Un fragmento de la serie Community

Hay series de humor disparatado como esta que, lejos de ser una sitcom convencional, acabarían siendo una serie de culto si su humor no fuese tan absurdamente disparatado.

La trama de los capítulos es absolutamente prescindible y lo único importante acaba siendo la creatividad llevada a experimentaciones propias de atrevidos cortometrajistas. De ahí su interesante formato de 20 minutos.

Es muy de agradecer la ausencia de «risitas» enlatadas tras los presuntos gags de la misma que, por otro lado, no se suceden como «chistes» sino que son la esencia misma de la serie: prácticamente toda ella es un continuo gag con varias caras.

Un ejemplo es este epílogo de un capítulo de la sexta temporada que propone un avance imaginario de una supuesta versión lusa de Los Gremlins, revisitando los tópicos hasta hacerla absolutamente absurda e inverosímil.

El general de bronce

El general de bronce
desciende del pedestal.

Con paso firme camina
hacia el banco de madera
de la esquina inferior derecha
del plano
donde, sentado, se come la mano
que le llega volando
desde su derecha.

Todo sería distinto
e igual
si hubiese estado de frente.

R2D2

r2d2

Me he quedado sorprendido al saber que los actores que interpretan a R2D2 así como a C3PO son y han sido los mismos a lo largo de todos los episodios de las Guerras de las más famosas Galaxias…

Kenny Baker, en el papel de R2D2 teniendo una altura, según IMDB, de 1,12 metros, lleva interpretando este personaje tan emblemático que ya es icónico de nuestra cultura popular, desde 1977. Y apenas es conocido. Es más, salvo ese personaje tan singular, a penas ha hecho nada digno de mención en el cine ni en la televisión.

Igualmente, pasa con Anthony Daniels en el papel de C3PO, algo menos trascendente, así que ha aparecido en otras ocasiones, pero pocas, con su rostro verdadero.

Me parece tan curioso y, de alguna manera, tan triste que esos actores estén tan tremendamente vinculados a unos personajes que, al mismo tiempo que les daban vida, les ocultaban del mundo…

El final de Defiance

He terminado de ver la tercera y última temporada de una serie entretenida, ambientada en un presunto Saint Louis, Missuri, después de una invasión extraterrestre, titulada Defiance, tirando a mala, pero con divertimentos varios para frikis del steampunk madmax-apocalíptico.

Como diría mi amiga Aída: para entendernos, esta serie sería una mezcla entre Galáctica y Mad Max, con un protagonista inverosímil de principio a fin.

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Para ser una serie no muy buena (por ser eufemístico), ha resultado tener un final precioso. Cosas que se logran cuando no aparecen los actores, que, en esta ocasión, eran lo peor del producto.

La última secuencia de MAD MEN

[youtube_sc url=https://youtu.be/5_wZH4wtW4g]

Ayer terminamos de ver la serie MAD MEN, una de las mejores series que se han realizado hasta ahora que trata o sigue los avatares de unos publicistas de Madison Avenue (de ahí el nombre).

Esta última secuencia magistral incluye en el segundo 60 una sonrisa que muestra la perversión, revisión, subversión que lleva a cabo la publicidad sobre cualquier asunto transformándolo en producto de consumo.

La sonrisa de Don Draper nos enseña los mecanismos del sistema. Cómo él revierte el hippismo en producto de consumo, en el más escandaloso de los productos, en un anuncio de Coca-Cola, ni más ni menos, en «el enemigo» más aférrimo del anticonsumo hippy.

Pero la publicidad puede con todo, vence a todo y a todo y lo envenena todo.

Es el lado más terrible de la sociedad consumista capitalista. Es el arma más poderosa, la que acaba con imperios y con los enemigos del imperio. Luchar contra ella es casi imposible… o se nos insta a usarla para la lucha, pero es algo absurdo pues en ese mismo instante se ha adueñado de nosotros y somos unos auxiliares más de las tropas del imperio.

Poco que hacer, salvo ponerlo por escrito y seguir, en la medida de lo posible, ignorando ese arma de destrucción masiva de mentes independientes.

(La clave está ahí: en la medida de lo posible)

¿Cómo detectar una serie hipster?

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LeftOvers o el colmo de una serie hipster hasta el aburrimiento.

La serie parte de una premisa tontarrona, como es el hecho de que, misteriosamente, desaparezca un porcentaje de humanos de la faz de la tierra sin previo aviso y sin explicación (queda inexplicado a lo largo de toda la serie).

Esto es lo de menos. Se dice.

Estupendo: a partir de ahí se explora o pretende explorar las secuelas psicológicas que deja en una sociedad un cataclismo humano semejante, aunque eso también podría no ser lo importante.

Persigue a unos personajes más o menos inverosímiles en un mundo postapocalíptico (estilo Mad-Max, pero sin violencia explícita y sin explicación) y sus porquehacerlasversosímiles vicisitudes. En resumidas cuentas: eso también es lo de menos.

Todo parece no importar, salvo el sosegado, sosegado, sosegado, sosegado movimiento de cámara que ralentiza la serie hasta resultar soporífera.

La acción ni importa: también es lo de menos, se afirma en foros.

Bien, lo acepto. Sigo jugando y viendo una serie con unos actores permanentemente cariacontecidos, con una preciosa Liv Tyler haciendo un papel de chica sosita y triste, como todos.

En resumidas cuentas, una serie de gente desquiciada y enferma mental para aburrir al personal. Y nada en contra por mi parte hasta ahora. No pasa nada: defendamos el valor del aburrimiento… ¿por qué no?

Pero no, para identificar una serie hipster se tiene que intentar criticar y ahí es dónde aparece el primer síntoma claro: no se puede atacar porque se convierte en un ataque contra uno mismo. Si se dice de esta serie que es mala, hay que aclarar que no, que no lo es, que en realidad no te gusta pero que sería la forma en la que se comportaría una población fantasiosa tras un acontecimiento fantasioso. Pero esa gente no acepta como buenas las películas que hicieron famosa a esa guapísima actriz.

Y algo más hiriente todavía: Es que tú no tienes la sensibilidad necesaria para una serie como esta. Famosa frase la de «esta serie no es para todo el mundo». Este es un sello hipster por antonomasia. Hipster-fanático, cabría decir, pero no sé si se puede ser hipster sin serlo de esa manera, falsamente reivindicativa de una sensibilidad de cartón piedra arrogada por unos cuantos elegidos, dueños de aparatos de manzanas…

list_640pxSoy un amante de las series de televisión que se están haciendo por realizadores de la talla de Martín Scorsese, Aaron Sorkin (guionista y creador de maravillas como Newsroom o El ala oeste de la Casa Blanca), David Simons (guionista y creador de siniguales The Corner, The Wire, Tremé…), los Hermanos Scott, Tom Hanks-Steven Spielberg…

Basta asomarse a series como Boardwalk Empire, The Good Wife, The Pacific/Hermanos de Sangre, Los Soprano, Homeland, Dexter, Sons of Anarchy, Smash (algo floja), The Killing, The Bridge, The Doom (flojita, también), The Americans, Halt and Catch Fire o Breaking Bad (y otras que no recuerdo ahora mismo) para ver que lo que se está cociendo en la televisión es una revolución cinematográfica como la que ocurrió en los 70en torno a aquella famosa generación norteamericana post-beat, post-hippie, con directores de la talla de Spielberg/Lucas, Scorsese, Francis Ford Coppola, James Cameron, Stanley Kubrick, Brian De Palma, Oliver Stone… y muchos que me dejo en el tintero del olvido.

Pero también está surgiendo una serie de cineastas creadores de postín, de postureo, de películas o series correctas e incriticables (otro ejemplo: Her) que no dejan de ser como esas cafeterías caras en las que todo es bonito, muy bonito… y donde los camareros te miran por encima del hombro, acomplejados de su profesión de servicio, para ofrecerte un paquete de variados tes que si no has probado es porque no eres lo suficientemente sensible para apreciar diferencias.

Acaban firmando y formando productos vacuos, de adorno, sofisticado, pero adorno, sin más fondo que la forma, sin más profundidad que sus caras vacías mirando al espacio sideral…

Mi propuesta para convertir cualquier serie en serie hipster es sencilla: obtener una buena cantidad de música indie, preferiblemente perturbadora, mezclarla con cualquier tema (ya hemos quedado en que eso no importa), seguir a unos personajes blandos, apocados, egoístas hasta la médula, pero tristes, siempre tristes, agónicos, patéticos, con unos movimientos de cámara lenta, que, de cuando en cuando, se detenga en algún lugar del horizonte, haciéndonos notar que no somos nadie (y menos los bajitos, que añadiría mi madre).

Es fácil darse cuenta de que hasta Torrente IV puede llegar a ser un considerable éxito dentro del ambiente «de culto» hipster siguiendo esas pautas.

Yo, por mi parte, estoy harto de tanta tontería y de que me digan qué soy capaz y qué no soy capaz de sentir… Así que la segunda temporada de la serie la puede ver rita la cantaora, por poner un ejemplo.

Patatas precolombinas

Alguna sinopsis encontrada auguraba una película mala, o al menos de bajo calado, pero lo que vi no podría haberse imaginado.

Cuando la novia de un joven es secuestrada por un malvado rey, este se vuelve a Hércules en busca de ayuda. El héroe caído ha estado viviendo en el exilio, desterrado por haber matado a su familia, pero la valentía del joven inspira a Hércules. Juntos, luchan para rescatar a la novia y recuperar el honor de Hércules.

Despropósito tras despropósito, el viernes por la noche vi la película Hércules Renacido que ubica a este semidios como un homínido patético y mediocre en una «Grecia» o «Tracia», del año 14 A.C. en un imaginario pseudohistórico reino de Enos, aunque el protagonista acaba siendo un tal Arius con atuendo de general romano.

El megamix descerebrado del vestuario era como de teatro amateur de colegio infantil (pobre): mezclaba ambientación de cualquier prenda que pareciese antigua sin ningún sentido y de casi cualquier procedencia imaginable. Creo que faltó algún personaje vestido de vikingo y quizá un samurai, aunque uno de los secundarios tiene un aspecto casi próximo, altaico, diría.

La «protagonista» femenina (como indica el artículo determinado) era poco más que un florero, damisela en apuros a la que abofetean hasta la saciedad como en una repetición humorística, sin que ello tenga el más mínimo impacto en la trama, por llamar de alguna manera a esa sucesión arbitraria de acontecimientos intrascendentes preñados de peleas coreografiadas sin el más mínimo respeto por la coherencia espacio-temporal.

Sin mencionar el hecho de que el innumerable ejército que aparece en una ocasión, desaparece después para resultar una película que podría haber sido rodada con seis o siete actores haciendo diversos papeles…

Por todo esto y algún otro detalle como la botella de veneno de «el malo», malísimo, personaje plano donde los haya, que tenía, sí tenía rosca, como si hubiese sido recuperada de una caja de coca-colas vacía, por todo esto y más, casi podría haber caminado hacia el género de la parodia, casi «vidadebrianesca«, pero no, se lo tomaban en serio intentando que ese batiburrillo alcanzase con un clímax y varios sobreclímax que dan lugar a un epílogo anunciado desde el primer instante, a los casi 90 minutos preceptivos para ser comercializada en DVD.

Sin duda, el mejor momento, el más disparato fue cuando los aventureros se hacen pasar por comerciantes para atravesar las murallas, comerciantes ¡de patatas!, sí, tal cual, por inverosímil que pueda parecer: comerciantes de patatas precolombinas, situadas más de 15 siglos, más de 1500 años antes de lo posible en esas fantasiosas latitudes.

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Todo un ejemplo de cómo no hacer cine. Ha sido la peor película que he visto en muchos años, opinión que parece ser compartida.

Durante la proyección se fue la luz en Madrid centro y disfruté el momento, pero, afán masoquista, seguí viéndola hasta el final con la inocente y frustrada esperanza de que algo mejorase.

Una serie setentera del siglo XXI

Es gracioso encontrarse una serie como Andrómeda, que parece de la década de los 70, con ese aire a Star Trek, algo como de cartón piedra, pero hecha en el siglo XXI y que presuntamente trata sobre un futuro mucho mucho más lejano.

He recortado un pedacito de un capítulo para gustito de los fans de la ciencia ficción que, como yo, disfrutan hasta estas series que podríamos llamar Vintage o Steam-Punk… o algo así.

[youtube_sc url=http://youtu.be/N3Aw_6VrmJs]

Creada por el mismo Gene Roddenberry que había gestado el universo Trek, parece ser que fue llevada a la pantalla más de 2 décadas después de concebida y a título póstumo.

No es que me apasione y es más que cuestionable su posicionamiento sexista, que hace de algunas mujeres meros adornos y contiene cierto tufillo racista que no sé explicar cómo se observa; demasiados rubios de ojos azules en los papeles protagónicos, quizá.

No obstante, a pesar de ello, la voy viendo de rato en rato para aniquilar el tiempo y relajar la mirada. Nada complicado que pensar, por muchas referencias que quieran hacer a Nietzsche, creando incluso una raza que lo idolatra y tiene sus ideas (superficialmente tratadas) como textos sagrados y/o bíblicos.

Obsolescencia Programada

Si existiera un dios (creador) habría que denunciarle por prácticas de Obsolescencia Programada en el diseño de los seres vivos, especialmente de los humanos, que son los que más nos atañen.

No es descabellado pensar un organismo que sea capaz de auto-regenerarse auto-abastecerse, auto-gestionarse. Me recuerda tanto a mi película favorita: Blade Runner. Queremos saber cuánto vamos a durar, almacenamos recuerdos enlatados para suponer que así dejaremos algo tras nosotros, tras nuestra desaparición.

Pero además está el hecho del deterioro progresivo, las goteras para las que ningún seguro tiene cobertura completa. Vamos extinguiéndonos como gotas de agua bajo la lluvia, sin remedio, tan solo paliativos que postpongan lo inevitable, que por otro lado es curiosamente lo que da sentido a las acciones de nuestra vida finita, in-eterna, que es tan sagrada como para no desperdiciar ni un segundo de ella.

Hay bombillas funcionando desde hace más de 100 años. Hay aparatos que, si se dejasen a su buen uso, sin esfuerzo, durarían un milenio, carros, ruedas… pero nosotros, los penosos seres humanos, tan solo estamos pensados para unas cuantas décadas de funcionamiento y, en el mejor de los casos, un par de ellas a pleno rendimiento.

Esto no es una broma