyo nombre no recuerdo (Miguel Navas, recuerdo hoy.

Jaime pasó a ser «mi faro» y él, a su vez, me abrió nuevas ventanas a otros mundos que yo ni siquiera había imaginado.

Me gustan los días de lluvia, aunque también los días de sol y los de nieve o viento; en realidad, lo que no podría soportar son los climas «perfectos», no variables, suaves, casi programados. Carmen, sin embargo, los adora y este es uno de los pequeños problemas de mi vida: Si alguna vez pensamos seriamente en el exilio no nos podríamos de acuerdo de ninguna manera.

Me encanta el cine. Todo el cine. Siempre cuento que decidí el lugar en el que vivo en función de la cercanía a la mayor cantidad de salas del centro de Madrid. Lamentablemente, con el pasar de los años, los cines me han ido abandonando y me siento un poco huérfano de salas.

El mayor de los traumas lo sufrí con los cines Luna, en los que proyectaban películas comerciales pero en versión original subtituladas, como más me gustan, ahora convertidos en un gimnasio «fashion» al que me apunté. Ha sido un error de los mayores de mi vida. Todo el mundo me decía que era esperable que lo dejase, y así fue. Algo que no todos saben es que yo mientras hacía ejercicio recordaba y tarareaba una canción de Serrat titulada Los fantasmas del Roxy, que habla de un cine que es demolido para construir una sucursal bancaria y los fantasmas de los actores comienzan a aparecerse en ella.

Antes me gustaban los cantautores y me podía llegar a aprender, de memoria, un sinfín de canciones por su letra, pero con el paso de los años he acabado por aburrirme.

Cada vez más me gusta la música instrumental.

Esto fue especialmente así desde que oigo Tangos. La mayor parte de las letras de tango, por muy orgullosos que muchos fanáticos porteños puedan estar, me parecen simplonas, cutres, sin fondo y repetitivas y tópicas hasta decir ¡basta!

Sin embargo, la música distorsionada y sensual de Piazzolla o la armónica de Hugo Díaz me ponen la piel de gallina y me hacen sentir unas ganas enormes de bailar y (a veces) llorar al mismo tiempo.

No me sorprende que Piazzolla fuese un admirador del Jazz, pues con los años, he descubierto en esta música una variedad y una libertad creativa al mismo tiempo que un cromatismo y una intensidad inigualable.

Me gusta la libertad creativa en todas sus formas. Adoro las búsquedas de John Cage, Brossa o Duchamp (Marcel). Para mí, sin búsqueda intelectual, un ser humano es poco diferente de un cordero.

Me gusta mucho cocinar. Tanto es así que cada día lo hago mejor y algunos amigos y familiares (poco objetivos) han empezado a sugerirme que me lo plantee en serio profesionalmente. De hecho, volviendo al tema del exilio, veo en esto una posible salida laboral.

No puedo soportar que alguien diga de la comida «esto no me gusta». Me llevan los demonios. A veces tengo que contenerme para no desear que fallezcan, en ese momento, de inanición espontánea.

Mis sobrinos (y su madre) lo hacen con frecuencia y es una de las principales razones por las que no voy más a Daimiel. Es más, le he dicho a Carmen varias veces que no pienso quedarme nunca con ellos a nuestro cargo mientras no cambien esa actitud.

Me gusta ser tajante. Sí. Pero ¡oh, contradicción! no siempre estoy seguro.

El escepticismo no es que sea algo que me gusta sino, más bien, algo en lo que creo (si es que se puede creer en no creer).

No me gustan los adoctrinamientos ni los adoctrinadores ni las doctrinas. Creo que ni siquiera me gusta la palabra doctrina.

Me gusta agotarme de escribir y sentir que no acabaría nunca.

Pasta al pesto

Aunque solo fuese por el nombre, ya me gustaría, pero además está ese intenso color verde, ese saborcillo al ajo, y el aroma inconfundible de la albahaca.

Estas navidades el hermano de Carmen me regaló una planta entera de albahaca que él había estado cultivando con cariño. Tanto que le crecía demasiado… casi se podría pensar. Yo me la comería a bocados, hoja a hoja… así que como él lo sabía, me la dio el día 5 de enero cuando pasamos por allí de vuelta a casa desde nuestras merecidas vacaciones.

Lo primero que hice fue sacarla del tiesto en el que estaba viviendo. La corté con una tijera inmisericorde para poder traerla a Madrid sin riesgo a que se cayese en el camino. Esto le restó algo de frescor, pero qué le vamos a hacer.

Una vez en mi cocina, fue dirigida a varios frentes:

1.- Servir de aroma de un aceite de oliva virgen que convivió con unas cuantas ramas de la planta durante unas semanas, hasta alcanzar el sabor de aceite aromático deseado. Ideal para ensaladas, o para tostadas… o para tantas cosas.

2.- Junto con un queso manchego que también fue regalado en la región, aromatizar unos trozos de queso curado en aceite. Este queso es una auténtica delicia, una vez terminado el tiempo de absorción de sabores. Y además, después, se puede usar ese aceite, que también tiene el resto de aromas de albahaca y queso. Hummm…

3.- Unas cuantas ramitas fueron reservadas para utilizar durante la semana como adorno y como condimento de las comidas.

4.- El plato fuerte fue el pesto.

Preparación de Pasta al Pesto de albahaca fresca.

Ingredientes:

  • «Medio litro» de hojas de albahaca fresca. No prensándolas.
  • 3 dientes de ajo.
  • 250 gramos de queso curado.
  • 100 gramos de almendras o piñones.
  • 200 mililitros de aceite de oliva virgen.
  • 100 gramos de espaguetti por cada comensal.

Preparación del pesto

Nota: Con esas cantidades, sale mucho pesto, así que tuve hasta para exportar (incluso un poco a quien me había dado la albahaca, que lo merecía). Yo lo hago fresco y luego lo almaceno en tarritos de conservas para usarlo más adelante. Dura bastante tiempo, una vez que está hecho y cubierto por una capita de aceite para que no se oxide, aún más. Además, lo guardo en el frigorífico y lo uso sacándolo una hora antes de su utilización.

Hice todo el pesto siguiendo una recetilla que tengo en un libro (aunque la hago un poco sobre la marcha, porque en realidad no importa mucho) de recetas con Thermomix.

En el cubo de Thermomix trituré el queso (poniéndolo a potencias 5/6 y aumentando varias veces hasta que quede bastante fino: cuanto más seco sea, mejor) y lo retiré.

Introduje los 3 dientes de ajos cortados en cuadraditos y trituré. Agregué las almendras. Trituré…

Acabo de ver una receta que lo explica más en detalle. Copio:

Poner en el cubo las almendras, la albahaca, el ajo, el queso y programar 15 segundos, velocidad progresiva 5-7-9.

Verter poco a poco el aceite a velocidad 5, con el cubilete puesto, de forma que caiga un suave hilo que vaya emulsionándose. Añadir sal, si fuera necesario, aunque el queso aporta suficiente sal y sabor.

Ya dije que reservaba el exceso para su uso posterior. Este viernes tocó usarlo.

Preparación de la pasta al pesto

En un recipiente que soporte altas temperaturas, añadir agua en abundancia (3 litros). Y ponerlo a fuego a toda potencia. Para que no se detenga la cocción cuando se produzca. Echar un par de cucharadas de sal. Ya que estaba hecho, usé aceite de oliva aromatizado con albahaca para añadir sabor, echando un par de cucharadas al agua de la cocción.

Cocer la pasta normalmente cuando el agua comience a hervir. La mejor para esta receta son tallarines, porque son planos y adsorben (sí, adsorben con d) más salsa, pero los espaguetti estaban abiertos. Así que…

Cuando esté la pasta, escurrirla sobre uno de esos aparatejos con agujeros que sirven para ello, preferiblemente planos, metálicos, para que la pasta sufra menos abrasiones. Antes se habrá tenido la precaución de poner bajo el chisme colador en cuestión una jarra en la que vamos a recoger algo del agua sobrante de la cocción. Bajo ningún concepto lavar la pasta: si esto es inadecuado siempre, en este caso es terrible, porque luego la salsa no se adherirá correctamente y quedará deslavazada.

En un bol (o en un vaso) mezclar la cantidad deseada de pesto (sin excesos, que es muy sabrosa) con una cucharada de aceite de oliva y una cucharada (o dos) de agua de la cocción.

Mezclar en el cacharro mismo que se ha usado para la cocción con la pasta y añadir algo de agua si fuese necesario, siempre, de la que quedó en la jarrita que usamos para recoger la de la cocción de la pasta.

Es simple, pero no tanto como parece. A mí me parece un plato delicioso que tengo la suerte de conseguir que me salga estupendo de sabor, de apariencia… y para rematar: marida perfectamente con vinito blanco o un rosado de aguja… Muy de restaurante italiano, vaya.

No he ido nunca

david balonmano

No he ido nunca
a un partido de balonmano
de mi sobrino.

Soy un egoísta
que no ha ido nunca
a un partido de balonmano
de su sobrino.

El ego es tan grande
que escribo en primera persona
para hablar de mi sobrino.

Él ha venido a algunos eventos que
yo
siempre yo
he organizado
con Carmen
en Clave 53.

Le recuerdo paseándose entre la gente
repartiendo patatas fritas
o cortezas de cerdo
en el local que teníamos
nosotros (otros nos)
en Campomanes.

Pero ni una sola vez
en los más de 10 años que se dedica a ello
he ido a ver un partido de balonmano
en el que va destacando
cada vez más
aunque sigo sin ver
que se plantee
ser profesional de ello
haciendo como tiene que hacer la gente:
caso omiso de sus placeres
y pensar en lo que hay que hacer
para ser una persona de provecho.

Aún puede que esté a tiempo
de ir alguna vez
a verle jugar
pero ahora ya se avergonzará de mí
y querrá pasar tiempo con sus amiguetes
de su edad
adolescente
que dejarán de dedicarse a disfrutar
para ser productivos
con el paso
cadente
de los años.

Entre mis objetivos
a corto plazo
está el dejar de ser tan
egoísta.

Aunque sea por mi bien.

Hipocresía

Mi madre me enseñó el cómo.
Mi padre me enseñó el para qué.
Mi hermana me enseñó el cuándo.
Y me hice un verdadero experto.

La última vez que fui excesivamente
sincero
tuve serios problemas
o mejor dicho
los ocasioné.

Procuro ser sincero en la medida
de las necesidades
de las necedades
de las edades
de las es
que son
son son
y cuando dejan de ser
mueren.

Procurar ser sincero
es un indicio
es una prueba
de que no se es.

¿Quieres que te diga la verdad?

¿Seguro?

No pude huir de una maldita procesión

El domingo pasado, en Daimiel, no pude escapar de una maldita procesión, de esas religiosas que inundan las calles de nuestro país con la excusa vana de la tradición.

Me planteaba un problema que era el de estar formando parte pasiva del evento: habíamos ido (Carmen y yo) a tomar unas cañas con su hermano y su familia. Estábamos en mitad de una plaza cuasi peatonal por la que, repentinamente (aunque estaba avisado, pero yo no lo sabía), se presentó una comparsa de sevillanas y viejitas con mantillas, unos cuantos en una banda musical tocando pasodobles y marchas militares, aunque casi podría decir que son sinónimos (alguno lo hacía bien, he de reconocer) y unas niñas vestiditas con trajecillos típicos manchegos. Detrás, terminando la procesión, un grupo de hombres cargaban con una estructura que se preveía pesada sobre sus hombros. Sobre la estructura una figurita de una presunta madre de un presunto hijo de un presunto dios… cuya sexualidad queda en duda. La madre no era tan natural como para haber sido engendrada de manera heterosexual, sino por algún tipo de inseminación artificial, según cuentan.

Aún había más: detrás de esa ostentosa muestra de horterada dorada, avanzaban unos lugareños con velas y otros aparejos encendidos, con miradas pánfilas y saludos de cortesía.

radicalMi problema/dilema era si seguía formando parte de aquello o me levantaba y me iba.

He decidido hace tiempo que es necesario empezar a ser un poco más radical. Parece mentira, pero sí, me parece que hay que empezar a decir más frecuentemente no. Un NO grande y obsceno, un no, de los girondinos, de los guillotinantes, un no noooo, un puro no, vaya, un no de tres y cuarto, un no de no me da la gana, real o republicana…

Inclusive, he llegado a escribir un curso para decir no, completamente gratuito.

Por ejemplo, habiendo tanta gente que dice ser atea, o no practicante, ¿cómo puede ser que no conozca apenas nadie que se niegue a entrar en una iglesia a formar parte de una ceremonia religiosa? Sé lo que es presión social, pero debe ser contraatacada, porque está empezando a hartarme tanta pasividad.

Llegan estas fechas, primaverales. Los infantes hacen las comuniones, las parejas se casan (aún por la iglesia muchas) e incluso bautizan sin parar a bebés ignorantes de lo que les hacen. Las familias, con cariño y buena fe, invitan al personal a formar parte del evento, invitan a asistir al acto sin darse cuenta o no queriendo darse cuenta de que es un acto político: Están dando importancia capital a eventos religiosos. Y luego, dicen, hay contrariedad por la Ley Wert… pero no es cierto. Nadie (o casi nadie) dice NO. Yo no quiero formar parte de ese evento porque es religioso. Así, sin más. Por el hecho de que mi no-religión no me lo aconseja. Por el hecho de que deseo un modelo de sociedad laica y desenganchada de la simpleza de la religión y, más aún, porque me cabrea sobremanera que sea realizado en un recinto financiado con dinero público.

Podría compararlo con qué haría la gente en una manifestación mayoritaria, en la que vuelva a pesar la presión social, como ocurre en la fotografía que acompaña esta reflexión. Podría compararla con una participación masiva en un ritual de festejo irrespetuoso como el de una victoria fulbolística, por poner un ejemplo.

En esta ocasión se trataba de enfrentar el hecho de que la procesión había ido a donde yo estaba y no al revés, y pensé en si era una incoherencia mantenerme allí. Sentí que no debía dejar el sitio, que no debía irme, que aquello era, de alguna manera, ceder terreno en una guerra…

Pero no pude evitar sentir también cierta tristeza sabiendo que estoy absolutamente en desventaja.

Francisco I

El otro día comenté en una red social
que Francisco I
es mi padre.

Con ello estaba jugando a afirmar
que el único que reconozco
con la autoridad
suficiente
para tener el título real
es a Francisco
Domínguez Núñez
es decir
mi padre.

Gran cantidad de gente
se apresuró a suponer
que me refería al recientemente
elegido por dios
como papa de la iglesia católica apostólica
y romana
pero nada más lejos de la realidad.

Nadie supuso que cuando pienso en
Francisco I
el primero en el que pienso
es el franco rey francés
que le plantó cara a un tal Carlos
quinto o primero
según se mire.

Pero
si tuviese que elegir a uno
como el número uno
de los franciscos
que conozco
y re
conozco
como rey del reino en el que habito
sería
mi padre.

Hay que ver qué cantidad de comentarios
suscitó una entrada semejante
y los pocos que genera
una entrada larga y de descripción detallada
de algún problema sin solución
o el enunciado
del principio de máxima multiplicidad de Hund
por poner un ejemplo.

¿Por qué?

jo nooo

es que
no me gusta
quiero de eso
no
de eso no
es que
jo
yo
eso no me gusta
ni eso
vale
venga
ponme un poco de eso
sí
y a mí
y a mí
y a mí
pero esperar
no hay para todos
jooo
pues yo quiero
y lo otro no me gusta
ni a mí
ni a mí
pues a mí me sienta mal
y a mí me da alergia
jooo
pues vaya
ya
venga
¿te pongo esto?
no
yo quería eso
y esto no me gusta
no quiero
venga…
que no
que no quiero
que no es bueno
pero venga
es lo que pude traer
pero a mí esa marca no me gusta
pero bueno
que no
que no me gusta
venga que da igual
a mí no me da igual
ni a mí
ni a mí
pónselo a aquel
¿tú no quieres un poquito?
no
de esto no
quiero de eso
como yo
y yo
y yo

he traído esto de postre
pues vaya
¿no había otra cosa?
estaba en oferta
y era de aquí al lado
es que a mí lo que me gusta es lo de todos los años
en esa tienda que sabes
pero es muy cara
ya
pero no me gusta otra cosa
pruébalo
que no
que no quiero
ni yo
ni yo tampoco
pues vale
esto es lo que hay

pues vaya
jo
qué mierda
oye
no hables así
es que…
¿no tienes hambre?
sí
pero eso no me gusta
yo quiero el de siempre
y yo
y no entiendo porque no se puede
pues porque no
es que es muy caro
ya
pero para eso no como
pues bueno
no tendrás mucha hambre
bueno
sí
pero no quiero eso
no quiero
no me gusta
joooo
ni a mí
ni a mí

venga
vamos a hablar un poco de la crisis
para distraernos
vale
es que yo entonces
me aburro
y yo
y yo
pues nada
dejemos pasar el tiempo
o de que quieres hablar
de mí
y yo de mí
y yo
¿y de otros?
no
no
no
mejor de mí
sí pero después de hablar de mí
y de mí
que no
que no se puede hacer así
pues vaya
jooo
qué mierda
que te he dicho que no digas mierda
pero es que es una mierda
te voy a castigar
pues hala
castígame
esto es un rollo
y me aburro
y yo
y yo

…
…
…
…
…
…

un ratito de silencio
en ciertos casos
no viene mal
porque ya está todo
dicho.

Esto no es una broma