Quedan 2 segundos para que se acabe el mundo

y en esos últimos dos segundos, alguien tiene que «descargarse internet» o algo parecido y cuentan marcha atrás como si fuese posible semejante cosa. Y lo logra. Claro. Siempre se logra en el último minuto. Es un recurso dramático que conozco, que le debe parte a la celebérrima secuencia de la Escalera de Odessa.

Sin embargo, cuando yo me encuentro que en el día a día tengo que hacer algo similar, como copiar unos cuantos archivos de poco más de 2Gb en un pendrive, me encuentro velocidades de 790kb/s, lo que da un resultado de unos 30 minutos… no segundos, no.

Y sé que es un problema económico. Claro. Si apostara por PCs «gaming» o superpotentes máquinas que me ahorrarían este tiempo, también serían más caras. ¿Puedo gastarme ese dinero o merece la pena hacerlo?

No man’s land

Ha sido una sorpresa agradable esta serie, francesa, a la que le di opción (de visionado) debido a que nuestro periodo breve de darnos de alta en HBO está llegando a su fin.

Cada verano solemos darnos de alta un par de meses (agosto/septiembre) en la citada plataforma para ver aquellas series que seguimos de año en año, como pudo ser El cuento de la criada o «los dragoncitos». Es una forma de controlar un gasto fijo y que no despegue uniéndose a otros gastos fijos similares de subscripción, como podría ser spotify que acaban por engrosar los costes de vida, siendo muchas veces innecesario.

Después de ver la cuarta temporada de The Handmaid’s Tale, mucho más brillante que la tercera, algo estancada narrativamente, procedimos a ver diversas series que nos han dejado un buen sabor de boca:

Godfather of Harlem, maravillosamente protagonizada por Forest Whitetaker, en una serie intensa sobre los inicios de la mafia en Harlem, visibilizando los conflictos raciales de mediados de siglo XX en un contexto que mezcla el auge de los movimientos políticos negros, como Malcom X y su relación con la Nación del Islam. Temas poco tratados en series estadounidenses y que muestran que el islamismo en ese país tiene raíces que no solo están vinculadas a las recientes migraciones desde Oriente Medio.

En Buscando a Alaska, vimos cómo la bellísima y expresiva Kristine Froseth, en el papel secundario que, curiosamente, debiera haber sido el protagónico si no hubiesen querido resaltar al personaje masculino, soso, inseguro, que acaba siendo completamente eclipsado por Alaska en cada plano. Como con «13 razones», hubo un desplazamiento machista que vació de profundidad una serie, sí, adolescente, que acabó, como todas, siendo un producto de consumo más.

Fosse/Verdon, biopic del coreógrafo y director de cine Bob Fosse y de la bailarina y coreógrafa Gwen Verdon, acaba haciéndote odiar al primero, que debía de ser odioso, pero no acaba de perfilar tampoco a las protagonistas femeninas, a pesar del excelente trabajo interpretativo que hace la que fuera una adolescente prometedora en aquella lejana Dawson Crece, la estupenda actriz Michelle Williams. Pero la trama se estanca en idas y venidas del #MeToo, pero sin un posicionamiento claro, así que, sencillamente, termina por ser aburrida y carente de fondo.

Tan sólo por la ambientación, merece la pena dedicarle atención especial a Perry Mason, un «noir» de los de toda la vida, con un detective que recuerda ese maldito Phillip Marlow tantas veces con la cara de Humphrey Bogart, siempre vapuleado, por la vida y por sus malas decisiones, pero que dado su ético carácter encuentra la manera de sobreponerse a las circunstancias y salvar el tipo, pero afortunadamente, sin soluciones extremadamente naïf.

Y en mitad de tanta serie «entretenida», me atreví a darle una oportunidad a una serie francesa, quizá porque parecía un tema diferente… y lo fue: No Man’s Land es una serie que me ha puesto sobre aviso de lo que ha estado (y aún está) pasando en Rojava, en el norte de lo que antaño fuera Siria, en mitad de una guerra civil, en mitad de una guerra mundial, en mitad de una revolución anarco-feminista

Las críticas a la miniserie son razonables pues no acaba de profundizar en sus escasos 8 capítulos en la complejidad de una situación como es la actual guerra siria, ni perfilar la intrincada lucha del Kurdistan por ser internacionalmente reconocido como territorio soberano, y termina por ser una serie que habla de un hombrecillo (sosete) en busca de su hermana… y poco más. Pero el telón de fondo es tan rico y variado que no conviene perdérsela, acompañándola, no de un buen vino, sino de variadas lecturas sobre lo que está ocurriendo en esa región del planeta.

Distopías

distopía
Del lat. mod. dystopia, y este del gr. δυσ- dys- ‘dis-2’ y utopia ‘utopía’.

1. f. Representación ficticia de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana.

¿Qué pasa cuando no son representaciones ficticias, sino más o menos fidedignas de una sociedad no ya futura sino presente?

¿Hay término para ello?

¡Qué curioso haber estado trabajando sobre Utopía tan recientemente!

The crown

¿Qué hace un republicano convencido como yo viendo un producto como The Crown?

Es una producción cuidada con todo detalle, con un exquisito mimo por la verosimilitud hasta resultar tan creíble que puede ser tildada de falso documental. Pero es falso. Y no, no es documental, aunque documente algún episodio histórico en más de una ocasión.

Pero eso sólo no es suficiente para conseguir engancharme a una serie de la que llevo ya vistas 4 temporadas, principalmente porque a Carmen le gusta mucho ese ritmo lento que lleva y esa ambientación tan maravillosamente recreada.

A mí sencillamente me harta ver a una panda de chupópteros gorrones aprovechados lamentándose de sus vidas como si no pudiesen dejarlas y dedicarse a otras muchas cosas.

No he conseguido empatizar con ningún personaje desde el comienzo de la emisión. Tampoco ahora con la acalorada disputa sobre si Lady Di es más o menos «campechana», como si no tuviese suficiente con nuestro emérito patrio.

Ayer, viendo el episodio 8 de la 4 temporada, tuve un pensamiento extraño:

La primera ministra Thatcher, ejemplarmente interpretado por Gillian Anderson, discutía sobre las sanciones (o no sanciones) que habían de ponerse a Sudáfrica por el fatídico régimen del Apartheid, al que la reina parece que sí quería ponerle fin.

Carmen me preguntó que yo qué opinaba… y no supe qué contestar.

Por muy en contra que pueda estar del racismo clasista de M. Thatcher, no dudo nunca en estar en contra de la monarquía, constitucional o no, así que habría tenido que estar en ese presunto duelo del lado de Margaret. Pero eso era ir contra mis principios… ¿o no?

Más allá de saber que es ficción y no necesito que me lo aclaren (parece ser que hubo presiones para que así lo hiciese Netflix), a veces da en plantear algunas cuestiones que son interesantes.

Por lo demás, es un producto vacuo y bonito. Un lindo blanqueo de unos personajes que, en el mejor de los casos, me encantaría que abdicaran inmediatamente para dejar de quejarse por sus privilegios… y lo cansado que es todo todito.

¡Ay, y yo acordándome de Cromwell!

No sin mi gluten

Sé que puede parecer irreverente, pero no pude por menos, después de ver la advertencia de sexo, violencia, etc, que añadir unas cuantas cosas más de las que advertir. Y me dejé tantas pendientes…

Por contra, no hay series o películas en las que se advierta de falta de rigor científico ni histórico, ni de machismo, ni de racismo… así que las advertencias las «desleo» en mi cerebro ya harto de simplezas y religiones.

Es un fotograma capturado de la serie «The Last Kingdom» que narra la vida y aventuras de los sucesos que siguieron al reinado de Alfredo de Wessex, a quien a veces se considera el primer rey de «Inglaterra», la tierra de los anglos (y sajones, claro está, y britanos…) en perpetua lucha contra las invasiones nórdicas. Es una especie de respuesta a la mucho mejor interpretada «Vikings», pero curiosamente, bastante veraz en cuanto a los personajes históricos se refiere.

La modifiqué añadiendo las advertencias culinarias mediante el uso de GIMP sobre Linux Mint.

La Bola de Cristal fue irrepetible

No se sabe por qué hay programas de televisión que han marcado una generación entera, aunque puede que fuese por el hecho de que sólo había una cadena nacional. Sí, puede que fuese por eso. Por otro lado, no todos los programas que se emitieron entonces en esa única cadena nacional han marcado tanto como otros. En concreto, no conozco a nadie (de mi entorno) que no considere una joya la maravillosa Bola de Cristal, con sus Electroduendes, su Bruja Avería, sus llamamientos explícitos a dejar de ver la tele para no acabar convertido en un becerro, ni su aperturismo que llevó a ser prohibida (prácticamente) tras permitir canciones del punk más radical de aquella época. Hablamos de una época que acababa de vivir un golpe de estado (Tejero, 23F del 81) que reclamaba volver a los tiempos de Franco.

Y ahí, agazapada, galopaba la siguiente amenaza de la libertad, llamada consumismo, que nos hizo no caer en el comunismo, según algunos y que nos arrastró a la esfera del neoliberalismo que imperaba en la era Reagan-Thatcher.

Pero los guionistas de aquellos electroduendes eran verdaderos adelantados a su tiempo que vieron lo que se avecinaba y hacían decir a la antagonista Bruja Avería «¡Viva el mal, Viva el capital!» en cada episodio, amén de reírse del absurdo de practicar deportes en gimnasios, o vestir a la moda, más preocupados por la apariencia que por el contenido.

Llamaban a voces a leer, a desarrollar la creatividad, la imaginación, a desabrocharse la mente, a usar el paracaídas del cerebro que sólo sirve si está abierto.

Programa emitido en TVE entre 1984 y 1988, dirigido por Lolo Rico, si algo caracterizaba a La bola y la convirtió en un espacio único fueron las grandes dosis de imaginación y la libertad creativa. Siempre pendiente de las últimas tendencias, era lógico que se empapara de la estética y la cultura que marcó los 80: la movida madrileña, La Bola se convirtió en el mejor escaparate para este movimiento musical logró popularizarla y la acercó a todos los que no podían acceder fácilmente a ella por no vivir cerca de Madrid. Personajes hasta entonces nunca vistos como el Hada Truca (Alaska), El Cuarto Hombre (Javier Gurruchaga), el Librovisor (con Pablo Carbonell y Pedro Reyes) y, como no, los Electroduendes marcaron un antes y un después dentro de los programas infantiles. La Bruja Avería, Maese Sonoro, el Hada Vídeo y Maese Cámara hicieron reír y abrir sus mentes a una nueva visión de la actualidad a miles y miles de niños de la generación de los 80.

El sábado 18 de abril, descubrimos que RTVE (algo más modernizado que en aquellos tiempos) tiene todos los episodios que se grabaron de La Bola de Cristal disponibles en su plataforma RTVE A la carta, y Carmen estuvo disfrutando de uno de ellos en nuestra flamante televisor de pantalla casi plana, conectándonos con un dispositivo conocido como ChromeCast, que permitía manejar el programa desde el SmartPhone… y sin embargo, los guiones de entonces no parecían en absoluto obsoletos.

Algunas voces femeninas me enamoran

Sí, sé que es raro, pero es ninguna parafilia extravagante, ni ningún tipo de fetichismo que, por otro lado, no me importaría que fuese.

Así es, algunas voces femeninas me resultan sumamente seductoras o atractivas. No todo iba a ser objetual… aunque puede que lo sea, teniendo en cuenta que existe lo que se denomina, desde el descubrimiento de la música concreta, objeto sonoro.

Por poner un par de ejemplos de mujeres cuyo cuerpo no conozco, ni su personalidad, pero de quienes sí conozco su voz son:

La mujer que dice que me haga de Spotify Premium para no tener música sin interrupciones. Es paradójico, porque no me gusta que me interrumpan la música (de eso se trata) para promociones variopintas, pero que lo haga una voz tan bella hace que quiera tener las interrupciones. Así que sin conocerla, además de estar ahorrándome dinero (prescindí de la cuenta Premium para desviar ese gasto a mi cuenta de «nube» Mega) también me resulta sumamente agradable.

Otro caso singular es el de la voz de doblaje de la actriz de Gillian Jacobs a quien vi en el papel de Britta Perry en la serie Community. Cada vez que oigo a esta actriz de doblaje, siento que la protagonista me gusta y no sé por qué. Y luego me acuerdo de que es su voz lo que más me gusta de ella. La actriz de doblaje se llama Antía Ávarez Jiménez y me dan hasta ganas de buscarla en facebook, pero en realidad eso es lo que haría que pasase de ser algo razonable a casi acoso.

Pero no son los únicos casos. Evidentemente, resulta más difícil en personas a quienes conoces en persona identificar si lo que te gusta de ellas (o ellos, pero no suele ser mi caso) es la voz. Es algo que seguro que tienen perfectamente conocido cualquier persona que trabaja o haya trabajado en Radio, pero nunca ha sido mi mundo.

Los datos de «tracking» de las URL

Cada vez que, desde redes sociales o similar, visito un enlace con esta estructura, por ejemplo:

https://revistabravas.jgm.uchile.cl/2020/04/04/29-peliculas-de-agnes-varda-para-ver-gratis-online-y-descargar/?fbclid=IwAR3xjCgTJcCnfpoXYt9f0YkR-8FFGgtTlZX1gJ9PMwNIY0g2FUHavZzxHg4

Me aseguro de quitar la parte en negrita que no es ni más ni menos que información que le sirve al servidor (valga la redundancia), para informarle de datos de navegación.

Es un esfuerzo inútil en tanto «tracking» producido de manera masiva, porque tarde o temprano, mi actividad será trazada como la de cualquier mortal que use Internet, especialmente la 2.0, pero sigo quitándola de cualquier reenvío que haga o cada vez que se me ocurre publicarla. ¡Qué le voy a hacer! ¿Soy un romántico o un guerrillero?

El enlace en cuestión era interesante, así que lo añado por si acaso alguien no sabe copiar y pegar…

Cine hecho por mujeres: 29 películas de Agnès Varda que puedes ver gratis.

Hay series buenas, regulares, malas… y luego está I-Land

En algún foro he leído sobre esta serie que es lo que usan en el infierno para torturar a pecadores y pecadoras… pero yo creo que no llega ni a eso, ni a ser tan mala como para eso. Es, sencillamente, bochornosamente tonta.

Parece increíble cómo puede tener tantos tópicos en una única miniserie de no más de 7 capítulos. Puede resultar ideal para verla como excusa para dormir la siesta sin el más mínimo remordimiento ni arrepentimiento.

Es una bazofia de caras monas sin cerebro yuxtapuestas para intentar generar algo de interés, crear algún conflicto… pero las caras sin los cerebros no pueden articular un discurso capaz de poder imaginar que quien lo vertebra es un ser humano.

Sin llegar a la zafiedad de algunas series españolas, resulta vacua, simple y llanamente desierta como la isla en la que se supone que transcurre algo que difícilmente puede ser denominada trama.

Casi parece uno de esos concursos de «supervivientes» famosillos en una playa, donde lo único interesante es la anodina relación falsa que puedan tener algún par de las múltiples combinaciones posibles.

Aún así sigo viéndola para, como he dicho, dejar que el cerebro se esponje un poco mientras leo el periódico o consulto algún artículo de wikipedia que me sirva para preparar las próximas clases de los talleres de poesía.

Carmen se queda dormida un rato a mi lado y yo aprovecho para acariciarle las plantas de los pies.

Pasa el tiempo.
Pasa la vida.

Y en ocasiones pienso que la desperdicio, pero quizá el mantenimiento de intensidad vital es (o me resulta) demasiado cansado para aguantarlo tantas horas diarias.

Esto no es una broma