Antisistema

Escribir
en un papel
que voy a tirar
a la basura
es la mayor aspiración
de una poesía
liberada de cualquier intento
de comercialización.

Nota: Este papel fue recibido en un pedido de Amazon hace más de 5 años (para salvaguardar el contenido de golpes desde su origen, posiblemente lejano) y ahora quiero pensar que recuperarlo para una acción poética me libera, me limpia, me hace sentir libre de pecado. «Greenwashing» de manual.

No a la guerra

Esta camiseta había estado conmigo desde los tiempos de las manifestaciones contra la invasión o guerra de Irak que Aznar tuvo el gusto de emprender sin el consentimiento de la OTAN ni, y era necesario, nuestro querido monarca, hoy emérito.

Había sido usada hasta la saciedad pero ya estaba a punto de destrozarse por la debilidad de la tela remanente, así que decidí incorporarla en la acción que realicé en la II Bienal de Arte de Acción de Santander, terminando la misma con la puesta y desgarro de la camiseta afirmando un rotundo y algo pesimista: «Para esto valen los mensajes de las camisetas», después de, entre otras cosas, haber fregado parte de la Plaza Cañadío de la capital cántabra con la camiseta usada a modo de trapo.

Los mensajes son trapos.
Las acciones no.

Yo vestí la camiseta. Era un trapo.
Usarla hasta la extenuación ha sido una poderosa acción.

Ahora seguirá siendo un trapo, pero su esperanza de vida es ya muy pequeña.
Así es la vida.
La mía también.

La vida es otro trapo, llena de acción.

Emotivo el Homenaje a Eva Obregón

Ayer celebramos el Homenaje por la muerte de Eva Obregón, que casi diría que oficié, pues no sé muy bien cómo, me erigí en maestro de ceremonias, pero intenté estar lo menos presente posible, al menos en la faceta digamos comercial, que es la que se exacerba en estas fechas hasta límites insospechados y, sobre todo, aburridos para mí.

El homenaje contó con bastantes participantes activos, personas de los talleres de poesía que leyeron los poemas de Eva con gracia, pero muy especialmente con cariño, con mucho cariño.

Yo llevaba un intento de organización para no improvisar demasiado que más o menos se cumplió, con intervenciones de las mujeres de Esta es una plaza que hicieron un par de intervenciones muy bellas, como plantar un árbol en su honor, a modo de renacimiento, y una invitación a cantar en grupo con Eva dirigiéndonos desde una grabación de un ensayo.

Programa del homenaje a Eva Obregón

  • Presentación a cargo de Anita Ges y Giusseppe Domínguez:
    • Definiremos el espacio que se habrá habilitado para decir algo sobre ella, para quien lo desee, que se irá alternando con las lecturas de sus textos por diferentes poetas y amistades.
  • Primer Bloque de lecturas de poemas
    • María Jesús Orella, Pepa Delgado, Francisco Domínguez y Carmen Garrido
    • Alejandra Dieste, Ángel Nevado y Mónica Rubio
    • Invitación a decir algo sobre Eva (I)
  • Twittersía
    • Comentar el proyecto así como el juego que siempre le encantaba a Eva
    • Tanja Ulbrich, Ernesto Pentón y Giusseppe Domínguez
  • Segundo Bloque de lecturas de poemas
    • Susana Olalla, Susana Recover y Sara Mansouri
    • Armando Silles, Javier Jiménez y Andrea Vidal
    • Invitación a decir algo sobre Eva (II)
  • Speed Dating Poético y Lavandelirium
    • Tanja Ulbrich, Andrea Vidal y Giusseppe Domínguez
  • Tercer Bloque de lecturas de poemas
    • Isabel Jiménez y Giusseppe Domínguez
    • Ernesto Pentón, Anita Ges, Alejandro Gallego y Tanja Ulbrich
    • Invitación a decir algo sobre Eva (III)
  • Proyección de Vídeo y Fotos de Eva en distintos momentos
    • Proyección del Vídeo de Eva recitando/cantando Tengo Swing
    • Proyección de fotografías
    • Cierre del acto e invitación a celebrar su vida recordándola viva y feliz

Lo cierto es que hubo muchísima gente querida celebrando la vida, la ilusión y la alegría de vivir que Eva tenía y no caímos en el melodrama, pero dejamos caer alguna lágrima que también forma parte de la emoción de saber que ya nada nos la recuperará. Queremos ser llorando el hortelano, de la tierra que ocupa y estercola, de nuestra compañera del alma, tan temprano…

Un evento precioso que me alegró haber promovido y, en última instancia y manque me pese, oficiado.

El pañuelo palestino era el guiño mínimo necesario que no podía faltar en un acto que homenajease la vida políticamente muy comprometida de Eva (y la mía, aunque cada día menos), pero se me escapó retirar de la vista la bolsa de El corte inglés, a quien hicimos mucha más publicidad de la que merece. También es cierto que una lectura posible es que no vamos a tirar bolsas a la basura porque sean de un centro comercial que detestemos. La reutilización está por encima de esas cosas. O debería. ¿O no?

Me quedo con las palabras de mi amiga África de hoy agradeciéndome la organización de este acto:

Hola Giuppe, a mí también me gustó mucho verte y compartir tan lindo homenaje! Decirte que fue precioso lo que organizaste, emotivo, ordenado, cariñoso, con gusto, con humor y que también fue muy importante y necesario lo que hiciste, necesitamos ritualizar la vida en comunidad y dar la bienvenida y la despedida a lo que va aconteciendo. Me gustó mucho formar parte, aunque mis ganas de bailarle a Eva se quedaran pa dentro..

Decirte que me encantó lo que escuché de poesía, y me entraron muchas ganas de estar más cerca de ella, también sentí que escuchando los poemas de Eva, la sentí más cercana y más «asequible». Ya sabes, quitarme esas ideas preestablecidas de cómo de elocuente y finolis tiene que ser la poesía. Qué gamberra ella y qué inspiradora!

África Clua Nieto, 6 de octubre de 2025

donde tirar una impresora en el centro de madrid

Buscas esta frase (sin tildes, que para qué) en google y te dirige a la web del Ayuntamiento de Madrid que tiene un mapa con los puntos limpios para poder deshacerse de este tipo de materiales, de los que, por cierto, me cuesta deshacerme, pero ya llevaba años sin usar esta impresora Canon que tiene casi una década a sus espaldas (muy lejos de la pretendida obsolescencia programada).

Resulta desalentador que lo único que tenga en los alrededores de mi casa o de mi estudio sean un par de puntos limpios «móviles» que tan sólo están disponibles una hora a la semana. No se tiene en cuenta la necesidad de hacer limpiezas, de deshacerse de trastos, sin tener un coche que me lleve al extrarradio a depositar un residuo generando residuos…

La verdad es que no sé si puedo esperar, porque el martes es el día que tengo para ir a la piscina y mi salud es tan importante como la de la ciudad… o más.

¿Alternativa? Contenedor de algunas obras, de las que abundan en demasía por estos lares. Y una pequeña mancha más en mi conciencia, nunca inmaculada.

De excursión en el PRIMOR

Me gustó la decoración, no puedo negarlo, de este establecimiento (de una cadena de ellos) que dice ser una tienda de perfumerías nacida en Málaga en 1953.

Pero seguro que, desde aquellos tiempos hasta hoy, ha llevado a cabo una transformación que lo sitúa en otro de esos templos del neo-consumismo masivo absurdo que, combinado con las redes sociales basadas en la imagen, en la superficie, en lo banal, juega a regalarle a la juventud un sueño de autorrealización.

El colmo del absurdo es llegar a la zona «vegana» u orgánica y natural. Es de un «greenwashing» tan de manual que si no existiese el término, habría que haberlo inventado en este punto.

Eso sí, todo es bello, bonito, apetitoso. Apenas sí hay hombres ateniendo, pero la media de edad de las dependientas debe de rondar los 20 años. Bellas, bonitas, pretendidamente simpáticas.

Todo pensado para querer pasar la jornada allí, incluso sus laberínticos pasillos que dejan aquella recurrente queja sobre IKEA a la altura del betún.

El aire acondicionado, por supuesto, hacía agradable la estancia en este espacio tan artificial que daba la sensación de estar en el decorado de una película futurista.

Fue graciosa la visita, si no fuese peligroso lo que encierra.

Como comentario a Carmen, le dije que allí mismo estaba toda esa «gente joven» que supuestamente añoran en las milongas de Tango y que yo no encuentro en los Talleres de Poesía y que a duras penas ves en una sala de cine. Cada día veo más obvia mi obsolescencia.

Pajita absurda

El otro día leí un debate (sí, sobre esto también hay debates y casi confrontaciones armadas) sobre si tenía sentido que cada pajita de un paquete de leche de 200ml venga acompañada de una bolsita de plástico individual, obviamente, de un único uso, así como la pajita.

Había quien defendía que la pajita fuese de papel.
Había quien protestaba por el envoltorio plástico.

No había nadie protestando porque hubiese este dispendio absurdo de una pajita individual de un solo uso (papel o plástico) envuelta en un contenedor de un solo uso (papel o plástico), ni por el hecho de que estuviese acompañando un paquete de leche de 200ml, no de 1L, aumentando así la superficie por unidad de volumen de tetrabrik tirado a la basura… eso sí, al contenedor apropiado.

Yo ya no entiendo nada de nada sobre la nueva generación y su posicionamiento «ecologista».

No había nadie que tuviese ganas de apostar por una forma de consumo alternativa, como podría ser el uso de envases reutilizables, como el vidrio, exigiendo a las corporaciones de alimentación que fuesen capaces de proveer este servicio.

Yo ya no discuto.
Yo ya no entro en este tipo de debates.
Yo ya no.

Cada día más silencio.

Apple y la obsolescencia

El otro día estuve pegándome con un iMac que Jaime me dijo que ya ni arrancaba.

Yo, optimista siempre con esto de la tecnología, me dispuse a ver si podía sacarle partido a las partes del equipo rescatables, a pesar de que tampoco es que fuese mucho: 1Gb de RAM (en 2 módulos) y un disco duro de 250Gb.

Quizá, me dije, incluso podía repararse la fuente de alimentación o alguna batería… y el equipo podría usarse para un precioso Linux sobre iMac, a pesar de que seguro que eso también iba a ser complicado.

Pero el punto de arranque es que estos equipos están pensados para no abrirse nunca, para tener destornilladores de todos los tipos y colores, para ser delicado y asumir que, lo más problable, este equipo nunca vuelva a funcionar.

Así que ha conseguido que me dé por vencido antes de empezar (tan sólo intentado ver si era accesible la fortaleza en cuestión), a pesar de encontrar un manual maravilloso para este equipo.

https://es.ifixit.com/Gu%C3%ADa/iMac+Intel+20-Inch+EMC+2105+and+2118+Power+Supply+Replacement/1098?lang=en

Por otro lado, este vídeo de alguien que decidió hacer algo parecido a un iMac conectado a una pantalla externa o, incluso, accesible vía red, también fue inspirador para pasar una mañana de lunes descansando de los quebraderos de cabeza de la semana pasada y el fin de semana.

Odio (y admiro) la mentalidad de los equipos Apple. No sé si alguna vez acabaré por tener alguno de mi posesión.

De momento, sigo amando (y odiando) los PC con Linux sin otra alternativa.

Reciclaje absurdo

Viene un icono que te recomienda que arrojes esta bolsa cuasi metálica en un contenedor adecuado para que se pueda reciclar, pero poco se menciona que tan sólo contenía unos 8 pedacitos de pan reseco con tantos ingredientes articiales que podrían durar más de un año.

Poco se menciona que lo sirven individualmente por cada pequeña consumición de bebida en un lugar en el que, en el fondo, no deberían existir viviendas, teniendo en cuenta que es un desierto.

Poco se menciona que para llegar a este lugar es preciso (porque casi nadie vive permanentemente aquí, en las urbanizaciones de las playas de Vera, Almería) tener un coche que, poco se menciona, consume más combustible fósil del que yo gasto en calentarme casi todo el invierno.

Poco se menciona que para hacerlas medianamente habitables estas regiones se usa desalinizadora, de cuyo exceso de cloruro sódico no se habla.

Poco se menciona que allí se encuentra uno de los mayores campos de golf de este país cada día más desértico.

Poco se menciona que para soportar las temperaturas hay que recurrir al aire acondicionado casi también en lo que conocemos como invierno.

Con el café, viene otro mini paquetito metalizado que garantice que la mini-cookie es muy cuqui, pero poco eco-friendly, eso sí, deliciosa cantidad de azúcar en una galleta que es la pasión profesional de cualquier dentista.

Tendré que reciclarla también, claro que sí, mientras pienso que el mundo es un lugar absurdo en el que creemos que un icono gana una guerra que, en el fondo, ya hemos perdido.

Nota: Esto es algo sobre lo que me dedico a pensar en navidades cuando, gracias a la generosidad de mis padres, escapo de esta urbe atravesada por hordas de consumismo, a las regiones de la Almería oriental, donde los habitantes estacionales no están, ni su estridencia que delata la tristeza de su cotidiano.

El cementerio de los bolis gastados

Tengo una cajita
que fue el paquete original
de un viejo reproductor de mp3
que tiene un cierre
cautivador
imantado.

Tengo bolígrafos
que gastan una ingente cantidad de tinta
porque son de punta
más gruesa de lo habitual.

Cada semana tengo que desechar
un bolígrafo gastado
que quiero conservar
para posibles acciones
o instalaciones.

Hace años planté varios
en una residencia artística
y no creo que hayan dado frutos
azules.

Tengo en mente rellenar
con tinta de calamar
unos cuantos
y escribir
poemas marinos.

Mientras tanto
los bolígrafos
van siendo enterrados
en lo que yo denomino
mi cementerio de los bolis gastados

esperando
algún tipo de resurrección.

¿Ahorro energético? ¿Quién?

Cada día que veo cómo se va electrificando innecesariamente la publicidad y se nos sigue pidiendo contención en el consumo energético, me irrito y siento que hay un mundo que cada día va más a dos velocidades, la de quienes pretendemos mejorarlo y la de quienes pretenden mejorar. Sin lo.

Es terrible que para mejorar haya que empeorarlo. Este síntoma obvio de enfermedad sistémica no parece desatar enojo en la población que pasea junto a los carteles retroiluminados de marquesinas, de fachadas de centros comerciales, etc…

Y se nos repite que «el calentamiento global…» como si fuese cosa nuestra o estuviese en mi mano, gracias a tener 3 cubos de basura de colorines en mi casa, arreglar un desaguisado claramente estructural.

A veces, yo también quiero «mejorar», así, sin más, sin «lo». Sencillamente, vivir mejor. Y parece ser que no me queda otra que aguantarme con mi moral de sacrificio, moral cristiana, casi diría, subyugado al deber, al categórico kantiano, negándome a permitirme ser parte de ese otro mundo que, a otra velocidad, cada día se aleja más.

Esto no es una broma