Sorpresa, sorpresa

¡Oh!
¡Una tradición católica
tachada de machista!

Leo en un periódico
la noticia
de que se considera discriminatorio
el trato que reciben las mujeres
en las procesiones de semana santa
y me entra la risa
pensando
que en semana santa
todo el planeta
sufre discriminación
salvo quienes alaban al señor
(no a la señora)
glorificado
por la santa iglesia católica
regida
por un papa
(que no una mama)
y eso ocurre
en este país
llamado España
en el que la constitución
da primacía
al varón sobre la mujer
en la cadena de sucesión de la representación
del estado.

¡Oh!
¡Una tradición católica
tachada de machista!

Antonio Gramsci

Artículo de La broma infinita sobre Antonio Gramsci encontrado en Facebook, en el siguiente enlace:
https://www.facebook.com/photo.php?fbid=122107446825252882.

Lo reproduzco casi completo (con mínimas adaptaciones) porque me ha parecido fundamental.

Antonio Gramsci: Un hombre que un dictador encerró específicamente porque sus ideas eran peligrosas.

Antonio Gramsci nació el 22 de enero de 1891 en Ales, un pueblo chico de Cerdeña, la isla más pobre de Italia. Era el cuarto de siete hijos. A los siete años una enfermedad le deformó la columna y le dejó una joroba para siempre. A los ocho, su padre fue preso por rencillas políticas entre terratenientes locales y la familia quedó en la indigencia. Antonio tuvo que dejar la escuela y trabajar.

Años después escribió que durante ocho meses había hecho una sola comida al día. Que había llegado al tercer año del colegio en condiciones de desnutrición grave. Que su cuerpo era un problema constante que había que resolver para poder pensar. Siguió estudiando bajo esa condición.

Hay algo en la imagen de un niño jorobado y hambriento que aprende solo porque no puede hacer otra cosa que me resulta más elocuente y necesario mencionar antes que cualquier análisis biográfico.

No es un tipo de héroe. Es obstinación humana. Una terquedad específica de alguien que entiende desde muy temprano que el conocimiento es lo único que nadie le puede quitar y va más allá de su físico deplorable.

Su hermano mayor Gennaro le pasaba prensa socialista desde que Antonio tenía trece años. A los diecinueve empezó a leer a Marx. A los veinte ganó una beca para estudiar filología en la Universidad de Turín, en el norte industrial de Italia. La beca era tan pequeña que no le alcanzaba para nada. En Turín encontró lo que Cerdeña nunca le había dado: miles de obreros organizándose, fábricas creciendo, sindicatos formándose.

Gramsci los miraba con la curiosidad de alguien que había crecido en la pobreza y que por primera vez veía una pobreza organizada en lugar de dispersa y resignada. Y ahí empezó a construir la pregunta.

¿Por qué la gente obedece?

La respuesta obvia es el miedo. El poder usa la fuerza y la gente obedece para no ser aplastada. Pero Gramsci miraba a su alrededor en Turín y veía que el miedo no alcanzaba para explicar todo. La mayoría de los obreros de las fábricas no pensaban que el sistema era injusto. Pensaban que era así como funcionaba el mundo. Los campesinos de Cerdeña donde él creció no creían que merecían más. Creían que su lugar era ese.

¿Pero quién les había enseñado eso?

Gramsci pasó años rastreando la respuesta y llegó a un concepto que llamó hegemonía. No era una palabra nueva pero él le dio un significado y eso lo cambió todo. La hegemonía es el control que un grupo ejerce sobre el resto, no a través de la fuerza sino a través de las ideas. Cuando los valores y la visión del mundo de los que mandan se convierten en los valores y la visión del mundo de todos, el poder no necesita usar la fuerza. La gente ya piensa como él necesita que piense. Y los instrumentos de ese control no son las armas. Son la escuela. La iglesia. Los diarios. La cultura popular. Las historias que una sociedad se cuenta sobre sí misma para explicar por qué las cosas son como son y no de otra manera.[1]

Si Gramsci tenía razón, y la evidencia histórica sugiere que sí, entonces el control más efectivo es el que no se ve. El que opera a través de las ideas que creemos propias. El que funciona mejor cuando la gente está convencida de que está pensando libremente.

Y la pregunta que eso genera es incómoda: ¿cómo sabes cuándo estás pensando por ti mismo y cuándo estás pensando lo que alguien más necesita que pienses?

Gramsci no respondió eso. Pero señaló algo: «El primer paso es entender el mecanismo. Ver cómo funciona». Y eso era exactamente lo que Mussolini no podía permitir que nadie dijera en voz alta.

En 1913 Gramsci se afilió al Partido Socialista Italiano. En 1919 fundó la revista L’Ordine Nuovo que se convirtió en el periódico más influyente de la izquierda italiana. En 1921 fue uno de los fundadores del Partido Comunista Italiano. En 1924 fue elegido diputado y se enfrentó verbal y directamente a Mussolini en el Parlamento. Ese día el dictador lo identificó como enemigo definitivo. En 1926 Mussolini disolvió todos los partidos políticos y eliminó la inmunidad parlamentaria. El 8 de noviembre de ese año, agentes del régimen detuvieron a Gramsci en Roma. Tenía treinta y cinco años.

En el juicio de 1928, el fiscal pronunció la frase que lo haría famoso para siempre: «Debemos impedir que este cerebro funcione durante veinte años». No fue una exageración. Fue una declaración de intenciones. El Estado italiano no acusaba a Gramsci de haber cometido un crimen. Lo acusaba de pensar. De tener un cerebro que entendía cómo funcionaba el poder y que podía explicárselo a otros en lenguaje que cualquier persona podía entender. Eso era lo peligroso. No las bombas ni los planes de revolución. La claridad con la que expresaba temas complejos.[2]

Lo que siguió fueron once años que destruyeron su cuerpo sin tocar su cerebro. Algunas de sus dolencias por citar algunas: Arteriosclerosis. Tuberculosis pulmonar. Tuberculosis ósea. Enfermedad de Pott que le destruyó vértebras. Gota. Hemorragias cerebrales. Perdió casi todos los dientes. Pasaba temporadas enteras sin poder moverse de la cama.

En 1929 pidió autorización para tener cuadernos y lápices. Se los dieron.

Empezó a escribir con letra chiquita para que los guardias no pudieran leer el contenido tan fácil. Escribió sobre filosofía, cultura, historia, política, educación, teatro, literatura, lingüística. Casi tres mil páginas. 32 cuadernos que son hoy una de las obras filosóficas más importantes del siglo XX.[3]

Encerrar a alguien para que no piense es una lógica que asume que el pensamiento necesita libertad para funcionar. Gramsci demostró que no. Que el pensamiento, cuando es suficientemente duro de corromper, funciona mejor en las condiciones más adversas porque no tiene otra cosa en que pensar. El cerebro que querían detener durante veinte años lleva casi noventa funcionando en universidades, movimientos sociales y en cualquier conversación seria sobre cómo el poder convence a la gente de que lo que existe es lo único posible.

En 1932, desde la celda, supo que le habían nacido dos hijos con su esposa Julia Schucht, una violinista rusa que había conocido en Moscú en 1922. Los niños crecieron en la Unión Soviética. Gramsci nunca los vio por lo menos en persona. Le enviaban fotos. En una carta a su cuñada escribió que había tenido una gran alegría al ver las fotos porque por fin podía comprobar que sus hijos tenían cabeza y piernas, que desde hacía años solo veía sus cabezas y empezaba a dudar de si no se habrían convertido en ángeles sin alas.[4]

Lo liberaron con libertad condicional en 1934 cuando su salud era ya era terminal.

El 27 de abril de 1937 murió de una hemorragia cerebral en una clínica de Roma. Tenía cuarenta y seis años. Seguía «técnicamente» detenido cuando murió.

Los 32 cuadernos salieron de la cárcel escondidos gracias a su cuñada Tatiana Schucht. Llegaron a Moscú. Palmiro Togliatti, su compañero de la universidad de Turín que había sobrevivido al fascismo en el exilio, los organizó y los publicó entre 1948 y 1951. El mundo que los leyó quedó transformado.

El concepto de hegemonía se convirtió en una herramienta que los investigadores de ciencias sociales, comunicación y política usan hasta hoy para analizar cómo funcionan los sistemas de poder. Explica por qué ciertos valores se presentan como naturales cuando son construcciones históricas. Explica por qué la gente a veces actúa contra sus propios intereses (sin saberlo). Explica por qué los medios de comunicación, las redes sociales y el entretenimiento masivo son campos de batalla políticos (aunque no parezcan).

Cualquier persona que pueda señalar ese mecanismo en voz alta y (en lenguaje que otros entiendan) se convierte automáticamente en una amenaza para ese control. No importa si tiene título de universidad o no. No importa si es periodista o no. No importa si tiene respaldo institucional o no. Lo que importa es la claridad para explicar. La capacidad de ver el mecanismo y explicarlo. Eso fue lo que encerró a Gramsci.

Gramsci lo llamaba el intelectual orgánico. Alguien que traduce el poder a lenguaje popular. Siempre fue peligroso en cualquier época.

Gramsci fue enterrado en el cementerio acatólico de Roma (donde sepultaban a gente no católica o atea). Su lápida solo contiene una corta inscripción latina «Cinera Antonii Gramsci» (las cenizas de Antonio Gramsci)… y encima está mal escrito porque debería poner «cineres». “Cinera» es una forma gramaticalmente incorrecta en latín clásico. Lo correcto para referirse a las «cenizas» es el plural de cinis, que es «Cineres». El uso de «Cinera» en la lápida de Gramsci ha sido motivo de debate durante décadas; algunos lo atribuyen a un simple error de picapedrero o un descuido de quienes encargaron la inscripción, mientras que otros han intentado (sin mucho éxito) buscarle alguna raíz en el latín vulgar. Es una ironía bastante particular que uno de los intelectuales más rigurosos de la historia termine con una errata eterna sobre su tumba.


Notas:

  • [1]: Gramsci, A. (1929–1935). «Quaderni del carcere» Edición crítica de Valentino Gerratana. Einaudi, 1975. El concepto de hegemonía se desarrolla principalmente en los cuadernos 10, 12 y 13.
  • [2]: Fiori, G. (1966). «Vita di Antonio Gramsci». Laterza. La frase del fiscal está documentada en los registros del juicio de 1928 y citada en múltiples biografías académicas.
  • [3]: El número de cuadernos varía entre fuentes. La edición crítica de Gerratana de 1975, considerada la referencia académica, organiza el material en cuatro volúmenes con aproximadamente 2.848 páginas de texto original.
  • [4]: Gramsci, A. (1947). «Lettere del carcere». Einaudi. La carta sobre las fotografías de sus hijos es una de las más citadas como testimonio de la dimensión humana de Gramsci.

Fuentes

  • Biografías y Vidas. (2023). «Antonio Gramsci».
  • Fiori, G. (1966). «Vita di Antonio Gramsci». Laterza. [Edición española: «Vida de un revolucionario». Capitán Swing, 2022]
  • Gramsci, A. (1947). «Lettere del carcere». Einaudi. [Edición española: «Cartas desde la cárcel». Cuadernos para el Diálogo, 1975]
  • Gramsci, A. (1929–1935). «Quaderni del carcere». [Edición crítica de Valentino Gerratana. Einaudi, 1975. Edición española: «Cuadernos de la cárcel». Era, 1981]
  • Hall, S. (1980). Cultural studies: Two paradigms. «Media, Culture & Society», 2(1), 57–72.
  • Psicología y Mente. (2024). ‘Antonio Gramsci: Biografía de este filósofo marxista».
  • Wikipedia. (2025). «Antonio Gramsci».

La paz como obra de arte

En medio de este escenario convulso, yo he decidido recuperar esta postal que tenía desde hace décadas guardada entre mis viejos apuntes de arte, del maravilloso Wolf Vostell, quien afirma:

«Yo declaro la paz como la mayor obra de arte»

Allá por los años 70 también el mundo era un lugar convulso y quedaban aún por suceder terribles acontecimientos como los golpes militares en Chile o Argentina, entre otros… y lo que vendría después.

Mientras tanto, yo vuelvo a declarar, con Vostell, la paz como la mayor obra de arte… y el arte como un formidable camino hacia la paz.

El silencio, espera en el recibidor.

Primera sesión de N’Clave de Po(esía) en BPM Iván de Vargas

Comenzar en un sitio nuevo (para la actividad) siempre supone un reto, una incertidumbre, que en esta ocasión se saldó con un flujo de personas deseando asistir al evento que superó mis expectativas: más de 40 personas acudieron al acto, delicado, sencillo, casi trivial, en el que nos leemos poesía en grupo sin más, sin comentarios, sin aplausos, sin alharacas, pero con respeto absoluto y libertad máxima.

Siempre presumo de que, en esta actividad, no es preciso establecer ningún tipo de normas, orden, organización, para que todas las personas asistentes sientan que tienen la posibilidad de leer, de permanecer escuchando, de lanzarse al ruedo de lo que sería un recital, y nadie «pisa» a nadie, ni nadie es más o menos que nadie. La autogestión llevada al extremo demostrando su capacidad de funcionamiento autónomo.

En esta ocasión, llegó a haber un singular momento en el que las casi 4 decenas de personas guardaron un riguroso silencio atento a la lectura de un poema por parte de una asistente que tenía una severa afonía. Fue muy bello saber que me rodeo de gente tan generosa, tan delicada, tan bella…

Antisistema

Escribir
en un papel
que voy a tirar
a la basura
es la mayor aspiración
de una poesía
liberada de cualquier intento
de comercialización.

Nota: Este papel fue recibido en un pedido de Amazon hace más de 5 años (para salvaguardar el contenido de golpes desde su origen, posiblemente lejano) y ahora quiero pensar que recuperarlo para una acción poética me libera, me limpia, me hace sentir libre de pecado. «Greenwashing» de manual.

Todo es Terapia

Después de ver el vídeo de esta mujer, profesora de filosofía, a quien sigo desde hace años en YouTube, en el que alerta sobre los peligros de seguir «terapias» como esta de la «terapia filosófica» o «curaciones estoicas» y otras bondades por el estilo, no pude por menos que recordar mi lindísimo y divertido proyecto de Todo es Terapia en el que ya me reía de esta tendencia a la curación mágica, al pensamiento irracional, de algún modo también ridiculizada en mi acción de «Crisis del pensamiento racional«.

Ya no sé cómo decirlo. Incluso, por supuesto, he llegado a no-decirlo, que de un tiempo a esta parte me parece lo más sensato, por más que pueda parecer un silencio cómplice. Pero silencio al fin y al cabo, en esta época de ruido y ruidosonido y furia.

Creer en la navidad

Encuentro esta publicidad algo perturbadora, como todo lo que rodea este periodo tóxico denominado «navidades», que comprende del 24 de diciembre al 6 de enero, ambos incluidos.

Navidad procede de «natividad», de nacimiento, en homenaje obvio al nacimiento de un tal jesusito… que hará un par de milenios que vino al mundo a instaurar una religión sobre una piedra. Dicen.

Por lo que esta afirmación hace que yo sea de quienes no creemos en la navidad, al menos en ese sentido (ni en ninguno, en última instancia), pero sí que creo en las personas, que no son materia de creencia, sino de existencia, independientemente de mis creencias u opiniones.

Que tras esa afirmación, por tanto, huera, se venda una especie de bocadillo y el aniversario del 50 años de una empresa de consumo que ni siquiera intentan ocultarlo en su nombre, me parece ridículo.

Por otro lado, lo prefiero a la frase contraria:

«Creer en las personas es creer en la navidad».

si asumimos que el «es» es un «implica» y no una igualdad, lo que no necesariamente es cierto.

No sé si en estas fechas me vuelvo algo más observador o si los mensajes son tan llamativos que me es imposible no verlos. ¡Todo es grito! ¡Todo delirio!

Y así… hasta el próximo año.

Consentimiento

miento si no digo que
esta palabra
es la palabra
esta palabra
es el futuro
y debió haber sido
el pasado
esta palabra
es crisis política
es crisis social
es crisis económica
es crisis financiera
es crisis internacional
es crisis filosófica
es crisis ética
es crisis religiosa
es crisis feminista
es crisis literaria
es crisis poética
es crisis mental
en cuanto cambio
consentimiento
sentimiento
miento

o mento el sentimiento
con consentimiento

no miento

consentimiento
de olvidar
pedir perdón
antes que
pedir permiso

consentimiento
es la palabra
o
no será

y será
muy triste
una vergüenza
una debacle
una pesadilla
una catástrofe
sin apóstrofe

consentimiento
o muerte

consentimiento
es la última frontera

¿qué hay
al otro lado?

En defensa del honor

Que alguien como la buena gente de Residui tenga que publicar algo así en las redes sociales y darle visibilidad para intentar paliar los daños que a la imagen le pueda hacer un vídeo o una afirmación más o menos inveraz, demuestra una vez más la fragilidad de nuestro trabajo.

COMUNICADO OFICIAL DEL LABORATORIO INTERNACIONAL RESIDUI TEATRO

El Laboratorio Internacional Residui Teatro ha tenido conocimiento de la publicación en redes sociales de un vídeo por parte de una persona que, hace aproximadamente un año, participó de manera puntual en uno de sus proyectos. Por respeto a su intimidad, se omite su identidad en este comunicado.

En dicho vídeo se vierten afirmaciones manifiestamente falsas, de carácter calumnioso y/o injurioso, que afectan directamente al buen nombre, la reputación y la honorabilidad tanto del Laboratorio Internacional Residui Teatro como de sus representantes, D. Gregorio Amicuzi y Dª Viviana Bovino.

La entidad cuenta con documentación, registros y testigos que acreditan la falsedad de las manifestaciones difundidas. El asunto en cuestión, ha sido puesto en manos del Despacho jurídico que asiste a la asociación para la adopción de las medidas legales oportunas. Entre las acciones contempladas se incluye el ejercicio de acciones civiles por vulneración del derecho al honor y daño reputacional, conforme a lo previsto en el artículo 18 de la Constitución Española, la Ley Orgánica 1/1982 y el artículo 1902 del Código Civil.

No obstante, el Laboratorio ha decidido, por el momento, actuar con prudencia y buena fe, ofreciendo a la persona responsable la posibilidad de una rectificación previa a las acciones, de carácter voluntaria*, que deberá consistir en:

1. La retirada inmediata del vídeo, por contener información inveraz y, por ende, infundada y de cualquier otra publicación relacionada.

2. La *publicación de una disculpa pública*, en los mismos medios y con igual difusión que la publicación original.

En caso de no producirse dicha rectificación de forma inmediata, se procederá sin más dilación al ejercicio de las acciones legales mencionadas.

El Laboratorio agradece a amigos, colegas, alumnos, maestros e instituciones el apoyo mostrado y solicita que, quienes hayan visualizado la publicación o tengan acceso al enlace, denuncien el contenido ante la plataforma correspondiente por difusión de información falsa y difamatoria.

Durante sus 25 años de trayectoria, el Laboratorio Internacional Residui Teatro ha mantenido un compromiso firme con la creación artística, la cooperación cultural y la promoción de valores de paz y respeto, sin que, en todo este tiempo, se haya vulnerado su buen nombre con informaciones falsas. Su labor es pública, transparente y verificable, y continuará desarrollándose con la misma integridad que siempre ha caracterizado a la organización.

Me he tomado algo de tiempo para ver qué dice la persona en cuestión y no quiero entrar en detalles, pero me parece que hace demasiado daño a la imagen una afirmación en un vídeo que, de ser verdad, donde debería estar es en el ámbito de la justicia.

Yo conozco a la gente de Residui desde hace años y no voy a poner la mano en el fuego por nadie, pero son gente encantadora y el espacio en el que he estado con ellos siempre ha sido cordial y generoso, con un ambiente amable, encantador… que no me parece corresponder con el retrato que se hace de esta compañía.

Pero bueno… los tiempos de #metoo tienen estas cosas. Con sus luces y sus sombras.

Rosalía y el Genocidio de Gaza

En respuesta a la polémica desatada por las acusaciones de la cantante Rosalía de “silencio cómplice” y el rechazo del diseñador de moda Miguel Adrover.
(Un resumen de lo que pasó se puede leer en
https://elpais.com/cultura/2025-08-10/lecciones-del-caso-rosalia-tienen-que-hablar-o-callarse-los-artistas-sobre-la-guerra-en-gaza.html )

Rosalía es una cantante famosa, con gran poder mediático, pero es una cantante a la que se ha exigido una condena expresa a lo que está ocurriendo en Gaza desde octubre de 2023 y le piden (exigen) que afirme que se trata de un genocidio, así, sin ambages, sin tibieza, sin un mínimo de equidistancia: la equidistancia ha muerto.

Hay que posicionarse con soflamas simples, obvias, de condena del genocidio.

Busco la definición de la RAE de genocidio y encuentro una única acepción:

genocidio: Del gr. génos ‘estirpe’ y -cidio. m. Exterminio o eliminación sistemática de un grupo humano por motivo de raza, etnia, religión, política o nacionalidad.

Y, siguiendo en la RAE (que no considero una organización altamente progresista) encuentro como primera acepción de holocausto:

holocausto: 1. m. Gran matanza de seres humanos.

El famoso (tristemente) 7 de octubre de 2023 el grupo terrorista Hamás llevó a cabo un atentado execrable que condenó casi una unanimidad mundial. Fue una masacre despiadada, una gran matanza de seres humanos. Pero no fue un genocidio. Aunque sea comprensible el miedo de Israel a ser atacado y eliminado de la faz de la Tierra como nación.

Pero, ¿Qué es Israel y el sionismo sino un acto deliberado de expulsión sistemática de un grupo humano por motivos religiosos de la región antaño conocida como Palestina?

Sin remitirse a un remoto pasado, de historia basada en unas deidades que, curiosamente, coinciden, sin hablar de descendencias de seres mitológicos como Sem, Ismael, Abraham, Isaac y sin referirse a hebreos, filisteos ni cananeos, el sionismo de Theodor Herzl de finales del siglo XIX está tan trufado de racismo como los pogromos que el pueblo judío estaba sufriendo en sus carnes en esa misma época; sus pretensiones de crear una patria para los judíos del mundo pasaba por despreciar a otros pobladores a los que se comenzó sistemáticamente a excluir ya en el siglo XIX por considerarse inferiores y, por supuesto, no elegidos por el dios de la tierra prometida.

De «Los Protocolos de Sion» se pasó a «Los Amantes de Sion» que crearon más de 20 poblados judíos en una tierra ya habitada y, desde entonces, hace ya más de 125 años, bajo el discriminatorio lema de «trabajo hebreo», se excluyó la posibilidad de convivencia con los habitantes de la tierra ocupada o adquirida.

Masivas compras de terreno con prohibición de reventa a no-judíos fue una de las tácticas sistemáticas de conquista territorial que produjo un paulatino desequilibrio demográfico en favor del crecimiento de población judía que agitó revueltas árabes que hoy se tacharían de terroristas (también en aquel entonces, ya a principios del siglo XX) pero no hubo reparos en aliarse con líderes árabes por parte de los franceses y, sobre todo, ingleses, con el fin de combatir a los Imperios Centrales, principalmente al decadente Imperio Turco, de cuyo desmembramiento obtuvieron pingües beneficios de los que hoy en día siguen aprovechándose.

El vergonzoso Acuerdo Sykes-Picot y la posterior y abominable Declaración Balfour (recuerdan a aquellos tratados con los pueblos indígenas amerindios siempre incumplidos por la expansión estadounidense), cimentaron la actualmente vigente Ley del Retorno (Israel) de 1950 que garantiza a cualquier judío del mundo su derecho a migrar a Israel, en clara oposición con la Declaración Universal de los Derechos Humanos pues discrimina explícitamente en función de «raza» y religión colisionando frontal con el Artículo 2.

Ya sé (no soy naïf) que otros países discriminan, que los Derechos Humanos parecen ser algo utópico e inalcanzable aunque a fecha de hoy parece que sean algo directamente olvidado incluso como objetivo a largo plazo.

Las «aliot», inmigración planificada, alentada por razones ideológicas (religiosas) más que prácticas, propugnaron (propugnan) una radicalización del sionismo cada vez más racista hasta llegar a ser reconocido así en la Resolución 3379 de la Asamblea General de la ONU (Declara que el sionismo es una forma de racismo y discriminación racial. 2400a. Sesión Plenaria, 10 de noviembre de 1975) en vigor desde el 1975 al 1991, cuando la caída del Muro y los colapsos soviéticos cedieron paso a un nuevo orden mundial.

(Texto íntegro de la 3379 Resolución de la Asamblea General de la ONU: https://documents.un.org/doc/resolution/gen/nr0/791/10/pdf/nr079110.pdf )

Pero en esa época ya poco quedaba de la región antaño conocida como Palestina y ya se hablaba, como hoy, de Gaza, de Cisjordania, de Israel, como si fuese una «solución de los tres estados», cuando se parece más a la nazi «solución final» que desemboque en otra (si no la misma desde hace casi siglo y medio) nakba o diáspora palestina de desposesión de tierras, de recursos, de derechos, de vida…

Siguiendo a rajatabla una «sistemática eliminación de un grupo humano por motivo de raza, etnia, religión» que derivará en la creación de reacción violenta (la violencia engendra violencia) de un espejo de Irgun (organización terrorista sionista fundada en 1931), de la que desciende Herut, que se funde con Likud, en el poder en Israel desde 1977, presidido hoy por Benjamin Netanyahu.

Parece mentira (o broma macabra) que el fundador de este partido, Menájem Beguín, recibiese el Premio Nobel de la Paz en 1978, pero es que el Premio Nobel de la Paz y su listado de ganadores asemeja un chiste de El Mundo Today. Cualquier día se lo otorgan a Donald Trump. No hay de qué extrañarse.

Me he olvidado de Rosalía y de la exigencia de su posicionamiento, me olvido de colgar banderas palestinas, de hacer memes con la estrella de David convertida en una esvástica o de todo lo contrario.

No me olvido de las guerras entre el estado de Israel y sus estados vecinos que no reconocen su derecho a existir, como Israel (el sionismo) niega el derecho a existir de los habitantes del Mandato Británico Palestino, que albergan la idea expansionista de la conquista de Jordania, de Siria en el sueño bíblico (maldito librito) de la «Tierra de Israel».

No me olvido de las rebeliones árabes que, desde principios del siglo XX, fomentan ataques a asentamientos judíos en sus tierras, no me olvido de condenar sus métodos crudelísimos, sus organizaciones terroristas…

No me olvido de la discriminación de la mujer hasta su represión en la mayoría de los países islámicos (no confundo con árabes, ni magrebíes, así como no confundo judío con israelí, ni semita con hebreo, ni salafista con islámico, ni sionista con nacionalista).

No me olvido del 7 de octubre, detonante de esta desproporcionada respuesta a la que llamo sin ambages genocidio, pero extiendo su origen a antes de la shoá, que no minimizo ni pido revisionar, ni siquiera comparo esta masacre de Gaza (a la que no comprendo como alguien se atreve a denominar guerra o conflicto) con el holocausto nazi.

No me olvido de la alianza árabe con el III Reich y su aquiescencia con el exterminio del pueblo judío.

No me olvido de Eichmann ni de Hannah Arendt y sus conversaciones (y su romance) con Heidegger de quienes tengo pendiente (sobre la mesa) leer su correspondencia.

No me olvido del imperialismo occidental y su avaricia o sus trazados fronterizos colonialistas, ni de su racismo enmascarado de apoyo indirecto a quienes se manchan de sangre.

No me olvido de quienes guardan silencio (pero no sé si me atrevo a llamarles «cómplices»).

Casi me olvido, pero no, de los miles de misiles y drones lanzados desde Líbano por Hezbolá, o los ataques de y hacia Irán, ni de los misiles o drones de Hamás y algunos hospitales escudos humanos que no excusan un exterminio indiscriminado y que acabarán engrosando las filas del odio y la autodefensa, según quien narre la historia.

Me olvido de Rosalía a quien no otorgo omnipotencia y quisiera olvidar las exigencias, pero no puedo, de afines y contrarios, de próximos y ajenos, exigencias de opiniones más o menos auto(in)formadas, más o menos autocríticas, exigencias de boicots, exigencias de simplificación, exigencias de urgencias en conflictos centenarios viviendo pendiente de la última noticia, de lo nuevo, de aquello inter-medio en lo que he de fijarme, sobre lo que tengo que saber qué decir, qué hacer, con quién estar, cómo manifestarlo, dónde pronunciarme, gritar el horror como si pudiera no hacerlo, como si me gustase que más de dos millones de personas estén en una prisión a plena vista de un mundo mudo, sin que se respeten tratados internacionales de derechos humanos que garantizasen un mínimo de posibilidad de supervivencia.

Pero no me olvido que esto no es de ayer, no lleva dos años de recorrido, sino siglo y medio.

No olvido siglo y medio de Israel llevando forzando un «desplazamiento (eliminación) sistemático de un grupo humano por motivo de raza, etnia, religión, política o nacionalidad», es decir, la única acepción de la palabra genocidio.

Giusseppe Domínguez
Taramundi, Asturias, agosto de 2025.

Esto no es una broma