Le tengo cariño a esta fotografía

Hace un par de años Carla Aurelia nos hizo algunas fotografías con una máquina Polaroid durante una cena del grupo de los miércoles a las 19:00 que durante un tiempo estuvo funcionando a pleno pulmón.

Yo enmarqué la que me regaló en la caja de las polaroids (me pareció un marco inmejorable) y la tuve sobre un soporte plegable que la mantenía a una altura de unos dos centímetros por encima del suelo (o la balda de estantería correspondiente) con una inclinación de menos de 20 grados con la vertical.

Hace unos meses que ese grupo es casi un fantasma de lo que fue, lo que suele ser habitual en algunos grupos y me conlleva a proponer fusiones para no tener horarios imposibles en los que incluir nuevas personas que se acercan a los talleres de poesía contemporánea que defiendo desde hace casi un cuarto de siglo.

Hay un par de miércoles en los que no ha venido nadie a clase, lo que siempre me deja algo triste, por muy previsible que sea, por habitual que sea. Son gajes de este oficio. Pero son gajes que desgajan mi corazoncito, que desgarran algo de mí, me duelen sus ausencias, me duele la inevitable deriva de la vida, de sus vidas, a pesar de que les desee lo mejor en sus nuevas aventuras.

En tantos años, he estado rodeado de personas a las que he tomado cariño, más o menos, dependiendo de diversos factores, pero este grupo era sumamente entrañable (con alguna que otra excepción) y sé que ya no tiene sentido tener su fotografía sobre una balda al lado de los libros que utilizo en los demás talleres, con los grupos de personas que siguen asistiendo y de quienes, también y sabiendo que algún día no estarán, me estoy encariñando.

Voy a guardarla y atesorarla como un recuerdo bellísimo de ese grupo, pero también de un periodo de mi vida que algún día también terminará y en el que me desgarraba, y me encariñaba cada dos por tres. Y seguía avanzando en esta bola más o menos achatada por los polos por una trayectoria mucho más compleja de lo que creemos.

Maquetando Vida Mínima de Luis Naranjo

Este trimestre estoy editando tanto que casi no he tenido atención o tiempo para poder publicar, de cuando en cuando, estas entradas en este diario al que dedicar al menos 15 minutos diarios (diariamente 15 minutos diarios en el diario).

En esta ocasión, publico la cubierta del libro que he editado para Luis Naranjo, que ya viene siendo un cliente habitual y buen amigo, a pesar de que la temática de su poesía no me interesa mucho, pero le reconozco validez formal y cuidado estético por lo que hace, amen de una calidad humana notable, un trato sencillo y un sobresaliente respeto a mi trabajo.

Es un gusto, en resumidas cuentas, trabajar para alguien como él.

Su libro, ya en imprenta, se titula «Vida Mínima» y tiene un bello color cian puro sobre el que situar un fragmento de una fotografía de un cuadro de Zurbarán de temática religiosa, muy acorde con el interior del libro, y una tipografía serif de color blanco para dotar de luminosidad el conjunto.

Desde hace un par de años, uso un pequeño adorno con rectángulos de los cuatro colores CMYK sobre la contraportada, acompañando tanto el logo de Clave 53 como el de Giusseppe.net. En esta ocasión, el rectángulo de la C (CIAN) hube de perimetrarlo con un trazo blanco para que se viese, pues se habría diluido sobre el fondo azulado.

Tanto el color de Edita Clave 53, como las letras del logo de Giusseppe.net, y el 53 del logo de Clave 53, van cambiando en función del fondo de los libros que edito, de modo que llevan un color definido en Scribus como «EditaClave53» que puede tomar el color que yo quiera.

Sinceramente, creo que voy mejorando en mi calidad de editor. Estos dos últimos años han sido un reto de crecimiento en cantidad y calidad muy sustancial, y no ha salido mal, cabe decir, modestia aparte.

Prólogo de La luminosa desnudez

Hacía tiempo que no escribía un prólogo y menos aún por petición, puesto que siendo el editor de la mayoría de los libros que «creo», me encuentro en la tesitura de no querer tomar dos roles diferentes: editor y prologuista, pero la verdad es que ha sido sencillo y Arturo no me lo ha puesto nada complicado. Un gusto trabajar así, la verdad.


El poema y el poeta

«Vivir es una victoria que no se piensa, se propone».
Arturo Córdova Just

 

Conocí a Arturo Córdova Just el 6 de marzo de 2026 por intermediación de la poeta Anita Ges a quien tanto le debo. Nos encontramos en uno de esos escasos bares tradicionales de Madrid que perviven en esta ciudad cada día más impersonal. Ella me había comentado que Arturo era un gran tipo y que me caería bien, así que organizó el encuentro para comer juntos ese viernes.

Durante el almuerzo se habló de literatura, de poesía, de lecturas, de comida, de viajes, de amistad y, sobre todo, de amor: amor por la palabra escrita, pero también amor por las personas queridas, quizá por la tonta casualidad de que ese día se cumplían los 26 años y seis meses desde que yo le declares mi amor a mi actual pareja. Arturo y yo reivindicamos el amor. Él también se declaraba fervientemente enamorado. Enamorado de la vida, de su amor, de la poesía, de la creación, del amor en una palabra.

Tras esa revelación (nuestra comunión en el amor), quiso acercarse a conocer el estudio donde está situada la sede de la Asociación Cultural Clave 53 y le gustaron nuestras ediciones. Así que acordamos ponernos a trabajar en una posible edición de un poemario suyo. Menos de un mes más tarde, el 3 de abril, a su regreso a México, estábamos confabulando la publicación de su largo poema «La luminosa desnudez» en España.

Él lo definía como un largo e intenso poema y, sin duda, lo es. La intensidad es característica omnipresente en toda la obra, intenso manifiesto de qué es la poesía y qué es ser poeta. Este poeta intenso en su inmenso poema. Córdova Just nos habla de amor, del proceso creativo, la inspiración («montoncito de monedas al pie de una encrucijada»), de la música, melodía de sus whitmanianos versos, de la vida, de su vida: la vida de poeta.

Entre un yo evasivo, un somos incluyente y una tercera persona que reduce la presencia del ego, Arturo desvela quién es él, ese yo que escribe: «soy germinal, soy multiforme, soy el único capaz de no extinguirse nunca». Sus palabras nos dan cuenta de la eternidad que cabe en cada segundo de los millones de existencias que desgrana, que personifica un «él» que es él: El poeta Arturo Córdova Just. Consciente consiente en ser un ser que siente, siempre, ser poeta originado por su poema.

A medida que avanzamos en la lectura del texto, vamos comprendiendo que estamos en mitad de un ritual de encantamiento, un llamamiento al universo a ser verso, ser el verso caliente de sangre encarnada capaz de reinventar a Dios, un Dios lírico humanamente esculpido, pues entre lo sacro y lo humano, lo nunca demasiado humano, se mueve el verbo de este poeta creador de mareas.

Por concluir con una pequeña reflexión sobre la elección estética de esta publicación, añadir que tal es la longitud de los versículos de Córdova Just que optamos por una disposición horizontal, casi a modo de partitura que se presentase como letanía arsenal de beligerancia contra lo manso literal, un libro de casi medio metro de amplitud, que refiera a esa distancia oceánica que se diluyó en letras en el momento en el que Arturo y yo comenzamos a vibrar en la misma sintonía aquella tarde de primavera del 6 de marzo de 2026.


 

Poema-ceta?

Llevaba tiempo queriendo «tapar» el desaguisado que dejaron en una caja de luces en una de las paredes de mi estudio, pero por otro lado, no quería literalmente taparla, sino que no se viera.

Así que tenía pendiente hacer algún tipo de intervención que no acababa de decidir. Hace unos días pensé en la posibilidad de convertir el cable que asciende por la pared en un tallo de una planta que sale de un tiesto y, a partir de ahí, Carmen y yo hemos hecho hoy esta pequeña preciosidad que, obviamente, sigue dejando a la vista el cableado, pero lo resignifica, lo recalifica, lo redefine, lo convierte, tal como resulta evidente, en el centro de una flor electrificante.

Usar cartón y otros materiales de desecho me encanta porque si algo sale mal tienes la absoluta tranquilidad de tirarlos y olvidarte de un error. El error libre fomenta la creatividad y permite esa ligereza que a veces es necesaria para adornar una pared sin adornarla.

Carmen tuvo la brillante idea de escribir letras sobre hojas que rodearían el pistilo-cajadecables, así que las realizamos con cartulina de tapas de cuadernos que tenía reservadas para ocasiones como esta y las pintamos (sobre unas letras de cartón recortadas) con espray azul de Prusia.

Queda fantástico ese tiesto de flores azules que no he de regar sobre los libros que voy editando:

Cadáver Exquisito Visual

Ejercicio para cerrar el Temático dedicado a las Vanguardias del SXX, que cambiaron la historia del arte y la cultura. En este caso, es casi infantil el resultado, pero tiene profundas implicaciones, tanto en lo que respecta a la creación sin ego, como a lo incontrolado, como al cuestionamiento de la autoría, por no hablar de la reivindicación de la sorpresa en lo sencillo o la posibilidad de aportar un nombre que contrastado con la imagen genere una tercera entidad poética.

Cadáver eXquisito

Hoy es una jornada
para vivir en un mundo
reducido a cenizas enterradas.

Bajo este olivo sagrado
busco entre las cosas
del cajón de las medicinas ácidas,
dulces, saladas, amargas,
envenenadas a su paso
por la ciudad morada
aires de montaña y deseos,
dorados castillos
relucen al horizonte de un látigo
que morirá en abril.


Cadáver exquisito compuesto el lunes 20 de abril de 2026 entre 8 personas (podríamos decir que a 16 manos):
Andrés Zamorano, Sol Gómez, Marta Sánchez Germán, Alba Pobes, Manuel Fernández, Andrea Perissinotto, Alberto Modesti y Giusseppe Domínguez

Poema collage

¿Cómo escribir un poema siguiendo las directrices con las que se realiza un collage? ¿Atendiendo a la fragmentación? ¿Poniendo énfasis en que el material sea procedente de algo precedente? ¿El material es físico, literal, literario, metafórico, evocado?

En esta aproximación, propuse un ejercicio consistente en tomar fragmentos de menos de 4 palabras de un texto preexistente y a partir de esos fragmentos componer, sin más adición, un poema propio. El texto original puede hacer variar bastante el resultado, pero también la elección de los fragmentos de palabras y, por supuesto, la composición o yuxtaposición de los mismos.

Este es el texto que yo obtuve mientras invitaba a crear de esta manera en uno de los Talleres de Poesía Contemporánea de la Asociación Cultural Clave 53 que sostengo desde hace casi un cuarto de siglo:

Vida matrimonial

Presagiando
sentido del tacto
adelantó el aburrimiento.

Coser para hacer
su máquina
la carne rosada,
consumismo
de masas florecientes.

Yo lo tengo claro, ¿y tú?

Usando una etiqueta de una prenda que una alumna de los Talleres de Poesía Contemporánea que defiendo desde hace décadas, realicé esta pequeñísima y algo «equidistante» piecita sobre ese papel que, al tacto, me cautivó.

El mensaje de la pieza no lo tengo tan claro, pero sí sé que yo sí tengo claro hacia qué lado me inclino, aunque las flechas estén intencionadamente confundidas y el YOU?, intencionadamente rojo.

Punto sobre la i

Después de un día de mis Talleres de Poesía Contemporánea, a veces me dejan inspiración los ejercicios que realizan quienes asisten. En esta ocasión, un punto gordo creciendo sobre una i iba aumentando (según poema de Laura Cañete) hasta dejar la letra casi aplastada.

Decidí hacer esta pequeña poesía visual basada en la regla de ir multiplicando el punto por una aproximación de la proporción áurea (1,6) y dividiendo la letra i, sin el punto, por la misma proporción.

Ha sido realizado utilizando Inkscape, en su versión 1.2 (me habría gustado que fuese la versión 1.6, aunque no influyese en absoluto en el resultado).

Esto no es una broma