Ha empezado la temporada de caldos caseros

Desde hace un año, cada semana durante el otoño y especialmente en invierno, hago un caldo de huesos con alguna verdura.

Es una base estupenda que se prepara el lunes por la mañana (se lleva toda la mañana porque soy bien tradicional cocinando) y dura por lo menos 4 días.

Es ideal para las cenas, pues llegamos de nuestros atípicos trabajos a horas tardías a las que ingerir muchos sólidos hace que las digestiones sean terribles y los sueños difíciles.

Para realizarlo, pongo en una olla (no exprés, por supuesto) unos cuantos litros de agua fría. Del orden de 3 o 4. Añado huesos de jamón y tuétano, si tengo, además de uno muy especial que da al caldo una suavidad y consistencia muy especial procedente de la columna vertebral del cerdo y que suelen llamar espinazo.

Para que absorba parte de las grasas que estos huesos van a soltar, en la misma olla pongo un puerro o/y una cebolla entera y algunas zanahorias. Este material vegetal lo uso alguna vez, sobre todo para hacer una fideua, pero otras veces lo dejo para usar en una sopa con verduras.

Si tengo, también añado unas ramitas de apio y, en ocasiones, hasta he puesto un poco de acelga. Hoy he añadido un par de hojitas de laurel y ya está listo. Ahora solo es cuestión de paciencia: durante 3 o 4 horas ha de estar hirviendo y extrayendo los nutrientes y las sales de esos huesecillos hasta dejar un caldo de carne bastante rico y que, como digo, suele hacer las delicias de nuestras cenas con unas sopas fáciles de preparar y caseras como pocas.

Para comer, sin embargo, para hoy tenemos un arroz con pollo al curri que aún no sé cómo voy a preparar… pero seguro que saldrá rico.

www.carmendelarosa.com

principal de carmen web

La semana pasada dedicamos varios días a rehacer la web de Carmen de la Rosa.

Es un trabajo que suele resultar cansado y tedioso, aunque los resultados han sido bastante satisfactorios. Ha quedado una web moderna y profesional, seria y sutil, delicada y dulce… como ella.

Sigo programando HTML con mi muy querido editor VI, sobre, por supuesto, Linux (Mint), y como habitualmente, he tenido problemas de codificación de las páginas. Nuestras queridas Ñ/ñ, por no hablar de los Euros (€) que están contenidos sin problema en UTF-8, resulta que no lo están tan fácilmente en ISO-8859-1, así que a veces las páginas no tienen ni idea (porque yo no lo incluyo) el conjunto de caracteres que las construye.

Esto es así porque yo solía programar en aquella época en la que solo había ASCII… 256 caracteres y había que apañarse… pero en estos tiempos modernos (jejejeje) las cosas pueden simplificarse si se saben algunas nociones como incluir un «tag» meta en las cabeceras de cada una de las páginas web estáticas que manejamos diciéndole cuál es el tipo de caracteres con el que está hecho ese fichero.

pagina contacto web

Eso puede hacerse de diversas maneras:


< meta http-equiv="Content-Type" content="text/html; charset=utf-8" >
que se puede abreviar como:
< meta charset="UTF-8" >

Para indicar que el conjunto de caracteres es de tipo UTF-8, pero también dejándolos en iso-8859-1 añadiendo la siguiente metainstrucción:

< meta http-equiv="Content-Type" content="text/html; charset=iso-8859-1" >

Para ver qué tipo de codificación contienen los archivos existe el comando file y un ejemplo de su utilización sería:

giusseppe@PCTACENS /media/GSPDISK/jmdomin/web-sites/carmendelarosa $ file -i es_*html
es_bio.html: text/html; charset=utf-8
es_clases.html: text/html; charset=iso-8859-1
es_contacto.html: text/html; charset=utf-8
es_contacto.iso-8859-1.html: text/html; charset=iso-8859-1
es_fotos.html: text/html; charset=iso-8859-1
es_frames.html: text/html; charset=utf-8
es_main.html: text/html; charset=utf-8
es_nclave.html: text/html; charset=utf-8
es_videos.html: text/html; charset=us-ascii

Y, por último, la posibilidad de convertir archivos de un formato a otro, mediante el comando iconv, en este caso incluido en un script que convierte todos los archivos de un determinado directorio pasado en la línea de comandos, de un formato (UTF-8) a otro (ISO-8859-15).

#!/bin/bash

DIRECTORIO=$1

cd $1
for file in *.txt
do
iconv -c -t ISO-8859-15 -f UTF-8 "$file" -o "${file%.txt}.iso8859-15.txt"
done

Cambiando *.txt por *.html, podría cambiar todos los archivos html de una web y así hacer que tuviesen el mismo tipo de codificación, invirtiendo el orden de -t (to-format) y -f (from-format), para tenerlos todos en UTF-8, en lugar de tener variedad de formatos.

Clases de Tango de Carmen de la Rosa

Cartel Clases Carmen de la Rosa Tango
(Fotografía de @Elena Eslava)

Empiezo el curso haciendo este cartelito para Carmen de la Rosa, mi querida Carmen, quien pone en marcha las clases que va a proponer este ciclo de 2015-2016.

En breve, la información más actualizada estará en la web de la Asociación Cultural Clave 53. Esto será lo que me toque hacer estos días… y voy con retraso. ¡Demasiadas vacaciones! 😉

Calabacines rellenos

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La semana pasada nos habían regalado nuestros vecinos un «megacalabacín» de más de 40 centímetros de longitud y un diámetro medio de unos 15 centímetros. Era, básicamente, un dirigible. Pero no me amilané y decidí darle un uso un tanto especial en esta ocasión.

Lo preparé relleno siguiendo este procedimiento con los siguientes ingredientes (los que tenía en casa en esta ocasión, como acostumbro):

Ingredientes para 2 personas:

  • Un calabacín enorme (2 medianos podrían haber servido)
  • 250 gr de carne picada mezcla (de vacuno y cerdo, para que sea más jugosa)
  • 2 tomates medianos
  • 1 cebolla pequeña y un diente de ajo
  • 8 láminas de queso tierno o un queso que se derrita bien, pero no demasiado
  • pan rallado
  • sal, pimienta, aceite de oliva, romero

Preparación:

Cocer el calabacín dividido en cuatro trozos (un corte longitudinal y otro transversal sirvieron para la ocasión) de un tamaño aproximadamente igual, siendo tremendamente consciente, casi hasta el sufrimiento, de que no iban a ser iguales, entre otras cosas, porque dos de las piezas serían, digamos, delanteras mientras que otras 2 serían, digamos, traseras.

En una olla grande, poner abundante agua con sal y dejar hirviendo los calabacines durante 15 minutos.

Mientras tanto, aprovechar el tiempo para ir preparando el material del sofrito/relleno.

Cortar la cebolla en trozos pequeños. Laminar el queso. Laminar, también, un diente de ajo. Cortar en tacos mínimos (relativos) los tomates (yo usé un tomate de esos enormes que se están poniendo de moda, que Carmen había dejado en unas dos terceras partes).

En una sartén profunda añadir un chorreón de aceite de oliva (algo menos de 7 centilitros o, en su defecto, de 70 mililitros, incluso, 70 centímetros cúbicos habrían servido). Puede parecer mucho, pero hay que tener en cuenta que la carne va a absorber gran parte del mismo, así como el tomate y el calabacín, incluso cocido.

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Casi en frío añadir el ajo laminado y cuando comience a calentarse, agregar la cebolla. Dejar que cambie de color, vaya, en realidad, que torne a cierta transparencia característica de la misma.

En ese momento verter la carne picada y remover bien, para que vaya haciéndose mezclada con la cebolla picada. Es una buena ocasión para comenzar a sazonar: agregar la sal, algo de pimienta negra en polvo y un puñadito de romero.

Se supone que para ese momento el calabacín ya está bastante cocido. Mejor no pasarse. Así que se retira del fuego y se le extrae la parte central o «contenido» dejando el «continente» preparado sobre una bandeja apta para horno con la base rociada ligeramente de aceite que meteremos al mismo precalentado previamente a 200 grados centígrados, vaya, lo que vendrían siendo 473,15 kelvin.

Volviendo al sofrito/relleno: Cuando la carne cambie de color (lo de los colores es bastante útil, como puede verse y nunca mejor dicho, para saber el estado de preparación de los alimentos) añadir el tomate cortado y el núcleo del calabacín que se habrá rescatado del mismo con una cucharilla o con un cuchillo habiendo tenido mucho cuidado de no destrozar el exterior del mismo pues va a servir de lugar de presentación del plato, así como comida.

Dejar que el tomate y el calabacín pierdan el agua llevando a cabo un sofrito a fuego lento. En la última parte del mismo, agregar una cucharada de pan rallado. No sé si aportó mucho, pero me dio la sensación de que «espesaba» lo que habría de ser el relleno.

Por último, sacar a los 15/20 minutos (coincidiendo casi plenamente con el tiempo de preparación del sofrito) la bandeja del horno con las cáscaras del calabacín, colocar sobre cada una de ellas una cantidad adecuada de relleno, cubrirlo con un par de láminas del queso que deseemos «fundir» sobre las mismas y volver a meter al horno durante 10 minutos.

Los últimos 2 minutitos, podemos darles un toque de grill para que el queso quede con un aspecto «gratinado» mucho más sugerente y como más «acabado». Vaya, el que tiene en esas fotografías tan mal enfocadas.

Muy rico marinado por un vinito semidulce blanco, para contrarrestar el clima del día y del plato, que, horneado, siempre sale a unas temperaturas y con un calor que le cuesta perder.

Yo, además, lo disfruté con una inmejorable compañía. 😉

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La última secuencia de MAD MEN

[youtube_sc url=https://youtu.be/5_wZH4wtW4g]

Ayer terminamos de ver la serie MAD MEN, una de las mejores series que se han realizado hasta ahora que trata o sigue los avatares de unos publicistas de Madison Avenue (de ahí el nombre).

Esta última secuencia magistral incluye en el segundo 60 una sonrisa que muestra la perversión, revisión, subversión que lleva a cabo la publicidad sobre cualquier asunto transformándolo en producto de consumo.

La sonrisa de Don Draper nos enseña los mecanismos del sistema. Cómo él revierte el hippismo en producto de consumo, en el más escandaloso de los productos, en un anuncio de Coca-Cola, ni más ni menos, en «el enemigo» más aférrimo del anticonsumo hippy.

Pero la publicidad puede con todo, vence a todo y a todo y lo envenena todo.

Es el lado más terrible de la sociedad consumista capitalista. Es el arma más poderosa, la que acaba con imperios y con los enemigos del imperio. Luchar contra ella es casi imposible… o se nos insta a usarla para la lucha, pero es algo absurdo pues en ese mismo instante se ha adueñado de nosotros y somos unos auxiliares más de las tropas del imperio.

Poco que hacer, salvo ponerlo por escrito y seguir, en la medida de lo posible, ignorando ese arma de destrucción masiva de mentes independientes.

(La clave está ahí: en la medida de lo posible)

e.e.cummings

Leyendo su libro 6 noconferencias, me encuentro maravillas como la que muestro:

eecummings2

He de agradecer a Carmen, mi amor, que siempre está atenta a mis lecturas.

Otra perla de cummings:

eecummings

Es como para poder comenzar mis talleres y cursos monográficos leyendo sin más estos textos ejemplares. Me recuerdan mucho a la Primera Carta a un Joven Poeta de Rilke que es uno de esos manuales de cómo ser poeta. Pues poeta se es, no se hace… pero tampoco se nace.

Rilke – Carta a un Joven Poeta

La Traviata, de Verdi

Estoy ilusionado como niño con zapatos nuevos (expresión claramente en desuso en esta tierra de consumismo desmesurado) con la asistencia esta tarde a mi primera noche en la Ópera.

En diciembre, carente de ideas, le sugerí a Carmen que nos regalásemos mutuamente entradas para la ópera. Ella había pedido (sutilmente) desde hacía años tener como regalo una entrada a la ópera en el Teatro Real, pero siempre que yo había hecho algún intento me había encontrado con lo mismo: un desmesurado precio que no podía asomarme a pagar.

Este año, algo mejor de dinero y, como todos, pleno de objetos así que sin necesitar otro superfluo, le ofrecí a Carmen que yo le regalaba su entrada y ella a mí la mía.

Elegimos La Traviata, de Giuseppe Verdi, porque es algo más conocida que las otras que presentaba la programación del Teatro Real y para una primera vez, pensamos, sería mucho más «amable» reconocer alguna que otra parte de la pieza.

Pero siempre habrá quien no pueda pagar la cantidad que pagamos o que no le apetezca. Por suerte, también hay versiones completas en youtube:

[youtube_sc url=https://youtu.be/n3N2tYOXm4E]

Hoy no me apetece hablar de la deriva hacia la privatización que todo bien cultural de este país está teniendo, pero extraído directamente de la página web del teatro real:

El Teatro Real es una de las instituciones culturales con mayor relevancia y prestigio en el ámbito nacional y cuenta, asimismo, con una gran proyección internacional.

De cara a mantener este posicionamiento y continuar con su iniciativa de acercar su proyecto artístico a la sociedad civil, más allá del ámbito institucional, el Teatro Real apuesta firmemente por aquellas iniciativas destinadas a fomentar la participación privada en el sostenimiento de sus actividades, tanto a través de las diferentes figuras y posibilidades de patrocinio corporativo, como de la filantropía personal, ambos activos esenciales de esta institución.

Pues menos mal que es de las de mayor prestigio y relevancia…

to

Dedicado con cariño a mis queridos amigos de Daimiel, donde es frecuente escuchar esta expresión y que, en ocasiones, se ve con menosprecio, pero que, sin embargo, la Real Academia de la Lengua Española respalda incluyendo en su ínclito y casi inapelable Diccionario.

to. 1. interj. so4. 2. interj. tate. 3. interj. Áv., Các., Sal., Vall. y Zam. U. para indicar extrañeza. 4. interj. p. us. U. para llamar al perro. U. m. repetida.

Con esto, con la autoridad que se le confiere a quien tiene como lema «limpiar, fijar y dar esplendor» al idioma, podemos afirmar que es correctísima su utilización, como digo, según lo más canónico de lo canónico. Pero, no obstante, siempre habrá quien quiera ser más papista que el papa.

Refiere a una cuarta acepción de «so», que también es utilizada desde tiempos inmemoriales (o no tanto).

so4. 1. interj. U. para hacer que se paren o detengan las caballerías.

Sé que mis daimieleños lo usan más en su acepción tercera, para indicar extrañeza, pero seguro que alguna vez han detenido caballerías sin darse cuenta.

Llueve

lluvia desintegrada en la palabra lluvia
con pétalos de simiente
en el cemento
con lágrimas de bocas enceradas

llueve silencios
entre los bastidores del poema
hasta agujerear los versos más calizos
quebrando los poros de la letra a

llueve sílabas átonas
en medio de cualquier esdrújula
como levantando el vuelo para llegar al labio

llueve remos de piel y ornitorrincos
contra la dicha inusual de un verbo impar

llueve #454545
en mitad de una página web con CSS

llueve diluvios diminutos
de hipocondría contraalta
como el rizoma genérico
que abraza párpados mojados

llueve tristeza
siempre
en el hastío

llueve desidia y duda
llueve niebla
y miseria
y anfetaminas
y números primos
y teoremas de completitud
y un transfinito

llueve interrogaciones sobre las exclamaciones
y un sinsabor de besos que hoy
no me has dado

llueve colegios de corbatas azules
con elásticos
pantalones plisados
faldas plisadas
y un plato de lentejas frías con arroz

llueve nostalgia y pasado
como llueve nieve y pasado
como sol y futuro
y Alemania

llueve Sydney
Nueva York
París y Londres

llueve sin parar y sin azogue
llueve un final imposible de vocablos
sobre un diccionario
imperturbable

llueve
y llueve
sobre los campos
sobre los chopos (medio deshojados)

llueve

una tilde en la i

llueve sin tregua
sin olvido
sin lástima
sin pausa
sin hidrácidos
sin meditación
y sin motivo

llueve
una caléndula dorada
llueve un geranio ahíto
llueve un omóplato homofóbico
y un ático mojado
da rienda suelta al brío

llueve
uves
ves
es
s

llueve
almirantazgo y ataduras
un ramillete de bocetos de proyectos
una esmirriada puerta acristalada
la lavadora cargada de promesas
un orinal de una vieja casona de madera sin agua corriente
bajo el frío acuñado en alcarreño

llueve
un véneto idioma emparentado
con idiomas ilíricos o itálicos
un oficial de la marina inglesa
una niña de porcelana Ming

llueve infinito
finito
indefinido
par
y pase

llueve en el bingo y en la ducha
llueve en la dicha y en el mundo
llueve en el castro y el molino
llueve en la cesta y la canasta
llueve en mi cama
en tus senos
en mi sexo
en tus curvas
derrapando gotas hasta el fondo del abismo
sin fondo
de tu piel

llueve
sin lluvia
y sin fuelle
sin pasión
y sin pulsión

llueve sin miedo
y sin medida
sin horizonte final
y con abrigos
un centenar de paraguas arrugados
un millar de capuchas incendiarias
un millón de electrones en una millonésima de milímetro de cable
e incluso
un millón de electrones en una diezmillonésima de miligramo de carne
(sí
de carne)

llueve una pulsación de teclas de teclado
de latidos de corazones
de chasquidos de opacidades
de alteraciones de membranas gastrointestinales

llueve hasta no poder seguir escribiendo
sobre cuánto
llueve
justo
antes
de comer

Esto no es una broma